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El poeta se refiere al desencanto que siente por nuestro país,
donde se percibe como un exiliado y donde sus relaciones con el medio
literario están cortadas. Asimismo, dice que terminó desilusionado
del gobierno de Lagos.
Por Francisca Aninat Ureta | Fotos: Bárbara San
Martín

Es intenso, Zurita. De su voz suave brotan palabras que queman, palabras
subversivas. Palabras que no mide. Siempre desafiante, nunca satisfecho.
Este controvertido Premio Nacional de Literatura, confiesa que a veces
se siente como si estuviera a punto de explotar. Los recuerdos de un pasado
tormentoso afloran una y otra vez.
Su nombre no deja a nadie indiferente. Cuando ganó el Premio Nacional
de Literatura, en el año 2000, se generó una polémica
de proporciones. Después de publicar “Los Poemas Militantes”
lo acusaron de ser el poeta oficial del régimen de Ricardo Lagos;
pero él permaneció inmutable, en lo suyo: dirigiendo talleres
de poesía, haciendo clases en la Universidad Diego Portales y,
sobre todo, escribiendo... escribiendo.
Hace dos años, su libro “INRI” fue publicado en España
y próximamente aparecerá en Inglaterra. A su vez, en México
se editó una antología de su obra, titulada “Mi Mejilla
en el Cielo Estrellado”. En el 2005, participó en importantes
encuentros de poesía en Berlín, Londres, España y
Corea.
Lo entrevistamos en su casa de Pedro de Valdivia Norte, donde vive junto
a Paulina Wendt, y los hijos de ella. Mientras se prepara un café,
el poeta nos cuenta que en la primera vuelta electoral votó por
Tomás Hirsch. El 15 de enero lo hizo por Michelle Bachelet. “Esperé
religiosamente las instrucciones de los amigos comunistas y como ellos
llamaron a votar por Bachelet, así lo hice. Tengo la mejor idea
de ella como persona y encuentro muy valiosa su trayectoria. Sin embargo,
lamentablemente estábamos eligiendo entre una derecha dura y otra
derecha más blanda; yo me incliné por esta última”,
dice.
Raúl Zurita se encuentra finalizando su último libro de
poesías llamado “Los Países Muertos”. “Cuando
escribo, siento que suspendo un poco la vida; ésa es la forma que
tengo de defenderme frente a un país y a una sociedad que rechazo.
Chile se ha vuelto un lugar poco solidario y bastante vacío en
muchos aspectos. Vivimos muy cómodos en nuestros hogares, cuando
un poco más lejos estamos frente a la desdicha, al desempleo, a
la pobreza, a la injusticia y a la falta de oportunidades”.
“VIVIRÍA FELIZ
EN MÉXICO”

–Entonces, ¿te desilusionaste del gobierno del Presidente
Ricardo Lagos?
–Lagos eligió una opción que significó mantener
las desigualdades. Continuó con un modelo heredado que me parece
absolutamente inhumano. Se habla con horror del populismo de nuestros
países vecinos y se dice que estos sistemas representan “pan
para hoy y hambre para mañana”, pero yo pienso que hay tanta
gente que prefiere el pan para hoy, por la sencilla razón de que
muchos no alcanzarán a tener hambre mañana.
–¿Reniegas de “Los Poemas Militantes” que escribiste
guando ganó Lagos y donde cifrabas todas tus esperanzas en ese
gobierno?
–No, porque aún me siento ligado a esos poemas que representaron
al menos un sueño; la última esperanza. Aposté a
algo, aunque ahora esté profundamente desilusionado. En todo caso,
en “Los Poemas Militantes” planteo el permanente conflicto
que se produce entre el poder y la poesía, o el arte en general.
–Y en lo cultural, ¿qué rescatas?
–La gente que ha trabajado en este gobierno y que ha estado ligada
a los temas culturales son personas bien intencionadas. Pero es un horror
constatar que ellos perciben que la cultura debe estar ligada a la industria.
En países como Estados Unidos, la palabra industria cultural no
existe. Aquí hay una desmesurada ausencia de vuelo y una total
falta de encantamiento.
–¿Cuándo publicarás el libro “Los
Países Muertos”?
–Estoy terminando esta obra, en la que he tardado alrededor de seis meses
y que forma parte de “La Vida Nueva”. A través de esta serie
de poemas, doy cuenta de la pobreza cultural a la que me refería anteriormente.
No sé si publicaré este libro en Chile o en el extranjero. Ultimamente
he publicado todas mis obras en países como España y México.
“Desgraciadamente, debo confesarle que hace tiempo que siento que
mis relaciones con el medio literario chileno están prácticamente
rotas. Esta situación ha sido algo permanente. Ha habido un mal
clima frente a mi persona y a mi obra. No diría que se trata de
envidia, pues ello puede parecer presuntuoso. Sin embargo, muchas veces
me he sentido como un exiliado en mi propio país. No es que pretenda
hacerme la víctima, pero ha habido demasiados ataques y ninguneos.
Afortunadamente, he encontrado en otros países –como por
ejemplo en México– un lugar que podría considerar
como mi patria. Viviría feliz en México”.
–A ti te tocó vivir muy de cerca el alejamiento
de Francisco Javier Cuadra como rector de la Universidad Diego Portales.
¿Te pareció, como a otros profesores, que él debía
dejar su cargo?
–No lo firmé. No creo en los linchamientos. No lo creo para absolutamente
nadie y frente a la salida de Cuadra volví a recordar ese hecho básico.
No creo en los justicieros de último minuto, porque están más
preocupados de su imagen que de la justicia. Entiendo que la venganza está inscrita
en lo humano, pero debe llamársela como tal. Lo único que se opone
a la venganza es la compasión. Fuera de eso no hay nada; a lo más
oportunismo.
–Hace poco tiempo participaste junto a otros poetas en
un recital en la Escuela Militar. ¿Cómo te sentiste en un
ambiente donde, durante el gobierno de Pinochet, fuiste víctima
de torturas?
–Fue un acto que tuvo una potencia tremenda. Quisimos que la poesía
se instalara en ese lugar que representó un terreno de dolor. Anteriormente,
he leído mis poemas en lugares como Villa Grimaldi y esta vez sentí que
debía leer parte de mi obra “Canto a su Amor Desaparecido”,
por su contenido. Creo que fue una actividad bella, en donde se buscaba un pequeño
gesto de reconciliación mutua.
“Este recital fue muy atacado por algunos, pero no me preocupa.
Para mí, no fue fácil hacerlo, me costó recuperarme,
porque reviví los momentos en que fui torturado durante septiembre
de 1973 en un barco de la Compañía Sudamericana de Vapores.
Creo que estos actos poéticos contribuyen a crear conciencia de
hechos que son irremediables y que nunca se van a sanar. Son actos eternos.
Sólo buscamos que no se vuelvan a repetir y ésa es la única
razón por la que se realizan”.
–En tu libro “Anteparaíso”, Diamela
Eltit escribió que te arrojaste amoniaco en los ojos para cegarte.
¿Qué piensas de este episodio que viviste?
–Obviamente que no lo volvería a hacer y entiendo que esto sólo
puede ser leído como un acto de demencia, pero creo que la poesía
y el arte deben dar cuenta de la intensidad de la que los seres humanos pueden
ser capaces. Pensé que si el que era capaz de escribir poemas en los cielos
de Nueva York no los podía ver, era un acto mucho más bello y rotundo.
“CUANDO NO ESCRIBO VIVO CON ANGUSTIA”
–Tú escribiste en el desierto de Atacama la frase
“Ni pena ni miedo”. ¿Sientes que eso se ha cumplido
en ti?
–Esa escritura fue pensada en un momento en que en Chile lo que más
se sentía era pena y miedo. Hoy, en lo personal ojalá eso no fuera
así. A medida que pasan los años y que uno va envejeciendo, se
queda pegado con ciertas escenas. Siento que el pasado es un presente perpetuo.
El mismo momento en que tenía 5 años se funde con el instante en
que te estás echando ácido en los ojos y es, a su vez, el mismo
momento de escenas de profunda felicidad que también estoy viviendo. En
un instante se acumula todo. Por eso, a veces siento que voy a explotar. Además,
mi cuerpo ya no es el mismo, te pones rígido y lucho permanentemente con
un físico que me dice: “¡No! ¡Basta!”.
–¿Y cómo está tu salud?
–Hasta el momento, nada para el Auge, pero sí tengo algunos problemas
de los cuales no quiero hablar. Respecto de los padecimientos físicos
y de las enfermedades, ¡qué diablos!, hay que elevarlo a rango de
ecuación. La ecuación de Roberto Bolaño: “enfermedad
+ literatura = enfermedad” no es cierta. Enfermedad + literatura es igual
a muerte, como lamentablemente estamos ahora en condiciones de confirmarlo en
su caso. Así es que en el intertanto sólo nos queda definir la
enfermedad como una forma de belleza.
–Tú has señalado que los jóvenes en
Chile están escribiendo una poesía “extraordinaria,
audaz y política”. ¿De qué forma te has relacionado
con ellos?
–Siento admiración y estoy fascinado con los poetas jóvenes.
Hace muchos años que no emergía algo tan potente y creo que los
jóvenes están mostrando un país que oficialmente no se quiere
ver. Esto va mucho más allá de las denuncias de un sistema económico,
pues se abarcan todas la áreas de la vida. En ellos existe audacia, fuerza
y creatividad. Pero este hecho no ha pasado por las editoriales ni por las librerías.
Los circuitos están cambiando. Todo sucede en la red. Es allí donde
se muestran y se comentan. Pero ellos también han sido capaces de ser
los gestores de sus propios libros y tienen sus propios seguidores.
–¿Qué pasa con los jóvenes y los medios
de difusión tradicionales?
–Estos medios se han ido quedando atrás; les queda el prestigio
y no la vida. Los suplementos culturales tienen confinada la poesía, sólo
tienen espacio para los avisos publicitarios. Afortunadamente, los jóvenes
no nos necesitan para seguir con su oficio.
–¿Qué poetas jóvenes podrías
nombrar como ejemplo de este fenómeno?
–Entre las voces dominantes podría nombrar a algunos como Diego
Ramírez, Héctor Hernández, Gladys González, Pablo
Ilabaca, Pablo Paredes... y tantos otros.
–Las editoriales tradicionales generalmente no publican
poesía porque ésta no se vende. ¿Qué te parece
eso?
–Me parece inaceptable que un país que tiene dos Premios
Nobel, aún no haya sido capaz de tener una editorial con apoyo
estatal, considerando la importancia de la poesía que actualmente
se está escribiendo. En su momento, le planteé este proyecto
a Agustín Squella y me fue pésimo. A nivel de Estado no
hay ninguna revista literaria; eso no pasa ni en países como Bolivia,
Perú o Colombia. Los poetas, a fin de cuentas, deben luchar contra
todo tipo de circunstancias adversas; entre ellas, el anonimato y la pobreza.
–¿De qué forma vives el arte cuando
no estás escribiendo?
–Con angustia. Hay una frase de Baudelaire que me interpreta mucho.
A pesar de que era agnóstico, él le pedía a Dios
que lo dejara escribir un par de poemas más, “para no sentirme
inferior, incluso a aquellos que desprecio”. Por eso, yo pido lo
mismo... Ojalá pueda escribir todavía un par de poemas más.
Porque sé que esto irremediablemente se acabará...
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