La princesa recicló varias tenidas, pero logró impactar con un nuevo diseño, negro, en la única cena oficial que tuvieron en su breve visita a Estados Unidos.

Por Manuel Santelices, corresponsal

 No es que seamos adivinos, pero el reciente viaje oficial de Letizia de España a Nueva York puede haber resultado, si no desilusionante, quizás menos brillante que lo que hubiera esperado la princesa. No podía ser de otra manera. Su llegada a la ciudad más glamorosa del mundo junto a su marido, para promover la imagen de España, ocurrió en el peor momento, con la economía española colgando de un hilo y una tasa de desempleo de dos dígitos. Los tiempos no están para fabulosas fiestas ni despliegues de guardarropa y, por lo mismo, la visita tuvo un tono serio y taciturno, aunque la princesa se esmeró en lucir sonriente cada vez que podía.

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En su primera aparición durante el Global Business Colloquium, un evento que suena tan importante como aburrido, Letizia lució un ceñido vestido palo de rosa de Felipe Varela con altos zapatos al tono; un look perfectamente apropiado que, sin embargo, ya había lucido en varias ocasiones durante los últimos dos años. Con las noticias de que en España las tiendas de ropa usada y segunda mano –ya no da para llamarlas vintage– han tenido un inesperado renacer, no es aparentemente adecuado que la futura reina haga alarde de un nuevo guardarropa. La princesa también recicla.

En el Colloquium, celebrado en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), Letizia escuchó con atención a los oradores de la jornada y conversó animadamente con los presentes –casi todos hombres–, incluyendo al director del IESE, Jordi Canals; el presidente de la cadena de hoteles Loews, Jim Tish; el enviado especial de la Casa Blanca, Steven Rattner, y el presidente de General Electric en Africa, Jay Ireland.

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En su discurso, el príncipe trató de dar la mejor cara frente a la tormenta, diciendo que los sueldos de los trabajadores españoles finalmente parecían “competitivos”, que Europa debía reforzar la cooperación entre sus países miembros, y que España estaba decidida a superar sus problemas internos “cumpliendo con sus deberes”.

Inmediatamente después hubo un almuerzo en la casa del cónsul general de España en Nueva York, donde el asunto fue más distendido. Sentada junto a los magnates Gustavo Cisneros y Alejandro Santo Domingo, Letizia finalmente pudo mostrar su lado más coqueto y femenino, el que quedó en evidencia minutos más tarde, cuando, con otra tenida, ella y el príncipe se dirigieron al Instituto Cervantes para observar la exhibición “Geografía Postal: Las postales de las familia García Lorca y De los Ríos”. Ni la comitiva ni la prensa prestaron mayor atención a ese tesoro epistolar, porque todos los ojos estuvieron centrados en Letizia –una vez más– y su extraordinaria figura revelada en una blusa y chaqueta color marfil de mangas tres cuartos y una pollera que simulaba piel de pitón y que se elevaba varios centímetros por sobre su bien torneada rodilla.

“Doña Letizia supo combinar el atrevimiento de la falda, con un estampado llamativo, con una sencilla blusa y una chaqueta mucho más dulces”, informó ansiosa la prensa española. “La princesa cambió los zapatos de la mañana por otros cerrados, de salón, y por una cartera de mano beige. Sencilla y elegante, deslumbró, como siempre, por su armonía y saber estar”.

Ahí mismo, los príncipes se reunieron con personalidades hispanas destacadas, como el presidente de la Academia de la Lengua, Gerardo Piña-Rosales, o la chef mexicana Zarela Martínez. “El idioma español adquiere en Estados Unidos una dimensión especial”, dijo Felipe, “acorde con la grandeza de este país y con el papel que desarrolla su comunidad hispana”.

El jueves 21, viajaron a Boston para visitar la Feria BIO 2012, el encuentro mundial más importante en el área de biotecnología. El pabellón español fue uno de los más grandes este año, con 108 empresas e instituciones incluyendo representaciones específicas de Andalucía, el País Vasco y Cataluña. Letizia, como todos saben, es una apasionada de la ciencia y no cabe duda de que este momento de su agenda fue uno de los que más disfrutó en Estados Unidos. Curiosa, inteligente, bien informada, habló no sólo con los expositores españoles, sino también con los de otros pabellones, sobre temas que fueron desde nueva tecnología para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares hasta el impacto de los hoyos negros del universo. “¡Ay, pero cómo sabe Letizia!”, fue el comentario de una de las integrantes de su comitiva.

Luego hubo un almuerzo en la Universidad de Harvard, donde el príncipe presentó una conferencia titulada “España e Iberoamérica” en la Kennedy School of Goverment, un prestigioso centro de pensamiento político y legislatura pública. Aquí, una vez más, Letizia se convirtió en el centro de atención más por su silencio que por sus palabras. Mantener sus opiniones a raya es una lección que la princesa ha aprendido bien, pero no ha sido fácil. Después de todo es periodista, y en su carrera se hizo conocida por un estilo directo, casi brusco, en televisión. El peso de la corona la ha hecho más discreta, más cautelosa, pero pocos dudan que se trata de una mujer con ideas claras y precisas, que adoraría levantar la voz en un sitio como el Kennedy School. Pero, por tradición, jerarquía y sentido común, debe mantenerse callada.

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Infanta Cristina

Expulsada de Marivent

 

Siguen las malas noticias para la infanta Cristina y su familia. Después de haber cumplido 47 años (el 13 de junio) prácticamente en el destierro, ahora no podrá veranear en Palma de Mallorca, el balneario en el que pasó todas sus vacaciones desde que era una niña. A la residencia oficial de los Borbón en Palma, el Palacio de Marivent, sólo llegarán la reina con su hermana, la princesa Irene de Grecia; la infanta Elena y los príncipes de Asturias.

En La Zarzuela, en Madrid, dicen que esta temporada “no se espera en Marivent” a la infanta con su familia, mucho menos con su marido. Irónicamente, la infanta e Iñaki Urdangarin son duques de Palma de Mallorca, y el rey concedió ese título a su hija menor justamente por lo mucho que ella ama la región y el velerismo, un deporte que adquirió desde niña y que es símbolo chic de ese balneario. 

La situación de Urdangarin va, efectivamente, de mal en peor. En las últimas semanas trascendió que el Fisco español llegó a la conclusión de que el Instituto Nóos, que presidía el duque de Palma, fue una falsa ONG por lo que debería haber pagado impuestos. Según cálculos, el instituto ganó alrededor de 12 millones de euros por los que debería haber pagado 5,4 millones de euros en impuestos. Eso, sin considerar los montos que Urdangarin y su socio Diego Torres desviaron a cuentas personales y las triangulaciones irregulares que efectuaban para esas apropiaciones. 

Se cree que la infanta y su familia podrían pasar el verano en los Hamptons, donde tienen varios amigos, o en las Rocallosas, ambos en Estados Unidos.

El viernes, de acuerdo al programa, Letizia visitó la escuela Emily Dickinson en el Upper West Side, donde firmó un acuerdo para incorporar a ese colegio a los 94 centros de estudios en Estados Unidos y Canadá que mantienen el idioma español como lengua oficial en sus programas. Luego hubo un almuerzo en la residencia del embajador español ante Naciones Unidas, Fernando Arias, con personalidades de la ciencia. Lo más notable de este almuerzo fue, sin embargo, la presencia de Ricky Martin, quien agradeció la visita efusivamente en Twitter.

Esa noche, finalmente, Letizia tendría la oportunidad de lucir un vestido de cocktail, pero no en Nueva York, sino en New Jersey, la tierra de Tony Soprano. Los príncipes asistieron a la cena inaugural del XVII Foro español- norteamericano en el Liberty Science Center, donde Letizia impactó con un vestido negro –hasta el momento no se conoce el diseñador– y un elaborado moño en la nuca que demostraba, en la práctica, la presencia de su peluquera de Letizia en la comitiva. 

De este modo, sin grandes cenas de Estado o gala en la ópera, la visita de Letizia a Nueva York fue trabajo, trabajo y más trabajo. Ni siquiera hubo una tarde de shopping, desilusionando a más de un paparazzo español que esperaba captar imágenes de la princesa con bolsas de carísimas tiendas en sus manos.

 

 

Letizia y Felipe

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