Por más que buscan… no los están encontrado.Eso dicen cientos de mujeres que ya  pasaron los 30 años y que ven cómo cada vez es más difícil estar en pareja con alguien que valga la pena y que las haga felices.

Por: Equipo Cosas

iStock_000018772963Large

S i usted está casada(o), tiene menos de 30 años o es gay (menor de 50), puede encontrar que lo que estamos escribiendo no tiene sentido y tal vez crea que las mujeres que no tienen pareja o que reclaman que no hay hombres puede ser porque no han tenido la suficiente inteligencia emocional para encontrarla, o carecen de ese don medieval para sortear, a veces, las fuertes vicisitudes que trae el matrimonio o la vida en común. También puede que para usted –con aires de superioridad– estas mujeres sean horrendas, feítas o... regias, pero tan histéricas que nadie las puede soportar y... “por algo” no encuentran lo que andan buscando.

Sin embargo, las personas casadas o comprometidas y que responden a un ideal que no todo el mundo alcanza, deberían estar sumamente agradecidas de no vivir el calvario de que, cada año que pase, si se es mujer, sea una posibilidad menos de volver a tener una relación estable. Porque tal como nos confidenció un periodista muy pragmático, de 35 años, la situación que se está viviendo es la siguiente: “A los 16 años un hombre tiene todas las de perder. Las mujeres son las que mandan porque tienen demasiados hombres a su disposición y son atractivas para los de 14, 15, 16, 17 y 18… pero la cosa va cambiando a medida que pasan los años y, cuando las mujeres tienen cerca de 28, esa variedad masculina ya ha disminuido por lo menos en un 50 por ciento, porque los hombres se van comprometiendo, teniendo hijos o ya han asumido su homosexualidad. Por lo tanto, ‘ellas’ ya no están para regodearse y es en ese punto donde el ‘valor’ del hombre hétero, soltero y sin hijos empieza a aumentar progresivamente, casi como la mejor acción de la bolsa o una inversión que alcanza su valor más alto a los 40 años.

“También”, continúa este periodista casadísimo y con dos hijos, “se podría decir que es como una pirámide invertida y en eso un buen ejemplo es el de un hombre que puede haber sido un perno con cero éxito en su etapa de colegio, pero que a los 38 años, si llegó a ser abogado o ingeniero comercial, por decir cualquier profesión, es un hit entre las mujeres. Porque no solo tiene a todas las de 18 años para arriba, sino que también se encuentran a su disposición las de 39, 40, 50...”.



¡Es lo que hay!

Francisca, 33 años, arquitecta y completamente soltera, tras sus múltiples malas experiencias, clasifica a los hombres en las siguientes distintas categorías:
• “Peter Pan”: Un personaje divertido, extravertido y muy sociable, que nunca está quieto y te puede llevar a los lugares más entretenidos. El problema es que después de dos salidas te das cuenta de que te convertiste, sin querer, en su parvularia. Cree que tiene 15 y al parecer ni siquiera se ha mirado al espejo para notar que está gordo y pelado.
• “Cometa Halley”: Se trata de un hombre seductor que aparenta ser maduro. “¡Pero aparece cada mil años! Te llama y después no vuelves a saber de él en meses”. Incluso te preguntas si está vivo o muerto.
• “Asmático”: Este tipo ya es una plaga. No se ha casado y se escuda en sus malas experiencias para decirte desde un comienzo que no está dispuesto a un compromiso. Su frase favorita es: “Tomémonos las cosas con calma”. El problema es que no te das ni cuenta cómo pasa el tiempo y, cuando ya llevas varios meses en la clandestinidad absoluta. Cuando le pides que se defina, le viene un verdadero ahogo, reclama su metro cuadrado y uno… queda nuevamente sola.
• “Náufrago”: Es el espécimen más sensible de la raza masculina, bien sufrido. Fácilmente llora y es tan sincero que llega a ser torpe. Despierta un instinto maternal, pero de pasión o amor… nada.
• “Indefinido”: Casi siempre son buenmozos, muy caballeros, preocupados de su apariencia física, pero tanto o más que las mujeres. En resumen, vives eternamente con la duda de si es gay o no y nuevamente… sola.
• “Carnet equivocado”: Es el que cuando estás en una fiesta o cumpleaños se te acerca con todas las ganas de conquistarte. Lo encuentras guapo, encantador y todo marcha bien hasta que te dice que tiene 26 años. Entonces, es inevitable que uno se pregunte, “¿por qué no habrá nacido antes?”, o mucho mejor aún “¿por qué yo no habré nacido después?”.
• “El viejo”: Vas a un matrimonio y resiste bailando dos canciones, porque a los casi 60 años lo que en realidad le corresponde es Frank Sinatra y no los “Black Eyed Peas”. Te cuenta que no come nada dulce porque a su edad la diabetes está a la vuelta de la esquina, que no te puede ver el martes porque se tiene que hacer un electro, y más encima te aconseja que te cuides porque ya no estás como cuando eras joven… ¡siendo él 20 o 30 años mayor!
• “Capitán Von Trapp”: Por lo menos cuatro hijos. Es decir, puede tener las mejores intenciones, pero de ahí a que tú puedas cumplir tu sueño de ser mamá… imposible. No quiere más niños porque no le alcanza el tiempo para los que ya tiene, y muchas veces tampoco la plata para mantenerlos a todos… Ahora, puede valer la pena el esfuerzo, pero solo si es tan romántico y espléndido como lo era Christopher Plummer cuando hizo “La novicia rebelde” con Julie Andrews.





¿Sabe por qué? Porque a los 38 años ese hombre pasó a ser “interesante” y después de conversar con distintas mujeres de más de 30 años, el punto está en que el machismo sigue igual, tanto en Chile como en cualquier otro país. Y, ¿cómo se evalúa eso que se dice “interesante” y que solo es válido para el género masculino? Basta con ver el caso de la preciosa y elegante Charlotte de Mónaco, de 25 años, y el actor de origen marroquí Gad Elmaleh, de 40 años y un hijo. Entonces, ¿qué queda para el resto de las solteras o separadas del planeta?
Una pregunta que no solo se hace en Chile, sino que da la vuelta al mundo en mujeres de más de 30 años y que ha dado pie a un muy rentable mercado de series o películas como “Sex and the city, “Bridget Jones 1 y 2”, “27 bodas” o “He’s just not that into you” (“Simplemente no te quiere”); o de libros que cada vez que se publican son considerados como las nuevas Biblias para encontrar el amor... de un hombre maravilloso eso sí y no de un “Barba Azul” (el clásico hombre que lleva varios cadáveres consigo y que siempre tiene una próxima víctima en vista), como lo describe, a partir del cuento de Charles Perrault, la sicóloga junguiana Clarissa Pinkola en “Mujeres que corren con los lobos”.

Entre estos best sellers está también “The rules”, de Ellen Fein y Sherrie Schneider, que para muchas es más que un libro, sino que un movimiento, o un clásico como “Las mujeres que aman demasiado” (1987), de Robin Norwood, y que habló por primera vez de los casos de mujeres que se fijan en hombres problemáticos o distantes (quizás una de las grandes razones por las que se cree que no hay hombres, pero en realidad lo que no hay es un sentido especial para buscar amores sanos y que no hagan sufrir “demasiado”) .
Otro exitazo ha sido “Por qué los hombres aman a las cabronas” (2008), de Argov Sherry, y que llama a que las mujeres, para que tengan éxito, ni siquiera le cocinen a un hombre que les gusta, porque para pasar de un par de salchichas al microondas a un suspiro limeño, el hombre en cuestión tiene que hacer demasiado mérito, aunque tenga el “gran mérito” de existir, por ambivalente que sea.

SIPA_00495389_000003

El lado femenino


La receta del éxito de estos superventas es porque tratan de dar respuestas o soluciones a una realidad que viven varias mujeres y que, hasta el momento, pareciera ir en ascenso. Por eso conversamos con algunas solteras y separadas  entre 30 y 45 años, para ver cómo ellas veían la situación. Sus nombres, obviamente, son ficticios, para no dejar rastro de quiénes son...

El primer caso es el de “Carolina”, que está separada hace tres años. Tiene 36 y no tiene hijos. Es ingeniero comercial y es bien práctica para sus cosas, aunque después de su reciente “divorcio de común acuerdo” dice que a veces incluso siente nostalgia de lo que fue su tiempo de casada. “A pesar de las peleas, los malos momentos que viví y saber lo que es desenamorarse de una persona de una manera tan absoluta como me enamoré, pienso que a lo mejor fui demasiado exigente conmigo y lo que esperaba de la vida. Quizás el no tener hijos también afectó…, pero ahora creo que debería haber dejado de lado algunas cosas, y no porque esté enamorada de mi ex, sino porque la soledad es muy fuerte y hasta el momento no hay mucho donde elegir, ya que la mayoría de los hombres disponibles o está lleno de hijos o es un verdadero pastel”, alerta.

De romances, “Carolina” comenta que ha tenido algunos y que al final prefiere salir con hombres más jóvenes, “aunque sé que no tengo mucho futuro en esas relaciones. La diferencia de edad no se nota tanto con ellos, sino que con sus grupos de amigos y las pololas de estos, que a veces están recién terminando la universidad. Ahí me siento vieja, y que no tengo edad para estar en un asado tomando cerveza y ron cola”, reclama. “Entonces, si yo tengo 36 años y tengo que salir con las amigas de un pololo entre 24 y 28 años, fanáticas de ‘Gossip Girl’ y Blake Lively…, ¿qué hago? Si yo sigo viendo por enésima vez los capítulos de ‘Sex and the city’ y encuentro que Sarah Jessica Parker es lo mejor… No es un escenario fácil”.

Para “María José”, soltera, 39 años, también sin hijos, asume que “el tema de los hombres” dejó de preocuparle, aunque aclara que todavía espera al amor de su vida. “¿Dónde está? No sé… Yo soy de esa generación de mediados de los 80, la misma que si veo en la playa están todos guatones y pelados, con cara de full carrete o súper casados… Entonces qué… hay que salir de Chile, pero claro… esos son solo romances cortos, uno por Cuba, otro por Roma y quizás alguno en Tanzania… pero obvio que eso nunca fue mi ideal”.

“María José” vive sola desde los 28 años. Desde los 30 pololeó cinco años con un separado, con dos hijos. De ese pololo, “que fue súper importante, al final era imposible hacer una vida feliz. Vivía en el campo, le tenía que dar la mitad de su sueldo a la ex señora, los fines de semana en Santiago obvio que eran con sus niños, ¿y a mí qué me tocaba…? El domingo después de las ocho, y para colmo siempre venía con el drama de que la ex le había dicho esto o lo otro… Ahora, lo peor que me pasó fue hace un mes cuando una amiga me dijo que me iba a presentar a un hombre que era ideal para mí, que era abogado y que le encantaba viajar. Bueno, el personaje en cuestión tenía 58 años, 12 menos que mi papá. Cuando salimos a comer tuvo que sacar esos típicos anteojos de la presbicia para leer la carta. Bien fatal . También creo que uno siempre se mueve dentro de un mismo círculo y es difícil salir de él, a no ser que uno haga un cambio drástico de grupo social u opte por algún señor de la senior suites”.

En el caso de “Carolina” y “María José”, que no tienen hijos, la pregunta que es inevitable es si son muy complicadas o muy negativas. Y ellas dicen que creen no serlo, aunque a lo mejor, comparadas con una de 20, puede ser, pero lo que sí confirman es que el material masculino está escaso y que son varios los fines de semana que lo pasan solas. Sin aburrirse, pero solas.

“Para las mayores de 50”, agrega “Carolina”, “me imagino que es más difícil aún... No lo quiero ni pensar”.

“María José” cuenta que hace un tiempo la vino a ver un amigo mexicanoo “Lo pasó genial, pero estábamos tomando el brunch por Isidora y en medio de los huevos benedictinos, me dice: ‘¿Sabes qué? Estoy seguro que Santiago pasó a ser la capital gay de Sudamérica’. Yo lo miré con cara de desconcierto, pero observando a mi alrededor no me quedó más que estar de acuerdo con él. No había ni un solo heterosexual hombre cerca de nosotros. Y el que había… que estaba un poco más lejos era un señor con montgomery beige que estaba con su señora, los dos como de 70 años. El resto del restaurante era el Bunker, pero a mediodía del domingo”.

“Macarena” (42 años), por su parte, es separada y tiene tres hijos. “Siempre estoy pololeando con separados con hijos, nunca he salido con un soltero, porque no conozco. Ahora con mi actual pololo estoy feliz, pero no sé si voy a rearmar formalmente mi vida con él. Yo provengo de una familia de los míos, los tuyos y los nuestros… y tiene sus cosas buenas, pero no es lo que yo quería para mí ni para mis niños. Ellos vienen conmigo y cualquier proyecto es con ellos, que son más importantes que cualquier hombre”.

“Macarena” se separó a los 30 años, y dice que le ha tocado de todo, y que le cuesta estar sola y que por lo general conoce gente en alguna comida o un cumpleaños. “Jamás en un restaurante”, sentencia, “y menos en un bar”. Pero lo más patético según cuenta es tener que ir a bailar. “La fauna del panorama chileno está en el Eve. Lleno de cuarentones, cincuentones y otros con sweaters muy lanudos o camisas de seudo seductor que literalmente dan un espectáculo tan triste que dan ganas de salir arrancando y llamar a mi ex marido a las tres de la mañana y volver de todas maneras, pero ya no puedo porque se casó con otra y tiene dos niños...”, dice con un dejo de decepción.

“El panorama bailable me carga”, continúa, “porque, ¿quiénes son los que están? La recién estrenada en la separación, que está súper flaca por la pena y anda con la mirada perdida por tanto remedio que le da el siquiatra; el separado de hace cuatro meses que se compró un auto espectacular y que está en llamas por su nuevo estado civil, aunque no haya firmado ningún papel, y quiere que todo el mundo lo vea con cualquier conquista, y los carreteros de siempre, que están perdidos. Entonces, cuando mis amigas juran que esto es lo mejor… la verdad es que no. Yo ahora estoy pololeando, pero no me proyecto, solo lo paso bien y no voy a bailar”.

Con un genial sentido del humor, otra separada, “Paula” (38), nos dijo: “¡Los hombres están en todas partes! En las calles, en las canchas de golf, en los restaurantes, eso sí, acompañados por sus señoras o pololas o pololos. Estoy convencida de que en el mundo probablemente hay más mujeres que hombres, al menos en el ABC1. Por si fuera poco, existen muchísimos más hombres gays que mujeres gays, y eso tampoco ayuda. Los divorciados no cuentan, ya que por cada hombre que ingresa al mercado, también lo hace una mujer”.
“Al parecer”, dice “Paula”, “Sergio Melnik tenía razón cuando dijo en una charla que dio en el seminario de ‘Cosas’, hace un par de años, que los hombres son un género en extinción…”.

El lado masculino

Según el sicólogo Antonio Godoy, director del Centro de la Persona, la Pareja y la Sexualidad, esa carencia de hombres que advierten muchas mujeres hoy tiene que ver con un fenómeno social y cultural mayor: “Las mujeres cambiaron de lugar, son más seguras de sí mismas, más independientes. Y ante una mujer profesional y exitosa, muchos hombres se preguntan: ‘¿Pero qué oportunidad tengo con ella?’. La realidad demuestra que muchas veces ni se les acercan. Pero yo he escuchado de las mujeres frases como: ‘No necesito que me mantenga, soy independiente, solo quiero que me haga cariño, me dé amor y me contenga’. Entonces, las visiones de ambos ante un mismo caso son bastante opuestas, porque ellos también buscan a una mujer más vulnerable a la que puedan proteger”.
A lo anterior, agrega que estamos en una sociedad más light en la cual reina la cultura de lo desechable. “Entonces, muchos hombres están optando por el camino más fácil, es decir, invierten menos energía y amor para que después no duela tanto. Por eso hay relaciones a medias, como los amigos con ventaja. En general, la sociedad está muy poco jugada por las relaciones como antaño”.

Tendencias

sus

poff

ponl

Instagram
pinterest
Síguenos en Facebook
Síguenos en Twitter