SEBASTIÁN PIÑERA: “Me siento más joven que
nunca”
A sus 60 años, Piñera asegura que está lleno de energía;
que fue el candidato que más esfuerzo físico hizo durante
la campaña y que está convencido de que va a ganar la contienda
del próximo 17 de enero.
Por: Claudia Alamo / Fotos: Ronny Belmar
Es
sabido que la oficina de Sebastián Piñera tiene cientos
de carpetas apiladas en la mesa, en el suelo, sobre el escritorio, en
los mesones. Pero en el último tiempo se agregaron cerca de 20
nuevas, todas iguales y empastadas, que dicen 2010-2014. Ahí están
las propuestas de gobierno que el candidato de la Coalición por
el Cambio ha desplegado durante esta campaña presidencial.
Es sabido también que Piñera siente casi una devoción
por las fotografías. Tiene muchas con su familia, con personajes
importantes de la política nacional y mundial (hasta Fidel Castro
figura entre ellas), pero en un rincón hay una que sobresale y
sorprende. Es una en blanco y negro de Eduardo Frei Montalva. El ex Presidente
y padre de su actual contendor político. También tiene una
pequeña réplica de la estatua del ex gobernante democratacristiano.
–¿Por qué tiene una foto de Eduardo Frei padre?
–Mire, mis padres fueron grandes amigos y admiradores de Eduardo
Frei Montalva. De hecho, ellos fueron fundadores de la DC. Mi padre ingresó
a la Falange cuando era muy joven y cuando se casó, mi mamá
también entró. Por lo tanto, esa foto que usted ve es una
de las pocas herencias que me dejó mi padre. Se la regaló
el propio Frei y está autografiada con una dedicatoria muy, muy
cariñosa. Frei fue un gran líder. Y yo siempre le voy a
tener mucho aprecio y respeto.
–Qué curioso, en todo caso, que la estampa de Frei
Montalva esté en la oficina de quien compite con el hijo del ex
Presidente…
–Es cierto. Es que Frei fue muy importante en mi casa. Me acuerdo
perfectamente que siempre estaban la foto de Cristo, del Papa y de Frei.
Eso es para que veas lo importante que fue él en nuestras vidas.
Como era muy amigo de nuestros padres, muchas veces yo fui a su casa.
Y él vino muchas veces a la nuestra. En el año 64, estuve
en la Marcha de la Patria Joven. Y en el ’80, estuve también
en el Caupolicán cuando Frei fue el único orador…
Siempre le voy a tener aprecio y respeto.
–Si usted tiene todo ese anclaje, esa raíz, ¿qué
hace, entonces, siendo candidato de la derecha?
–Los conceptos de izquierda y de derecha han perdido significado.
Están vacíos. Yo me defino por lo que pienso. Y toda mi
vida he tenido tres grandes convicciones, con las cuales he sido fiel,
leal y consecuente. Siempre he creído en la democracia, en la economía
social de mercado y en una sociedad más justa y con mayor igualdad
de oportunidades. Y si a eso le agrego mis definiciones valóricas,
porque soy cristiano, usted tiene un perfil de lo que es mi más
íntimo pensamiento como ser humano frente a la sociedad, la vida
y el hombre.
“creo que vamos a ganar por un margen amplio”
El pasado 13 de diciembre, Sebastián Piñera celebró
hasta muy tarde. Ni él podía creer que había logrado
un 44 por ciento de los votos y que tenía una ventaja de 14 puntos
con el candidato de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Esa
noche, un clima de triunfo se instalaba en la derecha y sentían
que estaban a muy pocos metros de llegar a La Moneda.
–Y hoy, después de la primera vuelta, ¿cómo
maneja la euforia que hay en su sector?
–Sin duda, los resultados fueron extraordinariamente positivos y
favorables a nuestra postulación. Logramos sacar una ventaja de
más de un millón de votos con el candidato oficialista y
eso nos tiene muy esperanzados. Pero bajo ningún punto de vista
estamos eufóricos ni confiados. Al contrario, estamos perfectamente
conscientes de que esta elección la van a resolver los ocho millones
de ciudadanos. Sin embargo, yo tengo la firme convicción de que
vamos a ganar.
–¿A qué atribuye esa votación: a lo
que usted representa o al desgaste de la Concertación?
–En lo fundamental, a que nosotros tenemos un gran proyecto de país
y de futuro. Pero también hay otra razón poderosa, que es
más bien de pasado: el agotamiento absoluto que ha mostrando la
Concertación. Después de 20 años, si bien esa coalición
hizo cosas buenas, hoy está sin ideas. Sólo la une el aferrarse
al poder. Y por eso creo que el 17 de enero la gente va a optar por el
futuro y no por el pasado.
–¿Se ha puesto en el escenario de no ganar? Es decir,
que aun cuando el viento corre a su favor, la elección igual será
estrecha.
–Siempre he tenido claro que en la vida el hombre propone y Dios
dispone. Y en la política, los candidatos proponen y la gente dispone.
Ese es el juego de la democracia. Por tanto, yo siempre entro en una elección
con la firme voluntad de ganar, pero teniendo plena conciencia de que
las cosas pueden resultar siendo distintas.
–¿Será, realmente, una elección tan
estrecha?
–Yo creo que la vamos a ganar en forma menos estrecha que lo que
creen los optimistas de la Concertación.
–¿Con un 52 por ciento, como ha dicho Longueira?
–Las cifras son difíciles de predecir. Pero sí creo
que vamos a ganar y por un margen amplio.
–Su postulación es también la oportunidad
de toda una generación de la derecha que no ha ganado ninguna elección
en 20 años. ¿Qué tanto nervio, angustia o miedo le
provoca?
–La verdad es que no me provoca ni nervio ni miedo ni angustia.
Sí siento una entusiasta motivación, un compromiso, una
responsabilidad. Tengo plena conciencia de que millones de chilenos han
puesto sus esperanzas sobre nosotros.
–Pero también hay un importante sector que votó
por Frei, Arrate y ME-O. ¿No teme que se pueda movilizar todo ese
mundo concertacionista para ir en contra de Piñera y que le cambien
sus planes?
–Pienso que unirse en torno a causas negativas, en el fondo refleja
una pobreza franciscana al interior de la Concertación. Eso resultaba
en la década de los ’80, cuando se unían en contra
de Pinochet, porque detrás había una unión a favor
de la democracia. Pero 20 años después, eso dejó
de funcionar… Hoy en día, la Concertación no tiene
una causa, no tiene un proyecto. Por lo tanto, no tiene la mística
que se requiere para ganar una elección. Por eso están recurriendo,
permanentemente, al pasado. La gente vota por el futuro.
–¿Cuál cree que fue el gran error que cometió
la Concertación en esta campaña? ¿Equivocó
el mensaje?
–Creo que esta Concertación no es la misma de comienzos de
los ’90. Está gastada, envejecida, con menos fuerza, y eso
se refleja en cada una de sus actuaciones. En consecuencia, creo que les
llegó el tiempo de dejar el gobierno.
–¿La Concertación debiera jubilarse?
–En política las jubilaciones no son para siempre, pero sí
les llegó el momento de dejar el gobierno y buscar en el mundanal
ruido de la oposición, un renacimiento, un rejuvenecimiento al
interior de ellos mismos. Porque cuando entre ellos mismos se comportan
como una bolsa de gatos, poco tienen que ofrecerle al país. A la
Concertación se le arrugó el cuerpo y el alma hace mucho
tiempo.
arrugas en el cuerpo y alma
–En ese sentido, Marco Enríquez-Ominami puso la juventud
como tema. ¿Fue incómodo ser apuntado como el candidato
del pasado?
–No. Los años arrugan la piel, pero sólo la pérdida
de ideales arruga el alma. Y yo me siento más joven que nunca.
–¿En serio?
–Sí. Me siento con más fuerza, con más ganas,
con más entusiasmo que nunca. Incluso, cuando una noche conversábamos
con Marco en una pieza de hotel en Concepción, le decía
que probablemente yo había hecho un despliegue de esfuerzo físico
y de compromiso personal mucho más grande que todo el resto de
los candidatos en esta campaña.
–En estos días, ME-O ha insistido en que usted es el pasado.
–Bueno, él ha sostenido que tanto Frei como yo no seríamos
un avance, sino que un retroceso. Y es natural que un candidato que ha
perdido trate de potenciar sus opciones de futuro y lo haga a costa de
los otros. Es parte de la política. Pero yo siento que con Marco
tenemos grandes coincidencias.

–¿Cuáles?
–Bueno, yo comparto con Marco esa fuerza, ese optimismo y esa sana
ambición de que Chile pueda dar un gran salto hacia el desarrollo.
El país está dormido en los laureles. También comparto
con él algunas características personales como el sentido
del humor, tener una fuerza interior, un optimismo respecto del futuro.
Y, finalmente, también comparto con Marco y con sus adherentes,
el diagnóstico de que la Concertación está agotada
y que, por tanto, no merece una quinta oportunidad.
–A su juicio, ¿Marco favoreció o complicó
su candidatura en primera vuelta? Porque él mismo dijo la noche
del 13 de diciembre que evitó su triunfo.
–Más que verlo desde ese punto de vista, yo creo que Marco
significó un grito de rebeldía, de insatisfacción,
de cierta angustia al interior de la Concertación. Eso fue lo que
ellos nunca quisieron escuchar. Marco pedía una profunda renovación
de la coalición, pero nadie lo escuchó y siguieron por los
mismos senderos, vicios y rostros de siempre. El grito de Marco lo escuchó
la ciudadanía. Pero no lo escucharon las cúpulas partidistas
de la Coalición que incluso lo ridiculizaron, lo ningunearon y
después lo atacaron con mucha odiosidad. Ese diagnóstico
de una Concertación anquilosada, que ya no merecía un quinto
gobierno, fue uno de los grandes aportes que hizo Marco Enríquez-Ominami
en esta campaña. Su otro aporte fue su juventud, rebeldía
e irreverencia.
Cecilia Morel : “Todo indica
que vamos a ganar”

Es el domingo siguiente de la primera vuelta de la elección presidencial.
Y en la casa de los Piñera Morel habrá bautizo. La pequeña
Antonia será celebrada en una pequeña ceremonia privada.
Los nietos se han convertido en el centro de gravedad de esa casa. Todo
está pensado para ellos. Una enorme cama saltarina en el centro
del gran jardín y una cuidada decoración navideña
en la terraza dan cuenta de que los niños son la debilidad del
candidato presidencial de la Coalición por el Cambio y su señora.
Guapa y espontánea, Cecilia Morel no enfila por el camino de lo
políticamente correcto. Y aunque diga que le encantaría
desarrollar más su parte masculina –porque es muy femenina–,
marca sus puntos con notable asertividad. A sus 55 años, la mujer
de Sebastián Piñera –con quien lleva 37 años
de matrimonio– mira expectante lo que ocurrirá el próximo
17 de enero y dice estar preparada para cualquier escenario.
–Imagino que hay mucha expectativa de triunfo en su familia
y su mundo político. ¿Le preocupa?
–La primera semana, obviamente, que hubo mucha alegría y
hasta una cierta euforia, pero uno ya tiene dos campañas en el
cuerpo, llevamos tanto tiempo en el mundo de la política, que sabemos
que la elección no está ganada hasta que se cuente el último
voto. Por supuesto, es importante mantener el optimismo, pero tampoco
hay que tener un triunfalismo adelantado. Al menos yo, nunca he sido así.
–¿Prefiere la prudencia?
–De todas maneras. Y no es de negativa, como me dicen a veces, sino
porque sabemos que esta elección va a ser difícil. Sí
siento, porque lo he visto en todo el país, que la necesidad de
cambio es muy fuerte. Eso nos da una confianza enorme en que el cambio
viene. Así como las personas tienen etapas evolutivas, creo que
aquí hay un cierre ciclo en que es fundamental la alternancia.
–¿Hay un cierre de ciclo respecto de la Concertación
o más bien de que la derecha ha cambiado?
–Creo que tiene que ver con la fatiga de material de la Concertación
y la necesidad de cambiar los equipos porque la gente está aburrida
de las mismas caras… El poder corrompe, y no estoy hablando ni de
ministros ni de Presidentes, sino que de los operadores políticos
que están enquistados. Nosotros queremos gobernar de una forma
distinta. En el fondo, aquí hay un proyecto de país muy
potente y que mira al futuro.
–También Marco Enríquez-Ominami representaba
el cambio. Y tenía a su favor la juventud, cosa que puso como tema
de campaña. Piñera y Frei quedaron casi como candidatos
de la tercera edad…
–Pero si hay algo que tiene Sebastián, es seguridad en sí
mismo. Nunca se ha sentido ni viejo ni feo ni mal vestido, como le dicen.
Gracias a Dios, él no tiene eso.
–Pero Marco fue una amenaza potente.
–Obviamente, como campaña, como signo de juventud, él
representó un cambio. Pero siento que, por el contrario, si su
campaña se hubiese mantenido en el tiempo habría aparecido
su lado más ideológico. Hay que pensar que detrás
de Marco está la parte más izquierdizada de la Concertación.
Y en la campaña eso se estaba empezando a notar.
–¿En qué lo notaba?
–Partamos de la base de que él y la Karen me caen súper
bien y que celebro la campaña que hicieron, porque fue muy linda.
Pero si profundizamos, obviamente que ellos vienen de la izquierda más
dura. Por algo, Alejandro Navarro lo apoyó. Y sabemos la ligazón
que él tiene con Chávez. Por otro lado, su jefe de campaña
(Max Marambio) a quien yo quiero mucho y está casado con una muy
amiga mía, tiene una clara posición política que
está cargada hacia la izquierda. En ese sentido, ahí había
más regresión que progreso.
–Para ME-O es al revés: el retroceso histórico
sería Piñera…
–Con eso Marco se pone el parche antes de la herida, porque no quiere
quedar como el sepulturero de la Concertación. Teme que le pasen
la cuenta. Pero también hay un tema obvio, y es que ideológicamente
no podemos ser más distintos. El se siente progresista, pero las
personas que están al lado de él son muy retrógradas.
–¿En qué sentido?
–Bueno, hay que ver a quiénes van a apoyar ahora… Por
sus hechos los conocereís. Hemos visto la actitud de Marco frente
al tema de Chávez o de Cuba. Cada vez que se ha tocado el punto,
él ha evitado sancionarlo, castigarlo.
–O sea, ¿ha pasado piola?
–No piola. Ha pasado callado, que es peor. No ha querido pronunciarse.
–Y si Marco termina apoyando a Frei, ¿no sería
un batatazo fuerte para Piñera?
–Me molesta cuando hablan de los votos de Marco. Son los votos que
él obtuvo, pero nadie es el dueño de ellos. Marco decía
que encarnaba algo nuevo, pero se le olvida que él era diputado
de la Concertación. Y, claro, puede que si Sebastián está
muy arriba, él pueda llamar a votar en contra para no ser crucificado
por su sector. Por otro lado, veo que Frei está dispuesto a negociar
cualquier cosa con tal de llegar al gobierno y siente que sin el apoyo
de la izquierda, no sale. Para mí, la imagen de los socialistas
apoyando a Frei es como el mundo al revés.
–Hay una historia que los une, que es la pelea que dieron
contra la dictadura…
–Me molesta esa supremacía moral que se arroga la Concertación
en cuanto a derechos humanos. El país cambió. Eso es pasado.
Lo que ocurre es que se sienten dueños de la verdad y eso genera
soberbia…
–Pero Lagos recordó hace poco que quienes apoyan
a Piñera son los hijos de la dictadura de Pinochet. Lo cual es
cierto.
–Esas personas no van a tener cargos importantes, salvo cuando sea
por elección popular. Si la gente los elige, perfecto. Pero no
creo que esas personas tengan cargos porque a Sebastián le interesa
dar una señal clara e inequívoca a nivel simbólico.
Y si hay alguien que tiene exceso de claridad –y que a veces hasta
puede ser duro– es Sebastián. En ese sentido, va a ser muy
cuidadoso.
¿Aires triunfalistas?
–Aun cuando el viento sopla a su favor, ¿hay plan B en la
familia Piñera Morel en el hipotético escenario de que pierdan?
–Me carga ser políticamente correcta. Lo que tú dices
es verdad. Todo puede pasar, por eso soy cautelosa. Sé que los
triunfalismos se pueden revertir. En este país pueden pasar muchas
cosas y no sería la primera vez. Recuerda que Lavín estuvo
a 30 mil votos de Lagos. Ahora, sin embargo, todo indica que la mayoría
del país quiere un aire nuevo.
–¿Se imagina lo que podría ser para Piñera
una eventual derrota?
–Sebastián es un resiliente. Puede reinventarse mil veces.
Puede ser empresario, economista, profesor. Tiene una parte ecológica
con Tantauco, una parte filantrópica con sus fundaciones; es un
hombre aventurero en los deportes...
–Tener un marido tan multifacético, ¿no es
un poquito agotador?
–Sería agotador si yo quisiera subirme por todos esos chorros.
En algún minuto de la vida lo haces, pero ya no.
–¿Y él no se lo exige?
–Le gusta que lo acompañe. Pero algo que uno va aprendiendo
en la vida –y ya tenemos 37 años de casados– es a conocer
sus propios límites y saber decir: hasta aquí no más
llego yo. Si no lo haces, de repente te sobregiras. Y eso no aporta al
equilibrio de nadie.
–Llama la atención cómo se ha comprometido
su familia en la campaña…
–Sí, ha sido como una gran causa. Como en un circo: cada
uno cumple un rol. Eso ha sido muy bonito.
–¿Y quién en la familia maneja escenarios
alternativos y va diciendo: cuidado?
–Todo indica que vamos a ganar. Pero, además, si hay una
cosa que nos caracteriza es que, a diferencia de muchas otras personas,
nuestra vida no depende de la política. Los niños tienen
sus planes. Yo tengo mis intereses y Sebastián también.
Dicho esto, creo que él está en su mejor momento para ser
Presidente. Conoce el país de punta a cabo. Tiene un proyecto claro
para el país y una fuerza impresionante.
–¿Ha madurado en estos años?
–Sí. Está en una nueva etapa de su vida. Cumplió
60 años, entre medio llegaron los nietos y como perdió la
vez pasada, se pudo preparar más. Ahora Sebastián está
por encima de las situaciones. Está empapado de experiencia. Está
menos enganchado si lo atacan. Realmente, tiene una visión de Jefe
de Estado.
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