Así lo asegura esta experta que ha tratado muchísimos casos de abusos sexuales. “A los niños hay que escucharlos. Creerles. Jamás decirles: ‘¿Estás seguro?’, porque eso los hace retroceder en el relato”, dice. También estima que los colegios van a tener que crear protocolos de protección, al igual que lo ha hecho la Iglesia.
Por: Carolina Honorato / Foto: Gonzalo Romero
Lo positivo de hablar de los abusos es que hoy todos estamos más alertas”, sostiene la sicóloga Ana María Arón, directora del Centro de Estudio y Promoción del Buen Trato, de la Universidad Católica, y coordinadora del Diplomado de Intervención en Crisis, con una larga trayectoria en programas de prevención de violencia.
“Los abusadores en su mayoría son hombres heterosexuales; hombres que quieren a los niños, que no son malos con ellos; entonces, para el abusado es terrible. Es tan similar a lo que ha pasado con estos curas abusadores, porque es el padre bueno, el que te guía, al que uno quiere, venera y respeta, entonces se pasa a dudar de la persona que uno quiere”, señala la especialista.

Arón explica que en el abuso se da un triángulo en que están el abusador, la víctima y los terceros. “El abusador siempre está en una situación de poder, ya sea porque es más grande, es el papá, el profesor, etcétera. Y éste se las arregla para usar ese poder y obligar a la víctima a hacer cosas que ese niño jamás hubiese hecho voluntariamente. Esto es válido para todos los tipos de abusos. Y este triángulo se completa con los terceros, que son las personas que saben que esto está ocurriendo. Lo terrible del abuso es que obliga a la víctima a hacer cosas que no quiere hacer y, si ésta no quiere, usa la fuerza. Pero, además, el abusador les prohíbe hablar de lo que está ocurriendo y ésa es la parte más terrible: el silenciamiento. Con muchos abusados sexuales con los que he trabajado, lo más duro es la obligación de quedarse callados”.
“El niño”, explica la sicóloga, “sólo rompe el silencio por dolor o miedo, pero no entiende de lo que se trata, hasta los 7 años. No puede conceptualizar lo que está ocurriendo. Sabe que es algo que no debiera pasar. Tiene el concepto de que no es bueno, porque no lo puede hablar, pero no sabe que eso tiene que ver con cosas prohibidas. De 8 años hacia arriba ya entienden y están aterrados de que, si cuentan, no les crean, o se sienten culpables, cómplices, porque el abusador los compromete y les transmite la sensación de que están juntos en eso. Es horroroso, porque eso se lleva toda la vida: pensar que hay algo en mí que hace que los abusadores me busquen”.
Según Ana María Arón, los abusos sexuales no ocurren en el aire, sino en un contexto social que lo permiten, dentro de la cultura patriarcal que tenemos. “Imagínate que hace 10 años no había leyes en relación a los abusos sexuales; eran impensables. Hoy tampoco hay una ley que proteja a la mujer, que cuando saca al marido de la casa por malos tratos asegure que él siga manteniéndole el mismo nivel de vida. Alguna vez, un abogado connotado me vino a decir que los niños mienten, porque él conocía al ‘abusador’ y era muy buena persona. A ese señor, la posibilidad de que personas respetables fueran abusadoras le desarmó su sistema. Durante mucho tiempo se pensó que la gente que trabajaba denunciando abusos lo hacía sólo para aumentar las separaciones y para hacer que los padres salieran de las casas, ¿me entiendes?”.
“Me acuerdo”, dice, “cuando un colegio de El Golf puso una denuncia contra un papá por abuso, y el señor era tan importante que interpuso de vuelta una querella millonaria y el colegio casi quebró. Entonces los colegios se asustaron, y a mí, de leer los antecedentes del caso, no me cabía duda que se trataba de un abusador. A eso me refiero con el sistema, que muchas veces pareciera dar más garantías a los abusadores que a las víctimas”.
SEÑALES DE ALERTA
–¿Cómo una mamá puede darse cuenta de que su hijo fue abusado?
–Teniendo una comunicación fluida con él, porque si eso no existe, uno no sabe lo que está pasando con su hijo. Las mamás deben contactarse con sus hijos para saber si están más tristes, más retraídos. A veces un cambio conductual es un indicador, pero eso no sólo indica un abuso, también puede indicar otro tipo de evento traumático. Los únicos indicadores claros son irritaciones, dolores en la zona genital, infecciones urinarias, cuando los niñitos no quieren ir al baño, etcétera. Ahora, eso no siempre significa que hay abuso, pero es una señal de alerta. Cuando tú ves a niñitos de preescolar teniendo actitudes que van en contra de su naturaleza, como jugando a tener sexo oral o algo así, eso es un indicador, porque a esa edad esas cosas les dan asco. Cuando los ves dibujar genitales, también, porque no es algo que se les pueda ocurrir espontáneamente.
–¿Es mejor exagerar como mamá o papá?
–Exagerar no. Los papás son los que mejor saben si a un hijo le pasa algo, pero empezar haciendo de investigador privado cuando no hay razones para sospechar, no es conveniente. Ahora, si las hay, por supuesto. Mira, las terapias para evaluar a un niño son poco invasivas, son dibujos, juegos. Cuando un niño dibuja un genital o que parezca eso, es raro, porque los niños chicos no dibujan esos detalles. Me acuerdo de una niñita de 4 años que había sido abusada por el papá, que me dibujó un caballo con una erección.
“Los niños no inventan cosas que no saben; por ende, no inventan. Sólo podrían hacerlo adolescentes cuando hay juicios de tuición y algún padre manipula. Es poco frecuente. Pero los niños chicos, por su nivel de desarrollo cognitivo, no son capaces de sostener una mentira, entonces se delatan muy rápido”.
–¿Cuáles son los rasgos de un pedófilo?
–No existen. Hay algunos rasgos que tienen que ver con la falta de empatía. Quizás no tuvo un buen apego. Pueden ser estructuras narcisistas. Muchas veces hay características contradictorias. Fíjate, por ejemplo, en el caso del cura Cristián Precht, un hombre que ayudó a tanta gente, que trabajó por los derechos humanos y mira lo que está pasando…
–¿En qué tengo que fijarme como mamá para elegir el colegio de mi hijo?
–Esto es a título personal, porque hoy se rompieron todos los patrones en los que se creía. Me gusta que en los jardines infantiles los papás puedan entrar siempre, que las puertas estén abiertas o tengan vidrios para mirar y que las educadoras de todos los niveles, conozcan perfectamente a los niños. Eso me da confianza, pero no porque así nadie los pueda abusar sino porque, si ocurre un abuso, lo voy a saber. Es bien terrible. Creo en los colegios más chicos, porque hay más interacción.
“Sería importante aplicar algo que ya se hace en el mundo: iniciar la educación de autocuidado desde el jardín infantil. Uno debe decirles a los niños que existen partes privadas, que son las que tapa el traje de baño. Nadie te puede tocar, sólo la mamá o el doctor cuando está la mamá presente, y alguna tía del jardín que lo lleve al baño. Eso, cuando son chicos. Y los niños deben aprender a lavarse solos sus partes privadas. Hay que saber que existen cariños buenos y malos. Un tirón de pelo es un cariño malo. Que hay secretos buenos y malos. El bueno es cuando le vamos a hacer un cumpleaños sorpresa al papá, pero los malos son los obligados… Enseñarle que nadie puede obligarlo a tener un secreto. Y después viene la educación sexual, porque tampoco se pueden traumatizar. Entonces, cuando son más grandes uno les va explicando que cuando dos personas se quieren… etcétera”.

EN TODAS LAS CLASES SOCIALES
–¿El niño abusado tiene la posibilidad de recuperarse al ciento por ciento?
–Absolutamente, pero depende mucho de lo que pase cuando el abusado decida contar… Y depende de quién es el abusador. En el 90 por ciento de los casos es de la familia o un conocido. El abuso ocurre en todas las clases sociales. Más aun, a veces, en los sectores de menos recursos las víctimas están más protegidas, porque se van de allegadas a otras casas o tienen el colegio gratis, en cambio en las clases altas lo que se arriesga es muchísimo, dado que por lo general el abusador es el proveedor. Mira, yo tengo pacientes que llegan en Mercedes Benz, con chofer, pero ellas no manejan ni un peso, por lo tanto, si hablan, quedan en la calle junto con sus niños. Esos casos son muy difíciles.
“La recuperación, en síntesis, depende de quién es el abusador. Mientras más cercano, es peor. Va a depender de que, cuando el niño que ha sufrido abuso hable, le crean. Segundo, hay que interrumpir el abuso. En los casos que hemos conocido recientemente es mucho más fácil, ya que se han tomado acciones para interrumpir la situación de abuso. Es importante que se les reitere que ellos no tuvieron la culpa y que se empiece a reparar al tiro.
“Yo tengo en la consulta una caja de arena, donde una niñita que había sufrido abuso dio vuelta la figura de unos hombres, los envolvió y los enterró. Y ahí están. Es como una dramatización del castigo. Pero ese hombre no es su papá. Esa misma niñita no enterraría a su papá, si él fuera el abusador. Cuando una niñita o un niñito es abusado por el papá, es más difícil, porque hay un vínculo de afecto entre los dos. Cuando un niño abre un tema de abuso, los hermanos pueden no creerle y culpabilizarlo porque está rompiendo la familia. Habitualmente lo que hay que hacer para interrumpir el abuso es sacar a la víctima o al abusador de la casa”.
–¿Qué es esperable de los niños abusados?
–Ellos van a hablar. Hay que reasegurarlos, porque sienten miedo. Contarles que los involucrados están presos. Mira, no hay que tratarlos como “niños abusados”. Ellos no son eso, son niños que “vivieron una situación de abuso”. Lo otro está mal dicho, porque la identidad no la constituye sólo el hecho de haber sido abusado. Y el niño no debe tener la sensación de que los papás se preocupan de él sólo porque fue abusado.
–¿Cómo sientes que se han portado los establecimientos educacionales o instituciones donde han ocurrido estos abusos?
–Creo que lo han hecho bien, distinto a lo que hubiese ocurrido hace 20 años, en que nadie les hubiese creído, habrían dicho que son cosas de niños, los habrían descalificado. En algunos casos, han sido los apoderados los que han salido en defensas absurdas, como lo hicieron con el cura Karadima. El jardín infantil cerró, el preescolar del colegio no está en clases. Así se interrumpe la situación de abuso. Eso significa creerle al niño, aunque uno tenga dudas, pero es preferible equivocarse a favor del niño y no a favor del abusador.
–Hoy hay como una psicosis sobre este tema.
–No es psicosis, pero sí mucha angustia. Lo que pensábamos que era el lugar más seguro para los niños, ya no lo es. Siempre ha existido la misma cantidad de abusos. Yo jamás había escuchado que se diera la coyuntura de varios establecimientos al mismo tiempo, pero los abusos sexuales hacia los niños en la Iglesia, en los colegios y en las casas, han existido siempre. Hoy hay más denuncias: los niños se atreven a hablar más. Yo he trabajado harto con sobrevivientes de abuso sexual, mujeres grandes, y cuando les preguntas si le contaron a alguien, ellas siempre lo hicieron, pero nadie les creyó o escuchó. Me acuerdo de un sacerdote que las sentaba en las rodillas y las tocaba, y la mamá diciéndole que lo hacía porque era cariñoso. Esto es mucho más común que lo que uno cree. Este estado de desconfianza que existe hoy va a pasar. Créanle a sus hijos. No los invadan con preguntas llenas de terror y desconfianza, como: “¿No te habrás equivocado?”, “¿estás seguro?”. Cuando los escuchen, respiren primero. Pero que los niños no sientan el shock inicial. Tampoco jueguen al investigador privado todo el tiempo con los niños. No los llenen de preguntas todo el día: “¿Alguien te vio? ¿Con quién fuiste al baño? ¿Pasó algo?”.
“Yo creo que los colegios van a tener que tener protocolos, al igual que hoy lo hace la Iglesia”.
–¿Es posible para una familia recuperarse con un hijo abusado?
–Es de las cosas más difíciles de superar… Pero es posible, con ayuda profesional y con el apoyo de su red de familiares y amigos. n