Por Pedro Labra
Tras su admirable debut (“Play”, 2005) que reveló una directora de estilo propio, asombrosamente fresco y original, el esperado Opus 2 de Scherson (35 años) marca un giro evidente: cambia el mundo urbano por la naturaleza agreste. Sus personajes principales son igualmente citadinos, pero trasplantados a un paisaje inmenso y majestuoso que los abruma con su perfecta autonomía. Son seres ajenos a ese entorno y no saben cómo relacionarse con él, pues sólo están de paso (lo cual lo enuncia el mismo título). La historia trata de una bioquímica y su esposo que van en auto de vacaciones al sur; cuando ella al pasar le comenta que abortó el retoño que esperaba, éste, choqueado, la deja abandonada en el camino. La mujer intenta volver a Santiago, luego conoce a un mochilero noruego y, confundida, sin pensarlo mucho, acepta la invitación que el muchacho le hace de ir a acampar con él a un Parque Nacional. Lo que sigue es la aventura mental de unos personajes insatisfechos y vacilantes, obligados por las circunstancias a enfrentarse consigo mismos. Narrado con notorio aplomo y control de sus actores y recursos técnicos, tiene ese aire enrarecido y de fría curiosidad que mostró “Play”, con Scherson como un entomólogo estudiando insectos o un niño que juega con hormigas. No obstante, contiene escasos rasgos absurdos o surreales, y se agregan algunos atisbos de un singular sentido del humor. Por lo demás, los encuentros y peripecias que el guión hace desfilar son demasiado sutiles y abiertos de sentido. Todo sucede tan al interior de sus criaturas, que el relato se vuelve intrigante y se alarga en exceso, dando la impresión de que –al igual que sus personajes– carece de brújula.

Dirigida y escrita por Alicia Scherson. Con Aline Küppenheim, Diego Noguera, Pablo Ausensi, Marcelo Alonso.
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