En días donde la opinión pública chilena está inquieta por el caso de monseñor Cristián Precht y otros sacerdotes acusados de abusos, entrevistamos a este prestigiado vaticanista que da una mirada amplia a la situación que hoy vive la Curia Romana. Podríamos decir que hay más temas para inquietarse...

 En un céntrico café situado frente a la basílica de Santa María, encontramos al periodista italiano Marco Politi, experto vaticanista del diario Il Fatto Quotidiano. Este periódico es el que desde hace algunos meses ha venido publicando documentos secretos del Vaticano, anticipando el libro “Su Santidad”, del periodista Gianluigi Nuzzi, actual éxito de ventas en Italia, donde ha sido posible leer parte de la correspondencia secreta del Papa. 

Se trata de una explosiva fuga de informaciones bautizada por la prensa internacional como “vatileaks”, que comenzó en enero de este año. Una estampida de documentos donde una vez más la realidad supera la ficción aunque, como en las novelas de Agatha Cristhie, el único culpable identificado hasta ahora es Paolo Gabriele, el mayordomo. Claro, no un mayordomo cualquiera, sino el del Papa. Unico laico involucrado en este escándalo que, según palabras del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarsicio Bertone, es obra del diablo.

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Desde lejos, uno podría darle la razón, porque la figura que sale más mal parada en toda esta historia es justamente la de Bertone, a quien el Papa ratificó su confianza la semana pasada.

Frente a un rico café, en una soleada mañana de verano romano, iniciamos esta entrevista con una simple pregunta...

–¿Qué está pasando hoy en el Vaticano? 

–Pasa que estamos frente a una lucha de poder, con medios muy modernos, como nunca antes había ocurrido en la historia del Vaticano. Antiguamente esas luchas se desarrollaban en los pasillos, en el silencio, o a través de cartas anónimas, con acusaciones de relaciones entre hombres o mujeres. Esta vez no. Esta vez un grupo de opositores optó científicamente por recoger documentos secretos y mostrarlos a la opinión pública internacional para hacer caer el gobierno del cardenal Tarcisio Bertone.

–¿Piensa que se trate de un complot o de una pugna de poder al interior de la curia?

–Es algo que nace al interior de la curia. El nombramiento del cardenal Bertone despertó desde el comienzo mucho mal humor en una parte de la curia. Ello porque Bertone –un estudioso del derecho que había sido secretario en la Congregación para la Doctrina de la Fe–, no poseía experiencia diplomática y, según sus adversarios, no tenía tampoco ninguna expertise para administrar la máquina de la curia. 

“Con el tiempo, el cardenal Bertone, que es una persona muy amable y generosa, se fue transformando en una figura cada vez más autoritaria. Sus críticos lo acusan también de una cierta ineficiencia y de no haber podido evitar tantos escándalos y crisis que han ocurrido durante el pontificado de Ratzinger. En suma, éste es el último acto de una lucha política que había comenzado hace algún tiempo”.

–En el libro “Su Santidad” del periodista Gianluigi Nuzzi, el cardenal Bertone aparece como una personalidad oscura que no tiene escrúpulos en “sacar” de su camino a quienes interfieran con sus decisiones.

–Bertone ha sido percibido como un cardenal que ha querido colocar en los puntos claves del Vaticano a demasiadas personas cercanas a él. Pero según sus críticos, ese carácter autoritario y centralizador ha ido de la mano con una gran falta de eficiencia. Esto explotó con los “vatileaks” y lo más importante es que estamos frente a documentos auténticos que sacan a luz tensiones reales y conflictos entre Bertone e importantes cardenales del Vaticano y de Italia. Por ejemplo, el conflicto entre Bertone y el cardenal Attilio Nicola, presidente de la autoridad de información financiera; tensión entre Bertone y el cardenal Tettamanzi, ex arzobispo de Milán por el control de la Universidad Católica y del Policlínico Gemelli; tensión entre Bertone y el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke... No es por azar que hace algunos días el Papa haya presidido el “Consejo de Ministros del Vaticano” (es decir, la reunión de los jefes de congregaciones), y llamado a cinco cardenales en los cuales tiene plena confianza: el australiano George Pell; Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de Obispos; Jean-Louis Tauran; Camillo Ruini, ex presidente de la Conferencia Episcopal italiana, y Josef Tomko, que es uno de los tres miembros de la comisión creada para descubrir a los responsables de “vatileaks”. Después de estos encuentros, se comenzó a escuchar que el cardenal Bertone podría dejar su cargo en otoño (septiembre en Europa).

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–¿Cree que éste sea el inicio del ocaso de la Iglesia?

–Pienso que la Iglesia no tiene ocaso. Esta es la enésima crisis de gobierno de Benedicto XVI, que es un gran predicador, un gran intelectual, un gran teólogo; pero no es un hombre de gobierno. No es un líder geopolítico. No posee la mentalidad y el temperamento para liderar una organización tan grande como la Iglesia Católica. Entonces, todas las crisis que hemos visto durante su pontificado se han acumulado y hoy explotaron con los “vatileaks” en una crisis de la gobernabilidad de la curia, el gobierno central de la Iglesia. Me refiero por ejemplo a la crisis con el Islam, con el judaísmo, con el mundo de la ciencia por el tema del Sida, con el mundo católico por haber querido reintroducir la misa tridentina, por abrir negociaciones con los lefebvrianos que nunca han reconocido los documentos fundamentales del Concilio.

–¿La salida de Bertone puede ser una solución para los problemas en Vaticano?

–Sustituir el cardenal Bertone o decidir en las últimas horas nombrar al periodista americano Greg Burke como consejero para la Estrategia de la Comunicación, son medidas demasiado débiles en relación a la falta de estrategia político-religiosa de este pontificado.

–A diferencia de Juan Pablo II, se dice que el actual Papa escucha poco. ¿Es verdad?

–Es un Papa que en lo personal escucha mucho pero, al mismo tiempo, vive aislado porque tiene pocos contactos con personas externas a la Santa Sede. Benedicto XVI ve, prácticamente, sólo a sus más cercanos colaboradores y cinco o seis personas de la curia durante encuentros semanales. Pero la reunión de todos los jefes de congregaciones se realiza sólo dos veces al año. Imaginemos un país como Estados Unidos en el cual el Consejo de Ministros se reuniera solamente dos veces al año. El Papa ve a los embajadores que vienen a Roma sólo al inicio y al final de sus misiones. Es decir, le falta el pulso de los cambios de la situación, de la temperatura mundial. Cuando los obispos de los diferentes países realizan la Visita ad Limina, se reúne con ellos solamente en grupo. Ya no existen los encuentros individuales en los que un obispo podía contarle al Papa lo que está ocurriendo en su diócesis. Juan Pablo II, en cambio, durante el desayuno o a la hora de almuerzo invitaba siempre a otras personas a su mesa: laicos, sacerdotes, estudiosos, científicos, políticos, y de esta forma tenía mucha información del mundo externo. Todo esto le falta a Benedicto XVI que, más encima, dedica una parte de su tiempo a escribir. Ahora está terminando su tercer libro sobre Jesús. Se podría decir que, de alguna forma, es un Papa “part-time”.

–A fines de 2011 se habló de un complot para asesinarlo. ¿Fantasía o realidad?

–Efectivamente fue publicado un documento que había sido entregado al Papa. Este “complot” probablemente fue construido por ambientes ultraconservadores para sembrar confusión al interior de la Iglesia. Naturalmente, el complot de asesinato era una fábula, pero en el documento estaban escritas cosas reales. Por ejemplo, se decía que existen tensiones entre el Papa y el cardenal Bertone, se decía que los italianos quieren que el próximo Papa sea italiano y que el candidato número uno, también preferido por el Papa, es el cardenal Angelo Scola. Es decir, en el documento habían partes falsas para sembrar confusión, pero también partes “venenosas” verdaderas.

–¿Piensa que, a diferencia de sus antecesores, Benedicto XVI pueda renunciar en algún momento como él mismo sugirió?

–Anteriormente Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II, privadamente, se habían planteado el tema de la renuncia. Pío XII lo pensaba en el caso que los nazis lo hubieran capturado. Pablo VI y Juan Pablo II habían dejado instrucciones en caso de una enfermedad incurable. El Papa Ratzinger, con mucha lucidez, es el primero que ha dicho a su biógrafo en una entrevista, que estaría dispuesto a renunciar en el caso de problemas físicos o mentales. Esto significa que Benedicto XVI no quisiera vivir un fin de pontificado con una enfermedad progresiva y limitante como Juan Pablo II. En este sentido es muy racional, no es un místico. Por otra parte, ha dicho que no renunciará jamás por miedo. Es decir, este Papa frente a una crisis, ciertamente no renunciará. Pero si estuviera físicamente disminuido podría ser el primer Papa que tenga este gesto revolucionario.

–En el libro “Su Santidad” se publica una carta de Adolfo Nicolás Pachon, superior de la Compañía de Jesús, escrita a Benedicto XVI. En ella el padre Nicolás se pregunta: ¿por qué el dinero juega un rol central? ¿Dónde está la fuerza para combatir en la curia la tentación del poder? ¿Dónde está la humildad donada por el espíritu? Ante eso, ¿piensa usted que la ambición y la falta de humildad al interior de la curia hayan aumentado durante estos años?

–Creo que los problemas de la Iglesia han sido siempre los mismos. Por una parte hay sacerdotes muy comprometidos con los problemas de la gente y, por otra, sacerdotes y también obispos que se preocupan de cosas muy mundanas o que poseen una doble vida. Benedicto XVI ha pensado poder superar estos problemas con la prédica y ha tenido el valor de decir que es necesario enfrentar los casos de abusos sexuales y ha solicitado a todos los episcopados del mundo que respeten líneas de comportamiento. Sin embargo, también este acto de gobierno quedó a la mitad, porque si se desea ir al fondo del problema, es necesario hacerlo como los episcopados de Bélgica, Austria, Alemania, que han realizado investigaciones a nivel nacional, también en relación al pasado. Por eso, mientras el Vaticano no indique a los obispos del mundo realizar investigaciones serias sobre aquello que por años ha sido mantenido en secreto, y hasta que el Vaticano no abra sus archivos para mostrar lo que ha quedado escondido en las oficinas del mismo Vaticano, la lucha contra la pedofilia quedará a medias.

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“Hasta que el Vaticano no abra sus archivos para mostrar lo que ha quedado escondido en las oficinas del mismo Vaticano, la lucha contra la pedofilia quedará a medias”, sostiene Marco Politi.

El cuervo

–¿Qué piensa del llamado “Cuervo”, el mayordomo del Papa, que supuestamente filtró los documentos secretos al exterior de la Santa Sede?

–Usar el término cuervo es muy fantasioso. En realidad estamos frente a un grupo de disidentes que ha iniciado una batalla política y que probablemente está alcanzando su objetivo, porque muchos dicen que el cardenal Bertone podría dejar el cargo en otoño. Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa, ha sido una sorpresa porque era conocido como una persona sumamente leal e íntegra, en cambio se ha descubierto que hablaba demasiado con los periodistas. Pero claro, Paolo Gabriele es sólo un pedazo de una red, no es la mente de la totalidad. Me pregunto si el Vaticano efectivamente desea descubrir todo o se limitará, simplemente, a descubrir otro cómplice y cerrar el caso. 

–Como vaticanista, ¿qué es lo que más le ha impactado de toda esta situación?

–Lo que ha dicho la periodista francesa de Le Monde, Stéphanie Le Bars. Ella escribió que este pontificado, que tenía la ambición de purificar la Iglesia, la está dejando con un gobierno quebrado y con muchos movimientos de desobediencia en varios países. Recordemos que están explotando las diferencias entre los sacerdotes australianos, entre los alemanes... Recordemos que la asamblea de obispos brasileños pidió hace algunos años el fin del celibato. Es decir, el ocaso de este papado no es positivo y se siente mucho el hecho que desde el inicio, Benedicto XVI haya reconocido no poseer un programa de gobierno y que no lo haya construido nunca porque ha confiado todo en el poder de la prédica. n

 

 

 

 

Marco Politi

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