Ángela Leible Viaje al fin del mundo.
 

Los últimos 200 años de una historia que tiene 40 mil años. El recorrido del hombre americano desde el Estrecho Bering hasta Tierra del Fuego, a través de dos glaciaciones. El viaje al fin del mundo. Eso es lo que busca celebrar Angela Leible en su nueva exposición en Galería Artespacio.

Por: Paula Bengolea / Fotos: Bárbara San Martín

Primero su talento fue reconocido y alabado gracias a sus imponentes pinturas de caballos de grandes dimensiones. Después hizo la “Divina Comedia desde el sur”, donde rescató algunos personajes que le interesaban de esa obra, como Ulises y el Minotauro, los que representó en dibujos. Con el tiempo ha ido aprendiendo y aplicando nuevas técnicas, como la fotografía, que es una de las grandes novedades que presenta en esta nueva exposición: “Viaje al fin del mundo”. Son 14 obras donde en grandes formatos aparecen rostros y figuras humanas de diferentes etnias.
En esta oportunidad, los hombres y mujeres que retrata la artista son los últimos descendientes de estos viajeros incansables. Y para ello, Angela ha escogido, en su mayoría, las mismas técnicas usadas hace 150 años: papel salado, que fue lo que permitió que no se apagara definitivamente la imagen de su etnia. Entre los indígenas retratados figuran los indios hopi, pie negro, indios cuervos, mapuches, etcétera, hasta llegar a los yámanas, selk’nam y kawésqar de Tierra del Fuego.
–¿Qué buscas reflejar en esta exposición?
–Es el viaje de los mongoles desde Bering a Tierra del Fuego. Esta travesía duró 40 mil años y llegaron a Tierra del Fuego para luego desaparecer. El mongol es igual al mapuche. A mí lo que me interesa es el viaje y la permanencia de los rasgos físicos. Es un homenaje a estos caminantes anónimos.
–¿Qué te cautivó de estos personajes?
–Muchas cosas, pero los que más me interesaron fueron los que llegaron al fin del mundo como los mapuches, los onas y muchos otros. Yo partí de ahí estudiando quiénes fueron los que habitaron el país donde hoy estamos.

“El mongol es igual al mapuche. A mí lo que me interesa es el viaje y la permanencia de los rasgos físicos. Es un homenaje a estos caminantes anónimos”.


–¿Por qué este viaje?
–Es un viaje anónimo que no está escrito en ninguna parte, es nuestra inmigración desde Mongolia, pasando por Columbia Británica, Alta California, México entero, la Amazonía, el Camino del Inca de los Andes, el Sur Araucano y la Patagonia. Avanzamos 800 metros al año en un viaje de 30 mil kilómetros.
–Cambiaste la temática de los caballos y la técnica. ¿Por qué?
–La invención de la fotografía coincide con la época en que fueron desapareciendo estas etnias. El papel salado es una técnica de traspaso fotográfico de un negativo de gran formato a la tela por medio de sales de plata fijándola con hiposulfito de sodio, que intervengo posteriormente. Esta técnica da la sensación de una historia vieja, guardada y sagrada. Y esta historia anónima es la que hoy quiero representar.


–¿Qué técnicas utilizaste esta vez?
–Son dibujos sobre impresión de glaciares, porque todos ellos pasaron sobre hielo. Hay dos técnicas mixtas fundamentales, la impresión de los glaciares y sobre éstos los dibujos de diferentes etnias, y la otra, es el papel salado intervenido que son las primeras fotografías.
–¿Cuánto tiempo te has demorado en esta creación?
–Me he demorado en armarlo un año, pero leyendo y investigando el tema llevo alrededor de seis. Tengo fotos recopiladas hace ocho años.
–Después de tanto estudio y preparación, ¿qué te produce hoy exponer tus obras?
–Nervio, porque no es cien por ciento lo mío, ya que es primera vez que trabajo con impresión y salgo del dibujo. Además, el montaje es moderno y novedoso.


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