Nadie la tiene fácil. Ni siquiera Bachelet. Con toda la clase política desacreditada, este analista dice que la ex Presidenta se estaba salvando, pero con el caso tsunami, no le augura un fácil retorno. Menos luego de su largo silencio y continua ambigüedad.
Por: Ignacio Ossa / Fotos: Bárbara San Martín
Las palabras de Max Colodro no son alentadoras respecto del futuro inmediato de la Concertación. El estado de hibernación y de poca autocrítica son las razones fundamentales por las que este analista no cifra mayores esperanzas en el conglomerado. Asegura que, a pesar de la derrota y que ya ha pasado un buen tiempo como para digerirla y poder levantar cabeza en torno a un nuevo proyecto político, no se logran encontrar las razones políticas, sociales y culturales que los llevaron a perder.
También dice que poco ayuda la actitud de Lagos Escobar y su generación, quienes se han negado a cualquier autoanálisis y que, según Colodro, solo se dedican a culpar a Marco Enríquez-Ominami. “Ellos administraron el poder por 20 años y no tienen ninguna claridad de por qué lo perdieron. No han querido entender el fenómeno de ME-O, ni por qué se produjo. Le echan la culpa al empedrado. No saben cómo es el Chile que derrotó a la Concertación”, comenta. Al mismo tiempo, ve cómo el país se ha ido quedando huérfano, sin encontrar padres ni en la Concertación ni en la derecha.
Entre tanta protesta y disturbio del último tiempo, Colodro cree que lo único que de alguna manera concita algo de simpatía, y solo simpatía, es Michelle Bachelet, a quien le augura un futuro bastante incierto. Desde su punto de vista, la oposición solo ha logrado conectar con el tercio de los chilenos que tiene un sentimiento antiderecha visceral, pero es algo que se remite a algo ideológico y cultural y que no tiene un asidero en la gestión. “La Concertación no tiene qué ofrecerle al país. Le han robado sus banderas. El que ha ampliado el posnatal, defendido los derechos de los consumidores, profundizado el ingreso ético familiar, es, paradójicamente, un gobierno de derecha. A la Concertación le va a costar mucho encontrar elementos diferenciadores en este escenario”, sentencia.

–¿Cuánto le ha afectado a la Concertación que Piñera se mueva entre el centro y la izquierda, dejando atrás los dogmas de la derecha dura?
–El es un hombre de centro y buena parte de su estrategia ha consistido en tomar banderas populares de la centroizquierda, que tienen una aceptación mayoritaria e impulsarlas sin ningún complejo. Con esto ha dejado a la UDI aislada y con derrotas estratégicas importantes, como la reforma tributaria y la reforma al binominal. Eso da cuenta de que Piñera está dispuesto a comprarse conflictos dentro de la Alianza, con tal de no renunciar a ciertas convicciones respecto de cuál debiera ser el reordenamiento del mapa político de Chile.
–¿Es creíble para la ciudadanía que el gobierno de Piñera tome esas banderas?
–El Presidente tiene un problema de credibilidad muy serio y, en ese sentido, las cosas que el gobierno hace tienen una falla de origen en cuanto la credibilidad. Sin embargo, el país percibe, a raíz de las iniciativas políticas del mismo, una diferencia entre Piñera y la derecha tradicional. Más allá de las críticas y desconfianza que genera el Presidente, al menos, Piñera ha logrado instalar la idea que él representa una derecha diferente. Eso es algo importante para su legado.
–¿Cómo va a quedar la derecha conservadora luego de este impasse?
–La derecha que representa la UDI está acorralada. Está a contrapelo siguiendo en una dirección que no tiene que ver con sus convicciones, pero apostando a la posibilidad de seguir siendo gobierno.
–¿Hasta dónde están dispuestos a seguir haciendo sacrificios en la UDI?
–Hay un sector grande de la UDI que está muy desafectado del gobierno, pero esa posibilidad de volver a gobernar y la apuesta que el sector más conservador de la UDI está haciendo al ministro Golborne, es algo lo suficientemente convincente como para que las críticas al Ejecutivo jueguen un rol secundario. Creo que Golborne le da garantías a cierto sector de la UDI de que tendría un rol más decisivo y central en un eventual segundo gobierno, que el que han tenido en el mandato de Sebastián Piñera.
El nublado futuro de Bachelet
–La carrera presidencial, desatada en la Concertación, donde sobran nombres y todos están con mucha hambre, ¿puede nublar la posibilidad de refundar la coalición y quedarse solo en una lista de candidatos?
–La carrera que se ha desatado tiene que ver con algo de fondo y cada vez es más evidente. A Bachelet se le está complicando el escenario político. A la distancia aparece bien evaluada, tiene una imagen muy buena de la opinión pública. Pero lo que uno observa desde el proceso político, es que va a tener que venir a responder por el Transantiago, las fallidas alertas de tsunami, al movimiento estudiantil y a Camila Vallejo por todos los requerimientos que se le han hecho por el acuerdo de 2006. Un escenario muy incierto, más allá de lo que digan las encuestas.
–A medida que se vaya haciendo más real su llegada, ¿más peligro corre?
–Sin duda. Ella sería la única que vendría a rendir cuentas de una gestión anterior, en comparación a los otros candidatos. El caso del tsunami va a ser definitorio respecto de su futuro. Este es un factor que explica la ansiedad de la Concertación y se percibe en ciertos sectores, lo que motiva la necesidad de instalar liderazgos alternativos.
–¿El perfil del candidato debiera acercarse más a lo que hizo Marco Enríquez-Ominami en su momento?
–Sin duda. Todos los candidatos que no son Michelle Bachelet están igual de mal en las encuestas y eso tiene que ver con la indefinición. Si no va Bachelet, le van a pasar una cuenta muy grande por no haberse definido antes.
–¿No es tarde a estas alturas?
–Sí, ya es tarde. Por lo mismo, le va a ser complicado no ser la candidata, por haber obligado a la Concertación a permanecer a su espera sin proyectar liderazgos competitivos.
–¿Qué dificultades ve en una candidatura como la de Andrés Velasco?
–El representa un ethos político y cultural muy ajeno a la Concertación. Viene de una raigambre liberal y tecnocrática… anglosajona por decirlo de alguna manera. Aparte de eso, su candidatura tiene un problema de origen y es haberse supeditado a una decisión de Bachelet. Una candidatura que nace a la espera de la decisión de otro, nace muerta. No va a tener ninguna autonomía política, nada nuevo que ofrecer. Velasco no ofrece nada salvo ser el telonero de Bachelet.
–Uno de los que ha manifestado ganas y que no esconde ni supedita su candidatura a nadie es Claudio Orrego. ¿Podría ser la carta de la Concertación?
–Uno de sus problemas es la falta de convicción para enfrentarse a los poderes de la Concertación que esperan el retorno de Bachelet.
–¿Tiene miedo que le ocurra lo mismo que a ME-O por desafiar al establishment?
–Orrego todavía no muestra una real convicción de lo que se necesita para darle legitimidad a una candidatura de las nuevas generaciones de la Concertación. Mientras no esté dispuesto a morir o matar, va a ser muy difícil ser candidato.
–Pero les pasa a todos los candidatos de esa generación. Ninguno quiere correr la suerte de ME-O.
–La sombra de Marco Enríquez pesa muy fuerte en esta generación, que muestra muy poca autonomía y capacidad de romper con los poderes fácticos de la Concertación. De alguna manera ya se le pasó el cuarto de hora y la que tiene la responsabilidad es Michelle Bachelet. Con su ambigüedad y silencio Bachelet limitó los nuevos liderazgos.