¿Encuentra raro el nombre bridezilla? Bueno… es que deriva de Godzilla, ese gigante japonés del mundo del cine que arrasaba con todo y que se comportaba igual que muchas novias de hoy que dejan varias víctimas a su alrededor cuando todo les cuesta demasiado o no les resulta. Ellas son… verdaderos monstruos vestidos de blanco.

Por: Bernardita Cruz

La mayoría de las mujeres sueña con la celebración de su matrimonio y ser la novia perfecta. Sin embargo, vivir el cuento de hadas al máximo, a veces, se transforma en una de las más espeluznantes historias de terror, sobre todo cuando se trata de espíritus vulnerables, cuyas expectativas superan con creces su realidad física y económica.

El problema, en estos casos, viene cuando no se dispone de un gran presupuesto y se quiere un súper matrimonio, entonces cuando no se puede, es bastante frustrante darse cuenta de que en vez de 500 personas solo se puede convidar a 20 amigos y familiares muy queridos. O bien, tener que dejar para “otras” novias la mejor torta de mazapán que existe y conformarse con una de milhojas con manjar y con uno que otro canapé en una fiesta que está a punto de hacerse en un salón parroquial.
Verse flaca es el primer ítem. Entonces el grito es demasiado fuerte cuando una novia se mira al espejo y ve que es gorda y que no podrá erradicar varios rollos de su cuerpo o que no tiene brazos tonificados para lucir y menos un cuerpo acorde para usar el más top de los vestidos. Así es como empieza a aumentar el nerviosismo. Y el estrés sigue… porque lo más probable es que esa novia lleve meses comiendo solo tomate y lechuga y después de su primera prueba de vestido constate que no ha bajado ni medio gramo. Y podría ser peor, si a eso se le suma que su mamá, suegra, cuñadas, primas, tías, amigas e incluso abuelas, consiguen adelgazar tres kilos en tres semanas y que al paso que van, estarán mucho más regias que ella para el matrimonio.

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Si a esto se le suma que el novio en cuestión insiste en que su testigo por el civil sea una estupenda compañera de trabajo (de esas con las que siempre va a almorzar, se queda trabajando hasta tarde y llama a las horas más insólitas), o que las espinillas justo le comienzan a salir como si tuviera 14 años, todo va de mal en peor y la novia empieza a dejar de ser una dulce joven con un precioso anillo de brillantes en la mano y aparece el Godzilla que hay en ella.

¿Todas las novias viven este proceso? Principalmente se dice que se da más en las que son menores de 25 años y las mayores de 35, que además, sicológicamente son muy vulnerables a las opiniones del resto, por lo que son capaces de hacer lo que sea con tal de conseguir lo que buscan. Caen en la histeria, en la obsesión patológica, sufren problemas alimenticios, fatigas y los ansiolíticos pasan a ser sus nuevos amigos.

Historias de famosas bridezillas hay muchas, y eso hasta lo estamos viendo en algunos programas de televisión estadounidenses, en que muestran cómo desesperadas novias, casi siempre con sobrepeso y que precisamente no veranean en los Hamptons, intentan tener un matrimonio lo más similar a una Kennedy. A estos personajes que son partes de los programas de telerrealidad, se agregan el de una novia que en un ataque de rabia, porque no le gustó el tocado que su suegra le regaló para que se pusiera en el pelo el día del matrimonio, tiró el anillo de compromiso en medio de una playa y nunca más lo recuperó. O la que puso fin a su noviazgo cinco veces porque no llegaba a acuerdo con la banquetera ni con la señorita que la atendía en la multitienda en el stand de los novios, cosa que alteró a la familia del novio y especialmente a la suegra, que le recomendó a su hijo que la dejara y que todavía estaba a tiempo de encontrar a una más “normal”.

También están las novias que le exigen a las maquilladoras verse tan preciosas como lo han sido Audrey Hepburn o Grace Kelly, e incluso se quejan de no verse en las fotos similares a Blake Lively de “Gossip Girl”.

El bridezillismo llega a su peor momento cuando la fecha se acerca y no quedan iglesias disponibles o los lugares de las fiesta son tan horrendos que están muy lejos de cumplir un sueño. La percepción emocional las nubla a tal nivel que ya no saben si son blancas o negras las flores que estarán el día de la boda.

Josefa que tiene 27 años, aceptó contarnos su historia. Obviamente sin apellido, ni detalles que la delaten para no ser fichada como una temible bridezilla: “El primer cuadro de angustia lo tuve cuando mi novio, Ignacio, me dijo que se quería casar en 10 meses más. De verdad, en ese momento se me vino el mundo encima y no sentía la capacidad de organizarlo. Me acuerdo, por ejemplo, que me encantaba un vestido de novia de Vera Wang y mi idea era mandarme a hacer algo así. Se lo mostré al diseñador y me dijo que esa hechura no era para mí porque soy muy baja. Igual, él fue súper amoroso y me mostró mil posibilidades, todas muy lindas, pero nada me gustó. Era tanta la rabia que tenía por  dentro que me bloqueé. Empecé a recorrer por todo Santiago buscando modistos famosos y diseñadores emergentes. Al ver que nada me gustaba, me puse a llorar y tiré al suelo todos los vestidos que me habían prestado para probarme y las muestras de género que había recolectado durante meses. Me descontrolé tanto que terminé en la clínica con tranquilizantes a la vena”.

Fue tan grave el caso de Josefa, que el matrimonio lo tuvo que aplazar un par de años hasta que fue capaz de lidiar con el estrés y tuvo la suerte de tener un novio muy paciente y enamorado, con el que se casó dos años más vieja.
El famoso y destacado diseñador Luciano Brancoli cuenta: “¡Más de alguna vez pensé dejar de atender novias porque me volvían loco! Pero yo no trato con novias neuróticas, aunque hay mujeres que son agotadoras, que no saben lo que quieren, son inseguras y tampoco confían en la mano de quien está haciendo el trabajo, ya sea el maquillador, el banquetero o el diseñador. Ellas terminan en una neurosis personal muy fuerte que contagia a todo el mundo”.

–¿Cómo logras lidiar con ellas?
–Tomo unos cursos con una terapeuta amiga mía, para poder entender y manejar a este tipo de personas. Empecé a hacerlo porque me agotaba. Me iba de la oficina pésimo. Por una parte, sin querer, me metía en los problemas que afligían a esas personas y por otro lado, sentía que hacía mal mi trabajo porque no dejaba a la novia contenta. Esas neurosis de ellas eran tan fuertes que yo terminaba dudando de lo que estaba haciendo. Y ahí dije no más, porque en cierto modo hay algunas que ya ni siquiera piden ser tratadas como novias, sino como reinas.

–¿Porqué crees que estas novias neuróticas se comportan así?
–Porque hay una gran inseguridad de quiénes son, cómo se ven y muchas creen que con el vestido lo van a conseguir todo. El problema es que buscan la perfección, pero muchas veces con cánones que no son los propios. Entonces dicen que quieren tal vestido porque vieron a alguien que se veía regia, pero ¡no necesariamente le va a quedar bien a ella también! Y al darse cuenta de que el diseño no era el apropiado, viene la frustración y la neurosis.
“Una novia cambió tres veces el vestido. Faltaba una semana para el matrimonio, el vestido era precioso, pero para ella era un horror. Fue espantoso, decía, ‘yo lo pago’, pero estaba absolutamente perdida. No sabía lo que realmente quería porque pensaba que siempre había una opción mejor”, recuerda el diseñador.


Las verdaderas víctimas

¿Qué pasa entonces por la cabeza de una mujer que pierde los estribos cuando está de novia? Guillermo Gabler, psiquiatra especialista en parejas de la Clínica Alemana, sí sabe de las famosas bridezillas y no precisamente porque ellas sean las que van a tratarse, sino porque los que consultan son quienes ofrecen los servicios para la realización de matrimonios. “Ellos son las víctimas. Son quienes tienen una especie de estrés postraumático después de atender a gente tan intensa y exigente”, destaca.

–¿A qué cosas se enfrentan al tratar con una novia neurótica?
–Lo que más sienten mis pacientes es la incapacidad de satisfacer a sus clientes. Muchas veces son maltratados verbalmente que es lo más habitual. Hay gente que termina no dedicándose a hacer matrimonios y prefiere hacer cualquier otro tipo de eventos o fiestas.

¿Por qué una mujer llega a esos extremos?
–La aparición de una novia neurótica es una ecuación casi matemática entre el presupuesto partido por las expectativas. Y estás tienen que ver con la vulnerabilidad de la novia y la personalidad de la madre. Mientras menos presupuesto y más expectativas, mayor es la novia neurótica.

–¿Cuál es el elemento que más influye en el comportamiento de una bridezilla?
–El factor materno es el más importante. Muchas veces son ellas las que tienen una mayor influencia sobre esta gente. Muchas expectativas del evento tienen que ver con los sueños de la mamá de la novia. Además, hay competencia entre madre e hija y también a nivel social. Es decir, una mamá que quiere que el matrimonio de su hija sea mucho mejor que el de las hijas de sus amigas, o sus hermanos, etcétera.

Algo que también ocurre es que es que la bridezillas ponen en jaque a la familia del novio, la que tiene que lidiar con el nuevo estilo de vida que le quieren imponer al matrimonio de su hijo, a veces sin poderlo costear. Pero este tipo de novias lo quieren todo y son capaces de endeudarse de por vida con tal de casarse como quieren.

Por esto, las consecuencias a veces también son físicas y el doctor Gabler asegura que “por lo general estas novias sufren de insomnio, adelgazan mucho o bien engordan, están muy irritables y también sensibles. Hay algunas que tienen crisis de angustia severas y que tienen que estar a punta de ravotril durante las semanas previas. Y ojo, que no es por el hecho que se van a casar, sino por el evento mismo”.

Esto, según los especialistas, no le sucede normalmente a los novios, a parte de algunos que son un tanto sensibles y con su Yin muy desarrollado. Muchos hombres están bien ausentes cuando se van a casar y no intervienen en las decisiones de los familiares. Pueden estresarse un tanto porque en el fondo tienen un poco de temor al cambio de estado civil y toda la responsabilidad que representa un matrimonio.

Tomás Cox lleva treinta y cinco años realizando eventos, muchos de ellos matrimonios tanto de mujeres comunes y corrientes como el de figuras mediáticas. Por lo mismo, confiesa que le ha tocado ver y escuchar de todo. Cree que el principal factor de estrés en una novia llega a la hora de aterrizar todo lo que ha soñado desde niña. “Ahí vienen las complicaciones, la neurosis, la histeria y situaciones de conflictos que muchas veces se vienen arrastrando por años. Porque quizás, detrás de una pelea por el color de un vestido hay temas más profundos que estallan en lo que pareciera ser un detalle”.

–¿Qué haces cuando se complica la situación con una novia?
–Hay que tener mucha diplomacia, comprensión y paciencia. Porque finalmente detrás de todo esto hay seres humanos, sentimientos y sueños. Me acuerdo de una novia, la mañana antes que se casara, le tomó odio al traje que se iba a poner el novio. Y sencillamente me dijo al oído que por ningún motivo se iba a casar con él así. Y yo tuve que hacer de todo para convencer al novio de cambiar de look. ¡Bueno, en realidad era un espanto! (dice entre risas).

–¿Hasta qué punto puede llegar una mujer así?
–Hace unos años, un matrimonio se aplazó en forma indefinida porque la visión que ella tenía del matrimonio, la fiesta y la producción era muchísimo mayor a la que él podía costear. En mi presencia tuvieron un altercado muy fuerte y él decidió tomarse un tiempo. Nunca más supe de ellos.

Lo que le pasó a esa desaparecida pareja, es mucho más común que lo que se cree y todo indica que cada año se verán más y más novias neuróticas, sobre todo entre septiembre y marzo, que son los meses más cotizados para realizar matrimonios. Incluso, varios profesionales que prestan sus servicios para estas fiestas, irónicamente, comentan por estos días que hay que andar con cuidado… porque estamos en plena “temporada de bridezillas”. Y nunca se sabe cuándo uno se puede topar con una ansiosa novia que quiere verse tan flaca y radiante como Kate Middleton para su matrimonio con el príncipe William y que aunque invierta lo inimaginable será imposible que se llegue a parecer a otra espléndida de Inglaterra: Kate Moss, que se casó también el año pasado. Un matrimonio realmente precioso con el guitarrista de The Kills, Jamie Hince, y que pese a todas las polémicas y los años de extravagancias, fue capaz de verse increíble con su pelo suelto y un vestido que el escandaloso John Galliano hizo para ella… Dejando la vara demasiado alta y a muchas bridezillas por venir.

Ahora, pese a todo el fenómeno de las terribles novias neuróticas, para la tranquilidad de los contrayentes –con neuronas bien puestas y que piensan solamente en que llegue el momento que puedan compartir la vida con la persona que quieren– el vestido no es un problema ni los pasteles. Ni la mamá ni la tía. Tampoco el lugar ni la orquesta. Y saben que el amor es lo más importante y por eso también es un agrado asistir los viernes o los sábados a lindos matrimonios con coros, flores, pajecitos, padres felices e invitados apurándose por llegar a la fiesta para pasarlo increíble, pero sin contagiarse con el virus del matrimonio.

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