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Aunque se encuentra en la cima de las encuestas,
se muestra cauta, porque tiene claro que la historia puede cambiar en
cinco minutos. “Una elección se gana cuando se gana”,
advierte, señalando que hoy lo que le corresponde a ella es seguir
recorriendo el país como candidata.
Todas las últimas encuestas la sitúan en
su momento estelar, sin embargo, es la primera en precisar que es muy
temprano para cantar victoria y que aún quedan muchas vallas por
salta antes de poder conquistar La Moneda.
Mientras tanto, desde su comando de Antonio Bellet,
Michelle Bachelet sigue trabajando, sin tregua. Con la espontaneidad de
siempre, parte confesando que le pena ser tan trabajólica, por
lo que debe someterse a una “reestructuración” urgente.
Asegura que poco le queda de las relajadas vacaciones de tres semanas
en Caburgua, sin televisión ni diarios, donde hasta el almuerzo
que le ofreció Sebastián Piñera contó con
la orden expresa –por parte de su señora, Cecilia Morel–
de no hablar de política. “Ese día había mucha
gente de distintos colores, que tiene mucho que ver con el Chile que queremos
construir”, recuerda la presidenciable socialista.
Y aunque confiesa que en el día a día
no le queda espacio ni para reponer sus anteojos nuevos que perdió,
se reserva tiempo para ir a dejar a su hija menor todos los días
al colegio y almorzar los fines de semana en familia.
–¿Sus hijos ya están totalmente
entregados a su causa?
–Completamente, aunque también me dan su opinión.
–¿Quién es el más
crítico?
–Francisca, la segunda (estudiante de antropología), que
en general es la más crítica del mundo. Pero los tres, junto
a mi madre, son tremendamente apoyadores. Sin embargo, cuando encuentran
algo mal me lo dicen, y eso me gusta. No quiero estar rodeada por gente
“chupamedias”.
–¿Los ve trabajando más
activamente en la campaña?
–No busco manipularlos ni usar su imagen, pero tendrán los
espacios en lo que quieran si están interesados en participar.
Aunque mi primera prioridad es que ellos hagan su vida.
–Se acaban de cumplir 31 años desde
la muerte de su padre. ¿Qué tan presente está él
en su carrera presidencial?
–Mucho, sobre todo en la huella profunda que dejó en mi formación
y en la manera en cómo abordo los temas. El haber sido hija de
un aviador y de una madre que trabajó en la Universidad de Chile,
me lleva muy fácilmente a hacerme cargo de los temas país.
–¿De qué forma su muerte,
cuando usted tenía 23 años, influyó en sus pasos
posteriores?
–Yo siempre fui muy regalona de mi padre, además nos decían
que nos parecíamos mucho. Seguir este camino ha sido una suerte
de homenaje a él, pero también de asumir un legado por el
amor al servicio público y a las personas que habitamos Chile.
Mucho de lo que vivimos como familia fue dedicarnos a conocer nuestro
país, de norte a sur, siempre aprendiendo más y buscando
no ser personas rígidas ni cerradas.
–¿Cuál es la mayor impresión
que le ha traído revivir las cartas de su padre en prisión,
recién publicadas?
–(Se emociona visiblemente). Mi papá, incluso estando preso,
siempre trató de entender a su institución. Y en esas cartas
me encuentro con un buen ser humano; una persona culta, inteligente, afectuosa
y profundamente comprometida, que es capaz de decir que, pese a todo,
volvería a hacer lo mismo. Es un tremendo orgullo para mí
redescubrir a mi padre en esas notas, y que mucho de mí tiene que
ver con él, como también con mi madre.
–¿Qué le pareció
que, a raíz de esas cartas, la senadora Evelyn Matthei haya dicho
que todavía conserva los olivos de Bohemia que el “tío
Beto” le regaló?
–Con mi madre agradecemos sus palabras, porque efectivamente nuestros
padres fueron muy amigos y de chicas nosotras también jugábamos
mucho juntas en Antofagasta. Aunque después, cuando yo fui ministra
y ella senadora, hubo más de alguna situación poco grata.
Pero el hecho que a 31 años podamos dejar de lado ciertas odiosidades,
es un buen signo. Incluso cuando fui nombrada ministra de Salud, Fernando
Matthei me mandó el recado de que quería hablar conmigo,
por lo que lo llamé. El se impresionó con mi gesto y conversamos.
Básicamente me dio algunas recomendaciones de su experiencia como
ministro de Salud y me deseó lo mejor. Ese hecho me ayudó
a percibir el nuevo Chile que empezábamos a vivir.
PÍLDORA
DE LA DISCORDIA
–Pero hoy ya se están empezando
a ver las discrepancias entre usted y Soledad Alvear, ¿está
siendo cada vez más difícil mantener el “fair play”
pactado entre ustedes?
–Eso no significa no ser capaces de discrepar, sobre todo porque
somos mujeres con ideas, experiencia de gobierno, que aspiramos a otro
tipo de política, en otro tono. Sin descalificaciones personales,
pero tampoco, como se dijo por ahí, a través de un pacto
de silencio acerca de asuntos fundamentales. Habrá momento para
discutir en profundidad los temas. Por eso, creo que junto con los debates,
que son mediáticos, también es importante realizar un trabajo
más profundo para analizar las propuestas.
–Una de las discrepancias con Soledad
Alvear ha sido el tema de la “píldora del día después”.
Pero en la última polémica usted pareció menos firme
que antes, en cuanto a aprobar su distribución en todo el país,
postura que provocó la salida del subsecretario Antonio Infante...
–Como ministra, autoricé su comercialización, tras
reunir a los mejores expertos para discutir profundamente el tema. Ahí
llegué a la convicción de que no era abortiva y, bajo esa
condición, logré la autorización para venderla. Pero
desde que se autorizó hasta ahora, la píldora del día
después ha sido lo mismo: un anticonceptivo de emergencia, como
dice su nombre, y no un método de anticoncepción regular.
–Una respuesta menos comprometida que
antes. Incluso, en su última entrevista en “Cosas”
respondió que hizo “todo lo posible para que estuviera al
alcance de todos los chilenos”...
–Sí, hice todo lo posible para que estuviera al alcance de
todos los chilenos. Hoy se vende en todas las farmacias de Chile. Quien
tiene el dinero puede comprarla. Antes no podía ingresar al país.
Ahora la discusión es otra. Hay que enfrentar cómo introducimos
equidad, porque quien no tiene la plata no accede a la píldora.
Yo estoy por introducir equidad. El tema hoy es bajo qué criterios
y cómo se distribuye la píldora de emergencia en los consultorios.
Me parece que pensar que una emergencia se refiere sólo a casos
de violación o agresión sexual es darle un uso demasiado
restringido, así como darle acceso a niñas de 12 años,
sin acompañamiento de sus padres, es demasiado amplio. Y por eso
he dicho que estoy estudiando con mis equipos qué puede ser catalogado
como emergencia. Hoy estoy haciendo lo mismo que hice cuando era ministra,
estudiar el tema para tomar la decisión acertada. Este asunto merece,
de quienes aspiramos a la Presidencia, una visión de Estado, con
altura de miras.
“Me parece reduccionista la discusión:
el foco debería estar en los embarazos no deseados y no en la píldora.
El foco es qué políticas educacionales y de salud pública
apuntan a reducir los embarazos no deseados y a que los chilenos vivamos
una paternidad responsable y sexualidad sana”.
–¿Le daría la píldora
a una hija?
–Sin duda, si fuera mi situación. Pero no lo es, porque mi
hija mayor ya es grande y toma sus propias decisiones, mientras que la
otra es muy chica.
–¿No le complica que la Iglesia
influya tanto en temas como éstos?
–Tengo un profundo respeto por la Iglesia y por el desarrollo de
las diversas espiritualidades de nuestro país. Tienen derecho a
tener una opinión, pero el Estado tiene una tarea propia, ineludible,
que es garantizarle a todos los chilenos alternativas para la resolución
de sus problemas, desde su realidad. Porque hay mujeres que tienen posibilidades
de decir “esto es lo que quiero”, pero otras no.
–Entre todos los candidatos presidenciales,
¿usted asume ser el referente más liberal?
–En general no me gustan los motes ni los calificativos. No sé
si lo que yo soy se pueda llamar liberal o conservador, pero sí
sé que represento –y me las voy a jugar por eso– a
un país con opciones para los distintos chilenos, con diferentes
realidades y espiritualidades, pero acorde al Chile y a la familia real,
no a patrones estereotipados del que me gustaría que existiera.
Si a eso le quieren llamar liberal, puede ser, pero sobre todo soy apoyadora,
fuertemente, de la aceptación a la diversidad. Quiero un país
que no castiga a los que piensan distinto; que sea acogedor y donde no
haya prejuicio ni discriminación.
"NO ESTOY
AL SERVICIO DE NADIE"
–¿Cómo le llegaron las palabras
de Tomás Moulian, del movimiento “Juntos Podemos”,
diciendo que usted es “el principal enemigo” y que, en el
fondo, “está al servicio de la derecha”?
–Desconozco lo que ha querido decir realmente Moulian. Me imagino
que tiene que ver con la mirada que su partido tiene sobre la Concentración.
Y lo único que puedo señalar al respecto es que mi foco
de gobierno va a ser por un Chile donde caben todos y donde se da igualdad
de oportunidades a todos. No estoy al servicio de nadie, sólo de
una sociedad que se pueda construir bajo los valores de la justicia, la
solidaridad y la equidad.
–¿Cuál sería su diferencia
frente al gobierno del Presidente Lagos?
–Me he definido como “continuidad y cambio”. Aspiro
a un gobierno progresista, por supuesto que concertacionista, pero con
una sociedad donde realmente haya justicia, un país que sea más
amable, más acogedor, que estimule a todos aquellos que quieren
surgir, pero que proteja a los más vulnerables. Y va a haber continuidad
en todo aquello que hemos logrado, como en los avances en cobertura educacional,
por ejemplo. Sobre esa base, tenemos que construir el segundo piso. También
hemos tenido tremendos avances en nuestra integración económica.
Chile está súper inserto en el mundo internacional, hemos
avanzado muchísimo con Estados Unidos, la Unión Europea
y los países de APEC. Quiero mantener todo eso, pero pretendo darle
un gran énfasis a América Latina, donde tenemos identidades,
problemas, intereses y, sobre todo, dificultades comunes, como lo es hoy
el tema energético.
–En sus primeros encuentros con empresarios,
¿siente que la están haciendo rendir examen sobre materias
como impuestos o flexibilidad laboral?
–Nadie me ha hecho rendir examen, pero sí he notado una tremenda
curiosidad en algunos sectores que han tenido menos acceso a mí,
porque no estaban muy vinculados al mundo de la Salud o de la Defensa,
por conocer mis ideas, pero sobre todo si les soy confiable; si soy una
persona seria o demagoga y cómo trabajo. Y no tengo temor a decir
lo que pienso, a decir lo que creo que se puede y no se puede hacer.
–¿Qué les diría a
quienes les preocupa su entorno, porque lo ven más izquierdista?
–A nadie le he negado que vengo del mundo del progresismo. Mantengo
esos valores de cuando era joven, pero creo que los estilos han variado.
Hoy, las maneras de hacer las cosas son distintas. A lo largo de mi historia,
también me he convencido de que todos somos necesarios en Chile.
Y además lo he demostrado en mis cinco años de ministra,
donde he realizado mis tareas trabajando e incluyendo a todos y no a un
grupo específico o a “mi entorno”, como lo llaman.
He trabajado con personas de distintos pensamientos, opiniones, perspectivas,
y las decisiones que he tomado o que le he sugerido al Presidente de la
República han sido pensando en todos los chilenos.
–¿Es cierto que no ha nombrado
un generalísimo de su campaña para reservarle el espacio
a Soledad Alvear, después de las primarias?
–No es cierto. No me ha parecido necesario nombrarlo porque yo he
construido un comando no tradicional, distinto. Tan importantes como las
propuestas de contenido son los estilos de liderazgo. Yo aspiro a uno
más convocante y articulador, donde los ciudadanos tengan una participación
cada vez mayor. Pero obviamente que al ganar las primarias, quien las
gane tendrá que reordenar su comando. Ahí tendré
que evaluar cómo lo organizo, donde obviamente la Democracia Cristiana
tendrá un rol muy importante. Si Soledad ganara las primarias,
yo me sumaría a ella, con toda energía, en las distintas
tareas para lograr que fuera la Presidenta de la República.
–¿Qué le parece que Edmundo
Pérez Yoma haya señalado que no toda la DC está dispuesta
a votar por usted?
–No tengo ninguna duda de que en las bases de la DC hay una enorme
cantidad de gente concertacionista. Eso va a ser lo central: estar convencidos
de que el país que queremos construir es uno mejor. Y en mi experiencia
práctica como ministra trabajé gratamente con democratacristianos
en los más variados niveles y que me han dicho claramente que su
candidata es la Soledad, pero que si yo gano en las primarias, trabajarán
por mí. Hay otros que incluso me han dicho que yo soy su candidata.
Pero lo importante aquí es que existe un patrimonio histórico
que hemos construido como Concertación. Haré todo lo posible
porque ese patrimonio político, de todo el país, lo cuidemos,
porque también somos parte de la estabilidad de Chile.
–Después de estar casi en la cumbre,
¿qué tanto temor le tiene a caer en las encuestas?
–Nadie gana una elección hasta que la gana, y eso es más
antiguo que el hilo negro. Wilson también decía que la historia
puede cambiar en cinco minutos... Por mi lado, voy a hacer lo que tengo
que hacer, que es seguir recorriendo el país como candidata. Los
chilenos dirán qué prefieren, yo sólo voy a seguir
trabajando honesta, comprometida y tranquilamente, pero sin parar.
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