
Este es un hábitat que no le parece familiar. Sin embargo, el regreso de Juan Manuel Astorga a este entorno –la televisión– ha sido mucho más cómodo que lo que pensaba. Antes tuvo que deshacerse de las trabas que tenía con ser figura pública; encontrar un proyecto preciso, con análisis y opinión. Con “Vía Pública”, de 24 H, cumplió el sueño de hacer periodismo en el canal público. Le han dicho que la sintonía los ha acompañado y que en Twitter –ya casi barómetro de la actualidad– se sienten las réplicas de sus programas. Pero durante este primer mes lo que más le preocupa es el afiatamiento de los temas, panelistas y equipo.
Hoy, más que nunca, está exigente, “entrado en onda”. Se involucra en la edición periodística y hasta la elección de los elementos de la escenografía. “Me entusiasma cuando los equipos con los que trabajo confían en mí y me dejan participar más allá de la conducción”, dice. Pero además de esto divide su tiempo entre su programa radial, clases en la universidad, sus columnas y “El Post.cl” (página de opinión que creó junto a su amigo Fernando Paulsen).
Con la tozudez con que ha tomado todos estos proyectos, aborda en esta entrevista un tema al que ha dedicado varias ediciones de su programa: Daniel Zamudio. “Ojalá este caso no sea la excusa para que algún padre le diga a un hijo que esa es la razón por la cual no puede hacer pública su homosexualidad”, asimismo condena en forma tajante la actitud que ha tenido la Iglesia ante este brutal hecho.
–¿Qué te motivó a enfrentar este nuevo desafío televisivo?
–La televisión no es mi hábitat natural en el periodismo. Nací en la radio y he desarrollado buena parte de mi carrera ahí. En los últimos años empecé a explorar la prensa escrita, así que tenía bien olvidada la televisión. En los últimos años me habían invitado a participar de proyectos que no me motivaron lo suficiente. Programas en televisión abierta con contenidos demasiado generalizados. Ese es siempre un riesgo cuando uno se ha especializado en la política, la economía y los temas más áridos. Por eso terminé aceptando este proyecto. Aquí soy muy yo, tal cual me pasa en la radio Duna. No es fácil dar con un proyecto que se ajuste tal cual a lo que andas buscando. Bueno, aquí pasó. Me costó decir que sí, porque tengo un poco de distancia con la exposición pública masiva. Algo me pasó en los últimos años –probablemente mis propios procesos internos de cambio– por lo que había optado por hacerle el quite a esto de ser figura pública. Pero entendía también que no hay muchas oportunidades como esta y que, como toda carrera, la mía también necesita de una evolución. Se la estoy dando ahora en TVN.
–¿Cómo has abordado el caso de Daniel Zamudio en tu programa?
–De muchas maneras. Le hemos dedicado varios programas especiales, que han ido desde la discusión sobre la ley antidiscriminación hasta el porqué los chilenos podemos llegar a tener conductas tan violentas como los asesinos de Daniel. He buscado todos los puntos de vista posibles, desde la comunidad gay a conservadores y sociólogos; la visión de pobladores y empresarios. Este es un hecho transversal y por eso le he dado todas las vueltas de tuerca posibles. Y seguro me faltan aún. Habrá que seguir analizándolo porque esto no pasó porque sí. No fue un hecho aislado. Agresiones de este tipo a minorías se dan a cada rato y yo quiero, necesito que eso esté reflejado como tema de discusión en mi programa. La moral de “Vía Pública” es precisamente esa: tomar un tema y meterse dentro para extraer todas las ideas y planteamientos posibles para que quienes nos vean puedan formarse una opinión bien fundamentada. Lo digo sin falsa modestia: aquí no nos quedamos con la entrevista de 15 minutos y chao. No. Si hay que hacer tres programas seguidos de un mismo tema hasta dar con las ideas suficientes, lo hacemos. Es la gracia que permite un canal de cable. Y uno como 24 horas, que está muy bien posicionado.
–¿Cuál es tu opinión sobre este triste desenlace?, ¿qué es lo que más te ha impresionado de este suceso?
–Me angustió mucho la muerte de Daniel. Esperaba que pudiera recuperarse. Leer el relato de las agresiones me afectó harto. No puedo entender que alguien se ensañe de esa manera con otra persona. Pensé que esas prácticas, que Chile vivió y sistematizó en décadas anteriores, estaban olvidadas. Me duele saber que aún hay quienes son capaces de llevarlas a cabo. Espero que la muerte de Daniel no solo ayude a generar conciencia en lo legislativo, sino que haga reflexionar a Chile sobre el tipo de ciudadanos que estamos formando. Confío en que algo bueno tiene que salir de tanto sufrimiento. Y espero, y lo digo de la forma lo más clara posible, que la muerte de Daniel tiene que servir precisamente para lo contrario, para que nunca más alguien sea ofendido, discriminado o agredido por su condición.
–Sabemos que ha habido más ataques de este tipo, ¿por qué crees que este caso tuvo tanto impacto en la opinión pública?
–Cobró notoriedad por la excesiva violencia y brutalidad con la que atacaron a Daniel. Y porque creo o al menos quiero pensar que la sociedad ha evolucionado en temas de tolerancia y aceptación de la diversidad y que a nadie o muy pocos pueden dejar indiferente un acto tan bestial como este. La sociedad que hoy está horrorizada con este caso es la misma que está discutiendo derechos igualitarios para personas homosexuales, algo que no pasaba hace algunos años. Por eso el impacto. Avanzamos todos hacia adelante y un grupo que no sabría ni siquiera cómo clasificar dentro de esta misma sociedad, consideró que a un joven se le podía agredir por su condición sexual.
El 27 de marzo, después de 25 días de agonizar en la Posta Central, la muerte de Daniel estremeció a todo el país. Sus padres recibieron condolencias del Presidente desde Asia, abucheadas visitas de las autoridades en el hospital y la televisión hasta dedicó programas especiales.
–¿Crees que exista algo de oportunismo en las autoridades y en los medios?
–Me consta que a muchos les afectó este caso. Pero es innegable que oportunismo hay y a cada rato. Yo quisiera en esto menos palabras y más acción. Si no queremos más discriminación, como lo dijo el Presidente, no entiendo cómo cresta llevamos siete años discutiendo una ley que la condena. No puedes decir que en este gobierno no se aceptará la discriminación y resulta que tus mismos partidarios políticos son los que han trabado la ley. La oposición digamos que tampoco hizo mucho en avanzar en derechos igualitarios y, aunque esta ley antidiscriminación fue enviada durante el gobierno de Lagos, nunca tuvo prioridad. La Iglesia, por otra parte, salió a condenar el crimen cuando Daniel ya había muerto. Ni un solo esfuerzo concreto en cuestionar el acto, independiente de su conocida postura hacia la homosexualidad. Con todo respeto, pero me parece un insulto que monseñor Ezzati haya guardado silencio durante un mes frente al caso y que en cambio haya tenido tiempo de ir a visitar al sacerdote Fernando Karadima, que si no está preso por sus múltiples delitos de abusos sexuales es únicamente porque los casos prescribieron.
–¿La ley contra la discriminación es una manera efectiva para introducir en la sociedad el tema de la diversidad?
–Creo que el tema de la diversidad ya está instalado en nuestra sociedad; que la ley ayudará a sentar las bases morales de lo que Chile quiere y lo que no quiere para sus ciudadanos. Contar con una ley así es hacer una declaración de principios. Sin duda servirá en la práctica para impedir discriminar no solo a gays, sino a discapacitados, mapuches, judíos y muchos otros que aún con la evolución social sufren de un trato despectivo, pero creo que aprobarla será como decir, “él, ella, tú y yo, todos somos iguales”.
–¿Cabe hablar de tolerancia más que de aceptación?
–Puede ser. Aceptar tiene mucho que ver con eso de admitir o conformarse con algo. Tolerar habla del respeto por el otro. Yo ya no peleo para que otros acepten el quién soy y cómo soy. Más bien me muevo en el camino de la tolerancia de quienes me respetan por lo que soy. Y cuando hablo de “lo que soy” no se refiere solo a una condición sexual. Me he preocupado mucho en estos años para que los que me rodean sean personas que me quieren y toleran integralmente: al Juanma periodista, al que duerme poco, al que es medio sentimental, que es librepensador, al Juanma gay, etcétera. ¿No es lo que cada uno esperaría para sí mismo?
–¿Te has sentido discriminado?
–Bueno, que alguien considerara que podía pedirme una determinada suma de plata a cambio de no revelar que soy gay es una forma brutal de discriminación. Por lo mismo, me protegí mucho después de hacer pública mi condición. De alguna manera he sentido la discriminación cuando, por prejuicio, más de alguno ha evitado querer conocerme más porque soy gay. No sé, el papá de algún amigo, personas que conoces en un cumpleaños o cosas así. Y también la discriminación se hace evidente conmigo cuando alguien te busca como la novedad, lo que yo llamo el “gay pet” o la mascota. Es muy típico todavía que haya gente que diga, “pero, oye, si yo tengo un amigo gay” y ahí te nombran. Es como decir, “pero, oye, si yo tengo un Rottweiler y no hacen nada”. En el fondo, es discriminación igual porque te ubican en una categoría diferente y donde te queda claro que tú no eres igual a ellos pero que, a pesar de eso, igual se pueden juntar contigo.