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Ya es historia vieja recordar que Jorge Schaulsohn fue un líder concertacionista, que estuvo en la primera línea de la política y que después denunció públicamente que su ex coalición política era víctima de las maquinarias y las corruptelas. Ya se sabe también que en la última elección apoyó a Sebastián Piñera, que se posicionó desde un partido llamado Chile Primero, y que antes, unos años antes, montó oficina de abogados con Andrés Allamand, actual ministro de Defensa y declarado candidato presidencial de RN.
Hoy, es una suerte de lobo solitario. Sigue el día a día de la política, analiza, interpreta. Lo mismo hace con los procesos políticos del mundo, especialmente con lo que sucede en Estados Unidos y ahora en Francia. En su reflexión, por ejemplo, cree que Piñera sufre del mismo síndrome de Nicolás Sarkozy: la gente valora su gobierno, pero no lo quiere, no le gusta lo que él representa. “A Piñera, la ciudadanía no lo va a querer jamás”, sostiene.

–Al Presidente se le desató la carrera presidencial en su gobierno. Ya está claro que Allamand, su amigo, quiere competir; que Pablo Longueira también y que Laurence Golborne es la gran novedad del mercado presidencial...
–Tal vez, Golborne sería como el Costanera Center de la política.

–¿En qué sentido?
–Es bien curioso, pero es como que la derecha hubiese parido su propia Michelle Bachelet. Son esos personajes que, sin tener ninguna trayectoria, se sitúan en la cima de la aprobación ciudadana. Algo pasa que les permite conectar con la emocionalidad de la opinión pública y se encumbran en las encuestas. Y, claro, a partir de eso se empiezan a tejer unos liderazgos que son prefabricados.

–¿Y que, a su juicio, son peligrosos?
–No. Yo creo que en Chile no hay nadie que tenga la personalidad suficiente para ser un caudillo a lo Chávez o a lo Kirchner. Al final, a todos los personajes que emergen como “outsider” se los chupa la institucionalidad.

–El punto es qué va a pesar más en la próxima elección: ¿la trayectoria política, como dice Allamand, o la fuerza de las encuestas?
–Va a depender del tipo de primarias que se hagan. Si la primaria es solo un procedimiento o si es una verdadera competición, como lo hacen los norteamericanos.

–Y eso, ¿cómo influye?
–Bueno, que si las primarias son de procedimiento, solo van a ratificar lo que ya dicen las encuestas. Y si son al estilo americano, podría pasar lo que sucedió con Obama, que no era nadie, era un jugador de las ligas menores, y tenía al frente a Hillary Clinton, a quien todo el mundo daba por candidata. En ese momento, Hillary era a la política norteamericana lo que Bachelet a la Concertación. O sea, un monstruo imbatible. Pero cuando las primarias son una verdadera elección, puede hacer que las estrellas se caigan y que los desconocidos surjan.

–¿Y eso podría favorecer más a Golborne?
–Creo que si hay primarias de verdad, o si en la derecha hubiese una confrontación en primera vuelta entre Allamand y Golborne, Andrés le puede ganar a Golborne.

–¿Por qué?
–Porque es sólido. Porque tiene una trayectoria impecable y mucha experiencia política. Tiendo a pensar que la ciudadanía va a valorar eso. Hoy, muchos creen que los políticos no deben gobernar; que la política es algo sucio y buscan gente que venga de afuera. Pero la realidad del mundo es que todo depende de la oportunidad que tenga un líder político de mostrarse.

–¿Eso sería suficiente para ganarle a Bachelet, que es la mejor aspectada según las encuestas?
–Es que no es tan así. Yo creo que ella es la persona a la que la gente más quiere, y Piñera es al que menos quiere. Pero eso no significa que la evaluación del gobierno de Bachelet sea buena. De hecho, por algo perdió la Concertación. Había un desencanto con su gobierno.

–También hay desencanto con este gobierno.
–Este ha sido un buen gobierno. Desde luego, mucho mejor que el de Bachelet. Lo que pasa es que a Piñera nadie lo quiere. Hay un rechazo a la esencia de su personalidad. Y el otro problema es que aún hay mucha gente en Chile respecto de la cual la izquierda todavía ejerce una capacidad de “cogoteo moral”. Como que les da vergüenza decir que apoyan a un gobierno de derecha por todo lo que fue el golpe. La derecha estaba muy desprestigiada...

–¿Y el gobierno ha logrado anular ese desprestigio?
–Sí. Ha demostrado que un gobierno de la centroderecha no es la vuelta a Pinochet, igual como Aylwin demostró que un gobierno de la Concertación no era el retorno a la Unidad Popular. Este gobierno, por ejemplo, ha sido mucho más abierto y tolerante a las manifestaciones públicas que el gobierno de Bachelet. O si ves la reacción del gobierno en temas de discriminación, su actitud frente al caso Zamudio, verás que en muchos aspectos, este gobierno ha sido más progresista que los gobiernos de la Concertación. Aquí se han destruido muchos mitos.

–Igual es paradójico que la ciudadanía rechace tanto al gobierno y que al frente haya una Concertación en el piso, pero que tiene un liderazgo súper querido por la gente...
–Pero, ¿qué chileno en su sano juicio, va a preferir traer de vuelta a una Presidenta en cuyo gobierno había un desempleo de casi el 11 por ciento y un crecimiento del 3, y despachar a una coalición que tiene un crecimiento superior al 6 por ciento y casi pleno empleo, y que está implementando una serie de reformas potentes? Claro, si Piñera fuera candidato, no sería reelecto jamás. Pero si la pregunta es ¿está usted mejor hoy que hace cuatro años? Yo creo que sí. Y eso va a ser decisivo.

“Este gobierno ha sido mucho más duro con la empresa”

–Según los números, a pesar de su coalición, Bachelet es imbatible.
–Todas las elecciones presidenciales son estrechas, y esta también lo será. Por lo tanto, eso desmiente la teoría que anda dando vueltas de que este es un gobierno que está liquidado. La derecha está en la pelea y la izquierda también. Yo hablo de la izquierda porque la DC es un accionista minoritario a estas alturas. Lo otro que puede ser un factor, es que la Concertación se ha deteriorado tanto que la opinión pública se da cuenta de que necesita más tiempo para recomponerse. Por lo tanto, ¿quién le va a entregar el poder a una coalición que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo en quién será su vocero?

–Usted es de los que da por seguro que Bachelet será candidata...
–Ella quiere ser candidata, pero no se atreve, porque ve el despelote que hay en su coalición. Cualquiera lo pensaría dos veces, porque ¿con quién va a gobernar? Además, ve que el gobierno de Piñera no lo está haciendo mal. Creo que por eso no dice nada todavía. Pero si no quisiera, ya lo habría dicho.

–Hay quienes creen que la elección confrontará también al mundo de los más acomodados con el mundo de la clase media. Y que, en ese sentido, la derecha puede cargar con el tema de que no logra separarse de los empresarios.
–La derecha nunca va a lograr satisfacer a la izquierda con eso. Para muchos, ser empresario es un cuasi delito. Sin embargo, si vemos cuál ha sido el comportamiento de este gobierno en relación con la empresa, verás que ha sido mucho más duro y más rupturista que la Concertación. Aquí no hay ni una sola manifestación de un conflicto aparente de interés que se haya traducido en una política pública corrupta o que de manera artificial haya favorecido a los empresarios. ¿Quién se planchó la Central de Punta Choros? Piñera. ¿Cuántas centrales termo eléctricas se han construido en este gobierno? Creo que una. En el de Bachelet se construyeron 43. Entonces, es un mito.

–¿Un mito?
–O sea, efectivamente hay mucha más gente con plata en este gobierno que en los otros. Y también es cierto que hay mucha más gente vinculada a la empresa. Pero en su acción concreta, este gobierno no ha favorecido para nada a los empresarios en comparación con los gobiernos anteriores.

“Allamand tiene convicciones”

–A su juicio, ¿Andrés Allamand representa algo distinto de Piñera; un proyecto de derecha diferente?
–Sí. Andrés representa algo completamente distinto. Son amigos entre comillas, como siempre pasa en política. Porque al final la política es como un matrimonio mal avenido donde los socios tienen sexo de tanto en tanto. Esa es la verdad. Pero, Allamand es un político de centroderecha. No es un empresario de centroderecha que se metió en la política. Esa es una gran diferencia. En ese sentido, Golborne se parece más a Piñera. Es un empresario, mucho más chico y que por casualidad se metió en la política. Por lo tanto, son animales muy diferentes. Allamand es más parecido a Longueira. Ambos tienen matriz política.

–¿Podría darse, por lo tanto, un proyecto de sociedad distinto?
–Allamand tiene convicciones más grandes. O sea, él sería un Presidente de centroderecha más ideológico en el sentido de que no tendría problemas en poner por delante las convicciones de su sector. Creo que habría un mejor debate político.

–Considerando los atributos de Bachelet, ¿Golborne no sería un mejor competidor?
–Si Bachelet fuera la candidata, Andrés la tendría más difícil. Pero no quiere decir que no pueda ganar. Lo que puede complicarlo es esta idea de que los políticos no deben gobernar. Y como ella ha estado alejada de toda la basura que es la política cotidiana, ha reforzado su imagen.

–O sea, ¿a Allamand le puede pesar su trayectoria?
–No es su trayectoria. Es su autenticidad, que también puede ser su fortaleza. Pienso que esa es su estrategia. No negar que es político, asumirlo como una condecoración y reivindicarlo ante los electores como se hace en todas las democracias modernas.

–Si el tema es cuán políticos son los candidatos, ¿Golborne es más competitivo?
–A la partida sí. De seguro él va a estar siempre más cerca en las encuestas con Bachelet. ¿Por qué? Porque Golborne y Bachelet profitan de ese sentimiento anti política. Ahora, eso no significa que eso sea lo mejor para Chile. De hecho, ya lo vimos. Bachelet fue una mala Presidenta. El país se estancó, pero ella siempre tuvo mucho cariño. Y, efectivamente, para Allamand esa contradicción va a ser más difícil de resolver. Sobre todo si su coalición entra en estado de pánico y opta por apoyar a quien está mejor en las encuestas. Eso le pasó a Lagos con Frei en el ’93. Los partidos nunca quieren arriesgar.

–Perdón, pero ¿para usted Pablo Longueira no es un factor en esta elección?
–O sea, él es un factor en la vida de la República, pero no va a ser nunca Presidente de Chile. Tiene un alto nivel de rechazo. Le pasa algo parecido a lo de Piñera, pero con una diferencia: Pablo tiene un grupo de personas que es capaz de tirarse del décimo piso por él. Sebastián no tiene ese grupo.

–En su análisis, ¿la próxima elección está prácticamente definida?
–En mi análisis, si Bachelet no es la candidata, la centroderecha se va a repetir el plato sí o sí. Pero si Bachelet es candidata, la centroderecha va a tener que sudar mucho para poder ganar.

Jorge Schaulsohn: Bachelet quiere, pero no se atreve

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