
En las próximas semanas, Ignacia se va a vivir sola por primera vez, y está absolutamente feliz, radiante, ilusionada. Además de ese cambio, se muestra muy contenta con sus trabajos en dos series de televisión, una para TVN y otra para Mega, las que empieza a grabar en estos días. Y ya está planeando su próximo viaje que, asegura, necesita desde las entrañas.
Así es ella, intensa, ruda, directa, pero también reservada y analítica. Cuando toma una decisión, la lleva a cabo. “Soy honesta y trato de mentir lo menos posible, incluso con las cosas tontas. Si algo me da lata, digo que me da lata, no invento una excusa”, asegura.
Ignacia Allamand estuvo varios meses de viaje el año pasado. Lo tenía pensado desde antes de su separación del actor Tiago Correa, con quien duró casada un año, y cinco desde que se conocieron.
“El viaje me ayudó a sanar, a mirar de lejos, a reflexionar, a pasarlo bien, a reírme… No, no me escondí, me desconecté por completo. Me sirvió mucho. Llevaba mucho tiempo trabajando, soñaba con hacer ese viaje. Seguí adelante con mis planes. Trabajo para viajar, ese es mi objetivo. Tengo una necesidad vital de ver el mundo, conocer otras culturas, comer otras comidas. Eso va más allá del momento que esté viviendo o de la persona con quien esté. También aproveché de perfeccionarme como actriz en España, y tuve la oportunidad de viajar a Haití a conocer el trabajo de América Solidaria”

–Con nada. Obviamente tuve que rearmarme, porque muchas cosas habían cambiado, pero estaba muy tranquila. Hoy, con las redes sociales, uno está siempre sometida al juicio público. Todos opinan, quieren saber, se entrometen en tu vida y afuera nadie me conoce, así que a nadie le interesó, y eso es muy liberador también. Incluso yo me pude ir de viaje contratada por Chilevisión y no lo quise. Necesitaba mi libertad. Yo no podía adelantarme a lo que iba a querer.
Hoy está muy feliz en dos series, una de TVN y otra de Mega. Y, además, a punto de empezar a filmar “Qué pena tu familia”.
“Necesitaba probar otros formatos y eso me gusta. No quería tener un contrato de exclusividad. Tenía ganas de hacer otras cosas, pero me fui de CHV con la mejor de las ondas. ¿Que si influyó que el Tiago estuviera en CHV? No, eso no fue lo decisivo”.

“Me casé muy enamorada y me separé muy segura”
Ignacia y Tiago se conocieron el año 2006. Vivieron juntos, arrendaron una casa, tuvieron perros, se casaron el 2010. Duraron un año y se separaron.
–Te casaste…
–Me casé muy enamorada y me separé muy segura. Y en el momento en que me separé, sabía que no había vuelta atrás, porque antes de tomar esa decisión había hecho todo lo humanamente posible para hacer funcionar las cosas.
–Existe el rumor de que Tiago te habría sido infiel con Sofía García y con Mayte Rodríguez, su actual pareja. ¿Es así?
–Yo jamás voy a hablar de lo que pasó o no. Creo que a nadie le tiene que importar. Yo ya viví mi proceso y lo sané. Revolver cosas antiguas no vale la pena.
–¿Te rompieron el corazón?
–Yo creo que uno mismo se hace las cosas. Nadie tiene ese poder sobre otro.
–¿Y cuál fue tu culpa?
–Es algo tan mío, que no me dan ganas de hablarlo.
–Pero te casaste enamorada. Y ya se acabó. El tiene otra pareja.
–Yo de ellos no voy a hablar nunca, no me corresponde. Mira, uno sabe con quién está. Uno, cuando elige…
–¿Fuiste feliz con Tiago?
–Sí. Fui feliz. Y soy capaz de quedarme con los recuerdos bonitos. Pero hoy mi vida está en otro lugar.
–¿Pero qué sientes cuando tu ruptura es tema en los programas de televisión?
–Nada. Me da un poco de lata la exposición. Pero yo le deseo lo mejor al Tiago y te lo digo sin ironía. Lo quiero mucho, pero es un capítulo cerrado para mí. Si no hubiese estado tan segura, jamás me habría ido de mi casa.
“Te pasan muchas cosas, pero yo siempre me he sentido una mujer muy afortunada, no solo por mi familia, sino porque tengo amigas maravillosas. Jamás me ha faltado algo, porque soy inteligente, luchadora y, si me tocó separarme, bueno, qué voy a hacer… La verdad es que no alcanzo a engancharme demasiado con la rabia… Me han pasado cosas difíciles, como a todo el mundo: se me enfermó un hermano siendo muy chica y después se murió, mis papás se separaron... Yo voy para adelante, no pienso en lo mal que me fue, si fue doloroso o cuánto lloré. Voy para adelante y sé que me queda tanto, que puedo ser feliz, que estoy rodeada de gente maravillosa… Y no sé si cambiaría las cosas como fueron. Estoy orgullosa de mí como mujer y de haber sido capaz de cerrar esta etapa desde el más profundo cariño, sin juicio a mí misma. A nadie le toca algo con lo que no pueda lidiar”.
–Suenas como una mujer dura.
–No soy una mujer dura, pero cuando tomo una decisión, la tomo, y soy una mujer honesta. No ando de linda por la vida, no ando poniendo carita de buena y enterrando el veneno por detrás. Lo que ves es lo que hay y me siento orgullosa de eso. Y si a algunos les parezco dura, tonta o simpática, no importa. A veces me han tratado de fría, de insensible, pero al final, ¿por que tienes que mostrarle a la gente todo lo que te pasa por dentro?
“Todos opinan de la vida de todos. Uno debiese preocuparse más de la propia vida que de la ajena. Uno piensa que sabe cómo actuaría frente a una situación determinada, pero no es así. Cuando las cosas te pasan, uno reacciona muy distinto a lo que pensaba”.

Papá candidato
–Eres una mujer pública desde que naciste.
–Y me cansa, pero igual estoy dando una entrevista y soy consciente de eso, es mi trabajo.
“Yo era actriz (lo dice en tono irónico, refiriéndose a las ganas que tenía de serlo desde chica), entonces me daba cuenta cuando había cámaras… Mis primeros recuerdos son de muy chica; me acuerdo de la foto que salió en el diario cuando nació mi hermano Juan Andrés. Tenía años”.
–¿Y en algún momento te empieza a agobiar?
–Sí, cuando entiendo que da lo mismo si es verdad o mentira lo que se dice. La gente lo acepta como cierto.
–¿Cuál es el rumor de infancia que más te marca?
–Cuando era muy chica, cuando aparece el rumor de Francisco Javier Cuadra sobre las drogas. No tenía ni la conciencia de lo que era consumir drogas, pero sí me acuerdo de mis compañeros de curso. La gente hablaba con una liviandad de mi papá, como si fuera propiedad nacional. La gente habla sin saber y hoy es de locos. Un diario escribió un relato falso de cómo me junté con Fernando González, cuando nunca he salido con él. Lo conozco, pero de ahí a eso… Jamás me llamaron. Mira, no soy mentirosa y siempre digo las cosas, no me escondo. Pero a nadie parece importarle si es verdad o mentira.
“Y ya más grande, me doy cuenta de que me molesta estar debajo de un microscopio constantemente. Ahora, yo sé que elegí una carrera expuesta, y nadie me obligó”.
–¿Qué piensas del renacer político de tu papá?
–Yo no estoy muy encima. No leo los diarios, si alguien no me manda un mensaje. No me entero de los resultados de las encuestas. No quiero estar tan conectada con todo. Me cansa tanta información. Pero yo soy feliz, cuando mi papá está feliz y haciendo lo que le gusta. Que sea ministro, candidato, es lo mismo… Es mi papá, mi opinión no cambia.
“Si quiere o no ser candidato… mira me va a afectar igual, y si lo es, lo voy a apoyar, porque es mi papá. El también siempre me ha apoyado a mí en todo lo que he hecho… Pero, ¿de qué manera? No lo sé. Yo no estaba cuando pasó lo de Juan Fernández. Intuyo lo que pasó, pero yo no lo vi. Lo que sé es que ahora se me acerca mucha gente a comentármelo y ahí me doy cuenta de que algo cambió. En todo caso, ese es mi papá, el que ustedes vieron en Juan Fernández”.
–¿Qué te pasa con la alternativa de que sea candidato a la Presidencia?
–Para mí siempre ha sido una opción. Siempre he sabido que es una posibilidad, pero hasta que no se concrete no puedo saber cómo me voy a sentir al respecto.
–¿Te gustaría que tu papá fuera Presidente?
–Yo solo quiero que él esté bien. Toda su vida se la ha dedicado a la política. Ahora también me produce cierto temor, porque debe ser uno de los trabajos más difíciles y estresantes del mundo. Y nuevamente la exposición, y cada decisión afecta directamente al país completo... Yo me moriría de angustia.
–¿Crees que te afecta como actriz ser hija de un político de derecha?
–No. Al menos no lo siento así. Yo soy profesional y mi desempeño como actriz es lo único que tiene que importar. El resto son prejuicios.
–¿Cómo sientes que lo ha hecho el Presidente Piñera?
–Me carga opinar públicamente de política. Si doy mi apoyo, es porque lo escuché en el comedor de mi casa. Si me manifiesto en contra, soy rebelde.
–Te propongo un juego. Si tuvieses que darle un consejo desde tu tribuna al Presidente, ¿qué le dirías?
–Que escuche a los demás y a sí mismo. Es el mismo consejo que me doy a mí misma, siempre.
–¿Qué sientes con el reciente matrimonio de tu papá con Marcela Cubillos?
–Si él está feliz, yo estoy feliz con él.
–¿Cuál es tu relación con Marcela?
–Nos llevamos bien. Hay cariño y respeto.
Ignacia se protege, es reservada con lo que siente, pero dice lo que piensa. Se le nota en el rostro cuando está feliz o cuando algo le molesta. “Fíjate que las heridas de guerra me han puesto menos dura, más consciente”, dice.
–¿Y te vas a volver a enamorar, a casar?
–Por supuesto, ya me he enamorado como cien veces. Me encanta estar enamorada.
–¿Estás enamorada de Antonio Quercia?
–No voy a hablar de Antonio. Estoy bien, pero no voy a decir más que eso. Ni siquiera alcancé a preguntarme si estaba con alguien y lo publicaron en un diario. ¿A quién le importa con quién salgo? Estoy feliz, es algo muy nuevo y realmente no quiero hablar de esto. El no nació ni en mi familia ni se dedica a lo que yo me dedico. No es tema.
–¿Podrías convivir nuevamente con la infidelidad?
–Trato de no hacer suposiciones y de vivir lo más en presente posible.
–¿Volverías a perdonar una infidelidad?
–No lo sé, tengo que estar frente a la situación. Cada caso es aislado. Es algo que hay que sentirlo, no pensarlo.
–¿Cuál es la peor traición que te ha tocado vivir?
–No sé, no vale la pena revolver el pasado. A la larga, lo peor es cuando uno se traiciona a uno mismo. Cada vez me escucho más. Alguien alguna vez me dijo que no fuera tan dura conmigo, porque yo siempre me he medido con una vara mucho más exigente que la que aplico al resto. Soy autoexigente, perfeccionista. Soy mucho más intolerante a mis propios errores que a los de los demás. Pero hoy estoy menos así, me quiero más. Y si para eso hay que equivocarse, bienvenidos los errores.