Pasamos un día con el animador del “Buenos días a todos”. Fueron horas divertidas, a ratos intensas y muy sorprendentes. Una de las cosas que más llama la atención estando con él es su cercanía con la gente. Es respetuoso, sencillo y tiene una manera muy positiva de enfocar la vida. Hablamos del amor, de su soltería, de sus ganas de enamorarse y de formar una familia. Y también de las sospechas que rondan por el incendio de su casa.

Por: Carolina Honorato C. / Fotos: Jorge Bustos /  Producción: Francisca Reyes

foto GALERÍA DE IMÁGENES


CAMIROAGAFelipe se levanta, de lunes a viernes, a las 6:30 de la mañana, en punto. Raudo se viste y parte a TVN. Llega a las 7:30. Un café cargado lo espera en el estudio, su hábitat. Mientras se acomoda, Mauricio Correa y Juan Carlos Díaz le comentan la pauta. Entre ellos hay códigos de respeto, admiración y humor negro.

Mientras se inicia el “Buenos días a todos”, se percibe un gran cariño del equipo por Felipe. Se advierte que no sólo son años de cercanía, sino que también hay amistad. Se nota que lo quieren.

–Hoy, la mañana está más equilibrada y aunque el “Buenos días a todos” no ha perdido liderazgo, en la prensa se ha hecho notar la competencia.
–Yo creo que la competencia está entretenida y me dio gusto que al “Bienvenidos” le fuera bien. Tienen un muy buen equipo y sentí su partida al 13. Igual la competencia ha reforzado el liderazgo del “Buenos días a todos” y eso me da alegría.
Camiroaga es el señor de la libertad y el silencio. Aventurero, arriesgado y trabajólico. Es un tipo exigente. Tiene una manera positiva y algo curiosa de entender la vida y, por supuesto, una capacidad impresionante para desconectarse, liberarse y, sobre todo, sobreponerse.

Su personalidad nunca deja de sorprender. A veces permite ver su lado frágil, quizás hoy mucho más... Se emociona, le brillan los ojos, pero en dos segundos se transforma y se convierte en un personaje sumamente cuidadoso, hermético, que jamás habla de lo que no quiere que se sepa.

Hoy está feliz y eso que se encuentra solo, soltero, sin compromiso. También está sin casa, aunque a la construcción de la nueva le falta poco para estar terminada. Asegura que dio vuelta la página con respecto del incendio de su refugio en Chicureo y que la consecuencia real de eso es que hoy se siente más liviano y desapegado de las cosas materiales.

Por alguna razón, está contento, más relajado, menos contenido, menos peleador, aunque sigue siendo idealista y justiciero.

Felipe es un hombre educado a la antigua. Caballero, protector y muy detallista. Confiesa que tiene muchas ganas de enamorarse y formar una familia y se autodesafía, porque cree que lo va a lograr, a pesar de que hasta hoy es él el que sufre de pánico frente al compromiso. Además, tiene ganas de ser papá. “De cualquier forma... No estoy cerrado ni a enamorarme ni a casarme, ni a adoptar ni a ser padre de la guagua de una amiga que se le está pasando el tren”, asegura.

Quiero formar una familia”

“El año pasado fue complejo, desde el terremoto en adelante… Fue un año con energía-país, muy extraño. Y sí, efectivamente viví un período de malos entendidos, donde uno siente que el diablo metió la cola”, comenta.

–Te tocó duro, estuviste envuelto en polémicas, como la salida de Kathy Salosny, tu relación con Fernanda Hansen, etcétera… ¿Eres tan importante y poderoso como para todo eso?
–No soy nada de poderoso. Y yo no tengo el poder de poner o sacar a una conductora, tampoco de vetar temas. Puedes preguntarle a quien quieras. Nunca lo haría, soy muy respetuoso del trabajo del resto de las personas. Estoy un poco cansado de tener que defenderme. Quiero que alguna vez, cuando quieran dilucidar algo sobre mí, le pregunten a mi entorno.

–Pero igual muchos piensan lo contrario, te culparon por la salida de Kathy del matinal…
–No sé. Lo he pensado mucho. Tampoco me voy a victimizar, tengo una vida privilegiada y tendré que pagar un costo por eso y, a pesar de todo, soy feliz... Claro, me afecta mucho que digan tantas cosas. Yo tenía una excelente relación con ella. Yo apechugué con una decisión que tomaron otros y así se trabaja en equipo.

–Pero tu imagen también vale…
–Pero al final la verdad se impone.

–¿Qué sientes cuando en el “Copihue de Oro” (premio que entrega el diario La Cuarta) el público te pifia?
–No me lo esperaba. Iba a recibir tres premios del mismo público. Entonces, cuando pasó, me quedé un rato mirando y tratando de entender. Respiré tranquilo y lo que yo vi fue un grupo pifiándome y a otros pifiando a los que me pifiaban. Los primeros probablemente daban por cierta una idea que se instaló de que yo había sacado a la Kathy del programa... Mira, al final logré cierta sabiduría para pasar el momento.

–Pero nadie es tan fuerte.
–Me descompuse, pero no lloré.

–¿Hablaste con Katherine Salosny sobre eso? Ustedes eran amigos.
–Creo que hubo una seguidilla de malos entendidos. Tenía derecho a sentirse afectada, pero cada persona reacciona de manera distinta. A lo mejor no hemos perdido la amistad, pasará el tiempo y quizás hablaremos algún día.

Y agrega: “Pero el 2010 tuvo hechos históricos para mi carrera, como la invitación de Univisión para irme a trabajar a Miami”.

–¿Por qué no te fuiste?
–Que a uno lo llame un canal tan importante es un orgullo, pero no me arrepiento de no haberme ido. Necesito tener cerca mis afectos.

Y luego entramos al tema del incendio de su casa.

“Después de la muerte de mi mamá, esto ha sido lo más doloroso e impresionante que me ha tocado vivir… Es demasiado potente. Cuando se incendió mi casa, prioricé todo de nuevo… Yo venía llegando de vacaciones completamente descansado y renovado. Ese día estuve en mi casa en Colina, de hecho llovió y me acosté como a las 5 de la tarde, pero después, como se cortó la luz y el agua, me vine a mi departamento en El Golf. Ese día mi cuidador había salido de vacaciones. Dejé todo apagado… A las 3:20 de la madrugada, me llama una amiga que vive en Las Brisas. Cuando vi el llamado, supe que algo pasaba. Me dice: ‘¡Vente, me avisaron que se está quemando tu casa!’. Quedé helado. Manejé sin llamar a nadie. Y a los 10 minutos me llamó mi amiga llorando… Me dijo: ‘No vengas’. Ahí me relajé, no tenía nada que hacer”.

–¿Qué fue en lo primero que pensaste?
–En la historia. Llegué al lugar, las llamas se veían desde lejos. Sentí una pena profunda. Miré cómo trabajaban todos. Miré cómo se consumía mi historia... No pude rescatar nada, sólo lo de mi pieza. Mil imágenes recorrieron por mi mente. 15 años de mi vida. ¡Es muy fuerte!

“Esa noche, lo único que quería era que aclarara. Y cuando ocurrió, tenía la urgencia de limpiar. Y así lo hice. Verlo era muy complicado. Era devastador. Se perdieron los libros familiares, los muebles de familia recién restaurados…
“Limpié. Incluso llegaron los maestros que me construyeron la casa. Llorábamos abrazados. Los mecanismos de defensas actúan de diferentes formas”.

–¿Por qué no estás lleno de rabia?
–Yo tengo una estructura de personalidad muy optimista, la de un sobreviviente. Yo hago al tiro la ecuación: no le pasó nada a nadie; el incendio se llevó todos mis recuerdos, pero también se llevó todo lo malo. Me liberé un poco.

–Tal vez este incendio te sacó al mundo, porque convengamos que tu casa era como un refugio.
–Me obligó a salir, estaba demasiado enclaustrado. Son señales de vida...

–Un grupo de gente especuló que a lo mejor te habías autoincendiado la casa para subir tu popularidad. ¿Qué piensas de eso?
–No le dedicaría ni un segundo a ese tipo de comentarios. Así es que cambiemos rápidamente de tema.

–¿Qué sientes cuando sabes que una de las teorías que se maneja con respecto al incendio de tu casa es que pudo ser un atentado?
–Me niego siquiera a procesar esa idea. Es lo que siento y no tengo ningún motivo para pensar que eso es cierto. Mientras no tenga un informe preliminar o definitivo, no lo voy a creer.

–¿Y si fuera cierto?
–Sólo en ese momento evaluaría qué estrategia seguir: hacerme el tonto o presentar una demanda. Que se te queme tu casa es demasiado doloroso, pero pensar que alguien lo hizo ya es intolerable. Yo prefiero creer que fue un calentamiento del sistema eléctrico.

–¿Crees que podrías tener enemigos capaces de algo de esa magnitud?
–Soy animador de televisión, no le hago daño a nadie, al menos conscientemente, y creo llevarme bien con toda la gente con que trabajo. Soy súper piola, comprometido, y si alguien piensa que soy el poderoso de la televisión, significa que no sé qué señales he dado. Yo creo que, en vez de entrevistarme, ustedes debieran entrevistar a mi entorno. Yo no puedo seguir dando explicaciones.

Retomando el tema del incendio cuenta que el primer sentimiento que tuvo después del desastre fue “construirme una casa rica, pero con los días, decidí que no era necesario que tuviera varias habitaciones y espacios. Yo soy bien solo. Entonces me decidí por un lugar espacioso, pero para mí”.

–Eso significa que sigues pensando en vivir solo.
–No, porque si el día de mañana se produce el milagro, la casa que ahora estoy construyendo es completamente ampliable. Es un espacio rico y cómodo.

CAMIROAGA

–¿Pasó la pena, el impacto, el estado de shock?
–No, eso es eterno. Pero lo que hoy quiero es terminar de limpiar los restos del incendio lo antes posible. No quiero ver ningún palo quemado, ningún carbón en mi casa nueva. Quiero que crezca pasto, cambiar los árboles que se quemaron. Igual estoy haciendo un memorial con fierro que rescaté, con mis colecciones de planchas, etcétera. Se ve bonito.

–¡Qué horror! ¿Sientes que este incendio pudo ser una señal de algo terrible?
–Yo creo que hay cosas más injustas. Esa es mi filosofía. Cuando veo a personas que de verdad están sufriendo, me doy cuenta de que la vida me ha dado tanto...

–Y tan poco en otras cosas.
–Pero soy feliz y me siento afortunado.
–No hay duda de que eres afortunado en algunos ámbitos, pero debes asumir que la vida también te ha dado duro en otros.

–No, yo hago un ejercicio maravilloso: la vida nos da duro a todos. Tengo 44 años y, te lo digo de corazón, me siento privilegiado de todo lo que Dios me ha dado y quitado.
–¿Por qué crees que la gente insiste en preguntarte si eres gay? No creo que sea porque estás soltero.

–No sé. No sé por qué en este país es tema. Que en un diario se haya titulado: “No soy gay”... Creo que la noticia hubiese sido: “Soy gay”. Me pareció tan incomprensible. No sé por qué seguimos hablando de esto. Mira, una vez el Rumpy al aire recibió un llamado de un tipo que decía que era mi pareja. Como él me conoce, lo cortó al aire… ¿Qué te puedo decir? Yo lo encuentro curioso, súper tercermundista.

–¿Cuánto has cambiado en estos últimos 10 años?
–Los años te acentúan tus características. Soy más ermitaño que antes. El hecho de quedarme sin casa me obligó a salir un poco más, pero ya estoy desesperado por tener mi espacio en Chicureo. Estoy más convencido de vivir la vida como la quiero vivir.

–¿Cuál ha sido la última lección de vida que aprendiste?
–Un desapego gigantesco. De la noche a la mañana me quedé sin nada. Yo era súper cachurero... y un cachurero sin cachureo es desolador. Pero le quité peso a la mochila, ahora ando más liviano.

–Eso mismo me dijiste cuando murió tu mamá.
–No comparo una cosa con la otra. Son dos situaciones en que me sentí devastado. Me acuerdo cuando aclaró la mañana del incendio, miré las ruinas de mi casa y pensaba: “Incendio de mierda, te llevaste tantos buenos recuerdos, pero también lo malo”. Uno junta mucha basura.

–¿Qué cosas debes mejorar?
–Mi sociabilidad. Ahora que estuve sin casa, anduve de casa en casa de mis amigos.

–Pero tienes este departamento en el W Residences.
–Pero lo odio. Y cada vez que puedo no vengo. Estoy a punto de no venir más y quedarme en el campo definitivamente.

–Estás soltero. ¿Te has enamorado alguna vez?
–Me he  enamorado varias veces, pero me he apanicado.

–¿Te estás terapeando?
–No. No le daría ese cacho a nadie. Y me da pudor, a mis 44 años, seguir hablando de estos temas públicamente. Me da vergüenza...

–¿Cuáles son tus pendientes? ¿Qué esperas lograr antes de llegar a los 50?
–Formar una familia. ¡Obvio!

–¿Crees que lo vas a lograr?
–Absolutamente y estoy convencido de que tengo más chance de triunfar.

–¿Te asusta la muerte?
–No, pero no me gustaría morirme. Me acuerdo que mi mamá, un poco antes de morir, me dijo: “Lo estamos pasando tan bien, que me da lata morirme”. Me pasa lo mismo.

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