Icono de la moda y el glamour, la ex Miss Universo fue la estrella del primer Style & Fashion Party
realizado en Chile la semana pasada. En las horas previas, concedió esta entrevista a “Cosas”, donde dejó en claro que está gozando la vida a un ritmo más tranquilo y dejándose tiempo para ser feliz.
Pero sin dejar de ser ella: siempre rutilante y seductora.
Por: Carolina Honorato / Fotos: Gonzalo Romero / Producción: Patricia Comandari / Asistente de producción: Claudia Illanes / Maquillaje y pelo: Cristián Alvarez
Es impactante... porque para esta entrevista, Cecilia Bolocco más que nunca proyecta la sensación de estar en un momento personal que es casi sublime, que pasa por su decisión –concreta y apasionada– de dejarse tiempo para pasarlo bien, ser feliz y gozar la libertad de la que es dueña.
Es como si se hubiese liberado, por ejemplo, de una estructura histórica que adquirió al ser elegida Miss Universo; de los exigentes ritmos que le imponía la televisión y sus compromisos; en fin… de una rutina intensa que tuvo por 20 años, de la que está muy agradecida, pero a la que hoy no volvería.
Cecilia aparece en una terraza de su casa, radiante. Por alguna razón, su mirada está más intensa, su sonrisa más dulce y su encanto más a flor de piel. Está flaca, muy buenamoza, relajada y por supuesto que tiene ese garbo que cualquier mujer envidia.
Viene llegando de unas eternas vacaciones con su hijo Máximo. Estuvieron en Zapallar, en Machu Picchu y en Miami. Está un poco cansada, pero inmensamente feliz de haberlo podido disfrutar a solas.
Máximo deambula por la casa, interrumpe varias veces esta entrevista para chequear que todo esté bien con su mamá. Hoy es un niño grande, desenvuelto, activo y sumamente amable. Ambos se miran, se coquetean, se dan besos, juegan con las manos y se ríen. Ella recibe un parte de matrimonio, él le ofrece ser su pareja. Entre medio, suenan los teléfonos, llega el sastre para revisar el vestuario para algún comercial y así pasa la tarde. A Cecilia se la ve feliz, mientras mira el atardecer en un estado de plenitud.
Su clave: digerir la moda
La agenda de Cecilia ya está llena de viajes. Es una rutina, para poder armar sus colecciones de ropa para Falabella. Además, a mitad de año irá a Europa con su familia para celebrar los 80 años de su papá.
Moderna como siempre, Cecilia parte analizando el tema de las redes sociales en la moda, ámbito donde hoy se dice que la calle dicta lo que está en boga: “El tema de las blogueras, por ejemplo, lo encuentro fantástico de parte de Falabella, porque desde que comencé a trabajar en mis colecciones, he sido muy fiel a pasearme por las calles. Miro y miro. Me empapo de lo que está pasando. Uno puede mirar muchas vitrinas, ir a los desfiles, saber cuáles son las nuevas tendencias, el circuito de la moda, pero yo donde me centro es en lo que se ponen las mujeres, en lo que se lleva y cómo se combina. Al final eso es lo que tiene valor en lo que yo entrego. Es digerir la moda. Y ahí ha estado mi éxito”, comenta luego de 5 años y 10 colecciones.
–¿Cómo has evolucionado en tu diseño?
–Estoy bastante más creativa, porque al comienzo era más cuidada, con prendas más básicas, con “lo que debes tener”. Pero hoy tenemos cosas más vanguardistas. Las chilenas son más tradicionales y fieles a sus gustos.
–¿Y tus compradoras han evolucionado?
–Están más jugadas, uno lo ve en la calle. La mujer está más entretenida, se está atreviendo más.
–¿Te costó trabajar “la calle chilena”?
–No, y hoy las jóvenes de 20 están imponiendo una moda mucho más urbana, callejera, que mezcla la cosa de moda con algo simple. Están geniales. Es una interpretación de la moda. Son más osadas, artistas y creativas, pero la media chilena no es así. Hoy yo no me pondría unas sandalias con medias, como está de moda. ¿A dónde voy a ir así? Aunque me llama la atención ese look.
–¿Qué calle del mundo te gusta?
–Todas las calles de París son para morirse. La parisina es una mujer fantástica, que se preocupa. ¿Será que viven en un museo al aire libre? Entonces, la armonía es algo esencial, que las cosas fluyan, que sean agradables a la vista. Eso le hace falta a la chilena: disfrutar el vestirse. Cuesta que la mujer entienda que la moda es para pasarlo bien, no un compromiso latero. Por eso yo entrego una propuesta donde puedes jugar y donde todo combina con todo.
–¿No te dan ganas de meterte más en las redes sociales?
–No, porque yo no estoy en lo que se lleva, sino que en lo más macro. A mí lo que más me gustaría sería asesorar a ciertas mujeres. Poderles decir qué ponerse, cómo usarlo, en fin… mirar su estilo y enfocarla. Eso me alucina.
–¿Te gusta como se viste la Primera Dama?
–Sí, y me encantaría asesorarla, vestirla. Es una mujer muy elegante y se le puede sacar mucho partido. Además, en su rol, necesita muchos looks con un estilo definido. Me encantaría que me llamara. Le haría ropa especial a ella. Es una ventana muy linda, sobre todo por la cantidad de compromisos sociales que tiene.
Y agrega: “Otra mujer elegantísima es Evelyn Matthei. Me gustaría ponerle un poco de color a Soledad Alvear, darle más vida. Siento que se viste muy determinada por ‘la lata’ de tener que hacerlo o como diciendo: ‘¡Me pongo esto no más… y qué más da!’. A la Karen Doggenweiler le sacaría más partido, porque a veces se viste muy aseñorada para lo jovial que es”.
Y reflexiona que hoy no pondría una boutique como alguna vez pensó. “Quizás cuando me tranquilice más. Viajo mucho, tengo libertad y un niño que tiene múltiples demandas, que requiere de una mamá presente. Hoy quiero tener la libertad de hacer y deshacer. En una boutique hay que estar todo el día. Mira, pasé mucho tiempo con mi agenda muy ocupada, llena de compromisos y desde hace unos años que me enamoré de tener tiempo para mí, para disfrutarlo, trabajarlo y cumplir con mis responsabilidades. Estoy recién aprendiendo a ser libre”.
Se detiene y, sorprendida, comenta: “Yo nunca había tenido en mi cabeza el concepto de tener que sentarme a pensar ‘¿qué podré hacer para entretenerme?’. Entonces, desde esa mirada aprendí que hay que hacerse el tiempo para estar con las amigas, para disfrutar… Estuve 20 años ‘a mil’, día y noche. Y yo soy demasiado autoexigente, entonces me autoesclavizaba más”.
–O sea que volver a la televisión hoy es menos probable.
–Claro, porque yo sé cómo me tomo la televisión, cómo la vivo. Es como un estilo de vida. Tú te casas con ella: vas a un altar, haces un juramento frente a todo tu equipo, tu canal y tu público, y te bendicen y buenas noches los pastores. Es muy demandante. Y yo no sé hacer las cosas a medias.

“Ya entendí lo que necesita mi ser”
–Muchos piensan que las figuras públicas como tú, más aún cuando suelen verte como “la reina de Chile”, siempre están felices, acompañadas, radiantes…
–Será porque cuando me ven en la revista de ustedes o en alguna campaña, aparezco espléndida, pero eso no siempre es así. Hay que hacer muchos sacrificios. Recién estoy logrando salirme de tanta exigencia, pero tiendo a volver a la actitud anterior, porque durante muchos años tuve un sistema muy estipulado, muy rígido. Es difícil cambiar los hábitos. Pero sí he logrado estar más relajada.
–¿Será que haber sido Miss Universo te estructuró a niveles muy altos?
–Ahí comenzó todo: de la noche a la mañana, una exposición impactante. En esa época el Miss Universo era muy importante, uno ingresaba a las grandes ligas, recorrí el mundo, uno era una megaestrella. A mí me recibían los presidentes. Era otra época.
–¿Te arrepientes de haberte presentado a ese concurso?
–No, pero no lo volvería a hacer por ningún motivo y no sé si alentaría a alguien a hacerlo. Fue todo valioso, pero te desprende y te saca de una realidad muy violentamente, y luego reinsertarte a ella es muy difícil. No solo porque uno se toma un tiempo para volver a la realidad, sino porque tu propia familia te sigue mirando como si estuvieras en un pedestal. A ellos les cuesta volver a abrazarte y a veces se inhiben hasta de convidarte. Deben pensar: “¡Para qué vamos a invitar a la Cecilia, si para ella va a ser un cacho!”.
–Y eso me imagino que te trajo períodos de soledad.
–Muchos, y eso es muy difícil. Porque yo seguía siendo la misma, pero como que esto me sacó de un espacio, y me costó mucho volver. Cómo sería que terminé casándome con un norteamericano… Pero uno se da cuenta de que el corazón se nutre donde están los afectos y mis afectos siempre estuvieron en Chile.
“Yo pagué el piso en esos 20 años, y hoy puedo darme estos lujos, como tener un espacio para disfrutar”…
–Y tendrás ganas de estar acompañada…
–Tuve…
–¿Cómo que tuve…?
–A nadie le falta Dios. Tuve algo, pero es extranjero, era difícil. Yo creo que todavía no ha aparecido la persona adecuada.
–¿Pero sales en Santiago? ¿Tienes citas?
–Hace muchos años que no salgo con un chileno. Bueno, si aparece, fantástico, y si no, no. Supongo que en algún momento aparecerá alguien que sea el indicado.
–Debe ser difícil salir con Cecilia Bolocco.
–No sé, esta misma cosa de tener una presencia… Los hombres se complican, no saben cómo enfrentarte, pero yo cada día estoy menos complicada. Y hay muchos hombres de mi edad que no se han descomplicado, que viven llenos de prejuicios. Pero a uno no le falta Dios (se ríe). Han pasado personas interesantes, pero mi alma ha dicho no. Uno necesita un compañero de alma, donde hablen los silencios, que no se queden en la periferia.
–¿Crees que el diseño ha sido una de tus mejores maneras de comunicar?
–Una de ellas, porque fui muy feliz en la televisión.
–Tu trabajo como diseñadora también te ha acercado a las personas, porque la televisión te sube nuevamente a un pedestal.
–Mira que hay gente que necesita estar en televisión, pero yo ya entendí lo que necesita mi ser, y eso no pasa por el reconocimiento externo ni por los aplausos ni por las luces, entonces no me hace falta. Además, ya lo hice, entonces no tengo la curiosidad. Hay tantas cosas que he hecho en mi vida solo por curiosidad, ¿o tú crees que me moría por ser Miss Universo? Era un juego, y resultó. “Ten cuidado con lo que realmente quieres o anhelas, porque puede resultar”, es una frase muy sabia que leí por ahí.
Asume que en ocasiones le gustaría que su trabajo en diseño también fuera más normal. “A veces me dan ganas de ir todos los días a una oficina… Pero no, en realidad perdería la libertad de nuevo. Hoy Máximo tiene demandas súper concretas y me gusta estar ahí”, dice.
Se ríe cuando confiesa que necesita vacaciones de las vacaciones. “Pero es verdad que con los hijos las prioridades cambian y las cosas se ordenan de manera más sabia. Y todo pasa por ellos. No sé si todas las madres sienten algo igual”.
–¿Cómo estuvieron las vacaciones?
–Intensas, pero disfrutamos mucho. Nos hizo muy bien con Máximo. El es un niño precioso. En algún momento fue una gran preocupación para mí que él pudiera ver a su papá, que no lo tenía presente. Hasta que decidí que no podía sufrir por algo que no estaba en mis manos, que era masoquista y me ocupé de hacer muy bien mi rol.
–¿Has cumplido tus sueños de vida?
–Sí, todos mis sueños. Solo puedo agradecer.
–¿Este es un muy buen momento para ti?
–Sí, estoy feliz.