La ex ministra de Minería y Energía dice que Ana Victoria Pollak Poniachik, su hija de casi 3 años, le cambió la vida. La niña hoy comparte su mundo, a tal punto que las primeras palabras que aprendió fueron Blackberry, iPad y teléfono.
Por: Paula Bengolea / Fotos: Gonzalo Romero

En su rol de madre, la ex ministra de Minería y Energía del gobierno de Bachelet, Karen Poniachik, se mueve con la misma destreza y seguridad con que lo hace en el mundo empresarial público y privado.
Si hasta para ser mamá es organizada, matea y ordenada… y así le funciona de manera eficiente y sin ningún grado de culpabilidad por ser una madre profesional y sumamente trabajadora. Para lograr eso, su receta ha sido criar a su hija en la independencia. Y es que, para ser madre, Karen se preparó y buscó el momento adecuado para cumplir ese papel en la forma en que ella quería.
Reconoce que una vez terminados sus estudios en el Grange, partió muy focalizada en su vida profesional. Apenas egresó de periodismo en la Universidad Católica, a los 23 años, partió a hacer un máster en relaciones internacionales a Columbia, Estados Unidos. De ahí, una avalancha de cargos y responsabilidades hasta llegar a ser ministra de Estado. “Durante muchos años privilegié mi carrera por sobre los aspectos personales”, afirma.
Su hija Ana Victoria Pollak Poniachik (los apellidos al inverso de Karen), quien está a punto de cumplir los 2 años, llegó a su vida como ella misma se encarga de reconocer “en el momento adecuado”. Había dejado de ser ministra de Bachelet el año 2008 y fue madre el 30 de mayo de 2009.
Desde ese día su vida y su agenda cambiaron por completo. Anita ya está a punto de cumplir los 3 años y durante todo este tiempo Karen ha estado dedicada a las asesorías e integrando algunos directorios de empresas, lo que le ha permitido trabajar desde la casa junto a ella. “Lo bueno es que ahora que Anita está en el proceso de postulación al colegio, al mismo tiempo yo estoy instalando una nueva oficina fuera de mi casa, dado que acabo de asumir como directora del Centro Global de la Universidad de Columbia en Chile. Se fueron dando las cosas para que los ritmos de vida de ella y los míos de trabajo calzaran”.
–Con tanto trabajo y responsabilidades, ¿habías ya descartado la maternidad?
–Nunca la descarté, sí la retrasé, pero no solo por mi carrera, sino también porque tuve cáncer de mama el año 2000 y, en el marco del tratamiento, una de las principales indicaciones médicas fue no quedar embarazada en un período de seis años.
–Pero una vez pasado ese tiempo, ¿no te atemorizó el hecho de ser madre pasado los 40?
–No. Siempre quise ser mamá, pero nunca fue una prioridad, porque tenía otras en esa etapa.
–¿Cómo cuáles?
–Me fui a estudiar afuera, después privilegié mi carrera, mi desarrollo profesional, los viajes por trabajo… trabajar 10 o 12 horas al día. –Pero pasaban los años y dentro de tu agenda de vida estaba pendiente todavía el ítem maternidad.
–Siempre estuvo en mi agenda de vida, pero creo que quizás no hubiera tenido la carrera que hice, si hubiera tenido a la Anita antes. Ahora no dispongo ni de la intensidad ni de la energía ni de las horas que le puse a mi carrera a los 20 o 30 años.
–Pero hoy, ¿te dan ganas de volver a ese ritmo y libertad?
–Ya no quiero y ya no podría.
–¿Cómo fue tu embarazo?
–Muy bueno. Trabajé hasta el día antes de tener la guagua. Me sentía bien y llena de energía. Fue un embarazo perfecto y sin problemas.
–¿Qué recuerdos tienes del día del parto?
–Estaba muy tranquila y fue precioso.
–Sin duda, siempre has sido una mujer exitosa en lo profesional. Hoy, ¿cómo evalúas tu rol de madre?
–Este ha sido un período maravilloso desde que nació la Anita. Me ha cambiado la vida para bien. Ella es ahora mi partner, mi amiga, mi responsabilidad, mi juguete… Ahora todo es por la Ana Victoria. Mi hija es lo mejor que me ha pasado en la vida.

“Quiero que esté expuesta a la diversidad”
Basta estar unos minutos con esta madre y su hija para ver cuánto se adoran y entretienen juntas, Conversan, se ríen y juegan como un par de buenas amigas. Cantan, leen cuentos todas las noches y, cuando Karen viaja, hablan por Skype.
Durante los días de semana, toman desayuno juntas y mientras Karen lee el diario y contesta mails, Anita hace lo mismo con su computador y su celular de juguete. También arma rompecabezas en el iPad de la mamá. Cuando Karen se viste, Anita también elige qué se pone, a la vez que aprovecha de usar los aros, collares y pinturas de la mamá. Incluso, para esta sesión de fotos, Anita puso pantalones negros y blusa blanca al igual que su madre.
En las tardes mientras su hija va al jardín infantil, la ex ministra aprovecha de salir a reuniones y directorios, para llegar en la noche a comer con ella y ver juntas las noticias.
Los fines de semana van a una feria cerca de su casa donde Anita compra la fruta y es amiga de varios caseros. Otros panoramas son ir al zoológico, a la Granja Interactiva o al teatro. “Siempre la llevo a lugares entretenidos para ella, a sus espacios”, cuenta Karen.
–¿Cómo te ha cambiado la vida desde que eres madre?
–Radicalmente. Yo era aceleradísima y he bajado mucho las revoluciones. Era tremendamente estructurada y rigurosa… Eso, con una hija, dejó de ser tan importante.
–¿Te ha sido difícil el cambio?
–No. Ha sido natural.
–¿Te gusta el hecho de que sea mujer?
–Es exquisito.
–Se ve que la has criado muy independiente…
–Sí, y además tiene mucha personalidad. Me doy tiempo para que por lo menos el fin de semana sean de ella. Los días de semana giran en torno a mis mails, a mis reuniones… Las primeras palabras que ella aprendió a decir fueron: Blackberry, teléfono e iPad. De lunes a viernes ella funciona en torno a mi mundo y durante las vacaciones y los fines de semana, funcionamos en torno al de ella.
–No se te ve una madre profesional “culpable” como muchas.
–No, porque yo le explico que la mamá tiene que ir a trabajar o ir a reuniones, y ella entiende. Yo también quiero que ella crezca en un mundo en el cual sepa que la vida es trabajar, estudiar, tener reuniones, que implica esfuerzo, porque es la vida que yo espero que ella también tenga.
–Tiene que entender cómo son las mujeres hoy día, dices tú.
–Claro. Además, tengo una nana maravillosa que me ayuda mucho, y una familia que adora a la Anita y que también coopera.
–¿Qué sueños tienes para ella como madre?
–Me encantaría que fuese una mujer con voluntad, con fuerza y con ambición profesional. Ojalá tenga una vida como la que he tenido yo, que he sido muy feliz, pero es su vida y por supuesto ella va a ir haciéndola y viviéndola a su manera.
–¿Algún valor en especial que te interese transmitirle?
–Sí, entre más expuesta esté al mundo y a la diversidad, mejor. Este último es un tema muy importante para mí. Ella sabe que no todas las familias son iguales, que no son todas como las tradicionales. Quiero que esté expuesta a la diversidad y la respete, ya sea desde el punto de vista racial, social, de género, etcétera… Ella está expuesta a esta diversidad porque de hecho yo lo estoy.
–¿Cómo ha sido la tarea de ser madre y padre a la vez?
–Ha sido fácil. Si bien corro todo el día, estoy en una situación muy privilegiada, en el sentido de que tengo ayuda de mucha gente, en especial de mi familia y de mi madre, que se viene a mi casa a hacer cargo de Anita cuando viajo.
–¿Hay algún momento en que te haya hecho falta un papá para tu hija?
–No. Esta es mi realidad y la de ella.
–¿Eres una mamá aprensiva?
–Cero, por eso ella es tan independiente. La Anita sale con los abuelos, con los tíos… Yo trato que ella establezca relaciones directas con la familia y con sus amigas, independiente de mí.