
Por: Francisca Olivares / Fotos: Manuel Santelices
Han pasado dos años desde que TVN emitió el reportaje de Informe Especial sobre el caso Karadima. Una noche que marcó un antes y un después en la Iglesia Católica chilena, por lo que fue imposible que el país quedara indiferente frente a los abusos denunciados, principalmente por James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo. Para algunos no fue fácil creer que el horror que se había vivido en la Parroquia El Bosque era real, especialmente porque habían confiado en la Iglesia y en sus pastores. Otros sintonizaron con los denunciantes y no desestimaron las acusaciones que se le hacían al sacerdote Fernando Karadima Fariña.
El hecho es que cada día después de ese 26 de abril de 2010, se fueron sumando antecedentes, libros e historias que certificaban la veracidad de estos testimonios. El Vaticano emitió su sentencia el 18 de febrero de 2011 y declaró culpable a Karadima por abuso de menores y lo relegó a una vida de penitencia y oración. La justicia chilena tardó un poco más y en enero de este 2012 cerró el caso por prescripción, aunque acreditó la existencia de los delitos de abusos deshonestos y reiterados por parte del prelado. En medio de estos hechos, la voz de Juan Carlos Cruz no ha dejado de alzarse, tanto para dar su agradecimiento o reclamar cuando lo ha estimado necesario, como por ejemplo cuando expresó su molestia por considerar que la jerarquía de la Iglesia Católica en Chile no fue diligente en el caso Karadima, trayendo consigo un alto costo para los denunciantes.
Ahora dice que no puede entender que pareciera que Karadima pasó a segundo plano y que, según ciertas informaciones, no se cumple todo lo que pidió el Vaticano, ya que personas de la ex Unión Sacerdotal estarían en contacto con el religioso sancionado, y cree que “hay muchas cosas que se van a esconder siempre, porque hay gente que lo ha encubierto y no quieren comprometerse más”. Juan Carlos sigue en Estados Unidos. Es ejecutivo de una importante multinacional.
Constantemente está viajando y para hablar con él lo hicimos por teléfono. Las fotos de esta entrevista las tomamos durante una breve visita que hizo hace poco a Nueva York. –¿Qué es lo que se podría seguir ocultando todavía en el caso Karadima? –Tenemos los casos de los cuatro obispos de El Bosque: Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Juan Barros y Andrés Arteaga. Si consideras que tenemos una Conferencia Episcopal relativamente chica (un poco menos de 35 personas), en comparación a otras, si existen cuatro obispos de Karadima, entonces tienen peso. Ellos estaban parados al lado de nosotros cuando Karadima hacía cosas impropias con la gente, ya sea dándose besos, tocando... Incluso ellos mismos le daban besos. Pero con esa mentalidad de encubrimiento, nunca van a admitir esas cosas.
Además, hay tantas víctimas abusadas que se han acercado a mí, a Jimmy (Hamilton) o a Jose (Murillo), a través de la Fundación para la Confianza, o personas que vieron cómo nos trataron de mal a nosotros, que todavía tienen miedo de hablar, porque algunos ya son casados y es muy difícil decir el horror que ellos también vivieron… Esas son las cosas que no se van a saber.
–¿El estigma de víctima es un gran costo?
–Que a uno le digan “Juan Carlos Cruz, una de las víctimas de Karadima” es un verdadero estigma y cada vez que lo dicen uno se acuerda… (su voz se quiebra) que este viejo me toqueteó… Uno no anda usando la tarjeta de víctima, pero sí se ha reconocido por la Iglesia que nosotros (junto a Hamilton y Murillo) fuimos víctimas de Karadima. Ahora, lo de muchos otros no se va a saber, por esta misma razón.
–A poco más de dos años de que estallara este escándalo, ¿qué te pasa a ti con las personas que estuvieron ahí y que todavía dicen que no vieron nada o no se dieron cuenta? –Los que sí vieron y lo encubren, me dan asco, vergüenza y rabia. –¿Sabes en qué están algunos de los sacerdotes cercanos a Karadima, como Juan Esteban Morales o Diego Ossa, entre otros?
–No sé mucho. Los tienen bien escondidos, pero sé que Diego está en una parroquia en Ñuñoa con otro de El Bosque, y me han dicho que los “relegados” de El Bosque se juntan ahí. De Morales creo que está sin ministerio en la casa del clero, que es donde viven los sacerdotes mayores o los que no tienen parroquia. Y (el arzobispo Ricardo) Ezzati no ha hecho nada respecto a las denuncias de esos casos.
–¿Estás seguro de que todos se tuvieron que haber dado cuenta o haber sabido algo respecto a los abusos de Karadima? –En mayor o menor medida, era una cosa absolutamente conocida en la Iglesia, no solo de Santiago, sino que chilena. La mayoría de los obispos chilenos sabía lo que pasaba en El Bosque; si no de los abusos, sí de la especie de secta que ahí había. Muchos de los actuales obispos se callan.
–¿Quiénes? –Ejemplos abundan y un caso que me ha dolido mucho es el de Cristián Contreras, obispo auxiliar de Santiago, porque en él yo confié. Con Contreras empecé a hablar alrededor del año 2006 y 2007 respecto a lo de Karadima. No le hablé de los abusos sexuales, sino que empecé a hablar con él, tal como lo he declarado judicialmente, porque me sentía súper solo en esto, porque para mí era horrible y ni yo tenía tan asumido lo que este cura me había hecho. Me dijo que había una investigación contra Karadima y yo le pedí que no me tirara en contra de Karadima porque me daba un miedo terrible, porque en esa época yo sentía que nadie se la podía contra él… Cuando yo estaba en el seminario, él era formador. También era mi amigo y me apoyó mucho cuando me salí del entorno de Karadima. Cuando le dije que no me tirara contra Karadima, yo no sabía que Jimmy y Jose estaban tratando de denunciar. El nunca me dijo algo.
–¿El obispo Contreras manejaba la información de cada uno de ustedes por separado?
–Aparentemente, porque Jimmy y Jose ya habían empezado a mandar cartas a Ezzati. También estaba el proceso de la nulidad religiosa de Jimmy, que estaba en contacto con Contreras de antes, pero él nunca me dijo que Jimmy Hamilton también estaba denunciando. Si lo hubiera sabido habría hablado antes con Jimmy y me habría dado más valentía. Durante todo ese tiempo confié en Contreras, aunque muchos sacerdotes me decían que no lo hiciera. Me sentí muy cobarde por no querer hablar.
–¿Qué confiaste exactamente, si él no estaba al tanto del abuso sexual? ¿Lo del abuso de conciencia?
–En la época que yo estaba hablando con él hasta le mandé un escrito de los abusos de conciencia míos.
–Quizás, para algunos, el abuso de conciencia no suene tan tremendo, pero es muy dañino…
–Así lo creo yo. El enredo que tenía en mi cabeza era muy horroroso y necesitaba confiar en él. Muchas veces lo llamé y peleábamos por teléfono. El me decía que estuviese tranquilo, que me ayudaría, que haría algo… pero a la larga me fui dando cuenta de que lo que algunos me decían era verdad y es que muchos de los obispos quieren quedar bien con todo el mundo y nadie se quema por uno.
–¿Contreras no fue de gran ayuda? –Según él, siempre ha estado ayudando tras bambalinas, y yo creí que sí. De hecho, le he agradecido públicamente. Pero ahora no siento que sea así y hace unas semanas le mandé un e-mail muy duro diciéndole que ya no confiaba en él. Yo estaba muy enojado. Muchas veces durante nuestra amistad hemos tenido desencuentros y le he dicho cosas fuertes, y él a mí también, pero sentía que éramos amigos y que uno podía enfrentarse de esa manera. ¡Hasta he hablado bien de él en los medios! Le dije que era el colmo y una cobardía, que no se hacían cambios radicales y que el actuar de Ezzati era trágico. Entonces él se enfureció conmigo y me contestó con otro e-mail que me dejó tremendamente impactado. Me dijo que el encubridor básicamente había sido yo desde los ’80, porque no había hablado antes de los abusos sexuales que supuestamente Karadima me había hecho. Que yo le había pedido que no hiciera nada en 2006 o 2007, lo que es verdad, porque me sentía tremendamente asustado y solo… Ahora, con lo que sé después de mucha ayuda sicológica, entiendo que quienes hemos vivido situaciones así cuesta mucho que las saquemos a la luz, por el estigma, la vergüenza y miles de factores. También me dijo que qué me creía interpelándolo y me amenazó con ir a los medios de comunicación a mostrar los correos que había entre él y yo, y que daría a conocer esto porque su imagen está sanita. –¿Te importaría que él hiciera públicos esos e-mails?
–¡No! Y le pido que por favor los muestre, porque a todo el mundo le he contado que efectivamente yo sentía pavor y miedo al enfrentarme a esto y él me acusó de hacer “falsas gárgaras de amor a Dios y a la Iglesia”. Me pidió que por favor no rezara por él, porque yo le dije que iba a seguir haciéndolo. Cuando le dije que en el momento de enfrentar a Dios se iba a saber la verdad, me dijo que lo íbamos a ver con Dios, a quien yo decía querer entre comillas. Te prometo que no puedo tolerar el bullying de parte de los obispos. Antes quizás. Hoy no.
–¿Qué otros sacerdotes han sido una gran decepción para la Iglesia Católica en Chile?
–Los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Jorge Medina. Los cuatro obispos de El Bosque y varios sacerdotes de la Pía Unión Sacerdotal, porque todavía no se ha disuelto jurídicamente. Hay que saber que lo que se hizo fue canónicamente y en papel, por lo tanto ellos siguen administrando los millones de dólares que tienen en bienes. Bueno, la mayor parte de la jerarquía de la Iglesia de Chile es una tristeza.
–Siempre sale a relucir que los obispos están más preocupados de quedarse en sus trabajos que de llevar el mensaje de Cristo.
–Lo lamentable es que no hacen cosas radicales sino que cosméticas y siguen manteniendo la bacteria adentro. Por eso la Iglesia no se sana. Tampoco voy a dejar que con todo lo que he vivido, aprendido y expuesto, me sigan haciendo bullying, porque me fui aterrorizado de Chile a un país extraño y gracias a Dios me ha ido bien. No voy a dejar que una persona con esa arrogancia y crueldad me trate de amenazar. Yo le escribí a Contreras un e-mail duro que lo motivó a contestarme así, pero por favor, ¡guardemos las proporciones! Decirme que soy un encubridor porque callé desde los ’80, y acusarme de que le decía que no se metiera porque lo que tenía era pavor; cuestionar mi amor a Dios y a la Iglesia o amenazarme de ir a los medios… ¡Adelante, le pongo una alfombra roja para que hable y diga la verdad!
–¿Estamos muy lejos de ver que la Iglesia chilena se vaya a limpiar de una vez?
–La Iglesia de Chile no se limpia y la gente no va a volver a confiar en su jerarquía hasta que no vean una Iglesia de Jesucristo. Yo sigo siendo católico, apostólico y respetuoso de la Iglesia, participo y voy a misa y no voy a dejar que nadie me quite mi amor a Dios, por eso también, en justicia, tengo que decir que hay tanta más gente buena que mala en la Iglesia. Tengo amigos sacerdotes que serían unos obispos maravillosos y que han acompañado a tantos que han sufrido y que no han sido como Ezzati, Contreras, los obispos de El Bosque y los obispos en general... Hay gente buenísima en la Iglesia que podría manejar este buque que se hunde.
–Que esas personas no estén en la jerarquía, ¿será que a propósito no lo están?
–Hay unas vueltas tan raras que no podemos entender. Esto no es un sentimiento mío nomás… porque para yo estar en Buenos Aires tomándome un helado y que se me acerquen dos chilenas que me dan un abrazo o que en Chile me pase lo mismo y que al ir caminando me pare algún señor y me diga: “¿Usted es don Juan Carlos? No sabe lo que le agradezco”. Es algo que me emociona y me llama a seguir diciendo que tenemos que cambiar radicalmente porque los cambios cosméticos no van a llevar a la gente a la Iglesia. Los tiempos han cambiado y los obispos de Chile no avanzan con los tiempos, no están acostumbrados a admitir su error. En casos de abuso ¡no se puede actuar con esta lentitud! Se han olvidado del concepto de servir al “Pueblo de Dios”. Se creen mejores que el Pueblo de Dios. La gente ya no aguanta. –¿A esa actitud se debe el que continúen los cuatro obispos de El Bosque: Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Juan Barros y Andrés Arteaga? –Algunos están a cargo de diócesis… Con qué credibilidad… Es como la forma de actuar de Ezzati en el que tuve mucha esperanza. Como decía, a nosotros nos llaman muchos sacerdotes para darnos su apoyo, pero en secreto. Pareciera que hay una división interna enorme y Ezzati maneja todo como un monarca. La gente no se atreve a hablar. ¡Qué se puede hacer contra eso, si es el presidente de la Conferencia Episcopal! También Juan Carlos cree que “hay una decisión de hacer una defensa corporativa, en vez de tomar la posición de Jesucristo, incluso en contra de la honra propia y del qué dirán”. “Al final, se defienden y ocultan aberraciones tan grandes como el abuso sexual”, concluye Cruz, con una voz cuyo tono, siempre cariñoso y atento, marca el término de la entrevista.