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Aunque está filmando en Australia, la estrella viajó
a Estados Unidos para la promoción de su más reciente filme,
“Margot en la Boda”. En lo personal, asegura que por fin se
siente feliz y está tratando de tener un hijo biológico
con su segundo marido, Keith Urban.
A pesar de su fama, belleza y millones, muchos compadecían a
Nicole Kidman por su mala suerte en el amor. Primero fue su divorcio –en
2001– de su marido Tom Cruise, quien comenzó a salir con
Penélope Cruz. Luego vino el mediático matrimonio de Cruise
con la actriz Katie Holmes. Destrozada, Nicole refugió su pena
en su familia y trabajando en una película tras otra. Su relación
con el playboy y empresario Stephen Bing no prosperó, tampoco sus
romances con el músico Lenny Kravitz ni el empresario neozelandés
Eric Watson. Entretanto, Tom Cruise y Katie mostraban al mundo a Suri,
su encantadora hijita. Nicole nunca hizo ningún comentario.
Nicole señala que no se desanima cuando alguna de sus películas –como “La Invasión” o “El Retrato de Diana Arbus”– fracasa en la taquilla, ya que siempre “doy lo mejor de mí misma y me entrego completamente a las órdenes del director. Hasta ahí llega mi responsabilidad”. Muy elegante, espontánea y hermosa como de costumbre, contesta nuestras preguntas. A raíz del tema de “Margot en la Boda” comenzamos por la relación entre ella y su hermana Antonia, quien hace poco se divorció. “Antonia y yo somos súper unidas, incluso nos han acusado de ser como mellizas (se ríe). Es mi hermana menor, y ya estamos planeando cómo pasaremos nuestra vejez juntas. He llorado mis penas sobre sus hombros, y ella ha compartido sus sinsabores conmigo. Nos queremos y nos apoyamos. Soy la madrina de dos de sus cuatro hijos, Lucía de 8 años y Sybella, de 5 meses”. ¿Qué recuerdas de tu niñez? –Hace alrededor de ocho años mis padres se cambiaron de la casa donde crecimos Antonia y yo. Ahora viven a dos minutos de la casa de mi hermana. Yo soy la única que no vive cerca, pero los recuerdos de esos años son muy, muy buenos. Aún me encanta la Navidad, aún creo en el Viejito Pascuero (se ríe). No tengo ningún mal recuerdo, veo esa época color de rosa. Cuando era niña me gustaba treparme a los árboles, me daba libertad, me sentía cerca del cielo y las estrellas. ¿Tus hijos ya cuestionan tus decisiones? –Comenzaron a hacerlo a los 5 años (se ríe). Por supuesto me ocurrió con Bella y Connor, pero –al mismo tiempo– tengo suerte porque ambos son muy tolerantes, nacieron con mucha bondad en su corazón, son muy gentiles. En cambio yo con mi mamá era un torbellino, una rebelde sin causa (se ríe). Ahora estoy agradecida de lo estricta que fue conmigo; me puso límites con mucho amor, me dio un modelo muy fuerte para emular. ¿Te horrorizaste cuando tu hija se tiñó el pelo azul? –Pasó por esa fase, el tono era más bien celeste. Eso no me espanta, pero no pueden tatuarse. Hace poco tuvimos una discusión en casa porque Keith tiene tatuajes y los acepto. Pero no en jóvenes de 14 o 15 años; aunque me digan anticuada. En otra entrevista nos contaste que cuando pequeña eras muy tímida y que incluso tartamudeabas. –Ahora estoy acompañada, entonces todo es mucho más fácil. Cuando alguien está solo, puede aislarse demasiado, lo que incluso hace difícil conocer a otra persona. ¿Aún eres tímida? –Te puedo contar lo siguiente. Anoche fui a una gran fiesta, llegué a las ocho de la noche y me fui a las nueve de la noche (se ríe). Había demasiada gente. Más que las multitudes, prefiero la compañía de mi marido o cenas con pocos amigos. ¿Confías en la gente, o crees que muchos se acercan a ti por tu fama? –Confío en todas las personas hasta que me traicionan. Mientras más famoso eres, más tienes que perder, muchos se asustan y no se arriesgan. Lo mismo ocurre en la vida: mientras más asustado estás, te arriesgarás menos, por lo que trato de vivir con el menor miedo posible y confiar hasta donde puedo; pero si me traicionan, retrocedo. ¿Eres supersticiosa? –Trato de no serlo, de convencerme que pasar bajo una escalera no me traerá mala suerte. Mi papá es sicólogo, y cada vez que me ataca la superstición voy donde él y le digo: ¿Podemos hablar?”. El me racionaliza en contra de la superstición. UN HOMBRE VALIENTE
–No colocarme al sol, y el mejor secreto de belleza es enamorarse (declara ruborizándose). ¿Cómo está tu marido? –Keith siempre me dice: “Amor, no hables del tema” (se ríe). El está bien, me está esperando en el hotel y sólo te puedo decir que es un hombre maravilloso y tengo suerte de tenerlo. ¿Es difícil hablar de tu vida privada? –Keith y yo siempre conversamos para tratar de encontrar un equilibrio. No hablar de las intimidades de nuestra vida juntos, pero, al mismo tiempo, continuar siendo abiertos y estar orgullosos de nuestra relación y de nosotros como individuos, pero manteniéndonos protegidos. ¿Cuáles son las cualidades de Keith que más te gustan? –Su honestidad y su valentía. ¿Cómo lo hacen para estar juntos pese a tu trabajo y las giras de él? –Por ejemplo, ahora que estoy filmando, Keith se programa en sus giras y me visita cada 10 días. Dos semanas ya es demasiado para nosotros, después de 7 días ya nos echamos de menos. ¿Mantienes contacto con Tom Cruise? –Por supuesto. Es el padre de mis hijos, siempre estamos coordinando las visitas de Connor e Isabella. Estuve enamorada de él y por eso nuestro matrimonio duró 11 años y medio. No me arrepiento de esa relación. MI ROPA FAVORITA ¿Cómo
es tu método de actuación?–Cuando hago una escena, después no recuerdo nada entre el momento cuando el director dice “acción” a “corte”. No sé qué será, si la adrenalina u otra cosa, pero, por ejemplo, puedo tener un dolor tremendo antes de empezar y cuando escucho “acción”, me olvido de todo. No tengo idea qué me pasa, es un fenómeno extraño. Y cuando aparezco en el teatro, no noto al público, no veo nada salvo al otro actor, es una extraña forma de concentrarse que cansa mucho. Al final del día te sientes agotada, pero es como una adicción. Amo esa sensación y creo que por eso me entrego tan fuertemente a las manos del director. Siento una conexión con Daldry, Noah y Baz, porque ellos entienden mis emociones y entonces me protegen: “Te vamos a dar tu espacio para hacer tu trabajo y luego puedes irte a tu casa”. No juzgan, es una conexión muy íntima, muy poderosa. ¿Llevas tus emociones a casa? –Mi trabajo influye mi vida. Siento emociones, sentimientos, sensaciones y no soy una máquina. Esas emociones se quedan conmigo, pero después de haber trabajado tanto he desarrollado una especie de protección, una manera de lidiar con estos sentimientos. Por ejemplo, cuando llego a casa medito o me doy un masaje o me meto en otra actividad para desintonizarme. El deber de un actor consiste en visitar esos lugares emocionales, es parte de su verdad, y pienso que uno debe usar lo vivido. Creo que la definición de un artista es que usa sus verdades y sus experiencias para salir hacia afuera mostrándole al mundo que no estamos solos. ¿Te haces amiga de tus compañeros de actuación? –Lo que ocurre es que das una enorme parte de ti misma y de tus secretos emocionales y los compartes, pasas mucho tiempo con tus compañeros y luego cuando te reencuentras con ellos, aún compartes esa intimidad. Me encantan los actores valientes que muestran sus almas. Como Jennifer Jason Leigh, mi compañera en “Margot en la Boda”. Es muy inteligente, totalmente dedicada a su arte, súper talentosa. ¿Eres parecida a tu personaje? –Soy muy distinta. Margot es neoyorquina, escritora, una mujer muy extraña, muy alejada de mí. Lo mismo me ocurrió cuando interpreté a Virginia Woolf, y por eso me atrajeron estos dos caracteres. Cuando un personaje es totalmente distinto a uno, viene el desafío. Fue difícil, porque este personaje me puso nerviosa. A veces quería juzgarla, pero no podía hacerlo, tuve que darle amor, descubrir por qué se portaba con tanta rabia, entender por qué estaba a la defensiva, y creo que muchas de sus conductas nacen del temor y de sentir que la vida ya se le pasó y no ha logrado mucho. A pesar que Margot parece ser un monstruo por la manera que trata a su hijo, palpé su dolor, sentí su lucha. Siempre te vistes a la moda. ¿Quiénes son tus diseñadores favoritos? –Tengo una relación personal con Karl Lagerfeld , Nicolas Ghesquiere de Balenciaga, y John Galliano. Trabajamos juntos y me diseñan según la ocasión. Por ejemplo, si necesito un vestido para los Oscar, ellos lo crean y yo lo uso. No dedico mucho tiempo a la moda, elijo instintivamente, es muy sencillo. Cuando chica, yo era como una muñeca para mi mamá. Le encantaba vestirme y diseñarme ropa; ahí empezó todo (se ríe). ¿Ropa favorita? –Mi ropa interior. Es verdad. ¡Me imagino lo que dirán los titulares! (Se ríe a carcajadas). ¿Qué llevas siempre cuando viajas? –Un álbum con 20 fotos de mi familia, Keith y los niños, y mi almohada, porque no me gustan las de los hoteles. Trato de sentirme en casa dondequiera que voy, y mientras mi marido me visite o esté conmigo, estoy feliz. Además, me visitan Bella, Connor y Antonia llega con mis sobrinos y sobrinas. El mundo nos parece chico, ya que siempre estamos viajando para vernos. Por fin no me siento sola, tengo una vida (declara sonriendo muy feliz). |