En Buenos Aires le planteamos al actor de “Doble Vida”
seis preguntas. ¿Cómo convive con la fama?, si no se aburre
de hacer teleseries, ¿qué opina de las vueltas de su vida?,
¿qué piensa de la muerte?, ¿cómo se ve en
“En la Cama”? (la película, para las mal pensadas)
y, por supuesto, ¿cuándo va a reconocer su relación
con Juanita Viale?
A Gonzalo Valenzuela se le han colgado todo tipo de chapas: que es pesado,
probablemente lo sea con los extraños; que es cuico, habría
que decir que tiene pinta de “rucio” y que en el colegio le
pasaban matemáticas en inglés, y, la peor de todas: le pusieron
“Manguera”. “Odio la connotación burda que se
le da a ese sobrenombre”, afirma, mientras de paso asume su responsabilidad,
porque en realidad él aceptó interpretar a ese personaje.
“Pero nunca pensé que iba a llegar hasta estos días”,
recalca. Y, claro, porque justo cuando la bromita estaba pasando aquí
en Chile, se fue a vivir a Argentina y los porteños le han dado
como bombo en fiesta con el cuentito del “Manguera”. Serio,
muy serio, algo hermético y extremadamente celoso de su privacidad,
Valenzuela es parte de una generación bastante especial del teatro
y la televisión chilena, que se ha llamado de “niñitos
bien” o, para ser más justos, los que no cumplen con el formato
tradicional del actor chileno. Y en ese orden y cada uno buscando su lugar
en el medio, todos cumplen un rol. Benjamín Vicuña sería
el “Niño Bueno”; Diego Muñoz: “Joven Alternativo”,
y Gonzalo Valenzuela algo así como “El Malo”. 
Estas son nuestras preguntas.
¿CÓMO CONVIVES CON LA FAMA?
–¿Cuánto es mentira de lo que se lee sobre
ti en la prensa?
–El 99 por ciento es mentira. La gente tendría que dejar
de creer todo lo que le dicen y no consumir estas historias.
–¿Por qué crees que a la gente le gusta
saber tanto de ti, de tu vida privada, de dónde fuiste a comer
con tu polola?
–Porque es una novela. Es la misma razón porque la gente
le gusta ver teleseries: es porque quieren ver ficción. Terminan
imaginándose más de lo que les inventan y pasas a ser un
personaje ficticio.
–¿Cómo te sientes con eso?
–Es muy raro. Uno se va cerrando aún más en su propia
gente, porque es con las únicas personas que no eres parte de un
gran cuento. La fama te obliga a cerrarte. ¡En general, tengo una
vida muy normal!
–¿Te habrás topado con la envidia?
–Hay gente que se dedica a hacerte daño. Yo nunca he querido
ser un personaje público, ni ventilar escándalos, pero hay
personas que son malas y que se dedican a hablar de ti por la espalda
y decir mentiras para generar un efecto en la gente.
–¿A los periodistas le tienes rabia o miedo?
–A los que se dedican a inventar cosas de mí, les tengo mucha
rabia y algo de pena. En verdad me siento impotente. Me da miedo cuando
invaden mi espacio. Yo en esto llevo tres años, pero antes tenía
una vida como la de cualquiera. Me da vértigo mi carrera.
–¿Cómo asumes las responsabilidades que
te significa toda esta figuración?
–Sin querer, uno empieza a tomar ciertas precauciones y responsabilidad
al respecto, pero no pretendo convertirme en un líder de opinión.
Esa responsabilidad no la voy a asumir jamás, porque no me interesa
ni me siento capacitado para ello.
–¿De qué has tenido que hacerte cargo y
que te haya pesado?
–…
–¿No es un poco soberbia la postura de tu generación
de actores de ser tan reservada?
–Es que somos actores. Somos los bufones, no los príncipes.
–Pero hay veces que se las dan de príncipes.
–Hay veces que me detesto, que llego a mi casa y me digo: “¿Qué
estoy haciendo?”. Me he visto en ese personaje y ando una semana
a las patadas conmigo mismo. Por qué le ando poniendo cara bonita
a viejos cuicos, si no soy yo.
¿CUÁNDO VAS A RECONOCER
TU POLOLEO?
–¿Tu estadía aquí en Buenos Aires va
a ser larga?
–En mi vida todo está sujeto a permanente cambio. Hoy vivo
así y me gusta. Lo estoy pasando muy bien.
–¿Cuáles son tus prioridades?
–Estoy muy abocado a mi trabajo y mis decisiones de vida van de
la mano con mi trabajo. ¡Hoy día! Si me sale una propuesta
interesante en otro lugar, de repente me voy.
–¿Estás dispuesto a reconocer tu relación
con Juanita Viale?
–¡Es que reconocer qué!
–¿Qué sé yo, si estás pololeando
con ella o no?
–Es que por qué todo tiene que ser tan oficial. Todo el mundo
sabe que con Juanita somos pareja. Aunque yo no lo haya dicho, ya está
dicho, así que no depende de mí.
–¿Qué significa eso de que te quieres casar?
–Mentira, no tengo planes de casarme. Ese es el 99 por ciento que
se inventa y que no hay que creer.
–¿Y eso de que regalaste anillo en la torre Eiffel?
–Pero si nunca estuve en la torre Eiffel. Te digo que hay un tipo
que se sienta a inventar cuentos que no son verdad.
–¿Y que usas ese tremendo anillote igual que ella?
–99 por ciento. Dicen que me tatué un anillo.
–A ver, muestra.
–Mira huevón, si no tengo nada (se saca un enorme anillo
de plata y muestra los dedos). Es verdad que fuimos a Francia y nos juntamos
ahí con ella, pero el resto es todo falso. Fui a la Isla de Pascua
a ver al Rumpi, que es mi amigo, me sacaron una foto ¡y me inventaron
un cuento! Inventan hasta qué comimos.
–Pero ¿sabes?, nos estás dejando mal. La
has llevado a puros lugares hippies: a la Isla de Pascua, a las Termas
de Chillán y ¡al Cajón del Maipo! ¡Llévala
a St. Tropez a andar en yate o algo así!
Ríe a carcajadas.
“somos seres humanos,
con sentimientos, con emociones, que nos atraemos, nos gustamos. No puedo
tratar de dejar a alguien fuera de mi vida porque es la hija de tal o
cual”.
–¡Ponte las pilas!
–Bueno, ¡es lo que hay no más!
–¿Es tan mal genio la Juanita, como dicen, o también
es parte del famoso 99 por ciento?
–No. No es nada de mal genio, ella es muy buena onda.
–Pero, ¿se pega sus pataletas o no?
–¡No! No se pega ni media pataleta. Lo que pasa es que no
nos interesa lo que digan. De mí también dicen que soy un
pesado, porque no ando saludando a la gente que no conozco o que me cae
mal. ¿Cómo voy a ser tan cínico?
–Pero si te gusta pasar inadvertido, ¿por qué te viniste
a meter a las patas de los caballos y te pones a pololear con una chica
que pertenece como a la aristocracia televisiva bonaerense?
–Pero ella no trata de figurar por eso. Si no, ¿qué
voy a hacer? ¿Buscar la lista de mujeres que no me va a significar
ningún problema? ¡De qué estamos hablando! Si somos
seres humanos, con sentimientos, con emociones, que nos atraemos, nos
gustamos. No puedo tratar de dejar a alguien fuera porque es la hija de
tal o cual.
–Para colmo, eres yerno “patero”. Su abuela (Mirtha
Legrand) te echó flores de que eras tan educado que te ponías
de pie cuando ella salía del living.
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“A veces me reprocho no
ser un anónimo, porque mi figuración es fruto de una
decisión que yo tomé, pero, a la vez, el éxito
me ha permitido lograr cosas como el Centro Mori. Al final, lo pongo
en la balanza y hay equilibrio”. |
–Es que mi viejo me aforraba un coscacho cuando no lo hacía
y me decía que algún día se lo iba a agradecer, y
sí se lo agradezco. Pero no soy patero. Si no tengo para qué.
¿AFORTUNADO DE LA VIDA?
–¡Cómo les ha cambiado la vida! Con Benjamín
Vicuña, cuando partieron, eran los más desordenados de todos
y ahora hasta tienen centro cultural.
–(Ríe). Con el Benja, la primera vez que íbamos
a hacer una teleserie (“Piel Canela”) decidimos hacerla juntos,
porque nos cagábamos de miedo. Ahora nos cagamos de miedo con lo
del Centro Mori, pero va bien encaminado y me siento orgulloso de eso.
–Pero la vida te ha dado muchas oportunidades que otras
personas se pueden morir esperando. ¿Cómo te ves en ese
sentido?
–Hay que ver los equilibrios. Yo envidio muchas cosas a mucha gente.
Me gustaría decir a la gente que me ve como si viviera en un mundo
de fantasía, si le gustaría vivir otras cosas que a mí
me han tocado y que son bien duras.
–¿Como qué?
–Eso da lo mismo. No me gusta hablar de ese tipo de cosas.
–Hace tres años te entrevisté y te ibas
a hacer teatro callejero. ¿Qué pasó?
–Me iba un 30 de octubre con Cristián Guzmán. Lo teníamos
todo listo. Fui a buscar unos pantalones a Canal 13 y no sé cómo
terminé sentado en la oficina de la Vero Saquel y me ofreció
hacer “Machos”. Esto fue dos días antes de partir.
Yo le dije que con Cristián estaba comprometido y como para sacarme
el tema le digo que contrate a Cristián para la teleserie, ¡y
lo contrató! ¡Era imposible! ¡Nos cagó!
–¿Cómo te decidiste?
–El 29, un día antes de irnos, mientras nos tomábamos
dos schops en Plaza Italia tiramos una moneda. Cara: nos quedábamos,
sello: nos íbamos. Salió cara (ríe).
–¿¡¡Tomaste una de las decisiones más
trascendentales de tu vida al vil “cara o sello”!!?
–Imagínate. Quizás estaría bailando en una
compañía en cualquier lugar del mundo. Igual nos íbamos
muy a lo que fuera. ¡Si queríamos llevar unos bolsos con
artesanía de la Isla de Pascua de contrabando!
–Cuando se te descalabra la vida por estos días,
como le pasa a todo el mundo, ¿nunca te reprochas no haberte ido?
–Jamás. Si tomaste la decisión, tienes que aperrar
y tirar para adelante. Mi viejo siempre me decía: “Si tu
abuelo no hubiese tenido cocos, tú nunca habrías nacido”.
¡Gran dicho! El “hubiese” no está en mi diccionario.
–¿Echas de menos ser un anónimo?
–A veces me reprocho no ser un anónimo, porque mi figuración
es fruto de una decisión que yo mismo tomé, pero, a la vez,
el éxito me ha permitido lograr cosas como el Centro Mori. Al final,
lo pongo en la balanza y hay equilibrio.
¿HASTA CUÁNDO CON LAS TELESERIES?
–¿Cómo ves tu futuro en el rubro de la teleseries?
–La verdad es que no estoy conforme con las teleseries. Me gusta
hacerlas, pero quisiera parar un poco, por una cuestión de tiempo.
–¿Y por calidad de producto?
–Creo que hemos mejorado mucho. Ahora estoy trabajando en un formato
nuevo, muy cinéfilo, y en Santiago está “Geografía
del Deseo”, “Los Simuladores”, etc…
–¿No te sientes como una modelo de repente con
esto del galán, del “Manguera”? ¡Es que “cáchate”
la chapa que te pusieron! ¿Quién puede vivir con eso?
–¿Tú crees que sea para tanto?
–Sí.
–Las teleseries necesita del galán, del bueno, del malo,
del trío. Desde Cristián Campos y Bodenhöfer que a
algunos actores que nos ponen de galán. A mí me toca porque
tengo las condiciones para hacerlo y para cargar con el estereotipo. Trato
de hacer un poco de antigalán. ¡Adán (Mercader) era
un ginecólogo virgen impotente! ¡De qué galán
estamos hablando!
–¿No te da susto quedarte en el personaje del “galancete”?
–No creo que eso me vaya a pasar.
–¿Seguirás haciendo teleseries?
–Depende de cuánto crezca el Mori.
–Yo entiendo que Campos o Noguera hayan hecho teleseries
toda una vida, pero en la generación tuya está mucho más
abierto el cine y el teatro. ¿La teleserie es la opción
cómoda?
–No es la opción fácil. Es complicada.
–Pero cuesta imaginarse a Gael García o a Darín
haciendo teleseries. ¿No es momento de que los actores más
destacados de Chile como tú se dediquen con más fuerza al
cine o al teatro?
–Por supuesto que me encantaría que mi carrera fuera por
el lado de hacer buen cine. Los que están ahí es porque
son muy buenos. Pero todo es parte de un proceso. Yo hice comerciales
y animé cumpleaños de cabros chicos y ahora estoy aquí.
Espero que todo se dé para mejor, pero me lo tomo con calma. Creo
que hay que estar en el lugar indicado y en el momento justo.
¿CÓMO TE VES “EN LA
CAMA”?
–Me han dicho que eres un actor bastante inseguro. ¿Es
verdad?
–Cada vez más confiado, pero es cierto que me cuesta. El
día que me sienta seguro de mi rol, será cuando me retire.
–¿Por qué crees que una película
difícil como ésa le ha gustado tanto a la gente?
–Matías Bize hizo un gran trabajo en la edición. La
película es de muy bajo presupuesto, independiente sudamericano,
entonces a los europeos les encanta eso, porque con el presupuesto que
teníamos ellos hacen una escena. Matías se gastó
50 dólares en hacer “Sábado” y recorrió
todos los festivales.
–¿Qué fue lo que más te costó
de “En la Cama”?
–Dejar de actuar y contar la historia.
–¿Cómo dejar de actuar? Si los actores actúan.
–Es que en el cine es todo más grande y lo falso se nota.
Me costó mucho adaptarme. Bize me metió harta presión.
Traté de hacer algo nuevo y abordé el personaje con mucha
naturalidad para contar la historia que estaba en el guión sin
mayor interpretación mía, siendo fiel a él.
–¿Cómo te ves en la película?
–Al principio me quería matar. Es que es muy fuerte verse
en la pantalla, pero de a poco fui viendo cómo me iba acomodando
y terminé bien contento.
¿CUÁL ES TU RELACIÓN
CON LA MUERTE?
Aquí hay que hacer una pausa. Dentro de todo el mundo de éxitos,
amores y farándula que Gonzalo dice vivir con normalidad, dentro
de lo que se puede, hay un capítulo muy triste. Como pocos, a muy
corta edad, el destino a Valenzuela le había dado tres golpes que
tumbarían a cualquiera. Su madre, su padre y su hermano habían
dejado este mundo. Por lo mismo, le preguntamos por la muerte.
–¿Qué le dirías a la muerte?
–(Silencio). Que siga trabajando.
–¿Las has llamado alguna vez?
–Nunca he llamado a la muerte.
–¿Qué significa para ti la muerte?
–Es parte de la vida y es una parte muy importante. Soy lo que soy
y estoy aquí sentado contigo nada más ni nada menos, en
gran parte, por mi experiencia con la muerte. Le agradezco mucho a la
muerte.
–¿Cómo enfrenta una persona joven, como
tú, el hecho de que tres de sus seres más cercanos se hayan
ido tan temprano en su vida?
–(Silencio). Es que lo que tienes que entender es que no quiero
ser un líder de opinión. Menos en este tema. No le podría
decir nada a nadie, menos de manera pública.
–¿Es un tema cerrado en tu vida?
–Yo lo tengo súper redondeado, lo que no quiere decir que
no siga siendo un tema para mí. Esa es mi historia y la voy a llevar
siempre dentro.
–Tú, que la conoces de cerca, ¿estás
preparado para morir?
–¡Ni cagando!
Max Campino, desde Buenos Aires
Producción: Max Campino y
Federico Wolkopf
Fotos: Paz Rocco
Agradecimientos: Hotel Design CE
(www.designce.com)
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