Debe entenderse que el público objetivo de este cuento de hadas contemporáneo –que mezcla y actualiza algo de “La Cenicienta” con harto de “El Patito Feo”– son las adolescentes románticas dejadas de la mano de Dios, que puedan identificarse con su heroína, una chica rica que a causa de una maldición a su familia hace siglos, tiene nariz de chancho. Sus padres la mantienen encerrada en su mansión londinense oculta a los ojos del mundo, pero como la leyenda asegura que su rostro se volverá normal cuando se case con un joven del mismo nivel social, suele ser presentada a codiciosos pretendientes que cuando la ven, huyen despavoridos. Luego ella se fuga de su prisión. Distinto sería si esta extravagante fábula la hubiera filmado Tim Burton, o fuera contada en dibujos animados. Ineficaz en sus esfuerzos humorísticos, para peor sin encanto ni magia en su desarrollo, la cinta impresiona más que nada por la valentía de Ricci de mostrarse maquillada como juvenil Miss Piggy. La oscarizada Witherspoon, una de las productoras del filme, aparece en un desabrido y prescindible rol secundario. McAvoy y el resto del elenco también son desperdiciados. Una comedia fantástica nada de graciosa y bastante ingrata, en verdad.
Dirigida por Mark Palansky. Con Christina Ricci, James McAvoy, Reese Witherspoon.
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