Por: Raimundo Encina / Fotografía: Jorge Bustos / Producción: Francisca Reyes y Juan Martínez / Maquillaje: Milagros Domínguez / Retoque y dibujo: Felipe Hernández / Agradecimientos: Restaurante “El Bohío”, del Hotel Sheraton Santiago

Desde que en enero del año pasado la película “La Nana” obtuvo importantes reconocimientos en Sundance, el festival de cine independiente más influyente del mundo, el resto de 2009 para su equipo realizador fue igual de exitoso. Literalmente arrasó en casi todos los festivales en que se presentó. A la reciente e inédita nominación de una cinta chilena a los Globos de Oro, se suma, por ejemplo, que uno de sus canciones centrales –“Ayayayay”, de Pedro Subercaseaux– es una de las preseleccionadas para obtener un Oscar.
Ya suman más de 28 premios en todo el mundo y aunque la cinta no haya sido nominada por Chile como mejor película extranjera, y finalmente se decidiera por “Dawson Isla 10”, lo cierto es que hay que esperar la lista oficial de seleccionados, ya que desde Internet se ha iniciado un movimiento ciudadano para apoyar que Catalina Saavedra sea la primera actriz chilena con reales posibilidades de obtener la preciada estatuilla hollywoodense como mejor actriz extranjera.
Nacida en Viña y criada en Playa Ancha y Recreo en una numerosa familia de siete hermanos, su mamá la inscribió en cursos de teatro cuando apenas tenía 8 años de edad. “Ella se impresionaba por mis capacidades de imitación. Tiene que haber visto en mí algún potencial y con una amiga se les ocurrió contratarnos una profesora para hacernos clases. En el fondo, no eran clases de teatro, sino juegos organizados”. De más grande siguió un curso intensivo de actuación que ofrecía la municipalidad porteña. A los 12 años actuó en su primera obra. Ya en educación media, tuvo un profesor que creó un grupo de teatro, en el cual, si bien no era la más matea, sí era por lejos “la más entusiasta, colaboradora y buena onda”.
En la Prueba de Aptitud Académica le fue “pésimo” y la posibilidad de entrar a escuelas tradicionales eran “peludas”. Sus padres le dieron un año sabático, pero no para descansar, sino para volver a preparar esa prueba. Le volvió a ir mal. Su madre, muy amiga de Jael Unger, la ayudó a buscar el mejor lugar donde estudiar. La recordada actriz era mujer de Gustavo Meza, en cuya academia finalmente se inscribió. Una vez recibida, cuenta que tuvo suerte desde el principio, aunque “hice mucho teatro que no llegó a ninguna parte”. Paralelamente actuó en la primera película de su vida –“Hasta en las mejores familias”, de Gustavo Letelier– en donde –junto a Gloria Benavides– interpretó un papel que nunca más la abandonaría: el de empleada doméstica o más simplemente de “nana”.
En sus más de 20 años de carrera, ha participado tanto en “teatro on” como “off,” como enfatiza ella: “El ‘on’ se hace con grupos que persisten; el ‘off’ es el teatro que nadie va a ver”, explica. En televisión, estuvo 10 años en Canal 13, recreando algunos de los personajes más divertidos de las teleseries chilenas y consolidándose como una de las más cómicas de la televisión chilena. Fue Raquel Trujillo Lillo, en “Adrenalina”, inolvidable por su rol de chica “tiro al aire”. Fue la “nana” Brígida en “Amor a domicilio” y una guardiana de la bahía en “Playa salvaje”; todos papeles ultra queridos por el público, al igual que el rol que tiene en “Los Venegas” desde hace cinco años, donde también interpreta a una asesora del hogar.
Divertida, humilde, hiperkinética, con mil amigos, de fácil trato, preocupada a morir por su único hijo, se ríe de tanto éxito con su exquisita picardía. Tiene claro que no posee una belleza despampanante y que, por lo mismo, los productores chilenos no la llaman demasiado ni siquiera después de tanto éxito internacional, pero también tiene claro, aunque no lo diga, que quizás no es la mejor actriz de Chile, pero sí la más chistosa y una de las más talentosas. Es Catalina Saavedra, una mujer que nunca aceptará ser rostro de una multitienda, alguien que no se obnubila frente a lo que algunos se encandilarían y que el simple hecho de imaginarse en la alfombra roja más famosa del mundo le causa mucha risa.

–Con tanto papel de “nana”, ¿qué sentiste cuando Sebastián Silva te llamó para ofrecerte lo mismo?
–Yo ya estaba un poco aburrida, pero soy una actriz que me entretengo con los roles, les busco el lado. Si yo pudiera poner a cada una de las “nanas” que he hecho al lado de la otra, creo que sería muy interesante ver las diferencias. Eso es un mérito totalmente mío. No porque es lo mismo no me voy a esforzar o no voy a trabajar. Es mi trabajo enfrentarlo. Pero me daba lata, sobre todo en la televisión. Creo que se debe a una incapacidad de los directores. Dicen: “Funcionó súper bien de ‘nana’, pongámosla de nuevo”. Lo mismo pasa con los personajes principales o con los que hacen de cuicos. Son muy limitados. Confían muy poco en los actores. Una lata. A Sebastián le dije que no, que estaba loco. Pero yo sabía que al final iba a decir que sí. Le dije que sí confiando en él, sabía que no iba a hacer una estupidez y que iba a tener una profundidad y un humor extraño. A Pedro Peirano –coguionista– lo conocía como fan por su trabajo en “Factor Humano” y “31 Minutos”.
–¿Qué te pareció el trabajo de este director?
–Lo conocí en “La vida me mata”, su primera película. Descubrí su talento, sus dibujos, su música. Aluciné con él y con su sentido del humor. Lo encontré un geniecillo. Dije “wow!”. Es desprejuiciado, lúdico, alegre, buen bailarín, buenmozo. Pero, por sobre todo, me cautivó su versatilidad y genialidad en cada una de las cosas que hacía. Con “Chabela” nos fue súper bien porque era un personaje muy pequeño, muy nada, y se convirtió en uno de los personajes favoritos de la “La vida me mata”. Cineastas que quieren ver más la filmografía de Sebastián, la ven y no pueden creer que haya hecho eso. Además, fue una película sumamente distinta a “La Nana” y eso habla de una genialidad.
–¿Imaginaron tal revuelo cuando terminaron las filmaciones de “La Nana?
–Nadie de ese equipo trabajaba pensando en eso. Se hacía pensando en la idea, en qué rico poder llevarla a cabo, qué rico conseguir un productor, las lucas. Todo fluyó súper bien. El entusiasmo de Sebastián es el gran responsable de todo esto. Estábamos muy cómodos en su casa, su familia no estaba, cero estrés, pero nunca pensando nada. A mí no me atrae la posproducción. Les preguntaba cómo está quedando y me fui dando cuenta en las opiniones del equipo, que encontraban todo increíble. Yo preguntaba: “¿Cuánto dura?”. Dos horas y cuarto me decían. Yo, “no, qué lata, córtenla, no puede ser”. Finalmente se cortó harto a pesar del director.
–¿Cuándo notaron que algo bueno se venía?
–La primera vez que la vi, la versión larga, fue en el departamento de Sebastián. Creo que me quedé dormida. Le dije que estaba buena, pero no fui muy efusiva. La encontré larga y no di muchos pesos. Después no la vi hasta Sundance. Impresionante la reacción del público, la gente emocionada no se movió del asiento. Un señor italiano con pinta de actor me gritaba: “Esto es extraordinario. Tú eres Anna Magnani y te mereces un premio de la Academia”. Yo: “Oiga, gracias”. Tuvimos cuatro presentaciones en Sundance en distintos cines. En la premiación yo ya estaba en Chile y ebastián recibió los premios.
 
–¿Qué sentiste al saber de ese premio?
–Yo estaba en mi casa con mis amigos carreteando. Había ido a Sundance y estaba feliz y punto. A mis amigos les estaba mostrando las fotos del viaje. Como a las 12 de la noche me llamó el productor, Gregorio González, y me dice: “¡Ganamos esta cuestión y tú ganaste el premio especial del jurado!”. Yo no cachaba nada. Sobre todo porque en Sundance no hay premio a mejor actriz, el premio especial del jurado se lo pueden dar a cualquiera. Yo soy muy pudorosa con todo esto. Nunca me ha gustado ganar en el sentido que me da vergüenza ser la guinda de la torta. Incluso en mis cumpleaños me da plancha. Mis amigos estaban hasta con lágrimas de emoción, además ellos son muy cinéfilos y me explicaron todo. Aluciné, recibí hasta llamadas que me decían que Cristián Campos encontraba que esto era histórico. Le pusieron mucho color y me dio risa. Me puse muy contenta, pero al día siguiente partí a Bélgica a actuar con “Las Brutas”.
Camino al Oscar
–En Facebook el grupo que apoya tu nominación a los Oscar ya cuenta con más de seis mil adeptos, ¿qué te parece tal llamado popular?
–Mi hermano creó ese grupo. Es ingeniero, tiene una productora y le gusta mucho el cine. Está mucho más feliz que yo, y no lo puede creer.
–¿Qué te pareció que “Dawson, Isla 10” sea finalmente la cinta que Chile postulará a los premios de la Academia?
–Sebastián se picó mucho. Encontró que era una injusticia bárbara. Desde Nueva York llamó a Littin, un poco con esa impulsividad creativa que él tiene, en ningún caso de picado. A la semana dijo: “Ok. Qué mala onda, qué rabia”. No me gusta la palabra polémica, la encuentro chula, sobre todo aquí que uno da una opinión y ya es polémica. Eso significa que éste es un país que no sabe debatir o dialogar, pero me pareció una mala jugada tremenda en términos de imagen-país.
–¿Nos perdimos una posibilidad de obtener por primera vez un Oscar?
–Sí, tremenda. Me encantó una analogía que yo misma inventé. Si esto fuera un mundial, que de hecho es un mundial de cine, jamás hubiesen elegido al equipo que ha metido menos goles. Ahí viene el cuestionamiento, las dudas, el ¿¡¡por qué!!? Es muy rara la decisión. Cuando tienes una película que ha ganado Sundance, que ha ganado 30 premios, que tiene críticas increíbles en los diarios más importantes, es muy extraño. Si tenemos una película que ha ganado mundialmente y que ha sido reconocida, es un asunto de matemáticas.
–El diario “Los Angeles Post” te publicó en una lista de posibles ganadores, ¿qué sientes?
–Creo en la subjetividad de los premios y del arte en general. Desde ahí, no me enloquezco. Frente a la real posibilidad, encuentro que puede ser posible y lógico, porque si uno revisa el historial de estos premios, cada cierto tiempo hay cabida para actrices de diversos países, como la brasileña de “Estación Central” o la colombiana de “María llena eres de gracia”. Desde esa perspectiva, pienso que es súper posible, pensando en Sundance y en los otros premios, y no sería raro que esté en la mira de los expertos.
–¿Te imaginas desfilando por la alfombra roja para los premios Oscar?
–No me gusta soñar porque lo encuentro tan ridículo. Me imagino mucho más el regreso con el Oscar que el Oscar mismo. Simpático. Creo que perfectamente podría echar la talla con Meryl Streep o Leonardo DiCaprio. Debe ser lo mismo que aquí, en nuestro pequeño Hollywood, a otra escala. La gente se alucina con Benjamín Vicuña, pero yo lo conozco y es un amoroso. Quizás se le ha ido un poco de sus manos esa cosa mediática, pero él es un ser como cualquiera. El tema no me enloquece. Francamente, me da curiosidad y me causa mucha gracia.
–Y si eres nominada al Oscar, ¿cómo te prepararás para estar a la altura?
–Voy a pedir ayuda. Me causaría mucha risa y un problema tremendo, porque soy lo menos fashion que hay. Soy lo menos trapera del mundo y no me imagino de vestido largo, aunque igual ocupé uno en la entrega de Sundance y desentoné porque todo el mundo estaba de parka y muy normal.
Una película política
–¿Sientes que la película es un aporte en el sentido de mostrar la realidad de las empleadas domésticas?
–Sí. Me encanta lo que ha sucedido por ese lado, porque sin quererlo se transformó en una película política. Pero como las películas se exhiben y son públicas, todo el mundo ha opinado y las polémicas van y vienen. Por el lado de las nanas ha causado mucho revuelo, porque toca un tema tan nuestro, pero tan poco discutido. Habla sobre los derechos de estas mujeres, en qué condiciones trabajan, cuánto ganan, qué significa postergar una familia, dejar tu vida… Ha sido alucinante cómo todas esas cosas han salido a la palestra.
–¿Qué feedback tuviste de ellas?
–Súper bueno. Ellas son muy divertidas. Algunas me decían: “No me gustó mucho porque la mujer era demasiado mala. Nosotras no somos así”. Critican al personaje. Ellas opinan realmente lo que les parece. Se han matado de la risa de principio a fin. Creo que el público que más la ha gozado son las nanas. Una vez hicimos una función para más de 200 nanas y no lo podían creer. Estaban felices porque se pone en el tapete el tema de su trabajo. Yo les confesaba que este papel es tan importante para mí que ya casi me siento parte del gremio y se mataban de la risa.
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pelicula la nana
Escrito por: casacaruri () on 19-01-2010 18:15