
Por: Claudia Alamo / Fotos: Gonzalo Romero
El primer mes de 2011 ya marcó un cambio de rumbo. Un nuevo tono para Sebastián Piñera. El tiempo de la instalación, de las urgencias, quedó atrás. Hoy, todos saben que éste será un año político decisivo para el gobierno y para los partidos de la derecha. Por eso entraron los políticos a batallar. Ahí está Andrés Allamand, el rugbista por excelencia. Ahí está Evelyn Matthei, con su destreza innegable para moverse en el masculino mundo de los políticos. Los análisis respecto a qué significaba este cambio, qué promete esta movida, han copado las páginas de los diarios. Pero en una mirada más aguda e independiente como la que tiene el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, las cosas siempre tienen otras tonalidades.
Más allá de lo obvio, es decir, que el cambio de gabinete se precipitó por la renuncia del ex DC, Jaime Ravinet, y la masiva protesta en Magallanes, el rumor y la exigencia de que Piñera tenía que hacer ajustes para encarar una nueva fase, bullían en los pasillos del poder. Zanjados esos puntos, ahora son otras preguntas. “Viene la cosa dura; un cierto enfrentamiento del país con un gobierno de derecha”, sostiene Jocelyn-Holt mientras prepara su primer cigarrillo de tabaco, de los cuatro que fumará durante la entrevista.
Una bocanada de humo, y añade: “Yo vuelvo a insistir que Piñera no ganó la elección pasada. Fue la Concertación la que perdió. En este primer año Piñera capitalizó y terminó por merecerse el gobierno. La oposición no ha demostrado ser una alternativa. Pero si bien el gobierno se posicionó, aún no logra tener un relato, una proposición. Eso impide ver cómo esto puede tener continuidad porque los cuatro años son muy cortos”.
–¿Piñera no ha logrado tener un eje conductor?
–No. Y lo necesita para no ser un mero gobierno de transición de futuros gobiernos de derecha o para no ser una versión remozada de la Concertación hecha por un tránsfuga demócrata cristiano. Esa posibilidad siempre ha existido. Por eso el cambio de gabinete fue importante. Lo político tenía que ser incluido. Y nombra a dos personas muy autónomas de su mundo. Evelyn Matthei y Andrés Allamand que, a pesar de todas las diferencias que han tenido entre ellos, ambos entran en calidad de pares. Entonces, aquí él no puede seguir con el esquemita de ser el Presidente de la empresa y que los ministros sean meramente gerentes de área.
–La llegada de la llamada patrulla juvenil, ¿no deslegitima la propuesta de “nueva derecha” hecha por Rodrigo Hinzpeter?
–No creo que la deslegitime, pero sí pone en segundo plano a la figura misma de Hinzpeter. Matthei y sobre todo Allamand tienen una relación de orden personal con Piñera. Además, ninguno tiene la docilidad ni la subordinación de Hinzpeter. Entonces, claro, esto lo debilita.

–Es claro que la carrera presidencial se desató. Es una apuesta audaz de Piñera incluir presidenciables a menos de un año de haber asumido, ¿no?
–Sí. Y creo que se va a terminar por equivocar. Uno de los grandes cambios que podría haber hecho un gobierno de derecha era haberse movido hacia una nueva Constitución. No lo hizo. Segundo, deja en un muy mal piel la labor parlamentaria. O sea, para ser candidato hay que estar en el gabinete. Y lo otro que me parece grave es que deja de lado a la figura más importante de la UDI que es Pablo Longueira.
–Lo que es un hecho político muy significativo.
–Tiene mucha significación porque Longueira es un personaje absolutamente clave. Es un líder natural de la UDI. Un hombre ambicioso. Construyó buena parte del que hoy es el partido más importante de Chile. Pero además porque Longueira ha sido consecuente. Es un político inusual. Electoralmente tiene un potencial enorme. Es cierto que también tiene un alto nivel de rechazo, pero ese rechazo se ha ido trabajando y en las cúpulas políticas es uno de los personajes más respetados del país. Por lo tanto, haberlo dejado fuera de su gabinete confirmó, nuevamente, ciertos temores respecto a que Piñera sólo está dispuesto a tener pares relativos en su gobierno, como Matthei y Allamand, pero no a un peso pesado como Longueira. Finalmente, el resultado de que Longueira no esté ahí, es un golpe directo a la UDI. Eso es más grave. Porque Longueira puede ser prescindible. La UDI no es prescindible.
–Con esa decisión, ¿Piñera ya decidió quiénes son los presidenciables?
–Así es, y eso es igualmente grave. Vemos una concentración de poder en el Ejecutivo y es el propio Presidente el que atrae a todos los potenciales presidenciales y los hace correr en un esquema muy competitivo, una lógica propia de Sebastián Piñera. En última instancia, Piñera está decidiendo quién –de los presidenciables de su gabinete– se va a quedar con el premio mayor. Es un esquema medio mexicano, en que el Presidente tiene un tapado y elige a su sucesor. Eso es bien grave también.
–¿En qué minuto el Presidente se habrá convencido de que tenía que empezar a preparar a su heredero? Hasta ahora, se le acusaba de ser muy personalista.
–El problema, creo yo, es que Piñera se la está jugando para que su heredero sea de RN y se va a equivocar. No está entendiendo la lógica de la alternancia que debe darse naturalmente si estás en coalición. Eso le generó muchos costos a la Concertación. Porque la sucesión de dos demócrata cristianos en la Presidencia y luego dos socialistas seguidos, significó la caída libre de la DC. Hoy vemos que una DC débil, impide la existencia de una Concertación. Por lo tanto, Piñera no ha entendido que debe haber una sucesión con alternancia y que eso significa que el próximo candidato tiene que ser de la UDI. ¿Y qué hace? Se lo impide a Longueira.
–Con esto, ¿Piñera mata a Longueira o lo revitaliza?
–Va a depender de Longueira. Pienso que Piñera creyó que con esta medida mataba a Longueira. De igual manera que creyó que nombrando a Joaquín Lavín en Educación lo liquidaba, pero está visto que a Lavín no lo mató. Al contrario, lo revivió.
–Entonces, Allamand y Matthei llegaron, fundamentalmente, para encender la competencia.
–Absolutamente, para hacer el ambiente más competitivo, cosa que le encanta a Piñera porque él siempre cree que va a ganar en esa competencia. Pero también lo hizo para que Laurence Golborne no se le arranque. Esto tiene que estar controlado. Tan controlado que tampoco quiere que haya tanta competencia. De otro modo, hubiese puesto a Longueira en esta cazuela que, evidentemente, es la presa principal de este plato. Piñera cometió un gran error. Al final de cuentas, hoy en día Longueira está mucho más presente al no ser incluido en el gabinete que habiéndolo tenido en el Ministerio de Transportes, donde lo tendría neutralizado. En eso, Piñera fue muy torpe.
–Tal vez, el fenómeno Golborne obligaba a meter a otros presidenciables al gabinete. Es un ministro que, incluso, se sitúa más arriba que el Presidente en algunas encuestas.
–Eso es terrible. Sobre todo para Piñera, que le da mucha importancia a las encuestas. Es un golpe al ego. Asimismo, él se ha dado cuenta de que puede tener altísimos niveles de popularidad, como fue con los mineros, y después caer duramente. Es el año del vértigo. Pero es una tónica mundial. Mira lo que está ocurriendo con Obama, con Sarkozy.
–Aunque Golborne no baja. Sólo sube.
–Claro, sube, pero sabemos que eso no basta para ser una verdadera alternativa política.
–¿No?
–No. La señora Bachelet tenía un altísimo apoyo, pero eso no se tradujo en nada. No aseguró la continuidad de su coalición ni le pudo traspasar a nadie su popularidad. No es suficiente tener a un Golborne con apoyo en las encuestas. Se requiere de mucho más.
–¿No le gusta Golborne?
–Con Golborne me pasa exactamente lo mismo que con Bachelet. No le veo los méritos. Fuera de ser una persona decente, simpática y que tiene un carisma propio de la medianía, no le veo más dotes. Además, se abren otras interrogantes. Si tienes un personaje que sólo puede mantener o acrecentar su perfil en las encuestas, después quién lo controla. Es lo mismo que pasó con Bachelet. ¿Alguien controlaba a la señora Bachelet? Por momentos, Andrés Velasco fue mucho más poderoso que la Presidenta. Y la posibilidad de que eso ocurra con un futuro “Presidente Golborne”, son altísimas. ¿Los partidos políticos estarían dispuestos a eso?
–Pero emergió en el primer año de Piñera. ¿Qué cree que significa para el Presidente la figura del ministro Golborne? ¿Sería como un hijo indeseado al que tendrá que bajar del carro en algún minuto o el hijo predilecto porque nació bajo su mandato?
–Es el hijo indeseado. Definitivamente. Es como el hijo de Don Francisco. Piñera es muy rápido. Sabe que él no lo levantó como figura. Fueron los medios, las circunstancias. Algo que se dio.
–Entonces, si hay un candidato tapado, como usted dice, ¿quién sería? ¿Hinzpeter, su delfín? ¿Allamand, su amigo de la vida?
–No. Yo creo que Piñera no termina por aceptar la idea de que va a tener una sucesión. Es tal su egocentrismo que no puede imaginarlo siquiera. En ese sentido, Piñera tiene la misma dificultad que tuvo para desprenderse de sus negocios. El es rápido en todo, menos en darse cuenta de que muy pronto, él va a ser un personaje secundario. Lamentablemente para él, el período presidencial es muy corto. Tendremos a un Presidente de la República que va a pasar a ser un pato cojo muy rápidamente.
–¿No es ya un pato cojo?
–No. Piñera cree que todavía están en Tantauco jugando en la cancha de tenis, en que él es dueño de todo, de las raquetas, de las pelotas, de la cancha, de todo. En su sicología, cree que todavía domina la situación. Pero ya sabemos que le anticiparon este cambio de gabinete y que, por lo tanto, las circunstancias están corriendo más rápido que Sebastián Piñera, lo cual es bien notable.