Patricio Navia: “Si Bachelet no aprende la lección Pérez Yoma se va a ir” E-Mail
 

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Este personaje tiene dos lados: por uno aflora el analista que enjuicia con ironía y desenfado al poder político y, por el otro, se asoma el soltero que anda en busca de su destino.Todo lo sesudo y categórico que puede llegar a ser en sus análisis políticos, se revierte cuando aparece el muchacho de provincia e hijo de un pastor evangélico que él es. Aquí dispara duro contra el gobierno de Bachelet, que él considera “inepto”, y profundiza en la coyuntura actual.

Por Claudia Alamo | Fotos: Bárbara San Martín

A sus 37 años, Patricio Navia se ha convertido en uno de los cientistas políticos más influyentes de la plaza. El dice que le interesa más dejar un legado como académico y que, de aquí a 20 años, sus estudiantes digan: “A mí me formó Navia”, que ser un columnista top. Aun así, disfruta de su buen momento y coquetea con el personaje mediático que ha creado.

Vive entre su loft de Nueva York y su departamento de Providencia, en Santiago. Almuerza con figuras públicas y es invitado habitual de las tertulias políticas o académicas. Conectado a su iPod, Navia vive a mil. Por ahora, le acomoda ese ritmo, pero también juega con la idea de enamorarse, tener hijos e instalarse. Quiere una mujer que tenga vuelo propio, que no haga de su vida un apéndice de la de él. “En la vida, tener una pareja es casi como comerse un helado. Lo haces porque quieres, no porque lo necesites”, responde ante la pregunta de si se siente o no un soltero codiciado.

De eso y, por cierto, del complejo momento político que se vive hoy en Chile habla en esta entrevista.

–El gobierno se prepara a iniciar su segundo tiempo. ¿Qué cree que debiera cambiar? Especialmente ahora que el panorama económico ya no es tan boyante…
–No soy particularmente optimista respecto a lo que va a pasar en este gobierno. Creo que esto es como empezar el segundo tiempo e ir perdiendo 2-0 y más encima con un jugador expulsado. No es el mejor de los mundos. No obstante, creo que eso mismo puede obligar a que el gobierno sea mucho más disciplinado fiscalmente y eso fortalece la posición de Andrés Velasco, que es el ministro encargado de cuidar la billetera. El puede terminar convenciendo a Bachelet de que ella necesita ser Presidenta y no jefa política. Ese rol lo debe jugar el ministro del Interior.

–En esta nueva etapa, ¿no es la política la que debiera jugar un rol más preponderante, y no sólo la austeridad fiscal?
–Bueno, el cambio de gabinete vino a solucionar ese problema, pero eso va a pasar siempre y cuando la Presidenta acepte que su ministro del Interior es su jefe de gabinete. El riesgo que corre Bachelet es volver de sus vacaciones y empezar a hacer declaraciones antes de consultarlas o ponerse de acuerdo con su ministro del Interior. Si eso pasa, se va a producir una tensión que puede llevar a que este gabinete sea el más corto de todos.

–¿Tanto así?
–Yo anticiparía que este gabinete va a ser el más corto o bien, el que termine el mandato de la Presidenta. O sea, si Bachelet no aprende la lección, Pérez Yoma se va a ir del gobierno antes del 21 de mayo.

–Entonces, ¿el problema es el estilo Bachelet?

–Eso lo vamos a ver con Pérez Yoma. Si él se logra empoderar, entonces claramente, el problema fue de los ministros anteriores. Pero si Pérez Yoma no logra empoderarse, el problema es de Bachelet.

–¿No es raro que se use tanto la palabra “empoderar”? Antes nunca nadie se preguntaba si Insulza estaba empoderado o no. Se daba por hecho que los ministros tenían poder.
–Es verdad. Lo que pasa es que los gobiernos hablan mucho de sus debilidades como si fueran sus fortalezas. Lagos, por ejemplo, siempre hablaba de las instituciones, pero si miramos el Transantiago, el gran problema es que no se diseñó una institución a cargo del sistema de transporte público. Es decir, el Presidente de las instituciones dejó un legado sin instituciones. Y el gobierno de Bachelet habla mucho del empoderamiento, pero no es capaz de dejar que sus ministros hagan cosas. Recordemos que, hasta hace poco, todos andaban con miedo. El nombramiento de Pérez Yoma va a ser el mejor test para ver si alguien, con la intención de empoderarse, va a poder lograrlo.

¿Ineptitud?

–En el primer tiempo, Bachelet apostó por hacer un recambio generacional. Con Pérez Yoma, Sergio Bitar y Francisco Vidal, han vuelto los “tótems” de siempre. ¿Fracasó la apuesta?

–Lo que pasa es que Bachelet entendió recambio como sinónimo de ineptitud. Tú podías poner caras nuevas, pero no por eso tenías que poner gente poco capaz. Hay mucha gente que no es conocida y tiene muchas aptitudes. No fue el caso. Recambio no tiene por qué ser sinónimo de ineptitud.

–Duro su diagnóstico.

–…Es que Bachelet puso gente que no sabía hacer la pega. Pudo haber elegido mucha gente nueva, pero en la banca de los ministros políticos y sectoriales, terminó poniendo ministros bastante mediocres. Lo que pasa es que este gobierno fue particularmente inepto en eso. Puso de ministra de la Presidencia a una mujer que no tenía experiencia en el Congreso. ¡Eso es como poner a Bam Bam Zamorano a jugar al arco! Además, puso a Lagos Weber de vocero cuando toda la teoría política dice que los Presidentes nuevos necesitan diferenciarse de los anteriores.

–No creo que nadie quiera armar un equipo que no funcione. ¿No pudo ser mala suerte no más?

–No. Yo creo que ella se sentía sumamente insegura y, por eso, en vez de convocar a un grupo de expertos, de buenos políticos, llamó a su gobierno a gente que nunca le iba a levantar la voz. A diferencia de otros Presidentes que optaron por tener ministros poderosos que incluso se pelearan con él, Bachelet terminó convocando ministros que no iban a querer brillar por sí mismos. Ese fue su error.

–¿Pero se podría decir que Andrés Zaldívar era un ministro incapaz, mediocre?
–No, pero Andrés Zaldívar era un pésimo candidato para ministro del Interior. Había estado 16 años en el Senado, estaba acostumbrado a negociar acuerdos, no a ser un jefe político del gobierno. Mucho menos a estar a cargo de la seguridad.

–Pero Belisario Velasco tenía experiencia en seguridad y también salió mal del gobierno…

–Sí, pero lo de Belisario no fue recambio. Su entrada fue apresurada cuando el gobierno de Bachelet ya iba en caída. Entonces, lo que digo es que el diseño inicial de Bachelet fue equivocado, porque ella prometió un recambio que era falso. Luego, esto de que nadie se repitiera el plato, fue una promesa irreflexiva; no tenía sentido. Y el discurso más vacío de Bachelet fue el de la participación ciudadana. O sea, el Transantiago no incorporó nada de participación ciudadana. Y el otro problema de este gobierno es que se preocupó mucho de la inmediatez y no construyó un proyecto para los cuatro años. Por eso ahora se quedó sin horizonte.

–¿Cree que este gobierno se acabó?

–Creo que todavía puede lograr algunas reformas importantes, pero éste no será el gobierno más exitoso de la historia. Será discreto.

Los amigos de Cachagua

–En ese escenario, ¿la derecha tiene todo para ganar en el 2009?

–Piñera es un tipo inteligente, rápido, pero le falta inteligencia emocional, que es lo que le sobra a Bachelet. Y lo otro es que el candidato de la derecha, cualquiera sea, necesita abrirse al resto de Chile para ganar. Y si el comando de Piñera o su grupo cercano sigue siendo el club de amigos de Cachagua, va a perder. Piñera necesita incorporar a ese Chile que veranea en Algarrobo o que se queda en su casa porque no puede ir de vacaciones. Por lo tanto, si Piñera pretende ganar no debe ser el candidato-empresario tratando de mostrar sólo la eficiencia. La demanda de inclusión seguirá siendo el gran tema en la próxima elección.

–¿Cómo debiera hacerlo?
–Bueno, la disyuntiva histórica de la derecha es el purismo que tiene por las mayorías. Si quieres ganar, necesitas adoptar políticas populares, abrirte a la sociedad y entender sus cambios. Ese “purismo” derechista por la mayoría se expresa, por ejemplo, cuando un Jovino Novoa pide mano dura para los mapuche que se levantan en el sur. Los mapuche tienen sus reivindicaciones y en muchos aspectos son legítimas. Puede que las formas en que lo hacen sean equivocadas, pero la mano dura no soluciona los problemas. Por lo tanto, a menos que la derecha logre convocar a los de la Maza, a los Cornejo, a los divorciados, a los pokemones, no va a ganar elecciones.

–¿Aun cuando la Concertación esté en su peor momento?
–Aun así. Porque la elección también la puede ganar un líder populista. Es cierto que Chile aún tiene un sistema de partidos sólido, pero hoy es menos estable que hace cinco años. Es decir, los astros se están alineando para que en Chile aparezca un liderazgo populista.

–Pero también es cierto que líderes tradicionales, fuertes, como Lagos, siguen siendo opción.
–Sí, pero eso es relativo. Lo voy a plantear en lógica Festival de Viña: Lagos es como Antonio Vodanovic. Todos sabemos que hace las cosas bien, pero probablemente la gente prefiere a alguien nuevo. Creo que eso va a pasar con las encuestas al comienzo de 2009. Y si no levanta nadie más de la Concertación, la carta será Lagos.

–¿Eso no sería como echar mano a su última carta para ganar y reconocer, de algún modo, que la coalición no pudo generar nuevos liderazgos?

–Sí, pero ésa es responsabilidad exclusiva de Bachelet. Ella no quiso nombrar presidenciables en su gobierno. El desafío primero de cada Presidente es potenciarse hacia el futuro. Ella no lo hizo.

–¿No estará poniendo a Bachelet como la responsable de todos los males de la Concertación?

–No. Lo que digo es que su administración no produjo la renovación de rostros que ella misma prometió, porque no ocupó los ministerios que son la gran plataforma que tienen los gobiernos para renovar sus rostros. Efectivamente, Bachelet salvó a la Concertación de una derrota en el 2005, pero después de llegar al poder no supo cómo y qué hacer para refundar su coalición.

Navia y las mujeres: "Estoy disponible"

–Usted es un columnista influyente y, según lo que he reporteado, también se ha convertido en un soltero codiciado.
–¿Tú crees que voy a un bar y le digo a una chica: “Hola, yo escribo columnas”? ¡Nada que ver! Además, sería sospechoso que existan “grupis” de columnistas. Eso pasa con el rock, con los hiphoperos. Pero no con los columnistas.

–Hay “grupis” para todo. ¿No le pasa que se acerca gente sólo porque es una firma conocida?
–Se te acerca gente en general, pero la peor forma de acercarse a mí es diciéndome: “Hola, yo leo tus columnas”. Me carga. Es pésima carta de presentación. Además, siento que soy mucho más chistoso y simpático como persona que como columnista.

–¿Y es mujeriego?
–¡Noooo! Soy trabajólico. No tengo tiempo. Y, sinceramente, entre una cita a ciegas con una chica y una invitación a cenar de Piñera o de Insulza, prefiero –por lejos– ir a cenar con uno de ellos.

–Debe ser medio insoportable como pareja.
–Soy mañoso como Jack Nicholson en la película “Mejor Imposible”.

–¿Y ése perfil le gusta más a las chilenas o a las norteamericanas?

–…Es que se han producido cambios muy importantes en la sociedad chilena y eso lo ves, por ejemplo, en que entre una estadounidense de 35 y una de 25, casi no hay diferencias. Pero entre una chilena de 25 y otra de 35 años, hay dos mundos muy distintos. Y lo otro es que en Nueva York, casi la mitad de la gente de mi edad no está casada. En Chile es al revés. La gran mayoría de los treintañeros está casado y con hijos. Si aquí buscas a un hombre soltero de 37 años, te va a costar mucho.

–Y seguro que hasta lo miran con sospecha.
–Claro, piensan que debes ser o demasiado insoportable o gay.

–Me imagino que la falta de hombres solteros en Chile, hace que las mujeres estén más solas. ¿Lo nota?
–Sí, lo veo mucho. Puede que eso pase también porque en Chile todavía es mal visto que una mujer salga con un tipo más joven. O sea, es completamente normal que un hombre salga con una mujer más joven. Y eso pasa mucho. Por tanto, el mercado para las mujeres que tienen más de 30, se reduce.

–¿Y le daría lo mismo estar con una mujer mayor o menor?
–No, creo que no. Me gustan menores. Tal vez es por mi propia inmadurez.

–O porque una mujer mayor viene con historia, con hijos, con separaciones…
–Puede ser. No me gustaría entrar a una familia, sino que formar la mía. Y estar con alguien con hijos es como llegar a un proyecto que ya había empezado. No me parece particularmente atractivo. Prefiero partir con mi propio proyecto.

–¿Conservador?
–No, pero sí soy tradicional. No me gustaría casarme y luego separarme y no vivir con mis hijos.

–¿Le da miedo el compromiso?
–No. Lo que pasa es que hasta hace un tiempo, sentía que tenía que hacer muchas otras cosas. Digamos que ahora estoy disponible.

–Ah…
–Disponible, pero tranquilo, no ando buscando nada. Estoy contento así.

–¿Y no se siente solo?
–¿Así como de domingo en la tarde? No. Me caigo bien y, además, tengo mi iPod.



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