Por: Ignacio Ossa / Fotos: Ronny Belmar
Motivos para estar contento le sobran al senador Hernán Larraín. En lo personal, su hijo Pablo acaba de presentar su última película en Cannes con un tremendo éxito y buenas críticas de la prensa especializada, lo que se traduce en un amplia sonrisa cuando habla del tema.
En lo político, siente que por fin el gobierno y el Presidente están asumiendo la actitud que él tanto ha reclamado: humildad. El discurso del 21 de mayo dejó satisfecho a Larraín, uno de los más críticos de esta gestión. Según el senador de la UDI, se ha pasado por varias estrategias: primero el Mandatario hablaba mucho; luego, bajó esa intensidad; empezaron a hablar los ministros y hasta se cambió de vocero. “Ahora se ha modificado la actitud y ojalá el Presidente se mantenga en esta nueva línea. Haber seguido avanzando y planteándose como los campeones de todas las batallas, indiferentes a la opinión pública y sin humanizarse, conducía al desencuentro final”, comenta. Y las encuestas así lo advertían.
Por lo mismo, Larraín hace un llamado al Ejecutivo a olvidarse de las cifras y a empezar de nuevo como un gobierno que respeta lo que se hizo en el pasado e insertándose dentro de un contexto democrático que lleva 20 años y no como si todo estuviese empezando con su mandato. –Está bien, dice que hay una nueva actitud, pero ¿es suficiente eso para revertir la mala imagen que se ha forjado en más de dos años de gobierno? ¿Basta con pedir perdón?
–Creo que sí, en la medida que la gente perciba una actitud honesta de parte del Presidente, donde no haya segundas intenciones, sino actuar por el bien común. Así se recupera la credibilidad.
–La cuenta pública de este año fue más bien un repaso de logros, más que de muchos anuncios, lo que le dio un aire de despedida al gobierno. ¿Siente que ya están en retirada?
–Fue más cuenta que cuento. No diría que era una despedida, pero sí un cierre de la agenda de esta última etapa. Pero todavía hay tiempo para revertir la desaprobación y de hacer los últimos agregados.
–En el discurso no se hizo alusión a las reformas políticas, que coparon la agenda al principio. ¿Esto deja a la UDI tranquila?
–Se hizo poca alusión, pero sí se habló de la inscripción automática y el voto voluntario, lo que significa un salto cualitativo y cuantitativo del electorado, lo que supone una gran trabajo del mundo político para atraer a esos electores y que se motiven a participar. El Presidente también se refirió a la reforma de partidos políticos, la ley del lobby y el voto de chilenos en el extranjero.
–Pero no de la reforma al binominal que es el punto que complicaba a la UDI. –El Presidente zanjó el tema llamando a los partidos a ponerse de acuerdo y eso se ha mantenido y la ausencia de este tema en el discurso es porque no ha habido una propuesta concreta. Uno debe criticar el sistema electoral, pero planteando una alternativa. Eso no ha pasado. El único proyecto real fue el que presentó Edgardo Boeninger y los primeros en desahuciarlo fueron los presidentes de los partidos de la Concertación. El esfuerzo de la DC y RN puede que termine en una propuesta concreta, pero hay que verla primero. Personalmente, más que cambiarlo, lo perfeccionaría. –Cuando se habla de la conducción del gobierno se apunta al Presidente, pero el encargado político es el ministro Rodrigo Hinzpeter, quien a comienzos de año dijo que iba a tomar las riendas del gabinete, pero hasta hoy sigue ausente. ¿Cree que asumirá ese rol en algún momento? –Se echa de menos un poco más de liderazgo desde el Ministerio del Interior. El día a día, sumado al esfuerzo de controlar la seguridad, le ha restado protagonismo político. Ahí hay un tema pendiente, que los hemos planteado en otras ocasiones. Siendo Rodrigo Hinzpeter una persona capaz, se necesita, más este año que va a estar lleno de tensiones por las elecciones, la presencia del jefe de gabinete, moderando y dirigiendo a los diferentes ministros, porque no hay que olvidar que hay varios presidenciables. Eso exige más fuerza de su parte y es importante que lo asuma. –¿Cuántos de los problemas del gobierno se deben a la falta de liderazgo de Rodrigo Hinzpeter? –Es muy difícil asignar responsabilidades, porque son bastante compartidas; algunas son problemas que han surgido de los ministerios, otras del equipo político, otras del Presidente. No se le puede adjudicar a alguien una responsabilidad mayor.
Longueira-Golborne: la encrucijada
–Dentro de los anuncios del 21 de mayo, destacó el puente del Chacao. Con eso se ve bastante beneficiado Laurence Golborne. ¿Complica eso a la UDI?
–Algunos van a pensar que Golborne va a hacer lo que Michelle Bachelet no hizo (ella canceló ese plan ideado por el ex Presidente Lagos), lo que podría generar algún tipo de expectativas. Pero, volviendo al tema central, la UDI tiene que resolver una estrategia presidencial, porque RN está claro. Andrés Allamand está proclamado tácitamente, pero nosotros no estamos resueltos. Sabemos que si nos jugamos a fondo con Pablo Longueira, que es el camino natural, le puede bloquear las posibilidades a Golborne, pero resulta que si este último es el mejor candidato para ganarle a la oposición, nadie puede cerrarle las puertas. Tenemos que decidirlo luego, y eso no es fácil para la UDI ni para Longueira. Pablo es el más realista de todos y si ve en su candidatura, que es la que quiere la UDI, un impedimento para la reelección de la Alianza, será el primero en dar un paso al costado. –La candidatura de Longueira, ¿es lo que quiere la UDI o solo algunos sectores del partido? –Creo que el sentir mayoritario de la UDI es que su candidato sea Pablo Longueira. –¿En qué posición queda la UDI si, por un tema estratégico y de números, tienen que ungir a Golborne? ¿Se debilita el proyecto del partido al no llevar nuevamente un candidato propio? –Ya lo hicimos cuando apoyamos a Sebastián Piñera, un año antes de la elección, porque era la mejor opción para el proyecto. La UDI tiene la capacidad de supeditar sus intereses partidistas y de sus liderazgos al interés común. Esto no se puede hacer antes de las municipales, pero no descarto que Pablo y la UDI, por el bien de Chile, decidan que Laurence Golborne sea nuestro abanderado. –Si uno mira en el tiempo, apoyaron a Piñera, desechando otras candidaturas propias, por ese bien común. ¿Están conformes con lo que el Presidente y su gobierno le ha entregado a la UDI?
–Sí, porque se mostró un espíritu de unidad muy importante, espíritu que hoy no existe al interior de los partidos y eso hay que reconocerlo. Hay que repotenciar la unidad de la Alianza. Sebastián Piñera nos permitió llegar al gobierno y ha respondido a las expectativas nuestras de hacer un gobierno que sentimos propio.
–¿Lo sienten propio? –Tenemos algunas opiniones y percepciones que nos causan inquietud, pero en el balance hay plena satisfacción. No significa que esto es gratis, tiene costos, pero esperamos que se compensen. El gobierno de Sebastián Piñera era el único posible para nuestro sector y cualquier otra opción hubiese sido infinitamente peor.
–¿No se sienten compensados? –A ver… no puedo representar a la totalidad de la UDI, pero creo que vale la pena el esfuerzo, y lo digo con propiedad, porque he sido muy crítico por las acciones y omisiones del gobierno. Yo trabajo por el bien del país y si veo que mi gobierno no está haciendo bien la pega, lo digo, primero en privado y, si siento que no se atienden esos planteamientos, lo digo con el mayor respeto, en público, porque uno tiene que dar testimonio de sus compromisos ante la gente que representa y que la presión de la opinión pública ayude a cambiar la decisión cuando el gobierno no se da cuenta por sí mismo. Lo que ha ocurrido, lo de pedir perdón y ser más humildes, lo venimos planteando hace rato.
–Ustedes sabían cómo era el Presidente cuando lo apoyaron y votaron por él. ¿Saben quién es Laurence Golborne, una persona que lleva poco más de dos años en la política? ¿Está dentro del ideario de la UDI? –Acá el camino propio no existe. Eso conduce a la derrota inequívoca. En política uno tiene que buscar el camino que más se acerque al cumplimiento de su propio proyecto. Ese es el motivo por el cual uno entra a un partido político. Uno no está ciento por ciento de acuerdo con lo que piensa esa colectividad, más cuando se crece tanto, como el caso de la UDI. Luego uno se incorpora a una Alianza mayor, perdiendo varios grados de identidad y de cercanía. El mejor partido es uno mismo, pero no conduce ni siquiera al Parlamento (se ríe). Es necesario hacer equipo para llegar a la Presidencia. La UDI podría tener un buen equipo para llegar al Parlamento, pero nos llama el proyecto político nacional desde el gobierno. Tenemos que entender que hay que ceder espacios y tener flexibilidad. Si en noviembre próximo decidimos no llevar a Pablo y va Golborne, y este le gana a Allamand en la primaria, no significa que va a poder hacer lo que él quiera. Tanto RN y la UDI vamos a querer un programa de gobierno y el compromiso de que este se desarrolle. –¿Qué ha visto la UDI en Laurence Golborne como para estar en la duda de si es él o Longueira, la figura más emblemática del partido, el candidato?
–Se ha visto cercanía con el ideario de la Alianza. No podría decir si representa mejor a RN o a la UDI. Tengo la impresión de que es bastante equilibrado. Por eso puede encarnar bien a la coalición. Además, la UDI tiene sentido práctico, no sacamos nada con pelear con molinos de viento. Pero si nuestro candidato no tiene opciones reales es mejor salir a buscar uno afuera. Además, hay que ver el gran impacto que tiene Golborne en la ciudadanía. –¿Es el mejor candidato para enfrentar la eventual candidatura de Michelle Bachelet? –Vaya o no Bachelet, Golborne es un gran candidato. Ahora, si es el mejor, hay que definirlo. Allamand y Longueira son muy buenos también… –Eso, en el esquema político tradicional, pero esta pelea se va a dar más bien por los atributos de la ex Presidenta, donde Golborne saca varios cuerpos de ventaja a Allamand y Longueira. –Es cierto, pero no hay que descuidar la realidad de la oposición. Muchos creen que si va Michelle Bachelet se termina el caos y la división interna. La gente no es tonta y sabe lo que pasa en la Concertación. Sabe que no tiene un proyecto alternativo, que hay multiplicidad de liderazgos y ninguno lo suficientemente fuerte como para encarnar ese proyecto. Al final, todos se meten debajo de las polleras de Michelle Bachelet. Eso es meter la mugre debajo de la alfombra, pero no limpiar el piso.