
El arte imita a la vida, no hay duda. En “Los otros”, dirigida por Alejandro Amenábar, Nicole Kidman encarna a una mujer encerrada en una siniestra casona inglesa después de la Segunda Guerra, preocupada de que sus hijos –ambos fotosensibles– no reciban la luz del sol. Este es un rol que Kidman, fotosensible como es, nació para interpretar. Basta verla para saber que ella arranca del sol, y que eso le ha permitido mantener un aspecto delicado y juvenil incluso ahora que ya pasó la cuarentena.
Hasta mediados de los años 80, un buen bronceado era símbolo de salud y bonanza económica. Julio Iglesias y George Hamilton podían pasearse de Ibiza a Gstaad convertidos en carbón y nadie levantaba siquiera una pestaña. Elizabeth Taylor abandonó por esos días su acostumbrada piel de porcelana y lució un tono que la hizo parecer como estrella de teleserie azteca, con mejillas color ladrillo y ojos color violeta.
Todavía existen vestigios de esa época, vetustos dinosaurios con la piel oscura y agrietada que se pasean por las páginas de revistas haciendo alarde de mil tardes desperdiciadas bajo el sol. Ver a Valentino y Nati Abascal, duquesa de Feria, juntos, crea, por ejemplo, una sensación de asombro y angustia similar a la que uno sentiría enfrentado al desierto de Atacama en año de sequía.
Lo que las celebridades de hoy prefieren, en cambio, es un “golden glow”, ese filtro dorado que permite que Jennifer López, Eva Mendes y Jessica Alba, por nombrar sólo algunas, se paseen por la alfombra roja luciendo todas las ventajas de un buen bronceado, pero ninguno de sus peligros. No hay una marca, arruga o peca que arruine su perfecto bronceado, conseguido poco a poco, en limitadísimas exposiciones a los rayos del sol, siempre con protector solar, mantenido gracias a la aplicación constante de humectantes y cremas para la piel.
En casos especiales –la alfombra roja de los Globos de Oro, la fiesta de los Oscar de Vanity Fair, el lanzamiento de una fragancia que lleva el nombre de la celebridad en cuestión–, las estrellas recurren a la ayuda de autobronceantes o sistemas de bronceado artificial. Una vez más, aquí debemos recurrir al sentido común de nuestros lectores y rogar por una dosis de moderación. El color de su piel debe sugerir que usted pasó unos minutos al sol en su terraza, frente al mar, bajo la sombra de un enorme y frondoso árbol, no que naufragó en el Océano Pacífico, en algún lugar entre Isla de Pascua y Tahiti, a mediados de febrero.Recuerde: su bronceado debe provocar halagos, no alarma.
Victoria Beckham anunció hace unas semanas que abandonará sus sesiones de bronceado “spray” porque está cansada de que la gente se burle del tono naranja de su piel. “Es frustrante que la gente me critique por mi color ”, dijo “Posh” . “Ahora mi tono es natural, y si parezco bronceada es porque vivo en un clima cálido como el de California”.
La piel dorada en Hollywood es tan adictiva, que la prensa ha creado un nuevo término para describir a sus fanáticos: tanoréxicos. ¿Quién es tanoréxico? Johnny Depp, según el Daily News de Nueva York, que hace unas semanas publicó una larga lista de sospechosos. La reina de los “realities” norteamericanos, Kim Kardashian, es descrita como “radioactiva”; Ben Affleck está “horneado”; Christina Aguilera “se sumergió en una tina de autobronceante antes de la alfombra roja”, y Tom Jones tiene un tono que parece “inusual”.
Incluida en la lista está la tanoréxica más célebre del momento, “Snooki”, la chilena protagonista de “The Jersey Shore”, una mini-antorcha naranja que se ha convertido en la mayor fuente de ratings y dinero para MTV. Su éxito es tan apabullante, que un multimillonario texano acaba de pagarle 17 mil dólares sólo para que apareciera en su fiesta de Año Nuevo.
Por contrato, las responsabilidades de “Snooki” se limitaron a tocar el timbre y pararse en medio del salón para ser vista y admirada por los invitados, como si fuera un volcán en llamas. No es el mejor trabajo. Pero tampoco es el peor.