Cuando parece que ya nadie compra libros, una novela erótica ha vendido dos millones de copias en un mes. Su autora está, obviamente, sorprendida y la versión cinematográfica ya tiene protagonista.
Por: Manuel Santelices
Si tiene vergüenza de leer este artículo en público –y créanos, hay buenas posibilidades de que así sea– léalo en la intimidad de su iPad, su Kindle, su teléfono celular o cualquier otro aparato que le permita enterarse en el Metro, en el supermercado o mientras espera a sus niños en el patio del colegio, de las aventuras de Christian Grey y Anastasia Steele, la pareja protagonista de la novela “Fifty shades of Grey”.
No se preocupe. No está sola. La bendita privacidad que entrega la tecnología ha permitido que esta novela romántica, erótica o pornográfica –dependiendo del crítico al que le pregunte– haya vendido dos millones de copias en un mes y ocupe desde hace semanas un primer e indiscutido lugar en la lista de best-sellers de The New York Times. Es el primer libro de su tipo en encabezar ese ranking, y su venta, mayoritariamente, ha sido vía e-books.
Su autora, E.L. James, una ex productora de televisión británica de cuarenta y tantos, confesó en una entrevista reciente con NBC que aún no sale de su sorpresa. “Mi libro no tiene nada de revolucionario, ni siquiera está bien escrito”, dijo, “lo escribí en mis ratos libres, como un hobby. Fue mi modo de enfrentar la crisis de la edad mediana”.
Después de ser lanzado por una pequeña editorial australiana, “Fifty shades of Grey” se hizo rápidamente popular a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales. Fue el secreto peor guardado de millones de apasionadas lectoras. Ahora
fue adquirido por la editorial Vintage de Estados Unidos en una cifra no determinada de siete dígitos, y sus derechos cinematográficos acaban de ser vendidos a los estudios Paramount. Según informes de prensa, Ian Somerhalder encarnaría a Grey, descrito en el libro como “el hombre más rico, seductor y escurridizo de todo el estado de Washington”.
Si busca trozos de la novela, aquí no los encontrará. Hay pocos párrafos que puedan ser reproducidos en una revista familiar como esta. Basta con decir que Grey tiene en su mansión un sótano, “un salón rojo del dolor” donde abundan los látigos, el látex y el lubricante, y donde él y Anastasia se rinden a “sus demonios y pasiones”. El tono es el esperado en este tipo de literatura; aquí los pechos están siempre “turgentes” y las “palpitaciones” no están restringidas al corazón. La trama, por otro lado, no es muy distinta a la de “La historia de O” de Anne Desclos o “El amante de Lady Chatterley” de D.H. Lawrence.
¿Por qué tanto alboroto? E.L. James dice que su libro –ya convertido en una trilogía– está inspirado en la serie literaria y cinematográfica “Twilight”, donde un atractivo vampiro se convierte en la obsesión de una estudiante y, de paso, de millones de mujeres del mundo. “Fifty shades of gray”, por lo mismo, ha sido descrito por más de un crítico como un “Twilight” para mujeres adultas, una biblia de erotismo para madres suburbanas y oficinistas solitarias.
Como era de esperarse de una novela que encadena a su heroína a la cama de su amante, el éxito del libro ha despertado una nueva ola de debate y controversia feminista. Cómo es posible, se quejan algunos, que casi medio siglo después de que las universitarias norteamericanas lanzaran sus corpiños a la hoguera en signo de protesta y liberación, una nueva generación de mujeres se sienta tan atraída a un personaje como Grey, que lo único que ofrece es dolor y dominación. El libro tiene también sus defensores, porque aunque aquí el poder no es siempre balanceado –Anastasia googlea la palabra “dominación” porque no entiende su significado cuando se aplica al dormitorio–, Grey no es un monstruo y, a su manera, se comporta en todo momento como un perfecto caballero. Antes de comenzar sus jugarretas eróticas, por ejemplo, le advierte a Anastasia que “no habrá uso de fuego”, que si quiere cautela que use la palabra “amarillo” y que si quiere que se detenga en algún momento grite: “¡Rojo, rojo!”.
Es cierto que, esta no es la libertad sexual con que soñó Gloria Steinem. Pero en estos días, cuando la máxima ambición de tantas adolescentes es ser humilladas en algún reality show y en Estados Unidos aún se debate ardientemente el derecho al aborto aprobado en 1973, “Fifty shades of Grey” se siente fresco y revolucionario. Si alguien quiere amarrarse con esposas y pegarse con un látigo, que pida permiso primero.
“El libro ha tenido eco porque después de un largo día supervisando empleados, tomado todas las decisiones y cuidado a los niños, una mujer ya no quiere seguir a cargo. Desea entregar el control”, explicó a The New York Times una “dominatrix” llamada Jennifer Hunter.

Erica Jong, la famosa escritora feminista, fue más escueta. “Es un libro aburrido y mal escrito. ¿Y una chica enamorada de un tipo rico? Taaaan ochentas”.