Por Pedro Labra
Tras dar lo mejor de su talento (y ganar mucho dinero) en su espléndida saga de “El señor de los anillos”, Jackson se da el gusto de volver a hacer un filme más personal y sin presiones industriales, con esta adaptación libre de la singular novela de la estadounidense Alice Sebold, editada en 2002. Trata de una chica de 14 años violada, asesinada y descuartizada por un solitario vecino suyo de personalidad psicopática. Pero no se concentra en el crimen mismo, sino en sus consecuencias mediante un impensable recurso poético. Imagina que la muchacha desde ultratumba sigue observando durante el lapso de un año qué continúa ocurriendo entre los vivos; ella misma narra en “off” su experiencia mientras vaga en una suerte de purgatorio, un universo paralelo e intemporal ajeno a cualquier concepto de Dios o religión. Lo que el libro quiso expresar, el cómo se asume la pérdida más brutal de la inocencia a través de un horror inimaginable, en la versión de Jackson muta en un drama familiar sobre el proceso de duelo y la impotencia ante la impunidad del victimario; todo puntuado por las visiones oníricas de ese particular “más allá” en las que Jackson ejercita su dominio del generador digital. En una línea similar a la de “Criaturas celestiales”, con que el director llamó la atención en 1994 virando hacia el cine “de calidad”, el filme nunca logra que sus planos tan dispares, el real y el fantástico, cuajen con fluidez, y se excede sin duda en la atmósfera fúnebre y siniestra que predomina en las más de dos horas que dura.
 
Dirigida y coescrita por Peter Jackson. Con Saoirse Ronan, Stanley Tucci, Susan Sarandon.
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