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Eres como Carrie, con un poco de Samantha y el pelo de Charlotte… es una muy buena combinación”, le dice una de las protagonistas de “Girls” a otra en el capítulo inicial de esta nueva y muy esperada serie de HBO, que se estrenó la semana pasada en Estados Unidos. El comentario es inevitable en un show que, como este, habla de cuatro mujeres jóvenes y solteras en Nueva York. Pero las similitudes parecen terminar ahí, porque aunque también hay sexo y la ciudad es la misma, para una mujer de veintitantos en Manhattan–-o mejor dicho en Brooklyn– la vida presenta hoy desafíos mucho más urgentes que conseguir una mesa en el restaurante de moda, costear Manolos de 560 dólares o atrapar a un atractivo banquero escurridizo. Ahí está Hannah, por ejemplo, una aspirante a escritora de 24 años –interpretada por Lisa Dunham, también guionista de la serie– que en la primera y dolorosa escena de “Girls” se enfrenta a la trágica noticia de que sus padres han decidido despojarla de toda ayuda financiera. Después de un año trabajando como interna sin sueldo en una editorial, es tiempo de que encuentre un verdadero trabajo. ¿Pero cómo? ¿Dónde? A diferencia de Carrie Bradshaw, que con su columnita de sexo podía pagar un adorable departamento de un dormitorio y amplio espacio para closets en el Upper East Side (aunque en la realidad esté en la Perry Street), Hannah parece incapaz de sobrevivir sin la ayuda de los demás. “Puedo continuar en Nueva York por otros tres días”, anuncia a sus amigas, “cinco, si dejo de almorzar”.
El tono y la atmósfera de “Girls” es dolorosamente familiar para cualquiera que haya puesto un pie en Nueva York en los últimos años. Hannah y su grupo son mujeres inteligentes, atractivas, bien y costosamente educadas que parecen estar en el momento y el lugar incorrecto. Los problemas son los mismos –mi novio no me quiere; mi novio me quiere demasiado, no lo soporto–, pero a los vaivenes del corazón se han agregado ahora otros aún más difíciles de tragar.
Las otras heroínas de “Girls” son Marnie (Allison Williams), que trabaja en “el mundo del arte” –es recepcionista en una galería–; Soshanna (Zosia Mamet), una ingenua adorable y algo insegura, y Jessa (Jemima Kirke), una inglesa trotamundos, bohemia, hippie-chic y glamorosa que, looks aparte, se gana la vida como nanny.

“Dile a tus padres que eres una artista, que necesitas su apoyo. Es lo que hizo Flaubert. Es lo que hizo Mick Jagger. Es lo que hizo mi primo…”, le aconseja a Jessa a Hannah. “¡No dejes que te derroten!”.
Hannah tiene un novio, Adam, un actor desempleado que no es realmente su novio, sino más bien… Es difícil de explicar. Después de pedir un sueldo a su jefe en la editorial y ser despedida por el atrevimiento, Hannah busca refugio en Adam. “Espero que no me juzgues, pero todo este tiempo he sido mantenida por mis padres”. Adam, lejos de juzgarla, le explica que sus padres también pagan su renta y que su abuela le envía un cheque por 800 dólares todos los meses. “Eso me permite no ser esclavo de nadie. ¡No puedes ser una esclava, Hannah!”. Y dicho esto, le pide que prueben una nueva pirueta sexual.

Las boutiques de Madison Avenue y la piscina del SoHo House de “Sex and the city” han sido reemplazadas en “Girls” por cafés y restaurantes de Brooklyn donde los alimentos son orgánicos y producidos con “conciencia social”. Dolce & Gabbana y Dior están “out” y tiendas de ropa usada o vintage están “in”. El sucesor de Mr. Big es un cínico veinteañero que inicia su vida adulta sin grandes oportunidades y 50 mil dólares de deuda estudiantil.
Las “Girls” de HBO están en Nueva York, pero podrían estar en casi cualquier otra ciudad del mundo occidental. La ansiedad del día a día es terrible, pero pequeña si se compara con la ansiedad de un futuro que, en el mejor de los casos, parece incierto.
Los nuevos tiempos han traído nuevos códigos que parecen confundir a todas las partes. “¿Se puede terminar una relación por Facebook?”, pregunta una de las protagonistas, a lo que otra responde que sí, pero no es lo más apropiado. En orden decreciente, agrega, el protocolo indica que el mail es la forma más diplomática de romper con un novio sin mirarle la cara, seguido por Facebook, mensaje de texto y Twitter.
Después de un nuevo y algo insatisfactorio encuentro sexual con Adam, Hannah le pregunta: “¿Nos vemos pronto?”. El responde: “Mándame un mensaje de texto”. “La economía fluctúa, los barrios se ponen de moda o decaen, pero los hombres nunca dejan de desilusionar”, escribió, de todo corazón, la crítico de televisión de The New York Times, Alessandra Stanley, sobre la serie.
En un momento del primer episodio, Hannah le explica a sus padres que su sueño es ser “la voz de mi generación”, pero se corrige a sí misma inmediatamente… “es decir, una voz, de una generación”.
Si esa es la idea, con “Girls” va por buen camino. n

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