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Toda España y el mundo futbolístico en general están a los pies de Josep Guardiola. El catalán tiene a todos embrujados con su estilo de juego y es catalogado, aunque las estadísticas mundiales no estén a su favor por su corta experiencia, como el mejor entrenador del mundo.

El Barcelona de “Pep” –como le dicen desde muy joven– puede ser uno de los mejores equipos en la historia del fútbol y si no le conceden esa distinción es porque la majadería insta a que pasen varias décadas hasta reconocer ese mérito. Pero números más, números menos, Guardiola vale.

No es de los que viven haciendo gala de sus palabras, como acostumbra su archirrival, el entrenador del Real Madrid, José Mourinho. El “estilo Pep” es más reposado, aunque no por eso menos directo. Sus palabras parecen pensadas, una a una, antes de salir de su boca; y lo mismo pasa en la cancha, donde cada jugada del Barcelona se urde con paciencia y sin necesidad de apuro, hasta que sea perfecta.

La elegancia es lo que parece prevalecer en todo lo que Pep hace, dice o toca. Así fue criado en La Masía, la casa donde los jugadores de las divisiones inferiores del club catalán viven, duermen, estudian y entrenan. Guardiola llegó ahí en 1984, hizo todas las divisiones inferiores hasta debutar con el primer equipo en 1990. Desde ese año nunca más paró hasta 2001, ganando seis Ligas de España y una Champions League. Toda una vida absorbiendo la cultura y los valores del club, que ha revalorado en su actual etapa de técnico al ganar tres campeonatos de manera consecutiva y dos Champions. Todos, bajo la misma filosofía de juego y trabajo.

Esa misma elegancia y obsesión perfeccionista se ha traspasado a todos los ámbitos de su vida, convirtiéndose en un icono de la moda. Así lo dicen los expertos, las mujeres y el mundo gay, el también lo admira, a sabiendas que es heterosexual. Durante los ’90, cuando aún era jugador activo, participó en varias campañas oficiando de modelo. Vistas desde hoy, esas sesiones merecen varias críticas, ya que esa fue una época de transición donde se confeccionaron cosas bastante horribles. Pero se salvaban gracias al modelo. Pep llegó, incluso, a desfilar en la Pasarela Gaudí, “pasando” diseños de Antonio Miró, el primero en instarlo a modelar y gracias a quien es hoy, por lejos, el mejor vestido del fútbol mundial. Título que nadie discute.

Cada domingo la afición culé espera que el Barcelona, con Messi a la cabeza, arrase con su rival de turno; pero buena parte de esa afición también espera ver los trajes de su entrenador. Claro, porque en las ruedas de prensa de la semana está siempre con tenidas deportivas, y con justa razón, ya que no habría nada más ridículo que entrenar con traje y corbata; pero los partidos, para Pep, son ocasión de mostrarse cool.

Además, a Guardiola le gusta entrenar con sus dirigidos, para seguir manteniéndose activo y conservar su figura. Es más, dicen que incluso ha bajado tallas desde que colgó los botines en 2006, lo que le permite lucir trajes entallados de sus marcas favoritas: Prada, Armani, Dior Homme, Dsquared y Antonio Miró, porque no se olvida de su mentor en estas lides. Casi siempre luce camisas blancas –aunque en ocasiones se le ve con grises– o directamente de negro, y, sin importar el calor, nunca renuncia a su estilo. Un par de veces ha salido a la cancha con camisas manga corta y corbata, look que a varios molesta, pero que en él se sigue viendo bien. En los inviernos, que no son suaves en Europa, siempre se ha negado a usar las clásicas y abultadas parkas del club. En cambio, Guardiola opta por un abrigo inglés, bufandas, chalecos de cachemira y aunque no ha vuelto a posar para grandes campañas de marcas –como sí lo hacen muchos futbolistas–, mantiene su lugar en el mundo de la moda. Un lugar en el que, a diferencia del netamente deportivo, puede seguir durante muchos años.

De su vida personal es poco lo que se puede decir, pues nunca le ha gustado aparecer en la farándula o la prensa amarilla. A su mujer, Cristina Serrá, la conoció en la tienda de sus padres cuando tenía 18 años. Nunca más se separaron y mucho le atribuyen a ella lo que Guardiola es hoy fuera de la cancha. Cristina le inculcó el gusto por el buen vestir, lo mismo que la literatura, la fotografía y la cultura en general. Por eso, algo que la pareja disfruta son los viajes, y se comenta que las experiencias futbolísticas fuera de Europa tenían como fin máximo conocer diferentes culturas más que extender la carrera de Pep.

Pocos de sus cercanos lo pueden imaginar fuera del Barcelona. Unos le auguran una carrera tan larga como la de Alex Ferguson al mando del Manchester United, aunque otros piensan que dejará el fútbol dentro de poco, para alejarse de la presión por mantenerse en el primer nivel. Los que más lo conocen admiten que su futuro, más bien lejano, sería entrenando niños, que es su gran pasión.

De momento Guardiola sigue al mando del Barcelona y liderando el ranking de los exponentes más chic del fútbol mundial.

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