Inició una cruzada: desbancar luego de 16 años a Cristián Labbé como alcalde de Providencia. Es vecino hace unos años de la comuna, pero desde siempre le ha gustado la política y llevar la contra. Lo hizo en el colegio, en la universidad y en su familia. Ahora le toca la hora de la verdad.

Por: Ignacio Ossa / Fotos: Ronny Belmar

bellolioDurante más de 16 años, el alcalde de Providencia, Cristián Labbé no ha tenido competencia en las elecciones municipales. La Concertación no se ha molestado en poner algún competidor de peso, sabiendo que el retirado coronel del Ejército arrasa en la comuna. A pesar que muchos muestran su descontento con su figura, rayando los carteles con su rostro campaña tras campaña, con bigotes hitlerianos y esvásticas, nunca Labbé había estado en una situación electoral incómoda hasta hoy. La irrupción de Cristóbal Bellolio le ha traído una cuota de incertidumbre a la próxima elección. La figura del joven independiente, que no solo le está dando dolores de cabeza al alcalde, sino que también al oficialismo, ya que desde la UDI exigen un total respaldo al edil, siendo que en RN hay muchas voces que se oponen a que un personaje tan ligado a la dictadura siga manteniendo su cargo sin ningún tipo de competencia real.

Bellolio se hizo reconocible cuando se fundó Independientes en Red. Ese movimiento, liderado por Cristina Bitar, pretendía ser una plataforma liberal de derecha, pero tuvo corta vida. Bellolio estuvo ahí. Pero antes también había tenido sus coqueteos con la política. Fue presidente del centro de alumnos del Verbo Divino, estuvo en la formación del movimiento universitario Opción Independiente en sus tiempos de estudiante de derecho en la UC, y ganaron la presidencia de la FEUC. Sin embargo, en su aspiración por conquistar la vicepresidencia de la federación, perdió contra su primo, el gremialista Jaime Bellolio. “Desde ese tiempo que me vengo enfrentando a la UDI”, dice entre risas. Bellolio se ríe y luego se pone serio. A veces se ve y se escucha joven, otras pareciera ser un tipo con varias batallas políticas en el cuerpo. “Tengo una pulsión fundacional, que la comparto con Ricardo Lagos y es la idea de fundar nuevos referentes que sean más genuinos para interpretar el relato de la nueva generación. Ese es mi rollo. Siempre he estado buscando algo que nos identifique más allá del Sí y el No”, comenta sobre su incipiente rol en la política.

–¿Qué te hace pensar que un liderazgo como el tuyo, que está en las antípodas de lo que ha sido el desarrollado en 16 años por Labbé, puede ser exitoso?
–La respuesta es doble. Creo que Providencia hoy no es la misma comuna de principio de los ’90 y, si bien entiendo que gran parte de su población son adultos mayores, hoy es más heterogénea y diversa que lo que era 16 años atrás. Hoy hay mucha gente joven, familias jóvenes, profesionales y estudiantes que viven en Providencia y la gran mayoría de ellos no vota acá, porque siguen inscritos en su domicilio anterior. Por eso la campaña se enfocó mucho en actualizar domicilio. Aspiro a hacerme fuerte en los sectores jóvenes. Respecto del voto duro de Labbé, en ningún caso voy a construir mi discurso contra su legado; mi promesa es a partir de su gestión. Le agradezco que haya construido la obra gruesa de esta comuna, pero yo me voy a preocupar de los matices y complejidades de una comuna diversa. Creo que vamos a ser más sensibles en desafíos que tienen que ver con sustentabilidad, calidad de vida, patrimonio y vida de barrio. El hizo la pega durante el tiempo que pudo, pero luego de 16 años es natural que entre en un rendimiento decreciente y le pedimos que dé un paso al costado.

–Hay muchas encuestas que siguen dando a Labbé como ganador. ¿Crees que tu candidatura se puede transformar en algo testimonial o realmente puedes ser competitivo?
–Los sondeos nuestros dicen que el actual alcalde está muy desgastado y que gente que ha votado siempre por él está dispuesta a cambiar su voto si se le garantiza una buena gestión y un nuevo impulso.

–¿Tienes miedo que los partidos y su maquinaria logren neutralizarte?
–Tenemos dos desafíos. Primero está la primaria y entiendo, como independiente, puedo estar en una situación desventajosa. Hasta donde sé hay una candidato del PS y otro DC. Si se trata de militantes disciplinados pueden tener un piso respetable de votantes. La diferencia nuestra es que somos transversales. Nuestra adhesión va desde la derecha liberal o más moderada, hasta una centroizquierda razonable. Nos hemos robado un pedacito del corazón de la Concertación en esta cruzada, porque nos han visto con ganas y cojones y esas cosas se pagan. Además, es un tema pragmático. Puede que no me quieran mucho, pero soy la mejor carta para derrotar a lo que ellos llaman “el último bastión del pinochetismo”.

–¿Marco Enríquez-Ominami te ha apoyado en esta campaña?
–Con Marco tenemos una relación, no sabemos si en el futuro vamos a seguir trabajando juntos o no, pero tengo entendido que nos va a apoyar. Tengo la convicción de que Marco va a estar con nosotros cuando enfrentemos al actual alcalde en octubre.

–¿Te va a apoyar como figura o a través del Partido Progresista?
–Me imagino que ambas. Para mí es importante lo que él representa y no creo que esté desahuciado. Sí creo que le va a ser más complejo adueñarse de las banderas de la renovación.

–¿Te sorprende el mal momento que vive el gobierno?
–Pensé que no iba a ser tan dramático. Pensé que iban a ser capaces de mostrar resultados y comunicarlos de mejor manera. Nunca pensé que se iban a ganar el corazón de los chilenos desde el punto de vista emotivo como lo hizo Bachelet. Siempre supe que Piñera iba a tener más problemas en la política que en las políticas públicas. A Lagos le pasó al revés. Le dio un aire republicano a su gobierno, pero después nos dimos cuenta de que muchas cosas se habían hecho mal o a medias.

El choque con la realidad

–¿Cómo era la mesa de tu casa? ¿Qué se discutía, qué figuras se admiraban…?
–Soy un hijo sobrealimentado del régimen militar o dictadura. Me tocó vivir con aquellos que vivieron el lado amable. A veces pienso que cuando tenía 6 años veía a Pinochet en las noticias y me evocaba sentimientos positivos, protección y patriotismo. Crecí con el cuento de que Pinochet era el salvador de la patria. Pero qué habrá pensado un niño de 6 años, pero víctima, con familiares desaparecidos y que veía a Pinochet en la tele… Era la encarnación del mal, al destructor de su familia. Cómo dos niños pueden ver la realidad de manera tan distinta. Debe ser parecido a lo que les pasa a los niños palestinos y judíos, que les enseñan desde chicos que el otro es el enemigo. A mí me hicieron aprenderme el guión, mi abuelo participó de ese gobierno, fue ministro y general del Ejército. Vivíamos en concubinato con el mundo castrense.

–¿Cuándo te das cuenta de la realidad?
–Me hizo clic en la universidad… probablemente un poco antes. El ’95, con la detención de Manuel Contreras, se me produce una primera fractura moral, al saber que había un organismo represor asesinando chilenos.

–¿Fue duro darte cuenta de eso?
–No, fue un proceso de crecimiento. Quizás si mi familia hubiese sido más dogmática hubiese sido más duro, pero por mi impulso fundacional fue más allá. En la primera semana en la universidad llegan los gremialistas a decirme que estos eran los buenos y los otros los malos… me cayó como patada en la guata.

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–¿Te sientes solo?
–El consuelo que tengo es que somos muchos los que estamos en esta posición. Cada vez somos más los que estamos dispuestos a abandonar los compromisos con sus tribus y aceptar el camino de la soledad. Pero juntos somos más valientes.

–¿Cómo se tomó tu círculo cercano y tu familia este desarraigo?
–Siempre he sido medio lanzado y ellos apoyan mis causas. Lo hago con tanta convicción, que me siguen. En mi casa no existe un grupo que juzgue mis acciones.

–¿Y tus amigos del Verbo Divino?
–Tengo amigos nostálgicos de la vieja derecha, pero están conmigo por la lógica de la amistad y porque en cierto sentido, desde el punto de vista ético, represento los ideales que a ellos les interesa ver en la política. Hasta los más dogmáticos me dicen que les gustaría tener la apertura de mente que tengo yo.

–¿Qué te ocurre cuando ves a gente de tu generación que no puede romper con sus dogmas?
–No hay nada más propio del ser humano que su capacidad de construir algo nuevo, de iniciar cosas donde parece imposible y quedarse pegados replicando el discurso y las emociones y batallas de otros. Eso impide fundar algo. La libertad tiene que ver con la capacidad de acción, de iniciar algo nuevo y cuando veo a personas que no pueden hacerlo, siento que son prisioneros de las ideas de otros.

–¿Nunca fuiste el comunista de tu familia?
–No, siempre he tratado de tener cierta sensatez. Me considero bastante centrado, lejos de ser un loco. Nunca me sentí un bicho raro, siempre había otros que se sentían igual.

Cristobal Bellolio

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