Nada más cambiante que las celebrities que ocupan los lugares más destacados en los desfiles de moda. Por estos días, empiezan a situarse en esos privilegiados lugares Michelle Dockery y Laura Carmichael, estrellas de la serie “Downton Abbey”.
Por: Manuel Santelices

Blake Lively con Helena Christensen.
Sale Beatriz de York y entra a la cancha de la moda Michelle Dockery, la elegante y aristocrática lady Mary de “Downton Abbey” que, en realidad, es tan plebeya como usted o yo. A su lado, Laura Carmichael, que interpreta a lady Edith en la misma serie y que efectivamente tiene algo de sangre aristocrática en sus venas.
La bellísima Michelle y la menos guapa, pero igualmente talentosa Laura, estuvieron sentadas en la primera fila de algunos de los desfiles más importantes en la reciente Fashion Week de Londres, mientras Beatriz, hija del príncipe Andrés y de Sarah Ferguson, fue la más notoria ausente. Este ostracismo de la nieta de la reina no es impuesto –algunos podrían sospechar que se trata de un castigo por ese infame sombrero que usó en el matrimonio de su primo William–, sino voluntario, porque Beatriz, como tantos miembros de la realeza, sueña con ser una mujer común y corriente.
Como cualquier oficinista, enfermera o profesora sabe, una vida “común y corriente” no es tan apasionante como suena, especialmente si se compara con sesiones “backstage” con Stella McCartney o Sarah Burton, y fines de semana de caza en Sandrigham Palace junto a la familia real. Pero eso es lo que busca Beatriz, e imponiendo su voluntad, ha renunciado ahora a buena parte de sus privilegios, incluyendo la primera fila de los “fashion shows”. La compañía del servicio secreto, el Rolls con chofer, la enorme mensualidad y el lounge de primera clase en el aeropuerto, sin embargo, continúan vigentes.
Otro asiento de primera fila que quedó desocupado esta temporada fue el de Demi Moore, que apenas superada la depresión y los desórdenes alimenticios que le provocó su separación de Ashton Kutcher, volvió a meterse a la cama, se negó a comer y rechazó cualquier invitación a abandonar su dormitorio.

Alexa Chung, con vestido gris, fue la “it girl” de 2011, Poppy Delevigne triunfa en 2012.
La organización de un desfile durante las colecciones de moda en París, Milán, Londres o Nueva York requiere de la eficiencia de un general y la paciencia de un santo. Hay cientos de detalles que cuidar –música, pasarela, ubicación de los fotógrafos, el orden de salida de cada modelo–, pero ninguno más importante, por supuesto, que decidir quienes ocuparán la primera fila.
De los cerca de ochocientos asistentes que contempla como promedio un gran show, no más de cien tiene acceso al “front row”, el Monte Olimpo de cualquier Fashion Week, y aunque en muchos casos esas escasas y muy deseadas sillas ya están asignadas por un orden de selección lógico y natural –Ms. Anna Wintour, Mr. Mario Testino–, hay otras, la mayoría, cuyo destino depende de esa cruel y algo arbitraria ruleta que llamamos moda y cultura popular.
“Starlets” como Claire Danes, Blake Lively o Chloé Sevigny son habituales en la primera fila, pero cada temporada deben compartir espacio con otras luminarias de menor calibre que no necesariamente están ahí por su elegancia o por ser fanáticas de la marca, sino porque su película, reality show o álbum de música ocupa por esos días el primer lugar de popularidad.
Todo, claro, tiene un límite.
Cuando hace un par de temporadas, en Nueva York, se rumoreó que Snooki, la diminuta y algo desvergonzada protagonista de “The Jersey Shore”, el exitoso “reality” de MTV, asistiría a un par de desfiles, los organizadores de la Fashion Week decidieron que su presencia no era, por así decirlo, la más adecuada para un evento que, a pesar de su descomunal tamaño y cobertura, continúa siendo fundamentalmente elitista.
Entre los asignados a editores, clientes y celebridades, una docena de asientos en la primera fila queda siempre reservada para un pequeño y cambiante grupo de mujeres jóvenes, elegantes y atractivas comúnmente conocidas como las “it girls”.

Chloé Sevigny con Lizzi Bougatsos disfrutan el paso de una modelo.
¿Qué es una “it girl”? Sus características son tan indefinibles como evidentes. Tiene clase, estilo y un espíritu burbujeante y coqueto que si en persona resulta seductor, en fotografías es simplemente irresistible.
Jean Shrimpton, Penelope Tree y Twiggy fueron “it girls” en los ’60. Edie Sedwick en los ’70, Cornelia Guest en los ’80, Kate Moss en los ’90, y el nuevo milenio trajo, para bien o para mal, una ambiciosa cofradía de “it girls” sedientas de fama y publicidad que incluyó, entre otras, a Paris Hilton, Tinsley Mortimer y Olivia Palermo. Las tres, como corresponde en estos tiempos, tuvieron sus propios “reality shows”.
No hay en las colecciones un título que pase de mano en mano con mayor rapidez que el de “it girl”. Un día están, al otro no. Hace un año era la ex modelo, animadora de televisión y columnista Alexa Chung, hoy el título pertenece a la socialité Poppy Delevigne o la ex cuñada de Charlotte Casiraghi, modelo y compositora Alice Dellal.