Por: Ignacio Ossa / Fotos: Gonzalo Romero

rodrigo-hinspeterSe cumplieron dos años del gobierno de Sebastián Piñera. La mitad de su mandato. Lo que se viene serán los meses más duros y bien lo sabe el ministro de Interior, Rodrigo Hinzpeter. Su estadía en La Moneda no ha sido fácil. Asegura que ya no lee Twitter por sanidad mental y porque desea conservar el sentido del humor y la capacidad de reírse de sí mismo, cosa difícil de conseguir siendo parte de esta red social que suele estar invadida de ácidas críticas en su contra. Sí le molestan muchas de las críticas de la oposición, ya que ve en ellas “una contumacia obsesiva respecto de todo lo que hace el ministro de Interior”. Y aunque dice que sí tiene autocríticas, prefiere reservárselas para él, para que otros no se aprovechen y se las saquen en cara. Pero Hinzpeter prefiere saltarse estas ingratitudes y centrarse en la ardua labor que tiene programada para estos dos años. Por una parte, buscará ser el articulador de los acuerdos de la derecha para realizar las reformas políticas a las que aspira el Presidente Piñera y, por otro lado, se propone mostrar la verdadera cara de la centroderecha. “Se ha pretendido mostrar que somos un sector político cuya afición es administrar un sistema económico e, incluso, de parte de los más agresivos, nos adjudican que nuestra misión era llegar al gobierno para preservar los privilegios de los más poderosos. Esa caricatura debe y va a ser desmentida y desacreditada durante la segunda mitad de nuestro gobierno”, afirma con energía.

–¿En qué se debiera notar eso? Hasta el momento ustedes exhiben muchos logros, pero la gente no los lee de la misma manera.
–Vamos a hacer un trabajo que combine la labor de sacar adelante el programa de gobierno, que fue a lo que nos dedicamos en la primera mitad de nuestro período, con un despliegue comunicacional didáctico por parte de los ministros, el que será más profundo y efectivo. Vamos a recorrer el país dando cuenta de cómo este gobierno exhibe un récord de cumplimiento extraordinariamente excepcional. Es un gobierno que en sus trazos gruesos y en sus detalles les ha cumplido a los chilenos. Además, ha generado las condiciones para dejar atrás la extrema pobreza y convertirse en una nación desarrollada. Eso es importante, y conducir ese proceso de difusión es parte de lo que haré.

–Si han logrado sacar adelante varios compromisos en el área social, ¿por qué no logran convencer a la UDI de que les permita realizar al mismo tiempo las reformas políticas que demanda el país?
–Eso no es así. Toda reforma importante tiene períodos de reflexión, conversación y debate. Recuerde que cuando se inició el debate sobre inscripción automática y voto voluntario –que es la reforma política más importante que se ha hecho en las últimas tres décadas– hubo momentos en que se cuestionó mucho, pero era parte de la evolución natural de reformas políticas y ya veremos cómo avanzamos en otras.

–Pero el cambio del binominal debiera ser la gran reforma para este gobierno, si se le compara a la inscripción automática y voto voluntario.
–La reforma al binominal es muy importante, porque hemos escogido un sistema de democracia representativa donde son los ciudadanos quienes escogen a los representantes. Es muy difícil tener una democracia representativa vigorosa si la manera de escoger a los representantes está severamente cuestionada por la ciudadanía. El sistema electoral no es una cuestión de principios. El principio es cuidar la democracia representativa. No me cabe ninguna duda de que todos estamos por cautelar este principio.

–¿Cree que existe miedo de los parlamentarios a perder sus sillas más que el afán de darle equilibrio al Parlamento?
–La gracia de la discusión de principios es que de algún modo deja en evidencia, por la falta de argumentos, a quienes están defendiendo su silla. Espero que la gran mayoría esté por hacer lo que le conviene al país y estoy convencido de que eso es fortalecer y mejorar el sistema electoral.

–¿Esta es una batalla que va a dar personalmente?
–Sí, junto a los ministros Larroulet y Chadwick.

–¿El Presidente se mantendrá al margen? Porque hasta el momento era él quien lideraba estos temas políticos.
–Este será un trabajo en equipo, encabezado por el ministro del Interior. Vamos a buscar hasta el límite un acuerdo en la Coalición por el Cambio y luego con el resto de las fuerzas políticas.

–¿Cuál es ese límite?
–El límite no está definido. Si no llegamos a encontrar un acuerdo, buscaremos qué hacer. Se puede enviar un proyecto reservando la libertad de acción para los parlamentarios, y ya lo hemos hecho. Espero que no lleguemos a ese límite. Agitación social

–Muchos auguran que este será un año marcado por la agitación social, incluso más que el anterior, cosa que se refleja en lo ocurrido en Aysén. ¿Cree que la agenda estará determinada por ese tipo de conflictos?
–Desgraciadamente concuerdo. Hay sectores de izquierda que, cuando no están en el gobierno, están en la calle. Nosotros, y lo digo con responsabilidad, no tenemos problema con que se hagan todas las demandas sociales que se estime. No tenemos problema en que se nos pase la cuenta por asuntos que no fueron resueltos en los 20 años de la Concertación. Con realismo, prudencia y responsabilidad presupuestaria, los vamos a abordar. Lo que no vamos a aceptar es que estos movimientos sociales sean capturados por activistas políticos que se aprovechan de las demandas para generar situaciones de desorden público. Eso no lo vamos a aceptar. El diálogo siempre estará abierto, pero no mientras haya caminos bloqueados, servicios públicos que no puedan funcionar, donde los que quieren ir a trabajar o estudiar no puedan hacerlo. Eso es una señal clara para todas las regiones del país.

–¿Tiene algún comité para que puedan anticiparse a estos hechos y que no los sigan sorprendiendo?
–Hay anticipación. Pero una cosa es anticiparse y otra evitarlo. Hay veces en que los procesos sociales requieren, para su maduración, pasar por momentos de tensión. Esto es algo razonable, pero se debe dar con marchas respetuosas del orden público, no con bloqueos y desabastecimiento. Los chilenos debemos unirnos para proteger el país que hemos construido.

–¿Cree que hay un aprovechamiento por ser ustedes un gobierno de derecha?
–Sin duda. Hay muchas personas de izquierda que quieren que fracasemos. Hoy en Europa, 24 de los 27 países están gobernados por la centroderecha, porque han ido demostrando que su conjunto de ideas y políticas públicas es más eficaz para sacar a los países de sus problemas.

–¿Los están midiendo con una vara más alta?
–En una conversación con el intelectual francés Guy Sorman, me decía que por alguna razón a los gobiernos de izquierda se les juzga por sus intenciones y a los de centroderecha por sus resultados. Yo le encontré bastante razón. Pero no importa, nuestros resultados están a la vista. Desafío a quien quiera a hacer un repaso, incluso comparativo, de lo ocurrido en los dos últimos años. Mientras antes crecíamos menos que el mundo, ahora lo hacemos más que el mundo. Mientras antes se perdían empleos en el gobierno de la Presidenta Bachelet, hoy se han generado más de 600 mil nuevos puestos de trabajo, llegando a cifras que se acercan al pleno empleo. Mientras se disminuían las exportaciones, nosotros las hemos aumentado. Mientras se acumulaban las listas de espera AUGE, ahora se acabaron las listas de espera… Por favor, si alguien quiere discrepar de un gobierno de centroderecha, encantado, pero hagámoslo con ideas.

–¿Cuánta frustración genera esto?
–Bastante. La política es un oficio que tiene reglas y las reglas de la razón y los hechos objetivos es lo que uno reclama. En cambio, la regla de volcarse a las calles, de atizar conflictos sociales y desconocer cualquier avance, es muy frustrante. Mire el episodio del presidente de un partido de la oposición que cometió el “pecado capital” de hacer el reconocimiento de que hemos tenido avances en la reconstrucción. Lo encerraron en la pieza oscura y le hicieron el peor de los bullyings. Lo humillaron. ¡Esta es una oposición que no reconoce nada! ¡Lleva dos años diciendo que todo lo que hacemos es malo! No he visto en todo este tiempo decir que hay algo bueno, cuando los resultados están a la vista.

–¿Cuál es el límite entre el legítimo reclamo y el lloriqueo?
–El sentido común. Está claro: hay un reclamo legítimo, una fiscalización y discrepancia legítimas. Pero cuando uno tiene dos años de persistente crítica donde no cabe ni un asomo de posibilidad de haber hecho algo medianamente bien, no queda más que pensar que existe una voluntad de obstruir y desacreditar. Es muy frustrante, pero uno tiene que seguir avanzando.

–¿Y cómo lidia usted con esa frustración?
–Soy un ser humano y la frustración lo acompaña a uno. Pero debo reponerme y redoblar el esfuerzo, ya que las políticas públicas que estamos fomentando benefician a millones de personas y uno debe dejar al margen las críticas oportunistas. En lo personal, la frustración la enfrento como todos los chilenos. Uno no deja de tener los mismos problemas de la gente por ser ministro. Hay que combinarlo con las inquietudes personales, con la necesidad de tener una vida familiar, cumplir con el rol de padre… Las características de humanidad no se alteran por ejercer una función pública.

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