Aunque lleven uniforme de colegio, su sexualidad está marcada por la liberalidad, la desinhibición y las prácticas alternativas. En este reportaje, un destacado grupo de especialistas explica lo que está sucediendo y lo que hay que hablar ahora con los hijos para que no corran riesgos, como el de las enfermedades venéreas.

Por: Bernardita Cruz

iStock_000006225338Large

Si hace algunos años a las adolescentes chilenas se les preguntaba la principal razón para mantener relaciones íntimas, la respuesta generalizada era: “Por amor”. Hoy, hay algo que ha cambiado de manera impactante y es que contestan: “Por placer”.

Y esto refleja no solo el sentir de ellas, sino que también en el de los hombres chilenos cercanos a los 15 años. Un grupo que es asumido y decidido, que ve que no es necesario deambular con mentiras “piadosas” ni menos tratando de convencer al mundo adulto que las cosas pasan sin darse cuenta. Quizás, porque con todo el camino recorrido por sus generaciones anteriores ya no lo necesitan o porque están claros y desinhibidos con su cuerpo… especialmente porque también se creen más grandes de lo que realmente son (algo que es potenciado por figuras más desarrolladas) y no tienen tapujos en aceptar abiertamente que les gusta lo erótico.

El toque sensual en los adolescentes es evidente y para cualquier adulto mayor de 40 años que no sea muy observador, basta con que vea los programas de televisión juveniles. Sin embargo, el foco también está en la liberalidad. Un concepto que se vincula con la generosidad, el desprendimiento y que es central a la hora de describir la actual sexualidad adolescente.

Uno de los que se refiere a esta “liberalidad” es el psiquiatra Ricardo Capponi, autor del libro “Sexualidad sana: ¿Qué y cómo enseñar a los hijos”, quien asegura que esta ha llevado a que exista una disociación del sexo con el afecto y que podría traer consecuencias en la vida adulta como, por ejemplo, lograr mantener la fidelidad o llevar a que el deseo se agote.

Radiografía “chilensis”

La edad de iniciación sexual de los adolescentes en Chile es, en todas las clases sociales, a los 16 años en promedio. De hecho en el sector ABC1, solo se postergan entre tres o cuatro meses en comparación con los otros estratos.
Otro elemento que también va cobrando cada vez más protagonismo son las denominadas “prácticas sexuales alternativas”, como el sexo oral. “Mantener la integridad anatómica del himen es un punto de preocupación para ellas, sienten que es un sinónimo de pureza. De esta forma, el concepto de virginidad de descontextualiza”, destaca Andrea Schilling, jefa de la unidad de ginecología infanto-juvenil de la Clínica Alemana.

Para el sexólogo Rodrigo Jarpa, en tanto, es un claro reflejo de que a pesar de que los adolescentes estén más desinhibidos, aún existe el tema de la sexualidad asociado a la culpa, por lo que evitar la pérdida de virginidad continúa siendo importante.

El psiquiatra Ricardo Capponi no titubea al señalar que este actual concepto de virginidad es un infantilismo, cuya raíz está en la educación. Según el especialista, los programas basados en la abstinencia son los que desatan finalmente estas prácticas.

Otro argumento por el cual los jóvenes las prefieren es porque evitan el embarazo. “Nuestra cultura relaciona la actividad sexual con los embarazos, entonces el tener otro tipo de actividad sexual que no implica la procreación, los hace sentir aún vírgenes”, explica Andrea Schilling.

Pero no solo este concepto de pureza es lo que ha irrumpido en el nuevo escenario sexual adolescente. Mantener relaciones con pares del mismo sexo, lentamente ha tomado fuerza. Aun así, hay coincidencia en los especialistas al señalar que son actos que no determinan una orientación sexual a futuro, sino que más bien tiene que ver con la búsqueda de identidad.

Rodrigo Jarpa indica que es parte de la adolescencia cuestionarse y que fantasear o incluso tener encuentros homosexuales cada cierto tiempo, tampoco define si una persona será o no homosexual en la adultez.

“Creo que ahora para ellos todo es más fácil, llegar y practicarlo, esa cosa de probar, hacer y dejar. También hay un efecto moda, incluso para muchos hay un elemento competitivo, casi ganar un trofeo frente a sus pares”, señala la sicóloga Oriana Valverde, especialista en niños y adolescentes, quien agrega que cada vez son más los jóvenes que llegan a su consulta con este tipo de inquietudes.

Cuando llegan a verla detalla que las ideas y dudas las tienen bastante asumidas. “Además, por lo general, me dicen que disfrutan de sus diferentes tipos de relaciones sexuales. En lo que sí tienen miedo es en cómo contarles y conversar de sus cosas con los papás”, aclara.

–¿Cómo toman los adultos el que las generaciones más jóvenes prueben el mantener relaciones con personas de su mismo sexo?
–Se pierden. De hecho, por lo general son los padres quienes traen a sus hijos. Hay un caso que me acuerdo mucho y era el de un adolescente de 16 años. Lo trajo su padre, quien me dijo que “lo cambiara”. Además, eso también demuestra que para muchos la homosexualidad sigue siendo una especie de enfermedad que tiene cura. En todo caso se trataba de un amor platónico que tenía con un compañero y por eso estaba en toda la duda.

“A muchos les interesa la aceptación del grupo, de sus amigos. Más que por una necesidad y decisión consciente, centrada en el placer o la comunicación o lograr un grado de intimidad con el otro”, asegura Rodrigo Jarpa, quien cree que todo esto se encuentra íntimamente relacionado con vivir a corto plazo, por lo que van directamente a la acción.

Este sexólogo también cree que hay mucha ignorancia, en todas las clases sociales sobre el tema de la reproducción humana y los métodos de anticoncepción. “Por ejemplo, me han preguntado si una mujer puede quedar esperando guagua al tener sexo oral. Uno esperaría que ese tipo de cosas ya las supieran. Ahora es bastante entendible que te hagan este tipo de preguntas con la carencia de educación sexual que hay en este país”, dice.

En este aspecto también hay consenso entre los expertos. Creen que además de ignorancia, aún los jóvenes no tienen la madurez para protegerse de embarazos no deseados, pero por sobre todo, de enfermedades venéreas. Y es que claro, para muchos de ellos la consigna es “a mí no me va a pasar”. De hecho, un reciente estudio arrojó una conclusión preocupante: el 36 por ciento de los adolescentes que no usó anticonceptivos en su última relación sexual se justifica diciendo que fue una situación inesperada.

“El cuidado es parcial. El adolescente de por sí es rebelde y autodestructivo. En ese sentido no están preparados para vivir una vida sexual activa”, añade Capponi.

Y para ello también hay una explicación neurológica, fisiológica, emocional y sicológica. Hay quienes aseguran que el adolescente todavía no tiene el aparato mental construido para mantener una relación amorosa con todos los sentimientos que ello implica, por lo que predomina el desechar, tomar y dejar.

A la consulta de la ginecóloga Andrea Schilling, todas las semanas llega al menos una adolescente con una patología producida por contagio. “Lo que más estamos viendo son casos con clamidia, que es la bacteria más frecuente en el mundo, e infecciones por virus de papiloma humano”, comenta.

Y es que las confusiones o preguntas no resueltas con respuestas aclaratorias y verdaderas los hacen aún más susceptibles. Por ejemplo, muchos de ellas optan por relaciones sin penetración vaginal, creyendo que así no se contagian de enfermedades. De hecho, algunos llegan a especialistas creyendo que tienen un fuerte caso de amigdalitis y en realidad están con gonorrea en la garganta.

Lo mismo ocurre a la hora de hablar de prevenir los embarazos y la doctora Schilling explica que uno de los principales mitos es que no creen que se puedan embarazar aunque sea solo por contacto externo, sin que haya una relación sexual penetrativa. También hay muchas que creen que es imposible quedar esperando guagua en la primera relación sexual.

El factor ignorancia no es el único problema. También lo es la inmadurez y cuando ya hablan de pastillas anticonceptivas, por lo general sus inquietudes no tienen que ver con desarrollar cáncer o quedar infértiles, sino que se centran en si van engordar o no.

iStock_000017344553Medium

“El 36 por ciento de los adolescentes que no usó anticonceptivos en su última relación sexual se justifica diciendo que fue una situación inesperada”.

 

No cegarse a la realidad

Tratar de esperar lo más posible es el consejo que principalmente entregan los médicos de diferentes ramas a la hora de hablar sobre la iniciación sexual. Para muchos es absolutamente distinto comenzar a los 15 años que a los 18 o 20. Aseguran que no es por un tema de pensar que todo es pecado, sino que más bien tiene que ver con elegir libremente lo que necesitan y quieren, sin miedos de ningún tipo y en plena conciencia.

Para la ginecóloga de la Unidad de Adolescencia de la Clínica Alemana, Andrea Schilling, también es clave no cegarse y negarse ante la realidad. “Hay mamás que piensan que no llevarán a sus hijas a una ginecóloga porque creen que si les dan pastillas anticonceptivas se van a liberar, siendo que comienzan a tener relaciones independientemente de si están tomando pastillas o no. Mucho mejor es prevenir que lamentar. Por otro lado, hablar de riesgos de enfermedades tampoco implica que van a aumentar las relaciones”, señala.

Además de rescatar la importancia de inculcar el que aprendan a respetarse en función de lo que ellos necesitan y no de lo que lo que el grupo les dice que tienen que hacer, el sexólogo Rodrigo Jarpa cree que sería beneficioso tener una educación sexual también en torno al placer y no a la que normalmente se queda en los espermatozoides y las trompas de Falopio. “Yo no supe lo que era el clítoris hasta como los 16 años, lo supe por una revista Playboy o Penthouse, que comprábamos con unos amigos”, confiesa riéndose.

Más drástico es Ricardo Capponi quien asegura que el tema de la sexualidad no está siendo bien abordado, al punto que cree que los adolescentes deben exigir que el colegio informe en forma profunda y extensa el tema de la sexualidad.
“Está en sus manos. Si son capaces de salir a las calles a pedir reformas también lo serán para exigirles a los establecimientos que les den una buena educación sexual. Si tienen conciencia de la necesidad, van a presionar para que se dé”, sentencia.

Instagram
pinterest
Síguenos en Facebook
Síguenos en Twitter