Reconoce que estuvo entusiasmado con la idea de ser candidato presidencial,
pero rápidamente entendió que la mejor opción la tenía Bachelet. De ahí que diga que Orrego, Rincón y Velasco solo buscan quedar posicionados para el futuro.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Matías Bonizzoni

Rossi

 asó sus vacaciones en Brasil trotando y ha bajado poco más de seis kilos. Llegó a correr casi un kilómetro. Ahora se compró una trotadora profesional para su departamento de Santiago. Quiere bucear y aprender a tocar el piano. Tiene la cabeza llena de proyectos y la necesidad imperiosa de buscarle un nuevo sentido a su vida política.

Fulvio Rossi, senador socialista, piensa que puede ser la crisis de los 40 años –va a cumplir 42– lo que ha gatillado en él la necesidad de hacer cambios y rebarajar sus prioridades. Asegura que no ha pensado en dejar la política, pero sí dice estar convencido de que sus futuras apuestas tienen que ser más radicales y estar alimentadas de ideas, de un proyecto político que le haga sentido a este nuevo Chile.

Por lo pronto, los temas que lo mueven son los derechos ciudadanos. De ahí que considere necesario reponer una ley de aborto terapéutico, empujar una discusión para despenalizar el cultivo de marihuana y endurecer las medidas de la ley del tabaco para prohibir fumar en espacios públicos donde haya menores de edad. Todo esto bajo un gran paraguas: su convencimiento de que su generación política debe usar a Michelle Bachelet para presentar un programa de gobierno más jugado y radical.

–Hace casi un año usted reconoció que le gustaría ser candidato presidencial. Muchos ya se han lanzado...
–Lo que dije es que tenía una aspiración de ser candidato, pero no en esta vuelta necesariamente.

–¿Por qué? ¿Sintió que no había espacio para usted en esta vuelta?
–A ver... hay gente que cree que el coraje es lanzarse a la piscina a todo evento. Yo creo que el coraje en política también tiene que ver con ser capaz de entender que, en un minuto determinado, hay otra persona que representa tus ideas, tu proyecto de sociedad y que lo hace mejor que tú.

–Hablamos de Michelle Bachelet, obviamente.
–Claro. Hoy, Bachelet aún encarna en los chilenos el anhelo de cambio, de progreso del país. Entonces, para mí, lanzarse en esas condiciones, más que una expresión de coraje, es una expresión de ambición desmedida y de individualismo. O sea, yo veo muchas candidaturas que lo único que buscan es posicionarse para el futuro.

¿De quiénes habla?
–No viene al caso estar apuntando con el dedo. Creo que toda la ciudadanía entiende que aquí hay varios que no tienen ninguna posibilidad....

–¿Quiénes? ¿Claudio Orrego, Andrés Velasco, Ximena Rincón...?
–Lo digo en general. Esa es mi percepción. Claro, el discurso políticamente correcto es decir: qué bueno que haya muchos candidatos, porque así se expresa toda la diversidad de la coalición. Yo intento ser más honesto: la verdad es que ninguno de estos candidatos va a competirle realmente a Bachelet. Con esto no estoy diciendo que ella sea mejor política o gobernante, pero hoy el sueño de recuperar el gobierno, la conducción de la Patria para la oposición, lo encarna mucho mejor. Eso es lo que dicen los chilenos. Yo siento que la proliferación de candidatos tendría sentido si esto le diera dinamismo a la Concertación, para reanimarla, revivirla. Pero las apuestas son sobre los nombres.


Tengo que reorientarme”

–Dice que a lo mejor está en la crisis de los 40 años. ¿Anda con muchas preguntas en la cabeza?
–No, no sé si tantas.
–Bueno, llamémosle inquietudes...
–Sí, es que me gustaría hacer otras cosas.
–¿Dejar la política, por ejemplo?
–No. La política es un camino que ya tomé, pero sí siento que tengo que reorientarme. Buscar nuevos derroteros. De hecho, tengo una corporación que está funcionando, Casa Abierta, porque efectivamente la rutina parlamentaria me asfixia. Me agobia. Por eso tengo que hacer otras cosas. No necesariamente dejar la política.
–Pero a un tipo de 40 años, buenmozo, soltero, que podría estar haciendo tantas cosas, ¿no le parece que estar en el Senado es como congelarse un poco?
–Bueno, permanentemente estoy tratando de no congelarme. Por eso leo mucho; me gusta viajar, hacer deporte. Cada día me gusta más cocinar, ir al cine o ver películas en mi casa. He llegado a ver hasta 20 películas en una semana.
–Algunas de esas actividades son un poco solitarias. Pensaba que Fulvio Rossi era medio hiperactivo.
–No. Para nada hiperactivo.
–Me refiero a que yo creía que tenía mucha vida social, relaciones...
–Bueno, de todo un poco. La vida es surtida.
–¿Y a los 40 hacia dónde se quiere inclinar? ¿Tiene ganas de armar una familia o está en temas más existenciales?
–No estoy en un proceso de conclusiones todavía. Sí tengo la convicción de que quiero hacer algunas cosas, pero que no es del caso mencionar en una entrevista, porque son de mi vida privada. A veces no se entiende, pero en general yo no hablo de mi vida personal. Y si me preguntan si ando con alguien, ya no respondo esas cosas. Aprendí la lección.
–¿Se ha convertido, entonces, en un personaje hermético?
–Absolutamente.

rossi

No habrá segundos ME-O

–Entonces, ¿por qué no levantó una opción presidencial para plantear sus ideas?
–Primero, porque no veo bien andar levantando una candidatura presidencial solo para dar un testimonio y quedar bien parado para la otra. El día que uno decide ser candidato lo hace para ganar la elección y porque sabes que detrás tuyo hay un equipo que te apoya. En cambio, aquí los nombres que hay no están al servicio de un proyecto político. Y todo esto se disfraza diciendo que el establishment quiere imponer sus cosas.

–¿No es así?
–Hoy no. Y si hablamos de desafiar al establishment, en su momento fue Marco Enríquez-Ominami. El tiene ese mérito. Pero no hay segundos ME-O. Ya llegaron tarde. Además, el espacio que tenía Marco era porque la candidata presidencial no era Bachelet.

–En la elección anterior, la izquierda concertacionista apostó por Lagos e Insulza. Finalmente, ninguno de los dos fue candidato. ¿No les puede pasar lo mismo con Bachelet?
–Primero, asumo que fue un error haber puesto todas las fichas en personas que representaban más el pasado que el futuro. Bachelet, en cambio, está muy vigente todavía. Lo dicen todas las encuestas. Y, segundo, por lo que conozco a Bachelet, estoy seguro de que ella va a estar disponible si siente que su presencia es necesaria para el proyecto. Lo otro sería una expresión de individualismo, de falta de generosidad, que no está en ella.

–¿Cuánto le puede pesar a Bachelet cargar con una Concertación a mal traer y con alto rechazo ciudadano?
–El tema es cómo somos capaces de generar las condiciones para un amplio entendimiento con una generación a la que vamos a tener que combatir. Por eso, nosotros tenemos que usar a Bachelet no para recuperar ministerios, sino que para poner ideas sobre la mesa.

–El punto es si la Concertación realmente es competitiva...
–...A lo mejor es malo decirlo, pero la derecha ha hecho un tan mal gobierno que a quién se pare al frente, debiese irle medianamente bien. Es pobre el argumento, pero es realista. La gente no quiere más derecha; le dio una oportunidad, pero ahora está frustrada y decepcionada con lo que ha hecho. Eso es lo que percibo todos los días en la calle.

Fulvio Rossi

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