Marisol Gálvez, ex mujer de Mauricio Israel: SU DIFÍCIL RENACER
Este fue un año muy doloroso para la ex mujer de Mauricio Israel,
luego de que él decidiera irse a vivir fuera de Chile, escapando
de una deuda económica. Sin embargo, sus cuatro hijos, su fortaleza
interna y su amor por la vida, la hicieron reconstruirse desde el abandono
y el desamor.
Carolina Honorato C. / Fotos: Gonzalo Romero / Maquillaje
y peinado: Pola López
Marisol
Gálvez, la ex mujer de Mauricio Israel, es paciente y de una fortaleza
interna impresionante. Clara en sus ideas, dolida por todo lo que ha pasado,
pero tan digna y consistente que por sus cuatro hijos no tardó en
sobreponerse al abandono de su pareja y al enjuiciamiento social en que
él se vio envuelto. No obstante, ella siempre dio la cara, nunca
se escondió, aunque nada tenía que ver.
A un año del escándalo, Marisol recuperó su vida, su
alegría y su tranquilidad, pero asume que está consciente
de que no conoce del todo a quien fuera su gran amor.
Hoy es muy cuidadosa al contestar, pero muy honesta también. “No
quiero ser enjuiciada ni castigada por lo que digo. La gente comenta. No
quiero dar pie a eso respondiendo cosas que no me corresponden”, explica.
Feliz, confiesa que hoy está de pie, bastante recuperada. “Armé
el rompecabezas de la Marisol, después de un trabajo largo y difícil.
Creo que voy a cerrar este año de la mejor forma posible, con un
trabajo nuevo, con mis hijos bien, sanos, felices y con nuevas proyecciones…
Y también alejándome de las cosas que me causaron tanta pena”,
dice esta mujer que asegura ser una madre muy exigente y protectora.
“La vida pende de un hilo”
Marisol recién inauguró uno de los centros de Depileasy, en
Alonso de Córdova 4280, un concepto que trajeron a Chile unos españoles
y del que ella se hizo cargo junto a Sandra Pizarro, con la proyección
de abrirlos en el resto de Latinoamérica.
“La verdad es que tuve ofertas para retomar mi profesión que
es el teatro, pero yo necesitaba trabajar ya y me ofrecieron hacerme cargo
de estos centros, que tienen un sistema de depilación prolongada.
Estoy feliz con este desafío, con mucho trabajo y asumiéndome
como una mujer empresaria”. Lo confiesa en tono orgulloso, esta mujer
de 37 años que siempre había trabajado relacionada con el
mundo de las artes. Aun así, sigue abierta a volver a actuar, aunque
por hoy, sus energías están enfocadas en este proyecto.
Asume que la actuación le fascina, pero que no se dedicó de
lleno, porque se casó a los 19 años con Claudio Izzo, con
quien tuvo tres hijos: Claudio (15), Vicenta (13) y Rosario (9 años).
“Pero no pienses que me salté alguna etapa. Yo vivía
sola desde los 17, había trabajado como azafata de LAN, en la época
en que uno llegaba a una ruta y se quedaba 15 días… Así
es que no siento que me haya saltado nada”.
Estuvo 14 años casada y se separó. “La verdad es que
hoy no sé si fue una buena o mala decisión, porque existe
mi hija Sara (de 2 años) y no concibo mi vida sin ella… Pero
fue un golpe duro separarme. Fue muy triste, pero hay que ser valiente para
hacerlo, porque era más fácil seguir casada”.
Marisol se define como una mujer alegre, tira para arriba y positiva. Dice
que todo le ha costado, pero que jamás ha caído en una depresión.
Sin embargo, cuenta que su primer gran remezón de vida, fue cuando
se tuvo que operar un tumor cerebral, un año antes de separarse de
Izzo. Tumor que, por lo demás, no pudieron extirpar hasta hoy. Luego
de descubrir que la vida es un regalo, que no tenía nada seguro,
se replanteó sus prioridades, se puso más exigente y empezó
a vivir las cosas como ella quería. “Quizás eso influyó
en mi primera separación”, dice, “pero la vida pende
de un hilo, aunque suene cursi; entonces, al límite entre la vida
y la muerte, uno ve las cosas desde otro lado. Me di cuenta de que no estaba
siendo feliz, que podía hacer las cosas mejor, que podía cambiar
ciertas situaciones de mi matrimonio, que me podía atrever…
Y en eso, las cosas no resultaron como yo quería que fueran en ese
minuto”.
–Al poco tiempo conociste a Mauricio Israel.
–Sí, y me enamoré, y tengo una hija preciosa.
“Es como una película absurda”
La relación con Mauricio Israel duró casi cuatro años.
Le cuesta hablar de esos detalles. Efectivamente, ella ha vivido todo este
período tratando de olvidarlo. “El es encantador, un tremendo
hombre con mis hijos y para qué decirte como papá de la Sarita.
Fue la mejor enfermera que pude tener”. –¿Y cuándo adviertes que Mauricio empieza a
cambiar?
–Pequé de tonta y no lo noté. O estaba tan feliz con
la familia que habíamos armado, y con la Sara, que no tuve tiempo
para darme cuenta de que estaba fallando algo tan grande. –Pero ustedes en los últimos seis meses estaban en
crisis de pareja.
–Sí, pero eso fue al final. Fui muy feliz con él, y
siempre pensé que iba a pasar la crisis. Yo había apostado
por Mauricio con todas mis fichas. Nunca me imaginé que esto no iba
a resultar. Y efectivamente tuvimos crisis, pero nada… las cosas de
él seguían en la casa.
A Marisol le cuesta recordar su vida de hace un año. Mauricio se
fue un 24 de diciembre. De hecho, la llamó el 23 para avisarle que
se iba, pero ella jamás le creyó. “Si tu marido te dice
que se va, jamás lo crees. Ni siquiera me lo cuestioné. Es
todo como una película absurda. No me di cuenta, no sabía
de sus deudas. Sé que le afectó que lo despidieran de Mega,
se empezó a apagar, pero estaba lleno de proyectos”. –¿Mauricio era muy grandioso?
–Yo conocí a otro Mauricio, al papá, al apoderado del
colegio, casero, familiar. El era tremendamente regaloneador, pero a mí
no me gusta que me sorprendan con cosas grandiosas.
Marisol asume que los dos primeros días no creyó que él
se había ido. “Se desmoronó la vida, el mundo. Yo estaba
muy enamorada. Me he ido lentamente desenamorando. Ha sido un trabajo largo
y triste. Y ya no me cuestiono por qué no me quiere”.
Y recalca: “Yo hubiese dado mi cabeza por que él no se iba
a ir. Fue muy doloroso ver cómo la Sara empezó a sentir su
ausencia”. –¿Quién contuvo a la Sara?
–Yo. –¿Y a ti?
–Mi familia, mis papás, mis amigos. Gracias a Dios tengo una
familia maravillosa y grandes amigos. En ese entonces, la Sara no hizo preguntas;
hoy sí.
Marisol estuvo más de un mes sin hablar con Mauricio Israel y de
verdad pensó que se iba a volver loca. Y que nadie tenía una
respuesta lógica a sus preguntas.
En febrero, en un gesto de arrojo viajó con su hija Sara y Rosario
a Israel. Un amigo de Mauricio le ofreció ayuda para ir. “Tengo
bloqueado los detalles de cómo hablé por primera vez con él
por teléfono, de cómo fue el encuentro, porque de verdad yo
seguía sin entender. Jamás pensé que él iba
a ser capaz de estar sin la Sara, porque ellos tienen un vínculo
muy especial. De hecho, él fue mucho más mamá que yo
en ese momento…”.
Los primeros días en Tel Aviv, ella se preocupó del encuentro
de ambos, hasta que vino la conversación de pareja. “Yo necesitaba
que se despidieran, que la Sara entendiera, que la Rosario viera a Mauricio.
Y de verdad no fue fácil ir a Israel, porque tenía muchos
sentimientos involucrados, pero creo que hice lo correcto”. –¿Tenías rabia?
–No, porque sentí mucha paz cuando la Sara lo vio. Cuando uno
es mamá, uno es capaz de dejar de lado cualquier sentimiento. –¿Pudiste tener una buena conversación?
–Nunca entendí por qué se fue ni nada. La verdad es
que sentía que Mauricio estaba tan mal, que no podía darme
ninguna respuesta lógica. No estaba en condiciones de explicarme
nada. Y yo tampoco estaba en condiciones de aceptar alguna explicación,
porque no hay. Yo creo que él estuvo muy mal influenciado. Si se
hubiese quedado acá, le habría sido más fácil
enfrentar a todas las personas.
Marisol se volvió pensando en cómo rearmar su hogar y con
una puerta bastante abierta a Mauricio Israel. “Necesitaba silencio,
entenderlo… Cuando yo tomé el avión de ida, no tenía
intenciones de volver con él, pero volví mucho más
esperanzada. Me las quería seguir jugando por ese amor, pero con
el tiempo me di cuenta de que yo estaba peleando sola”. –Mauricio se alejó.
–De mí, sí; de la Sara, no. El sigue muy presente y
además se encarga de todos los gastos de ella. Sé que alguien
lo ayuda en eso. Pero la Sara lo necesita a él presente.
Marisol dice que no notó cuando Mauricio se empezó a alejar
de nuevo y hace unos cinco meses vino la desilusión total. “Es
un proceso muy triste, doloroso, porque de nuevo me saqué la mugre,
pero ya pasó. Hoy estoy segura y no hay vuelta atrás”.
Aclara que Mauricio se hizo cargo de la educación de sus hijos, pero
que ésa no era su responsabilidad y añade que si hoy tuvo
que cambiarlos de colegio o cambiarse de casa no es culpa de él.
Es una de las razones por las que ella hoy está trabajando a full.
“Es una necesidad visceral y no tener que pedir favores”. –¿Qué pasa con la extradición de Mauricio?
–De eso no voy hablar. Yo quiero vivir tranquila y si vuelve, que
vuelva porque quiere hacerlo. A mí no me tiene que dar la cara, ya
cerré un capítulo, y él sabrá lo que hará
con la Sara. Yo no quiero ser castigada por nada de lo que diga. –¿Quién te castigó?
–Mauricio, porque a él no le gusta cómo he enfrentado
a la prensa. –¿Por eso se alejó?
–Yo creo. Está molesto y se sintió muy dañado
por mi actitud.
Y tajantemente dice que ni siquiera se va a cuestionar qué pasará
si él vuelve. Hoy Marisol tiene un lazo fuerte con él, pero
no quiere tener otro. –¿Es verdad que él rehizo su vida?
–Yo entiendo que no. Y no sé de qué vive ni qué
hace. –¿Tienes ganas de rehacer tu vida?
–Eso es algo muy lejano… –¿Sigues llorando?
–Mucho menos.
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