Anunció el adelanto de su entrada en campaña presidencial
y bastó eso para volver a la palestra con temas como los negocios
y la política y con qué criterio la Alianza por Chile definirá su
próximo candidato.
La
oficina de Sebastián Piñera está exactamente igual
hace años. Grande, con vista de hombre poderoso, con los mismos
modelos a escala de aviones LAN de los años 80, las caricaturas
que se le han hecho enmarcadas y colgadas en la pared. A la salida de
la puerta un cartel dice: “¿Lleva todo?: celular, agenda,
billetera, chaqueta, llaves”. Cada ítem con un dibujo al
lado como si no tuviera tiempo para leer. Es que al ritmo que anda este
indefinible político chileno se nota en la velocidad de sus palabras.
Ahora avisó que adelantaba su campaña, o su cronograma en
sus propias palabras, y todos se pusieron nerviosos. Está cansado
de que le manden recados por la prensa, pero sabe que ahora la pista se
pone más pesada. “Quería mantenerme lejos del mundanal
ruido y dedicarme a la política con mayúsculas, pero reconozco
que he tenido que adelantar mi cronograma”, comenta casi con desdén.
Está más canoso y los años han pasado en la cara
del que fuera el senador Piñera; para muchos un genio, para otros
un predador político. “La política es como el matrimonio.
Llevo 33 años casado y no soy el mismo de la luna de miel, en que
era todo energía y sorpresa. Pero eso no significa que a uno se
le quiten las ganas”, dice.
–¿En qué ha cambiado el
político Piñera?
–Como dicen los americanos: “Pick your own fights”.
Antes me metía en todas las peleas; ahora las elijo y te aseguro
que escojo sólo las que valen la pena.
Hablar con Piñera es enfrentarse a una verdadera
enciclopedia de refranes y frases célebres de personajes históricos.
Pareciera que tuviera una para cada ocasión. “Ahora estoy
en la pelea del gran Marcel Proust: recuperar el tiempo perdido”,
comenta. Y se refiere al tiempo de Chile, porque sin más preámbulo
su análisis de 2006 no es el mejor: “Fue un año extremadamente
pobre con un crecimiento del 4 por ciento. Ni siquiera somos capaces de
absorber la mano de obra que año a año se incorpora al mercado.
En la década de los 90 Chile crecía al 8 por ciento, duplicaba
a América Latina y al mundo. El milagro chileno es historia. Eso
es inaceptable. En lugar de los 200 mil empleos que la Presidenta prometió,
sólo se generaron 100 mil”. Para el empresario, la salud
y la educación están estancados “más allá
de las promesas, los discursos y el gasto público”. Y agrega:
“El tema de Chiledeportes es una vergüenza nacional y, para
terminar, ahora nos encontramos con este megadesastre del Transantiago.
Por lo que ha sido un año no mediocre, sino ¡malo!”,
sentencia.
–Usted habla de cronograma, no de campaña.
Directamente, ¿es o no candidato presidencial por Renovación
Nacional?
–(Piensa). Hay ciertas personas a lo largo de sus vidas que han
demostrado una vocación de servicio público y un compromiso
por la política con mayúscula y además tienen posiciones
de liderazgo que se reflejan en las encuestas y, por lo tanto, hay personas
en ambos bandos que son posibles futuros candidatos y yo entro en esa
categoría.
–¿Asume usted una condición
de “candidato natural” de Renovación Nacional?
–No. Los liderazgos en política no se pueden inscribir en
el Conservador de Bienes Raíces. Hay que ver lo que pasó
con Lavín y Alvear. Tengo plena conciencia de que hoy en día
soy la persona que tiene el mayor apoyo, el mayor potencial y la mayor
probabilidad, no solamente de ser candidato, sino de poder ganar las próximas
elecciones presidenciales.
–En ese sentido, ¿usted no tendría
problema en que al interior de la derecha o de su propio partido surja
otro liderazgo?
–En política los liderazgos tienen que ser múltiples.
Siempre he creído en ese proverbio chino que dice: “Que florezcan
todas las flores”. Sólo espero que en su momento, que no
es hoy, la Alianza tenga la grandeza de unirse detrás de un candidato
que represente a todo el sector.
–¿Por qué adelantó
su campaña presidencial?
–Porque el gobierno de Michelle Bachelet ha sido mucho peor que
lo que yo creía y lo digo no en el contexto de ese diálogo
estúpido entre el gobierno y la oposición, sino en términos
objetivos. En segundo lugar, hay una demanda creciente desde la propia
Alianza para que asuma un liderazgo más visible, que ha venido
desde los parlamentarios y del presidente de Renovación Nacional.
–¿Tiene que ver con que las otras
“flores” estaban floreciendo demasiado?
–Francamente, no. De hecho, si tú ves las encuestas, en términos
de evaluación de liderazgo, de intención de voto, de confianza
o incluso de “quién quiere que sea el próximo Presidente”,
yo sigo encabezando todas encuestas en forma clara y contundente, por
lo que no le temo a la competencia.
–Ha mencionado varias veces el tema de
las encuestas. A su criterio, ¿debiera ser ésta una condición
para que surja un nuevo candidato?
–Definitivamente, sí. Antes, los candidatos se decidían
entre cuatro paredes, de acuerdo al pequeño grupo de poder que
controlaba los partidos. Eso cambió. Es un hecho de la causa que
cada vez más la opinión y la voluntad de la gente, que se
captura a través de las encuestas, está liderando la toma
de decisiones en la política chilena. Y eso tiene una razón:
el liderazgo consiste en estar adelante, no en seguir a la masa, pero
hay que estar sólo un poco adelante para no perder adhesión
y sintonía. Esos que están muy a la vanguardia no tienen
representatividad.
–Directamente y para no andar con rodeos,
en ese criterio, ¿la figura de Andrés Allamand no tendría
mucha opción, aunque es un senador de consenso que tiene un liderazgo
fuerte al interior de RN?
–En la Alianza por Chile hay muchos líderes y personas capaces
que hacen un tremendo aporte y eso yo lo reconozco, lo aprecio y lo aplaudo,
pero de verdad creo que cada vez más la designación de las
candidaturas presidenciales va a estar determinada por la opinión
y la voluntad de la gente.
–Cómo se ha sentido siendo el candidato
que todos conocen y no el que “entra por los palos”? ¿Cómo
es Piñera sin el factor sorpresa?
–En mi vida, todo lo que he logrado lo he hecho con mucho esfuerzo.
Siempre vengo “por los palos”. Comprendo que desde la Concertación
se haga todo lo posible por debilitar mi posicionamiento, porque ellos
me ven a mí como el candidato adversario más potente, pero
no comprendo los ataques desleales al interior de la propia Alianza y
de mi propio partido.
–En ese sentido, ¿cómo quedaron
las relaciones entre usted y el presidente de su partido, Carlos Larraín,
después que él dijera en un diario que lo de la compra de
acciones de LAN fue un error?
–Conversamos el tema en forma muy franca y amigable, porque somos
amigos y le tengo aprecio y respeto a Carlos Larraín, pero obviamente
le pedí que los consejos me los dé en forma privada y no
a través de los medios de comunicación. Eso creo que todo
el mundo lo entiende.
“Querían rayarme
la pintura”
Sebastián Piñera es de esas personas que tiene un discurso
y que, de cuando en cuando, repite conceptos para que queden bien claro.
Habla de “mi liderazgo” o de “los que aparecen en las
encuestas” y también repite mucho “estoy convencido
de que sin la abusiva intervención electoral quizás ganábamos
la pasada elección”. Ya no en tiempos de campaña,
pero teniendo claro que es uno de los futuros aspirantes a La Moneda,
atribuye a esas mismas motivaciones el informe que se filtró a
la prensa según el cual la Superintendencia de Valores y Seguros
está investigando una controvertida compra de acciones de LAN que
le reportó varios cientos de millones de pesos y que hizo un día
después de conocerse la Fecu (ficha estadística codificada
uniforme) de la empresa. “Quiero aprovechar de dejar algo bien claro.
La propia Superintendencia de Valores y Seguros en su informe deja explícitamente
determinado que no hubo uso de información privilegiada, que era
lo que estaba en discusión”, afirma.
–Pero sí determina un “deber
de abstención” que usted no habría cumplido.
–Un “deber de abstención” no es un delito, como
sí lo es el uso de información privilegiada que tiene pena
de cárcel. Supuestamente habría una sanción máxima
de una amonestación o una multa. Yo discrepo de la SVS.
–¿Por qué?
–Ese “deber de abstención” no está en
ninguna parte. Ni en la ley de la Superintendencia ni en la jurisprudencia
ni en los reglamentos. No está en ninguna parte. Es una figura
que sacaron del sombrero. Estoy convencido de que la decisión se
tomó a nivel político y como la SVS no podía hacer
el cargo que originalmente se insinuó, se recurrió a un
cargo menor e inexistente, pero que para los efectos políticos
lograba el efecto buscado: rayarme la pintura. Hay 38 casos en los que
están involucrados casi todos los grandes grupos económicos
de este país, que son análogos al mío, ocurridos
en los últimos meses (saca un papel con la nómina y lo muestra)
y ninguno se investigó.
–“Dos malas no hacen una buena”,
dice el dicho, ¿no?
–No. Es cierto. Pero “donde hay la misma intención
debiera existir la misma disposición”. Eso no ocurre y demuestra
que éste es un intervencionismo más del gobierno para dañar
mi liderazgo.
–Usted conoce las reglas de los negocios
y de la política y me refiero a las reglas que no están
escritas. ¿Cómo evalúa haber tomado un riesgo tan
grande?
–Cuando se hizo esta transacción tenía la convicción
de que era legítima y legal y reconozco que no anticipé
una reacción con criterios políticos de parte de instituciones
públicas. Si pudiera volver atrás lo habría hecho
diferente.
–¿Fue un error?
–Políticamente fue un error. Sólo los tontos no son
capaces de reconocer sus errores.
“un solo candidato”
–¿Cómo se enteró de que había
entrado en el listado de la revista “Forbes”?
–Por “El Mercurio” y me sorprendió, porque no
soy lector de “Forbes”.
–¿Y cómo se lo tomó?
–No me quita el sueño. Es un honor, pero no me llena el corazón
de alegría.
–¿Le preocupa que ahora va a estar
más en la mira el político-empresario?
–Cuando lo leí, mi mujer me dijo: “Esto, en otro país
sería bueno, pero aquí en Chile ahora sí que te van
a atacar, y no sólo desde la Concertación; también
los tuyos”.
–Usted viene con ese discurso hace mucho
tiempo. ¿Cómo pretende no cansar a la gente? ¿Hay
alguna renovación en el candidato Piñera?
–La gente sabe que nos estamos farreando la mejor
oportunidad de nuestra historia de llegar al desarrollo; la gente sabe
que la Concertación está agotada; sabe que necesitamos una
alternancia en el poder. Sólo falta convencer a una nueva mayoría
de chilenos de que la Alianza por Chile es una gran alternativa de gobierno
futuro. Por eso, yo planteo que lo antes posible logremos en forma unitaria
y generosa un acuerdo en materia municipal y parlamentaria y un acuerdo
en la manera en que vamos a elegir a nuestro candidato presidencial.
–¿Primarias o primera vuelta en
la derecha?
–Soy partidario de enfrentar la próxima elección presidencial
con un proyecto de país, un programa de gobierno, una nueva Alianza
por Chile, más amplia, más integradora, que sea capaz de
incluir a más gente y con un candidato único.
–La vez anterior usted defendió
mucho la idea de dos candidatos, porque permitía unir fuerzas,
aunque daba la impresión que nunca se lo creyeron, pero había
que justificar con algo. ¿Por qué ahora cambió su
posición?
–Es que la cancha es distinta. Antes la campaña de Joaquín
Lavín venía de más a menos; las dos candidatas de
la Concertación superaban el 60 por ciento y nuestro candidato
superaba apenas el 20 y, por tanto, la elección estaba perdida
en categoría de desastre. Por eso, sólo cabía sumar
votos con una elección bastante encima y seguir siendo una Alianza
competitiva. Hoy las cosas son distintas, porque tenemos tanto tiempo
por delante que es perfectamente justo y equitativo decirle a todos los
que pretendan ser los representantes de la Alianza que se preparen, porque
el momento de seleccionar el candidato está muy lejos aún.
–La torta se invirtió, porque ahora
es Pablo Longueira el que no quiere primarias y usted sí. ¿Qué
pasó?
–No estoy seguro de que vaya a haber primarias en la Alianza. La
historia de las primarias en Chile es bastante peculiar. Lagos-Frei y
Lagos-Zaldívar fueron un saludo a la bandera y Michelle Bachelet
no tuvo que ir a primarias porque su liderazgo era demasiado evidente.
No vaya a ser que en nuestro lado haya un candidato de liderazgo muy fuerte
y no sea necesario…
–Usted ha hablado de que hay que “hacer
gestos de unidad en el sector”. Es de público conocimiento
que hay sectores en la UDI que tienen un rechazo visceral a su figura.
¿Cómo podría ser usted ese candidato de consenso?
¿Qué está dispuesto a hacer?
–(28 segundos de silencio). Gandhi dijo una vez: “No hay caminos
hacia la paz. La paz es el camino”. Yo le diría hoy a la
Alianza que no hay caminos a la unidad, sino que la unidad es el camino.
Eso tiene que ver con una actitud de lealtad y amistad cívica y
no acuchillarnos por la espalda mutuamente. Decirnos las cosas de manera
clara y respetuosa. Esa es la conducta que trate de seguir en la elección
anterior.
“El
Transantiago humilla a la gente”
–Usted habla de política propositiva. ¿Qué
se hizo mal y qué habría hecho distinto usted en el tema
del Transantiago?
–El Transantiago humilla a la gente. Se ha convertido en un “transdesastre”
que atraviesa a toda la ciudad. Es comparable con el desastre de Rancagua.
Fue muy mal planificado por el gobierno anterior y utilizado con fines
electorales de manera alevosa por el Presidente Lagos. A dos meses de
la elección, Lagos hacía discursos hablando de las bondades
del plan. Yo me pregunto si, a esa altura, ¿ya tendrían
claro los gruesos problemas de diseño que tenía e igual
se decidieron a utilizarlo en campaña? No solamente fue mal planificado,
fue pésimamente mal implementado por este gobierno.
–¿Cree que el manejo de este problema
refleja el estilo de la Presidenta Bachelet?
–Totalmente. Creo que el año 2005 la gente andaba buscando
cercanía, simpatía, pero me da la impresión que hoy
la gente no quiere tanta sonrisa y tanta promesa, sino que quiere soluciones.
Para eso se requiere más que buenas intenciones. Hay que saber
cómo hacerlo, se requiere coraje y voluntad y se requiere un equipo
humano afiatado. Eso brilla por su ausencia en el gobierno de Michelle
Bachelet.
Por: Max Campino / Fotos: Gonzalo
Romero
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