El empresario y más claro candidato presidencial de la derecha
anuncia, desde ya, que si llega al gobierno invitará a gente de
la Concertación como Ignacio Walker y otros a gobernar con él.
Aquí despliega sus planes para ganar el 2009. También se
desmarca de la tesis del desalojo de Allamand e insta a sus partidos
a no quedarse sólo en la confrontación.
Por: Claudia Alamo / Fotos: Carlos Ferrer
S ebastián Piñera siente que los vientos
juegan a su favor. ¿Por qué? Primero, por su ubicación
en las encuestas. Segundo, porque cree que la Concertación está en
etapa terminal y que la posibilidad de que la centroderecha llegue al
poder está al alcance de la mano. Pero el tercer factor es el
que más lo entusiasma: los triunfos de figuras como Sarkozy, en
Francia; Macri, en Argentina, y la expectante posición de David
Cameron en Inglaterra, lo hacen pensar que la centroderecha está tomando
vuelo y que él también se puede embarcar en ese avión. “Hay
un renacimiento de las ideas de la centroderecha”, dice motivado
y añade que, a su juicio, este fenómeno obedece a un agotamiento
de las ideas de izquierda.

Piñera sigue funcionando a mil y con la cabeza puesta en múltiples
proyectos. Sin embargo, a estas alturas ya es claro que su desafío
mayor es llegar a la Presidencia de la República. Aquí asume
abiertamente su disposición a competir en el 2009 y deja a un
lado su argumento de estos meses en que quería aparecer como el “ciudadano
Piñera”. En esta larga conversación, el ex candidato
presidencial reconoce que para ganar debe incluir gente de la Concertación
a su proyecto y también asegura que está disponible para
competir con Lagos, Insulza o Alvear, porque la decisión ya está tomada.
–Mauricio Macri ganó, en parte, por lo que le aportaba su
compañera: una mujer de izquierda, que le imprimía otros
valores. ¿Usted va a emular esa fórmula?
–Definitivamente. Hay muchas personas que en el pasado fueron de
la Concertación y que incluso hoy pueden seguir siéndolo,
y que a mí me gustaría tener en un futuro gobierno.
–Eso mismo dijo en la campaña presidencial pasada. Y Joaquín
Lavín aspiraba a lo mismo, pero en la práctica no lo han
logrado hacer.
–La mejor forma de abrir ese espacio y entusiasmar gente es desde
el gobierno. Ahí se abre una tremenda oportunidad. Por tanto,
si a mí me toca encabezar un futuro gobierno de la Alianza, definitivamente
voy a buscar y convocar a gente que esté más allá del
mundo tradicional de RN y la UDI.
–Pero si usted se inclina hacia la izquierda,
va a perder votos en la derecha…
–Es que no es inclinarse hacia la izquierda. Es reconocer que hay
mucha gente que no está en los partidos de la Alianza y que también
tiene mucho que aportar. Sería absurdo restringirse solamente
a los militantes de nuestra coalición.
–¿Por qué razón la UDI
y RN van a querer proclamar a un candidato que, si gana, va a armar equipo
con gente concertacionista?
–Porque a diferencia de la Concertación, nosotros no queremos
llegar al gobierno para beneficiarnos a nosotros mismos, sino para hacer
un aporte al país. Y eso lo entiende la inmensa mayoría
de la Alianza. Más aún, a diferencia de la Concertación,
en que muchos de ellos viven solamente del Estado y nunca han conocido
otras oportunidades, la gente de la centroderecha está mayoritariamente
en el sector privado. Tal vez, nuestro problema sea a la inversa: cómo
convencer a mucha gente que le está yendo bien en el mundo privado
para que deje las comodidades y las seguridades que tiene y se comprometa
con el servicio público.
–Vamos a lo concreto: ¿imagina conviviendo en su gobierno
a alguien como Cristián Larroulet con…?
–(Interrumpe)… Con alguien como Ignacio Walker, perfectamente.
–¿Y con gente como Adolfo Zaldívar, Fernando Flores
o Jorge Schaulsohn? ¿Imagina un gobierno así?
–En la medida en que haya una convergencia en torno a una visión
común, por supuesto que sí. ¿O acaso vamos a repetir
el error de la Concertación de pensar que toda la verdad estaba
de su lado y no reconocer que también puede haber grandes aportes
fuera de sus fronteras? Además, hay una razón de lógica.
En los últimos años, la Alianza ha sido minoría
en Chile. Si queremos tener una nueva mayoría, debemos convocar
y acoger a mucha gente que en el pasado no estuvo con nosotros. Es un
asunto de lógica, de sentido común.
–¿No teme que entre tanto enredo de
personajes de distintos colores, usted termine quedando solo?
–No. Yo creo que el país necesita la alternancia y luego.
Y como ésta es una misión grande y noble, estoy seguro
que vamos a encontrar muchos voluntarios que quieran comprometerse en
este proyecto. Por lo tanto, no tengo el temor a la soledad. No cree en el desalojo
–Dice que la derecha se ha renovado en el mundo. ¿La
derecha chilena ha encontrado ese tono?
–…Estamos avanzando en esa dirección. Creo que en los
próximos tres años, la Alianza tiene que jugar un triple
rol: primero, ser muy serios y rigurosos en la fiscalización, pero
no se puede agotar en eso. Segundo, tiene que estar muy activa en el campo
de las propuestas, los diálogos y los acuerdos. Y lo tercero es
que tiene que empezar a comportarse como una opción de gobierno.
No agotarse sólo en la crítica, sino que debe plantear un
proyecto que tenga época, encanto y optimismo.
–Aun así, bajo la tesis del “desalojo” de Allamand,
la Alianza está más centrada en ir al choque que en proponer.
–A mí no me gusta el concepto del desalojo. Uno desaloja en
virtud de la crítica y los errores del adversario. Prefiero el concepto
de “conquistar La Moneda”, pero en función de las propuestas
y que, en su momento, eso nos dé una mayoría para conquistar
el gobierno democráticamente.
–Pero en este tiempo la derecha se ha endurecido. Usted mismo se
ha puesto más frontal. Macri o Sarkozy han ganado haciendo lo contrario:
proponiendo. ¿Ahí hay un vacío ?
–Es cierto que Macri, de quien soy muy amigo, hizo una campaña
evitando la confrontación y concentrándose en propuestas
de futuro y esperanza. En esta materia, nosotros estamos en deuda. Yo comprendo
que hay que hacer fiscalización; entiendo que hay que criticar cuando
el gobierno mete las manos, los pies; pero no puede agotarse en eso.
–¿Cuál es plan? ¿Siente
que tiene la fuerza para cambiar el rumbo de su sector?
–La calidad de la política ha caído y eso no es bueno
para la salud de la democracia. Yo tengo una larga trayectoria en la búsqueda
de los acuerdos. La confrontación, el debate pequeño no es
mi vocación. De esa línea no me voy a desviar.
–¿No lo ha hecho?
–No. Mi plan original, cuando ganó Bachelet, era tomar una
posición de menor protagonismo y no estar en la trinchera del combo
y del puñete. Pero las cosas no se dieron como yo creía.
En parte, por los errores del gobierno, y en parte por presiones de mi
propio sector. Por eso he tenido que anticipar mi reingreso a la política.
–Es decir, decidió transparentar su ambición
presidencial.
–No es ambición. Para mí, es una misión preguntarse
por qué uno aspira a ser Presidente de la República, eventualmente.
Y yo siento que Chile está perdiendo terreno, capacidad de innovar.
Aquí se requiere un cambio de rumbo. En ese sentido, siento que
mi trayectoria académica, empresarial y política es una buena
experiencia para aspirar a liderar ese cambio. Pero también uno
tiene que comprender que los candidatos no pueden autoproclamarse, tienen
que ser democráticamente elegidos.
–¿Por qué la UDI no ha logrado sumarse a su nombre
como sí lo hizo RN cuando Lavín lideraba las encuestas?
–Siempre he creído que es un error tomar esa decisión
con tanta anticipación. La política es muy dinámica
y puede generar sorpresas. Fue el caso de la elección anterior.
Dos años antes, todos creían que los caballos ganadores eran
Soledad Alvear y Joaquín Lavín. En esa época no existía
ni Bachelet ni yo como candidatos. Finalmente, ninguno de los dos favoritos
llegó a la segunda vuelta. Por tanto, no es bueno anticiparse. Así,
es comprensible que la UDI aún no tome una decisión y es
legítimo que aspire a recuperar el protagonismo de la Alianza, como
lo tuvo con Lavín durante mucho tiempo.
–¿Cuánto cree que afecta a la UDI y a la derecha más
tradicional que usted sea percibido casi como un DC?
–Algunos sectores minoritarios pueden pensar así. Pero yo
veo las encuestas y en este instante soy quien genera mayor adhesión
y respaldo dentro de la centroderecha. Por tanto, estoy preparado para
interpretar los grandes valores del sector.
–Hay algo más que le puede jugar en contra: su condición
de empresario. El historiador Alfredo Jocelyn-Holt dice que en la historia
de este país nunca ha ganado la Presidencia un millonario.
–…Siempre hay una primera vez.
–¿Su condición de empresario-millonario, puede generarle
problemas?
–Sumando y restando, creo que mi calidad de empresario, de emprendedor,
de hombre de trabajo y de esfuerzo, es un activo, no un pasivo. La mejor
prueba de aquello fue el apoyo que tuve en la última elección
presidencial.
–No sólo la Concertación dice que usted debe dirimir
entre política y negocios. Carlos Cáceres, Pablo Longueira,
también…
–Le quiero decir a todos que tengan plena tranquilidad. Tengo la
decisión tomada: si nuevamente tengo la oportunidad de ser candidato
a la Presidencia, en el momento oportuno voy a cortar todo nexo con mis
empresas tradicionales.
–Si por cualquier razón usted no logra ser Presidente en el
2009, ¿consideraría que ésa era su última oportunidad?
–No. ¿Por qué tendría que verlo así?
Yo no lo sé. Nadie lo sabe. Sólo Dios. Y en esa materia,
Dios no me ha dicho nada. Pero quiero decirte que ser Presidente tampoco
es la obsesión de mi vida.
–¿No?
–Para nada. Muchos amigos me preguntan por qué no elijo una
vida tranquila. Dicen que lo tengo todo para hacer esa opción, pero
yo tengo una vocación de servicio público muy grande y me
siento preparado para asumir responsabilidades. Pero te insisto: llegar
a La Moneda no es la única obsesión de mi vida. No es que
yo piense: “Si soy Presidente, logré mi meta, y si no lo soy,
soy un fracasado”. Para nada.
–Y si es candidato, ¿quién sería su rival más
difícil: Lagos, Insulza, Alvear?
–(Silencio largo…). Según las encuestas, todos ellos
están en una situación equivalente; pero si me preguntas
a mí, recurriendo ya no a las encuestas sino que a la intuición,
siento que si Lagos vuelve a ser candidato, la discusión va a ser
sobre el pasado. Y Chile requiere discutir sobre el futuro.
–O sea, Lagos sería su rival más difícil.
–Lagos tiene su carácter, su personalidad, pero también
tiene una tremenda deuda de arrastre por todas las promesas incumplidas.
Insulza representa una cierta renovación, a pesar de que ha sido
el funcionario público que más tiempo ha estado en los gobiernos
de la Concertación. Y Alvear tiene una cierta debilidad, porque
si le va mal a Bachelet, como lo muestran las encuestas, va a ser muy difícil
que una mujer vuelva a tener la misma oportunidad que tuvo la Michelle.
Entonces, cada uno tiene sus fortalezas y debilidades. No sé cuál
es el más fuerte. Lo que sí sé es que estoy dispuesto
a enfrentar a cualquiera de ellos: Lagos, Insulza o Alvear. |