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Según él mismo precisa, lleva más de 30 años haciendo encuestas y nunca se había encontrado con un momento político-social tan extraño. Un bajísimo 26 por ciento de aprobación para el Presidente y ministros que superan el 70. Una Concertación en el suelo y su principal figura, Michelle Bachelet, en la cima. Cifras económicas para sacar aplausos en un encuentro de economistas internacionales, pero que alimentan el malestar social de un Chile que no percibe esos logros en su bolsillo. Roberto Méndez está cansado.

Estos dos años de gobierno de Sebastián Piñera –a quien él conoce bien– han puesto en jaque las variables con que habitualmente funcionaba la opinión pública. Y si ya la encuesta de abril de Adimark mostraba al Presidente en el 29 por ciento de apoyo, el último sondeo de la primera semana de mayo fue mucho peor: solo un 26 por ciento.

¿Qué hay detrás de esa cifra? ¿Hacia dónde se mueven las tendencias? El señor Méndez lo analiza aquí:

–El gobierno se vanagloria de las cifras económicas, pero la gente rechaza su gestión. ¿Por qué?

–Creo que este año 2012 se ha hecho más patente todavía una paradoja que ya se había insinuado el año pasado: que este es un gobierno que está haciendo las cosas bien, que está cumpliendo su programa, que incluso tiene una agenda social bastante agresiva, considerando que es de derecha y, sin embargo, es mal evaluado. Y lo que hay de fondo es un desencuentro con la opinión pública, que a pesar de que reconoce lo que el gobierno ha hecho, mantiene bajos niveles de aprobación.

–Desmenuzando las encuestas, ¿qué pasa con el gobierno que no logra conquistar la simpatía de la gente?

–Es bastante interesante lo que sale en las encuestas. Hay un fenómeno extraño y pocas veces visto. Yo he hecho encuestas por más de 30 años y no había visto otro período en el cual se dé, al mismo tiempo, este malestar con cifras económicas tan auspiciosas. Esto hace que el año sea especialmente complejo porque se está jugando lo que viene y, por otro lado, la oposición tampoco ha logrado encontrarse con esta opinión pública.

–¿Será que el discurso de la macroeconomía no dice relación con lo que vive la ciudadanía en su cotidianidad? –Sospecho que hay algo de eso. El tema de los alimentos, el Transantiago, los combustibles, son vividos por la ciudadanía de otro modo. Un tema invisible, y que es un coletazo de La Polar, es que hoy es mucho más difícil conseguir créditos para la clase media y baja. Todo eso se confabula para que la gente no sienta el progreso, sino que sienta que su vida hoy es más difícil. –¿No hay también una sensación de que el gobierno no los ve?

–Yo creo que también hay un poco de eso. Incluso, es algo que tiene que ver con la estructura cultural y social del gobierno, que da la imagen de estar muy alejado, de que son muy distintos a la mayoría, que viven una realidad muy separada de lo que vive la gente común en la calle. –¿Y eso qué implica en términos políticos? ¿Podría poner en riesgo la permanencia de la derecha en el gobierno?

–Lo interesante del momento político es que a pesar de esta paradoja, de las malas cifras del gobierno, no está para nada claro que la derecha no tenga una buena opción en las próximas elecciones. Y eso tiene que ver en parte con los buenos resultados económicos. Si eso entra en la balanza de las decisiones de la gente para la próxima elección, podría ir en favor del candidato del gobierno. Y, segundo, por el espectáculo francamente lamentable que ha dado la Concertación que no puede organizarse, formular una alternativa. Esa Concertación es súper rechazada también.

–¿Diría que la gente está enojada con la Concertación? –Sí, esta enojada y dolida con la Concertación. Entonces, el día de mañana eso podría ser muy negativo para la ex Presidenta Michelle Bachelet. –Lo extraño es que también es muy negativo para el actual gobierno. Nadie se salva de este enojo ciudadano...

–Claro, pero lo bueno y lo malo que enfrenta el gobierno es que el enojo está muy centrado en la figura del Presidente. Y como el Presidente no va a ser el candidato... eso le da una buena opción a la derecha. Ahora, claro, si el Presidente fuera candidato a la reelección como es el caso de Estados Unidos, estarían complicados...

–¿Por qué el enojo está centrado en el Presidente? –No lo sé... –¿Es una cosa más bien visceral de la ciudadanía? ¿O hay frustración por lo que se prometió?

–Es raro. Es una cuestión que no tiene una explicación muy racional, pero que está ahí y las encuestas lo muestran. Quizás es su estilo personal. El transgredir la norma en la imagen de la figura presidencial, porque hay ocasiones en que el Presidente se salta los protocolos. –¿Piñera concentra rechazo o enojo? –Hay un rechazo a él; a este personaje que al mismo tiempo es Presidente de la República. Es el personaje encarnando el rol de Presidente lo que se ha transformado en un personaje difícil de digerir para una gran parte de la población.

–¿Será que, de tanto buscar el afecto, terminó cansando...? –...Puede ser eso, pero también está la imagen del ganador, del empresario exitoso, del doctorado de Harvard, del que ha tenido todos los beneficios. De repente el éxito puede ser muy agresivo con los otros. –Pero es raro. Esas fueron justamente las razones por las que eligieron a Piñera.

–Sí. El éxito de Piñera era una información que ya estaba presente cuando la gente votó. Por lo tanto, eso por sí solo no puede ser la única causa que explique ahora el rechazo. Puede ser su estilo personal, su manera de comunicarse, una cierta frialdad en la manera en la que él se dirige a las personas...

–Lo otro difícil para el Presidente, además de marcar sólo un 26 por ciento de aprobación, es que varios de sus ministros están por sobre el 70. ¿Cuán complicada es esa posición? –Es evidente que el desencanto y el enojo de la gente contra ciertos aspectos del gobierno se ha centrado casi exclusivamente en la figura del Presidente. Como te decía, ha sido un fenómeno bastante inesperado, probablemente para él mismo. ¿Por qué pasó? A lo mejor tuvo que ver con el diseño original, en que la figura del Presidente simbolizó todo lo que sería el gobierno, y ahora él está pagando los costos de los errores políticos que se cometieron. Pero, por otra parte, el hecho de que haya ministros bien evaluados habla de un reconocimiento de la gente que dice: “Aunque yo esté enojado con el Presidente Piñera, se ha hecho un buen trabajo”. O sea, no les gusta el Presidente, pero reconocen lo que el país está logrando.

–Quedan menos de dos años de gobierno, ¿cómo evitar el síndrome del pato cojo cuando ya se adelantó la carrera presidencial? –Es un riesgo. Evidentemente que si la presidencial se desata más de lo que ya se desató, habrá un debilitamiento de la figura presidencial. Pero dada la personalidad del Presidente, dado incluso el deterioro que ha tenido su evaluación en las encuestas, el Presidente mantiene su capacidad de sacar cosas adelante. Los que lo conocemos sabemos que es imposible imaginar un Piñera congelado, haciendo tiempo para que el gobierno termine. De seguro, mantendrá iniciativas y, en algún momento de este año, hará un cambio de gabinete para que los ministros presidenciales salgan a la cancha. –¿Qué fecha debiera ser? Se habla de enero de 2013...

–Probablemente, pero enero es muy tarde. Lo ideal sería alrededor de las elecciones municipales. El gobierno tiene que dar señales y trasladar la discusión presidencial fuera de su gabinete.

Matthei al ruedo

–A pesar del alto rechazo, el gobierno tiene tres candidatos puestos en la cancha: Golborne, Allamand, Longueira...

–Yo creo que son más. –¿En serio? ¿Quién? –Tengo la impresión de que Evelyn Matthei es una alternativa que es prematura descartar. Si uno ve las cifras, verá que ella ha ido teniendo un alza sostenida en las encuestas. Es poca, pero muy consistente. Así que no sería aconsejable, de ninguna manera, descartarla como carta presidencial.

–Hay una élite de la derecha que ya la sacó de la cartola presidencial y ella misma se da por autoexcluida. ¿Qué están diciendo las encuestas respecto de Matthei?

–Ella tiene una mezcla en su estilo personal en que, junto con un modo que a ratos puede parecer duro, tiene una cuestión humana que se combina muy bien. En la curva de evaluación de las encuestas de Adimark, te diría que es la única que tiene muy pocas fluctuaciones y que ha ido subiendo mes tras mes. Entonces, salvo una visión machista o que de su partido no la quieran promover, Matthei es una de las figuras más potentes que tiene la centroderecha chilena. –Al frente, Bachelet sigue apareciendo como imbatible. ¿Qué explica ese fenómeno que ella despierta en la ciudadanía?

–Yo creo que hay un tema de transparencia, de autenticidad. Y hay que reconocer que la ex Presidenta Bachelet, con todas las críticas que uno pueda tener sobre su coalición o a su gobierno, ha logrado transmitir una genuina preocupación por las personas. Tiene empatía, carisma. –En ese sentido, ¿Laurence Golborne no sería el candidato más adecuado para la derecha?

–Bueno, pero Golborne todavía tiene que demostrar si es que tiene esas mismas cualidades. No hay que olvidar que Golborne es un gerente, un empresario. Tuvo el episodio de los mineros y eso le dio ese carácter más humano, pero debe demostrar que también tiene la capacidad de llevar a cabo un programa de gobierno y de liderar a una coalición; cosa que la Presidenta Bachelet no tiene necesidad de mostrar. Por eso, me parece bien que haya primarias en la derecha. Aquí hay una disputa dentro de la alianza, y lo vimos en la discusión de hace unas semanas entre Allamand y Golborne.

–Andrés Allamand reclama que lo que se requiere para ser Presidente es experiencia política. Golborne dice que se necesita también saber relacionarse con la ciudadanía. ¿Qué será lo que más pesa en la gente? –Creo que dentro de la gente que apoyó a Piñera están las dos cosas. Porque si uno analiza las grandes falencias de este gobierno, se da cuenta que el gran tema es la falta de manejo político. Es no entender cómo funcionan las relaciones de los gobiernos con los gobernados. Por lo tanto, hay una legítima duda de qué es lo más importante en ese sentido.

–Hoy, para recuperar terreno en las encuestas, ¿el Presidente debiera renunciar a esta idea de ser querido?

–El Presidente debería tener unos niveles razonables de aprobación, o sea que estén alrededor del 40 por ciento. Eso es lo razonable. Pero aspirar al 70 o al 80 por ciento como terminó la Presidenta Bachelet es absolutamente irreal. –¿Qué hace que Bachelet tenga tanto arrastre? –Es un fenómeno extraño. ¿Te he contado cuando la Presidenta Bachelet me invitó a tomar desayuno al final de su mandato? En esa ocasión, ella me hizo esa misma pregunta. ¿Por qué tengo estos niveles de popularidad? En ese momento, estaba marcando 80 por ciento. Y es que este es un fenómeno que ni ella misma entiende muy bien.

–Y que además ha sido como un fantasma que no deja en paz al gobierno. Como que siempre están queriendo sacudirse de Bachelet y no lo logran...

–Efectivamente, ella es un fantasma para el gobierno y también para la Concertación. Es una figura que está determinando lo que están haciendo cada una de las coaliciones.

-¿Así de poderosa es Bachelet? –Sí. Su figura es extraordinariamente poderosa. Y tiene que ver, en parte con su personalidad, con un carisma, con una capacidad de atraer y ponerse en el lugar de la gente. Pero además, porque su gobierno fue exitoso en una cosa fundamental: en otorgar protección a las personas en un momento de extremo temor como fue la crisis de 2008-2009. En ese contexto, ella y Andrés Velasco, fueron capaces de trasmitir seguridad. Y eso encantó. Fue una cuestión mágica que bien podría explicar esos impresionantes niveles de aprobación.

–Pensando en lo que viene, en si Piñera podrá dejar a la derecha sentada o no en La Moneda, ¿cómo cree que va a terminar el gobierno: sin pena ni gloria o aún puede pegarse un salto?

–Tengo claro que todo lo que diga relación con cómo la gente siente y se expresa hacia los gobiernos, nunca se congela. Nunca queda inmóvil. En ese sentido, creo que el gobierno tiene suficientes cosas buenas como para pensar que no es imposible terminar con un razonable nivel de aprobación. Pero con la misma seguridad te puedo decir que tampoco es imposible pensar que esto termine mal, y muy mal; quizás peor de lo que nos imaginamos hoy, si es que este clima social no cambia. El tema de los estudiantes, el manejo que se hizo del conflicto de Aysén fueron tremendamente destructivos para la imagen del gobierno. Entonces, yo tampoco puedo descartar que estos niveles de aprobación actuales –que son mediocres– puedan ser peores todavía.

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