Cecilia decidió aceptar la invitación de LANTOURS y se escapó junto a “Cosas” unos días a São Paulo, sobre todo, porque esta ciudad hoy es la capital de la moda de Latinoamérica. Su idea era mirar lo que estaba ocurriendo con las mujeres, observar las propuestas de ciertos diseñadores y, además, aprovechó de posar en las calles paulistas su nueva colección de verano 2010, que será lanzada en los próximos días en Falabella.
Por: Carolina Honorato C. / Fotos: Gonzalo Romero / Producción general: Patricia Comandari / Productor de moda: Marcelo Madariaga L. / Peinado y maquillaje: Christian Álvarez con productos Bodyography / Ropa: Colección 2010 Cecilia Bolocco / Agradecimientos: LAN*, LANTOURS, Grand Hyatt São Paulo, tienda Daslu y los servicios terrestres de Gipsytours (Ricardo Danatto).
São Paulo es una ciudad acogedora, sofisticada y glamorosa. Es muy chic, tiene una gran cuota de excentricidad y goza de ser un paraíso gastronómico. El lugar perfecto para que Cecilia Bolocco se confiese en esta nueva etapa que está viviendo, como diseñadora de ropa, lo que la ha llevado a ser, aún más, un referente de la moda. Su prolijidad y exigencia de siempre la han llevado a convertirse en una tremenda diseñadora y en una empresaria de tomo y lomo. Sus colecciones han tenido gran acogida e incluso siempre le están ofreciendo que abra tiendas en distintos lugares del mundo. Al parecer, llegó la hora de que instale su propia boutique.
Por supuesto que cuando apareció en el counter de LAN en el aeropuerto de Santiago, no hubo nadie que no se diera vuelta a mirarla.
Una vez instalada en Business, Cecilia empieza a relatar su reciente viaje a Milán, donde estuvo cuatro semanas estudiando en la universidad un curso de diseño de ropa. Arrendó un departamento en el centro, cerca de todo. Hizo amigos y lo pasó increíble. “Es liberador hacer estas cosas”, confiesa de entrada. “La verdad es que decidí hacerlo, porque me aluciné con este nuevo emprendimiento. Jamás me imaginé que iba a ser tan exitoso, pero mucho menos que iba a ser estremecedor para mí. De verdad que este nuevo camino me empujó a ponerme en contacto con mis raíces y volver a estudiar, a estar inserta en el mundo de la moda, pero a nivel internacional. Por lo que decidí preocuparme, para darle sustancia a mi trabajo. Así busqué el mejor lugar y partí como una estudiante. Lo pasé espectacular. Fue tan increíble, hubo algo de liberación en todo esto. Después de haber trabajado tantos años, de haber sido tan independiente, volver a la universidad sintiéndome dueña de mi vida, sabiendo lo que necesito y quiero, fue como volver a ser niña pero con un gran bagaje. Alucinante. Lo pasé bomba”, agrega.
–Pero te fuiste bastante liberada. Al menos eso transmitiste el último tiempo.
–Sí, hace rato que me liberé de mí. Hace tiempo que vengo soltando mis trabas, mis propios frenos. Mi gran batalla ha sido contra mí. Yo soy la que se autoexige demasiado. Analizo las cosas mil veces. Entonces empecé a soltar esa mujer exigente, perfeccionista… Ha sido un proceso largo. Me agoté de vivir para cumplir, y cumplirle a quién, ¿a mí misma? Si a mí nadie me estaba exigiendo. Y sigo siendo exigente, pero de una manera sana, con límites. Los años ayudan y finalmente te estabilizan.
Boutique propia
Una vez instalada en la suite del Gran Hyatt de São Paulo, Cecilia decidió internarse en el spa para descansar un poco del viaje. Luego apareció en el restaurante “Eau” para disfrutar una deliciosa comida, junto al equipo que la acompañó a Brasil.
–¿Pensaste llevar a Máximo a Milán?
–Pensé llevarlo, pero era imposible. ¿Dónde lo dejaba? No sabía mis horarios. Además, mi viaje a Milán coincidió con las vacaciones de invierno de Máximo, entonces él estuvo lleno de panoramas. Se fue a La Parva, a Zapallar, a Reñaca. Además, por Internet hablábamos todo el día y nos veíamos por Skype. Esto de la camarita es fantástico.
Cecilia cuenta que está realmente realizada en esta nueva faceta: “Me gusta todo el proceso. Me llegan maletas de telas. Las elijo una a una y armo la colección. Lo que hago yo, a diferencia de lo que hace Falabella, es que en mi colección hay tenidas, donde todo combina el vestido, el pantalón, la chaqueta… Las prendas conversan entre sí, armo un clóset. Parte del éxito es eso, porque las mujeres compran varias cosas. Y ése es un trabajo que va mucho más allá de diseñar”.
Y reitera que no se esperaba que fuera el éxito que es. “Las personas se pelean las cosas. Y es por eso que quiero que esto crezca...”. Al mismo tiempo, Cecilia comenta que le gustaría tener su propia boutique. “Tendría ropa diseñada por mí, accesorios, y también trabajaría a pedido. Mi sueño es hacerlo y estoy viendo cómo implementarlo, pero no soy buena para hablar de proyectos que no están listos. No me apures, pero siento que debo aprovechar los contactos que tengo en el mundo”.
–¿Es fácil trabajar contigo?
–Yo creo que no. Ahora, a los que les gusta trabajar, les fascina trabajar conmigo. A los más flojos, se les hace pesado. Me gustan las cosas bien hechas; me encanta que todos participen y opinen.
Cecilia interrumpe la conversación, ya que decide trabajar en la ropa que se pondrá para la sesión de fotos. Poco a poco, va dándole forma a cada una de las tenidas, sin olvidar ningún detalle. Su nivel de perfeccionismo es impresionante. Se acostó de madrugada, feliz, lista para salir al día siguiente a recorrer las calles de São Paulo.
A mediodía, apareció espléndida en el lobby del hotel, quería recorrer Jardins, un sector donde están las mejores marcas de ropa a nivel mundial, los grandes diseñadores brasileros y para qué detallar la gran cantidad de restaurantes, cafés y bares. Una zona alucinante, llena de movimiento, donde las mujeres que se ven por las calles, son realmente espectaculares.
Mientras caminaba y observaba todo lo que pasaba, fue comentando sobre su colección de ropa para este verano. “Viene mucho la túnica”. Confesó que le fascina ese atuendo y que se siente muy orgullosa de haberlo diseñado y luego darse cuenta de que en Europa era furor. “Esta colección es básicamente sensual, llena de color, de transparencia y de libertad. La verdad es que jamás me imaginé tener en mi clóset tanto color”. Claramente tiene que ver con su estado anímico.
Y entre tienda y tienda, comentó que a ella le gusta comprar pocas cosas, pero de muy buena calidad. “Por eso quiero poner una boutique, porque hay un punto donde debo soltar la prenda en Falabella y a mí me gustaría trabajar otras cosas, según los requerimientos de cada clienta. Quizás alta costura”. Cecilia cuenta que ella tiene un ojo muy detallista, que con sólo mirar una prenda sabe si está o no bien hecha.
–¿Qué debe tener una mujer en su clóset?
–Un buen jeans, que te arme muy bien la facha. Hoy existen mil trucos, así es que hay que buscarlo. Poleras blancas y por supuesto que una blusa blanca. Un par de blazers clásicos, pantalones de vestir y uno más sport. Y luego el vestido negro. Los accesorios son fundamentales. Las carteras, los zapatos, los pañuelos.
–En el día a día, tú eres bien sencilla para vestirte…
–Me visto en buzo y zapatillas todos los días de la vida. Cuando salgo, me arreglo, pero en mi vida cotidiana, me gusta andar cómoda. Y parte importante para hacer las túnicas para este verano fue la libertad. ¡Qué rico sentirse libre!, como que te mueves y no importa porque la túnica te sigue. Además, andas fresca en una temporada tan calurosa.
–¿Crees que esta nueva faceta te alejó definitivamente de la televisión?
–No, sólo hizo surgir a la Cecilia creativa. Yo jamás estuve urgida por la televisión. Y no hay ningún proyecto en la televisión que me quite el sueño. Después de 20 años ya no. O quizás porque logré mucha más fama antes de entrar a la televisión. Quizás cerré un ciclo en televisión. Hice de todo, todas las locuras. No me dan muchas ganas de volver. Me gustaría seguir concentrada en lo que estoy, porque estoy feliz.
Luego de este entretenido vitrineo, Cecilia se trasladó al hotel para realizar la primera sesión de fotos en la suite presidencial, en el mismo lugar que estuvo alojada Madonna.
Posó como una diosa. Disfrutó cada postura. Se rió, jugó y se mostró bien lúdica. La sesión se extendió hasta tarde. Pero todo salió perfecto. Luego y con mucha humor, partió a su suite a arreglarse, apareció espléndida y partió a comer al restaurante “Figueira Rubayat” donde, además de disfrutar, se dedicó a revisar detalles para la organización del lanzamiento de su colección.

Piropos
en la calle
Al día siguiente, Cecilia decidió salir a posar a la Avenida
Paulista, un lugar enorme, lleno de restaurantes, donde también
está el Museo de Arte de São Paulo y el Parque Trianon,
que es una maravilla. Así es que aparte de trabajar, tuvo tiempo
para mirar un poco de arte. Por lo visto, São Paulo está
ideal para un viaje de amigos o de pareja. Definitivamente es como estar
en Nueva York.
En la calle, mientras Cecilia lucía su ropa, no faltaron los brasileros
que le gritaban: “Preciosa”, “linda”, “bella”...
Muchos la reconocieron y otros cayeron rendidos ante su belleza y simpatía.
–Cuéntame algo más de Máximo.
–Es mi locura, mi amor. Es mi guagua, un compañero. Las conversaciones
que tengo con él son geniales. Es un exquisito. Al principio de
la maternidad te inunda una responsabilidad tan grande, que hasta uno
colapsa muchas veces el poder disfrutarlo, pero con el tiempo, empiezas
a disfrutar a este hijo de verdad. Cuando Máximo hace una tontera,
me río y después lo llevo al orden. Uno le baja esa cuota
a la creencia que se va a acabar el mundo si uno no es la mamá
perfecta. Yo me dediqué ciento por ciento a él.
La cara se le ilumina y agrega: “El es un niño dulce e inteligente,
una combinación fulminante. Además es intenso, eso lo trae
en sus genes por su papá y por mí. Máximo consigue
todo con dulzura, pero es muy inteligente, porque para conseguir todo,
utiliza estrategias. Desde los dos años que me propone hacer tratos…”.
Cecilia concluye que Máximo es único: “En realidad
soy la mamá, ¿qué más podría decirte?”.
–¿Alega por tus viajes, te echa de menos?
–No. Lo pasa regio. Tengo un grupo de mamás del colegio que
se lo lleva para sus casas cuando estoy de viaje. Entonces tengo todo
cubierto.
–¿Se puede ser mamá sola y criar un hijo sano?
–Sí. A lo mejor le faltó algo, cuando sea grande nos
daremos cuenta, pero él es un niño feliz. En el colegio
me dijeron eso, que no necesitaba terapia ni nada, que no tenía
carencias, que era brillante, con una gran capacidad de análisis
y que sólo había que reforzarle la motricidad fina. (Ríe
y pone cara de orgullo).
–¿Cómo es su relación con Carlos Menem?
–Buenísima. Lo adora, aunque lo ve poco. Pero Máximo
entiende que su papá vive en otro país. Yo le tengo un cariño
muy grande a Carlos y eso ayuda mucho también. En mi casa hay fotos
de él en todas partes.
–¿Por qué le tienes cariño y no rabia?
–¿Por qué le iba a tener rabia? Yo no me enveneno
mucho. Siempre he sido así y eso ayuda mucho a Máximo. Los
niños respiran la verdad. Uno no se las explica, porque no es capaz
de hacerlo.

Confesiones nocturnas
Esa noche, Cecilia partió a comer al famoso restaurante japonés
“Nakombi”. Ahí celebró su buen momento y se
dio tiempo para comentar de todo, en otros planos de su vida personal.
–Cecilia, ¿estás soltera?
–Sí, absolutamente. Tengo amigos, medios pololos, lo paso
increíble, pero no me proyecto, no me casaría de nuevo.
Ya lo hice dos veces. También puede ser que no haya aparecido el
hombre o que yo vivo muy ocupada en lo mío. Y lo paso bien, salgo,
estoy entretenida.
Confiesa que hasta hace no mucho, tenía la nostalgia de encontrar
una pareja, para armar una familia. “Pero ya no. Yo vivo en Chile
y eso es una traba”, reconoce.
–¿Te dan ganas de irte?
–Lo pensé, quería irme el próximo año,
pero cambié de opinión cuando me fui a Milán. Es
más entretenido viajar y volver y más adelante haré
lo mismo con Máximo. La verdad es que siempre lo tuve como plan.
Pensaba que cuando Máximo cumpliera unos 12 años me lo iba
a llevar a vivir a Inglaterra o Francia, pero hoy no sé.
Una de las buenas cosas que le ha pasado a Cecilia Bolocco es que, después
de haber tomado durante años pastillas para dormir, hoy no las
necesita. “Me meto a mi cama, abro mi libro para leer y caigo muerta.
No he podido leer nada. Pero estoy feliz. Duermo”.
Finalmente Cecilia concluye que hoy está feliz, libre y que en
eso la ayudaron los años. “Estoy contenta con lo que tengo
ahora. Antes tenía la propia exigencia de querer formar algo, tener
una pareja y ése era mi talón de Aquiles. Una tarea pendiente,
pero ya no. Hoy no tengo nada pendiente. No ando sola por la vida. Tengo
a mi Máximo, y aunque eso no tiene que ver con el aspecto romántico,
estoy bien así. Además, hoy tengo buenos amigos y amigas,
lo paso bien… Igual no me arrepiento de nada. Todo lo hice convencida”.
Al día siguiente partió a disfrutar de Daslu, un lugar famosísimo
en São Paulo, donde están las mejores marcas del mundo.
Ahí pasó la mañana, atendida como una reina, para
luego viajar a Chile de vuelta.
*LAN vuela a São Paulo con
24 frecuencias semanales con servicio Premium Business o Premium Economy,
dependiendo del horario y día de la semana. Un itinerario perfecto
para
“una gran escapada”.
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