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A  pesar de trabajar en “Intrusos”, un programa de farándula, Julia Vial es poco dada al escándalo y muy celosa de su vida privada. Por lo mismo, su historia como mamá es hasta ahora desconocida para muchos. Hace dos años, tuvo a Julita, una niña adorable que la llenó de felicidad, pero en un comienzo también de incertidumbre, ya que tiene Síndrome de Down y al momento del nacimiento ni ella ni su marido, el periodista Leopoldo Muñoz, sabían nada del tema.
“Para mí, ella es todo”, parte diciendo, con inocultable orgullo, la animadora de La Red. “La Julita acaba de cumplir dos años y es tremendamente alegre y receptiva. Es raro, porque siento que tengo una comunicación con ella tan especial, que a veces pasan cosas: nos miramos, nos entendemos y sin la necesidad de hablar. Yo le levanto una ceja, ella me levanta otra y sabemos perfectamente lo que está pasando. Es muy chistoso y rico a la vez. Además, es súper expresiva y sociable. Le encanta compartir con gente, vamos a comprar pan y saluda a todo el mundo. Ella lo pasó muy mal, pero creo que todo eso le sirvió para enfrentar los desafíos… ¡Es una niñita total! La admiro muchísimo”.
Justo cuando está comentando eso, se abre la puerta del departamento de Julia y aparece su hija de 2 años recién cumplidos. Es bien rubia y tiene un par de ojos azules impresionantes. Viene precisamente de comprar. Está feliz con un pan en la mano, mientras que con la otra… reparte besos.

–¿Cómo te enteraste de que tu hija venía con Síndrome de Down?
–Me pasó una cosa bien extraña. Con mi marido solo le habíamos contado a nuestros papás que yo estaba esperando guagua, porque queríamos esperar los tres meses que algunos aconsejan. Nos fuimos de vacaciones a Cuba y todavía no tenía guata, nada. Y estábamos ahí y de repente me pongo a hablar con una cubana y me dice: “Tú estás embarazada”. Le contesto que sí y me dice: “¿Tú sabes que acá tenemos la máquina para detectar si un niño viene o no con Síndrome de Down?”. Me acuerdo que la quedé mirando y pensé que no podía haber una mujer más desubicada.
“Eso fue un viernes. El domingo volvimos a Chile, el lunes me intoxiqué en un evento y el martes mi doctor comenzó a hacerme una serie de exámenes y notó una translucencia nucal en la guagua. Eso es muy típico de los niños que vienen con algún problema cromosómico. Como notó que había algo raro, me mandó donde otro médico que nos dijo que habían altas probabilidades de que se tratara de una trisomía, pero que no sabía cuál. Ahí me hicieron un examen donde se hace una punción hasta el útero, sacan vellosidades y con eso hacen estudios cromosómicos”, cuenta Julia mientras observa a su hija.
“Después me llamó el doctor a mi celular y me dijo: ‘Julia, ya está listo el resultado, ven hoy con tu marido a mi oficina’… Obviamente que me di cuenta de que era una trisomía. En el fondo, lo que se confirmó fue que se trata de Síndrome de Down y no de otro tipo. El fue súper humano, nos explicó todo y nos contó que le había tocado ver familias que fueron sumamente felices y otras que no lo soportaron y se terminaron separando”, señala con mucha tranquilidad.

–¿Cómo tomaron ustedes la noticia?
–Nos llegó como un balde de agua fría y teníamos mucho miedo a lo que nos esperaba, porque para nosotros era absolutamente desconocido. Fueron dos días en que me lo lloré todo, porque cuando esperas a tu primer hijo piensas que todo va a ser perfecto. Después te das cuenta de que no es nada malo, sino que el plan cambió. Quizás es más trabajado, pero igual de feliz. Así que le contamos al resto de la familia y salimos adelante.

–¿Cómo fue ese momento?
–Les dijimos en un almuerzo con todos mis hermanos. La reacción de todos ellos fue increíble… Nos dieron mucho apoyo. La han querido, protegido, consentido… la Julita es el centro de atención.
“Mi papá nos dio su apoyo absoluto (se emociona) y mi mamá, qué decir, de los 23 nietos que tiene, mi hija es su regalona. En realidad, todos estamos pendientes de ella. ¡Es lo mejor!”.

–¿Sabías algo sobre el Síndrome de Down?
–¡Nada! Así que me puse a estudiar del tema. Quería prepararme y así poder ofrecerle todo lo que necesitara en su desarrollo. En la medida que se ha ido investigando, se ha conocido la importancia de la estimulación temprana, que incluye kinesiología, terapia ocupacional… Hoy la Julita está en eso. Es una serie de terapias para ir enseñándole, preparándola y le hace muy bien. Así que andamos todo el día juntas, corremos, tenemos hartas actividades, y a ella le ha hecho muy bien. Lo disfruta, tienes sus amigos, lo pasa muy bien. Los resultados se ven en forma sólida y rápida.

“Uno saca fuerzas de flaqueza”
–¿Cómo logras compatibilizar tus tiempos?
–Con mi marido tenemos la suerte de poder costear las terapias y, además, yo tengo un horario de trabajo súper flexible que me permite tener tiempo para ellas. Si trabajara en una oficina todo el día, no lo podría hacer.

–¿Te queda tiempo para ti?
–Siempre hay, en la medida en que uno se logra organizar. Claro, al principio fue difícil con una guagua chica, uno siendo mamá primeriza, terapias, doctores… Cada cierto tiempo hay que hacerle exámenes bastante exhaustivos con el oculista, el endocrinólogo, el nefrólogo, el traumatólogo y todos los “ólogos” que te puedas imaginar.

–¿Por qué tantos chequeos?
–Es normal. Como la Julita tiene un síndrome, se pueden crear complicaciones en otros órganos. Por ejemplo, la mitad de las niños con Síndrome de Down tiene complicaciones cardiacas. De hecho, ella es operada del corazón. Entonces, hay que estar pendientes. Por ejemplo, ya la han operado tres veces de los ojos. Hay una serie de doctores que la tienen que ir viendo. Es como un circuito que cada cierto tiempo hay que hacer.

–¿Cómo fue operar a tu hija del corazón?
–Siempre digo que tuve la suerte de haber sabido a los pocos meses que la Julita venía con Síndrome de Down. Y al poco tiempo me hicieron la ecografía para saber si tenía problemas cardiacos. Y ese era su caso. Entonces, cuando la estaba esperando, sabíamos que la íbamos a tener que operar y pudimos prepararnos.
Claro que por más que Julia Vial tuviera todo pensado y preparado, la vida dijo otra cosa, así que sus planes tuvieron que cambiar abruptamente. “Justo antes de operarla, se agarró el virus sincicial. Estuvimos en la clínica como un mes y medio. Ella estuvo oxígeno dependiente y pasando por una serie de episodios. Pasó unos días en la UTI. Y después de eso, nos fuimos directo a la operación al corazón. Estuvo como cinco o seis días en coma inducido. Y se recuperó súper rápido”, cuenta mientras trata de hacer que Julita deje de tirar todos los cojines del living al suelo.

–¿Qué pasaba contigo como mamá?
–Uno saca fuerzas de flaqueza. En ese minuto eran tantas cosas de las que había que preocuparse, era tanta la vorágine que no hay tiempo para cuestionarse. Uno anda en otra. Estábamos concentrados en que todo saliera bien y que la Julita se mejorara. No había tiempo para la autocompasión y, si bien la pena y angustia existen en esos momentos, nuestras energías no se nos iban en eso, sino en focalizarnos para que nuestra hija estuviera bien.
“Por otra parte, con mi marido siempre nos apoyábamos en todo. Por ejemplo, nos turnábamos y eso me permitió no tener que dejar de trabajar y aunque mucha gente pueda decir ¿cómo no dejó de hacerlo?, de verdad que yo necesitaba tener esa vía de escape. Y bueno, los dos nos repartíamos en todo. Durante tres meses, una noche me quedaba a alojar yo en la clínica y la otra, él. Ahora que ha pasado el tiempo miro hacia atrás y fue muy fuerte todo. Me asombra la fuerza que tuvimos para enfrentar esa situación”, dice Julia, justo antes de que Julita tomara la grabadora y pusiera stop.

–¿Cómo lo vivió tu marido?
–Para él también fue durísimo y su apoyo fue excelente. De verdad, creo que si no hubiera estado con él no sé si hubiera podido aguantar. También recibimos el apoyo incondicional de mi familia, de la de él, y en ese sentido, estuvimos muy contenidos.

–¿Cómo es la relación de tu marido con Julita?
–Increíble… ellos se adoran. Ella es lo más cariñosa que hay. Siente la puerta y empieza a decir “papá”, y empieza a correr y a aplaudir.

–¿Piensas tener más hijos?
–Me encantaría y es un proyecto que tenemos a futuro. Me da risa que siempre me preguntan si no me da miedo tener nuevamente un niño con Síndrome de Down. Siempre contesto: “¿A qué?”. No tendría por qué volver a pasar y, si fuera así, ya sé lo que es.

–¿Qué esperas para ella en el futuro?
–(Suelta un largo y profundo suspiro). Como cualquier mamá, quiero que sea feliz, que pueda desarrollarse al máximo en todas sus potencialidades, que no tenga límites y que pueda hacer lo que se proponga en la vida. Siempre la voy a ayudar, en la medida de lo posible, para que vaya consiguiendo lo que ella quiera.

“El lenguaje construye realidades”
Con esa misma seguridad que hoy enfrenta el tema en su ámbito privado, Julia no ha dudado en salir a encarar enérgicamente a quienes se refieren con liviandad o sorna al tema de las personas con Síndrome de Down. La primera vez fue a raíz de un comentario que hizo un panelista de su programa, René Naranjo, sobre una escena de la película “Qué pena tu vida”, de Nicolás López, en que se ríen de una persona con trisomía 21.
“Apoyé lo que René decía, porque siento que en la vida uno tiene que abrazar causas y esto no tiene que ver solo con el Síndrome de Down, es contra todo lo que discrimine. Como periodista y comunicadora, uno tiene un rol social importante y, ante una situación así, es un deber decir ojo: que el lenguaje construye realidades”, comenta Julia.
“Esa vez, la actriz Paz Bascuñán dijo algo como que le encantaba que se hiciera polémica, porque así le iba a ir mejor a la película. Yo, en pantalla, le contesté que si esa era la sensibilidad de los artistas de nuestro país, quiere decir que estamos súper mal como sociedad. Creo que ella no sabía que tengo una hija con Síndrome de Down, pero incluso si no hubiera sido así, mi comentario habría sido el mismo”, dice.

–También interpelaste a la ministra Evelyn Matthei.
–En un programa de radio habló sobre el aborto terapéutico y los niños que tenían un cromosoma de más. Probablemente se haya confundido de conceptos, pero las personas Down efectivamente tienen una trisomía, entonces los estaba involucrando.

–¿Cómo fue el episodio con Raquel Calderón?
–Una vez que ella llegó de un viaje, trató de mongólica, peyorativamente, a una periodista. Cuando vi eso, como comunicadora sentí que tenía que decir que eso no estaba bien. Ahora, más de alguna vez yo también he discriminado, ¡no es que yo sea una blanca paloma! Uno tiene que ser súper honesto en eso, pero yo no podía dejar pasar que alguien que ha estado en uno de los mejores colegios de este país y que estudia derecho en la Universidad de Chile, le dé una connotación negativa al Síndrome de Down. Porque cuando se habla de mongólico la gente aún asocia esa palabra a ellos. Hace mucho tiempo se les trataba así, con esa palabra agresiva y tremendamente discriminadora. Entonces, cuando pasa esto, estoy en la misión de decir que está mal, que no solo está siendo peyorativa, sino que también está hiriendo no solo a las personas con Síndrome de Down, sino que a toda la gente que quiere una sociedad donde se respete.
“Bueno, ella no lo vio así y puso en Twitter ‘pobre Julia Vial’, entonces más encima no entendió nada. Bueno, los famosos se conocen de verdad cuando están enojados y eso es Raquelita, ni más ni menos. Porque estoy segura de que otra persona hubiera dicho “la embarré” y ahí se habría terminado todo.

–¿Has sentido que tu hija ha sido discriminada?
–No… he tenido suerte. Pero a los niños también se los discrimina, por ejemplo en los colegios que tienen la categoría de “integrados”, pero con profesores que no saben cómo manejarlos. También hay clubes sociales donde no admiten niños con Síndrome de Down. Pienso que con la Julita probablemente nos va a tocar enfrentar esas situaciones. Ojalá que yo lo pueda llevar de la mejor manera posible, para que ella también lo enfrente así.

–¿Sientes que has sido valiente?
–Para nada. Lo que pasa es que la Julita me ha enseñado mucho. Todos los días.
En ese momento, Julita que sigue con ganas de jugar al caballito, se acerca, se pone un dedo en la boca y dice: “Shhhhhht” (pidiendo silencio). La entrevista se acabó y ella se ríe. El caballito empezará apenas cerremos la puerta. n

Julia Vial Para mí, ella es todo

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