
Quién no recuerda a la vaca que pastaba en la azotea de un edificio? ¿O el enorme magnolio que estuvo plantado en plena cancha del Estadio Nacional por una semana? Eran instalaciones urbanas que en su época no dejaron a nadie indiferente. Algo que generalmente pasa con los trabajos de su creador, Sebastián Errázuriz, quien asegura que toda la vida quiso estudiar arte. “Mi papá es profesor y desde chico me crié entre museos. Sin embargo, a los 18 años no me sentí digno de ser artista porque en mi casa eran seres tan mágicos, tan admirables, que sentía que yo no tenía la pasta necesaria para ser uno de ellos. Así que me metí a estudiar diseño”, confiesa.
Pero, a pesar de los miedos, sus ganas de hacer arte fueron tan fuertes que en sus trabajos comenzó a incorporar ciertos elementos artísticos más escultóricos, conceptuales y sicológicos. “En un punto también me dije que necesitaba compartir el arte a nivel más masivo. Me preguntaba, ¿por qué no hacer arte público?”, afirma. Fue ahí cuando comenzaron a emerger sus llamativas y lúdicas intervenciones.
–¿Cómo llegaste a crearlas?
–Fue lo mismo que cuando surgen ideas para diseños o esculturas. En general, me llega la idea completa. Eso sí, hay un proceso después de que se te ocurre la idea y que consiste en tratar de entenderla. Por ejemplo, en el tema del Estadio Nacional y todo lo que sucedió ahí con el gobierno de Pinochet, los torturados y detenidos, me pasó que me di cuenta de que es un recinto que para los chilenos se ha transformado casi en una catedral. Por una parte, la mayoría somos fanáticos del fútbol y, por otra, está esa significativa carga emocional. Así que sentí que era importante volver a tomarnos nuestro estadio, limpiarlo. Pensé que era bueno hacer una especie de memorial que nos permitiera unirnos.
“Si lo pensamos, el árbol con sus raíces metidas en esa misma tierra donde corrió sangre, también es símbolo de vida. Incluso, pasaban pajaritos que se posaban en él”, dice Sebastián con un dejo de nostalgia y también de orgullo.
–En esa época, ¿fue arriesgado?
–En particular lo que pasó en el Estadio Nacional fue un proyecto que implicaba destinar todos tus recursos por dos años. Pero yo necesitaba hacerlo desde un punto de vista existencial. ¡Imagínate que hasta arriesgué irme a la cárcel por este proyecto! Teníamos que entrar el magnolio al estadio y había un tramo que recién habían pavimentado. Si algo le pasaba a ese pedazo, tenía que pagar los 60 millones que se habían invertido. Finalmente, solo hubo grietas, pero muy menores. Si no, no hubiera podido pagar y me hubiera ido preso.
–¿Recuerdas con cariño esa intervención?
–Sí. Lo que pasa es que implicaba hartas cosas y tuvimos que pasar por muchas situaciones para poder llevarla a cabo. Me acuerdo de cosas tan graciosas como un perro que entró, levantó su pata e hizo pipí en el magnolio. También me acuerdo que una persona, que tenía un pariente que había estado detenido en ese lugar, me miró directamente a los ojos, me contó que le había servido mucho y me dio las gracias. Nunca me voy a olvidar de eso.
En las grandes ligas
Desde sus primeras intervenciones ya han pasado varios años en los que Sebastián Errázuriz ha trabajado sin cesar. Su tenacidad le ha dado buenos e importantes frutos. Hoy triunfa en Nueva York y se relaciona con destacados personajes del mundo artístico y cultural. Vive en Brooklyn, donde está casado con una francesa que es directora de una galería de arte, y disfruta de su oficina en Williamsburg, donde abundan artistas, restaurantes exquisitos, tiendas de diseño, boutiques, firmas de arquitectos y estudios de fotografía. “Es como el barrio taquilla de Brooklyn”, cuenta Errázuriz, quien además asegura que quiere seguir viviendo en Nueva York. “Llevo allá seis años. ¡Esa ciudad es como una droga!”, dice con entusiasmo.
–¿Crees que necesitabas salir de Chile para poder triunfar?
–De todas maneras. Creo que si hubiera seguido en Chile trabajando al máximo, no hubiera aprendido tanto. Es distinto, por ejemplo, ver a tu competencia por Internet a sentarte a comer con ellos, como con los hermanos Campana, Zaha Hadid… Ver sus trabajos a diario, hace que uno aumente exponencialmente el nivel de agudeza.
–Hay quienes dicen que hay que tener buenos contactos para llegar a hacerse un nombre en Nueva York. ¿Fue tu caso?
–No puedo negar que los contactos son súper interesantes; sin embargo, estos se pueden construir. El problema es que un mal producto solo se puede sostener por equis cantidad de tiempo en base a publicidad y después, tarde o temprano, se te cae. Y en Nueva York nunca basta un solo contacto. ¡Me he sacado la mugre trabajando!
Sus esfuerzos han dado resultados. Se llena de orgullo al contar que expone junto a grandes figuras. Confiesa que ha sido un largo proceso. “Hoy, finalmente, siento que estoy de verdad en ese circuito de los grandes exponentes del arte. Como que ya soy un jugador establecido de las grandes ligas. Obviamente que aún tengo mucho por aprender y demostrar”, dice Sebastián, cuyas obras son comentadas en periódicos como The New York Times, The Wall Street Journal o The Financial Times, que a pesar de no ser especializados en diseño, igualmente han destacado sus trabajos.
–¿Quiénes compran tus obras? Se dice que el actor Keanu Reeves tiene alguno de tus trabajos.
–Sí, pero no puedo dar más nombres. Sí puedo contar que hago obras para importantes coleccionistas, estrellas de Hollywood, millonarios, etcétera. Mis obras están en colecciones privadas y ahora también están entrando a distintos museos. Por ejemplo, estoy mandando algunas obras al Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki y estamos viendo otras para el Museum of Art and Design de Nueva York.
–También estás en una alianza con Daw.
–Es una empresa que se dedica a hacer proyectos de todo tipo, desde un packging hasta interiorismo o stripcenters. Lleva más de 10 años trabajando con empresas y tienen marcas de mucho peso. Estar con ellos es un lujo. La idea es que mezclemos su conocimiento local con el mío internacional. Sé cómo armar noticia, cómo, por ejemplo, parar un producto al lado de uno de Zaha Hadid. Y esa experiencia, mezclada con la trayectoria de Daw, nos podría permitir ofrecer a clientes, no solo locales, un proyecto de interiorismo o un nuevo hotel boutique que sea de primera categoría.
–Y estás a punto de sacar tu libro.
–¡Sí, en septiembre y se lanzará en Londres! Me tiene muy feliz y orgulloso. Lo estoy haciendo con una editorial alemana muy importante. Va a estar distribuido en 80 países, en los principales museos, como en la tienda del MoMa, el Pompidou, la Tate Modern, entre otros. Para mí, es súper importante, porque cuando creen que vale la pena que tu trabajo sea recopilado y que quede para la posteridad, es lo mejor que te puede pasar.
Como si fuera poca tanta actividad, Errázuriz también participará en diseños de los famosos zapatos brasileños Melissa, lo que lo tiene muy contento, ya que siempre le ha encantado la moda. Además, continúa trabajando en la elaboración de diversos artículos que van desde los más finos hasta de producción masiva.
–¿De dónde sale tanta inspiración?
–Picasso decía que esto era un 1 por ciento de inspiración y un 99 de “perspiración”. La imagen del artista que está en su cueva, que es un borracho, que se despierta a las 11 de la mañana y se le ocurre una idea capaz de desarrollarla de una manera excelente, es un mito. Se requiere trabajo, esfuerzo, aprendizaje.
Todo indica que Sebastián Errázuriz quiere seguir precisamente por esta senda hasta coronarse como uno de los artistas más reputados a nivel mundial. Su impulso continúa siendo el mismo que el de hace unos años: lograr mediante pequeños gestos sencillos de diseño y arte, que la gente vuelva a mirar un objeto, un espacio, una situación que conocía, como si nunca lo hubiera visto antes. n