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Es lunes por la tarde. Sobre la mesa del comedor de la ministra aún está la máquina de coser en la que afanó el domingo anterior. Ahí está el costurero, los hilos. Sobre un sillón, todavía están los moldes de papel del pantalón que ella misma se diseñó, cortó e hilvanó. Su pasión por la costura la tiene desde hace mucho. Ahora se compró una máquina Overlock y está feliz. Comenta que la pollera que lleva puesta también fue parte de sus creaciones dominicales.
La ministra Matthei es una mujer asertiva, incluso frontal. Ese es su despliegue político. En la interna, jardinea, hace compost para preparar la mejor tierra de hoja para sus plantas. Cuenta con orgullo que durante todo el verano comieron tomates de su huerta. También toca el piano y es una experta conocedora de los buenos cosméticos que hay en el mercado.
Dice que no es esotérica, pero lee mucho acerca del budismo. Le interesa saber cómo cultivar la mente, cómo alcanzar grados de mayor felicidad y, sobre todo, cómo desarrollar la compasión, un tema que para la cultura budista es una clave esencial del camino espiritual. “Esa forma de trabajarse a una misma, me resulta natural. Calza mucho más con mi forma de ser que ir a confesarme”, dice mientras prepara un té. Asegura que ya ha aprendido que “la vida es lo que es. Poder adaptarse, aceptar lo que viene, lo bueno y lo malo; o sea, tener alegría de vida para aceptar lo que venga, es algo que hay que aprender, y eso no se aprende si no te has pegado tus buenos costalazos”.
En su otro mundo, el espacio del poder, Matthei va de frente. Muchos dicen que es una mujer de hierro, que es dura, pero le reconocen una capacidad de trabajo y una seriedad, y rigor profesional, muy por sobre el promedio. Fue parlamentaria durante 17 años y ahí mostró cuánta garra puede tener una mujer en política. Hoy es ministra del Trabajo de Sebastián Piñera. Dice que nunca en su vida ha conocido a alguien que tenga mayor capacidad de trabajo y la destreza para tener la cabeza en tantas partes a la vez. “Yo lo veo trabajar. No sé cómo resiste. No sé cómo aguanta. No sé cómo tiene tantas cosas en la cabeza”, sostiene al tiempo que se declara convencida de que, al término del gobierno, la gente va a valorar la figura del Presidente. “Va a entregar un gobierno de excepción. Y Piñera va a tener más respeto que cariño”, dice.
–El gobierno tiene buenas cifras económicas, pero algo pasa a nivel ciudadano que la ciudadanía rechaza la forma de gobernar...
–Estoy absolutamente convencida de que eso va a cambiar. Como país, estamos viviendo algo súper común en las sociedades que van camino al desarrollo. Los economistas hablan de la “trampa del ingreso medio”. O sea, los países que son muy pobres, en general, son muy equitativos. Ahí son todos pobres… Los países muy desarrollados también son bastante equitativos: en ellos a todos les va relativamente bien.
“La equidad es un valor social. Sin embargo, cuando las sociedades están pasando de ser muy pobres a desarrolladas, generalmente la desigualdad es feroz. Y cuando pasas un cierto límite de desarrollo, la sociedad empieza a demandar más equidad. Esa es la trampa del ingreso medio”.

–¿Ese sería, entonces, el nudo que enfrenta el gobierno?
–Ese es el gran nudo que se desató ahora y con mucha furia. Finalmente, todos los problemas de equidad, en realidad son problemas sociales, donde las clases dominantes tienen que ceder protagonismo, ceder ganancias, pagar más remuneraciones, y se genera todo un reacomodo social que es muy difícil de manejar. Se trata, sin ir más lejos, de un grupo de gente que se está empoderando y de otro que está perdiendo poder.

–¿Solo eso explica que la ciudadanía rechace mayoritariamente al gobierno?
–Es que en las encuestas bajan todos. ¿Sabes por qué? Porque la gente no está creyendo en nadie. Ni en los políticos ni en las instituciones en general. Esa es la gran crisis que tenemos. No creer. Por eso es tan importante liderar bien el cambio. Y por eso es que es tan importante hacer una reforma tributaria y hacer un esfuerzo serio, macizo, para mejorar la educación. No es casualidad que, al mismo tiempo, se esté debatiendo una ley antidiscriminación o el aborto terapéutico. Son todos pasos de un tipo de sociedad que está mutando. La gente ya está dándose cuenta de que este es un buen gobierno.

–¿En qué lo nota? Las encuestas dicen otra cosa.
–Bueno, es cosa de mirar a ciertos ministros que están muy bien evaluados. Las personas se están dando cuenta de que en este gobierno hay mucha gente que está tratando de dar ese gran paso.

–Veamos. De los ministros bien evaluados está Laurence Golborne, por ejemplo, que no tiene nada que ver con estos temas de equidad ni tributarios...
–Sí tiene que ver. ¿Qué crees que están evaluando tan bien de Golborne? Yo creo que la gente valora la enorme empatía que él tiene para relacionarse con la ciudadanía. El sabe conectar con los problemas, con las penas y con las aspiraciones de la gente. Eso es lo que él provoca.

–O sea, algo más emocional que técnicamente político.
–Es que esos no son temas racionales. Son asuntos emocionales. Yo he estado con Golborne en la calle. Es impresionante cómo conecta con la gente. Es cosa de ver cómo lo miran y cómo reacciona él… Al final, el tema es si te creen o no te creen. Y a Golborne le creyeron de verdad que había conectado con el dolor de los mineros y sus familias. Y hasta ahora no ha habido nada que les haga creer que Golborne cambió. Lo mismo pasó con Allamand con la tragedia de Juan Fernández. Conectó con el dolor.

–Ese es un fenómeno nuevo en política: cómo las tragedias terminan siendo plataformas políticas, ¿no?
–Es que eso tiene que ver con el dolor. La gente piensa: “Yo lo paso mal y este gallo es capaz de entenderme. El también lo ha pasado mal”. Y Golborne conecta de verdad. ¿Sabes por qué? Porque la gente sabe que él nació en una familia de esfuerzo. Vivió en Maipú. Fue al Instituto Nacional. A su padre le debe haber costado muchísimo pagar la universidad. Y salió adelante sin tener las conexiones que da el estudiar en un colegio particular carísimo en La Dehesa. Esa historia hace que la gente le crea. Y no se equivoca. Realmente Golborne entiende lo que le pasa a los demás porque él pasó por lo mismo. Me recuerda mucho a lo que ocurría con la ex Presidenta Bachelet cuando era candidata. Ella sufrió y la gente sentía que los entendía porque había pasado por lo mismo.

–Pero cuando Bachelet era candidata, se decía que era pura simpatía, que era una espuma que se desinflaría...
–¿Y se desinfló? No. Ahora están diciendo lo mismo de Golborne.

–Usted era parte de los que tenían reparos hacia Bachelet en ese momento.
–Sí, es cierto. Yo tenía reparos, pero nunca he pensado que los sentimientos sean algo malo en política. Mi duda era si ella iba a ser una buena Presidenta, porque no sabía cuál era su preparación para un cargo así. En el caso de Golborne la preparación es evidente.

–Los atributos de gran ejecutivo o de exitoso empresario eran una de las fortalezas de Piñera y hoy son su karma.
–Pero en el caso de Golborne priman los sentimientos. Y lo otro que es muy claro es que él está espectacular en las encuestas. La gente le cree. La gente lo quiere.

–Me queda bastante claro que su candidato es Golborne.
–A ver: si te queda bastante claro, no estamos bien. ¡Te tiene que quedar total y absolutamente claro!

–Está clarísimo.
–Te quiero decir más: antes del derrumbe de la mina San José, yo le dije a un periodista de La Segunda, Sebastián Minay: “Sigue a Golborne”. Me miró con sorpresa y dijo: “¿Por qué? ¿Es sólo ministro de Minería?”. Y le respondí: “Es muy inteligente. El Presidente se va a dar cuenta de eso y lo va a llevar a un ministerio de mayor exposición. Yo creo que pinta para cuatro años más”. Se lo dije tal cual al periodista, cuando a Golborne no lo conocía nadie.

–¿Qué le vio a Laurence Golborne?
–Mira, yo he tenido que escoger candidatos a diputado, a concejal, a alcalde. Habré hecho campaña con unas 130 personas durante mi carrera, y cuando tú te topas con una persona con ángel, te das cuenta de inmediato. Golborne tiene algo.

–¿Tiene el mismo ángel de Bachelet?
–Así es. Más aún. Te confieso que cuando vi la primera foto de Bachelet en la campaña presidencial, me dije: “Aquí no hay nada que hacer. Ella ya ganó”. Su conexión con la gente, su forma de transmitir confianza, cariño, era tremenda. La conexión humana en política es decisiva.

“¡Qué dura es la vida!, ¿no?”

–Si al día de hoy, Michelle Bachelet no fuese la más probable candidata presidencial de la Concertación, ¿Golborne sería un candidato tan claro para la derecha?–Tienes toda la razón en eso. Cuando al frente tienes un candidato potente, tienes que sacar al mejor de los tuyos. Y por eso es que ya estamos viendo a gente de RN y de la UDI apoyando a Golborne. O sea, a pesar de tener figuras que son queridas, respetadas y con mucha trayectoria dentro de los partidos, hoy hay mucha gente que se da cuenta de que ellos no son los mejores candidatos. Evidentemente, tenemos que poner al mejor para ganar. Claro, si tuvieras un candidato más débil al frente, probablemente cualquiera de ellos dos (Allamand y Longueira) podrían ser candidatos y poder ganar.

–Cuando asumió Sebastián Piñera y optó por un gabinete de técnicos, muchos se molestaron. Longueira y Allamand, entre otros, sentían que a quienes habían “pelado el ajo” por años en política se los estaba dejando al margen. ¿Podría pasar lo mismo si el candidato fuera Golborne?              –¡Qué dura es la vida!, ¿no? ¡Qué injusta...! Pero lo que pasa es que aquí uno no llega solo por mérito. Es cierto. Muchos “pelamos el ajo”. Allamand hasta tuvo una travesía por el desierto. Yo también “pelé el ajo”, Longueira, Espina… y mira tú cómo viene un pajarito nuevo y se lleva el canastito. Así es la vida, pues. Recuerda a la ex Presidenta Bachelet. ¿Ella tenía una gran trayectoria en el partido? No. Y tampoco era la candidata natural, pero al final se les impuso por simpatía y por encuestas. Tal como acá se está imponiendo Golborne. Y así es no más...

–Sin embargo, Pablo Longueira propuso una fórmula para la carrera presidencial: llevar tres candidatos, uno de la UDI, otro de RN y un independiente. Da la impresión de que Golborne preferiría ahorrarse la competencia...
–No. No te equivoques. No es solo lo que quiere Golborne. Es lo que todo el mundo quiere. Yo creo que Pablo hizo un análisis que es correcto, si uno lo mira desde el punto de vista del marketing. Cuando Lever tiene varias marcas de detergente en el mercado, ¿por qué lo hace? Lo hace porque cada marca está orientada a un público definido y así maximiza su participación en el mercado.

–¿Y eso es lo que quiere hacer Longueira?
–Exacto. Y desde un punto de vista conceptual y de marketing, puede ser razonable. Pero en la práctica las cosas son muy distintas. Porque, ¿con quién se van a querer sacar la foto los diputados y senadores que vayan a la reelección? Obviamente que con el mejor. Es lo que le pasó a Lagos con Frei en el ’93. Y lo que le pasó a Alvear con Bachelet. Al final, siempre se impone el sentido común. Creo que eso es lo que va a pasar acá y lo que ya se está viendo en ambos partidos.

–Si es por encuestas, entre los cinco ministros mejor evaluados también figuran usted y Carolina Schmidt. ¿Por qué ni usted ni ella son opción?
–La Carola Schmidt es muy, muy querida, pero la conoce la mitad de la población.

–No es su caso...
–No. A mí me conoce el 97 o 98 por ciento de la gente. Pero yo he dicho muy claramente que no quiero. Y lo vengo diciendo desde que asumí como ministra. Sé que al principio nadie me creía. Espero que a estas alturas sí me crean. No estoy interesada y lo estoy demostrando en los hechos, señalando que, a mi juicio, la mejor opción presidencial es Golborne.

–¿No es que haya habido impulsos machistas por evitar la presencia de las mujeres en la pelea presidencial de la derecha?
–No lo creo. Pero, claro, partamos de la base de que nuestra sociedad es súper machista. Probablemente si yo hubiese querido ser, me hubiesen puesto todas las cortapisas del mundo, como ya me las pusieron en otras ocasiones. Pero el tema es que yo no estoy interesada. No es el tipo de vida que quiero. Y, además, veo que se están dando las cosas de otra manera.

–Si el candidato es Golborne, ¿no sería una derrota para su generación política, esa que en los ’90 marcó la pauta?
–No. Ya tenemos a Piñera en la Presidencia. Con él llegamos. Ese ya es un triunfo.

Evelyn Matthei: Mi candidato es Goldborne

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