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La propuesta |
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 Desde su título, esta cinta dice que es una típica comedia romántica que debe terminar en casorio. Nada novedosa además, porque se apega estrictamente a la fórmula y en verdad parece una variante de otra que hizo Peter Weir en 1990 (“Matrimonio por conveniencia”), pero en serio. Lo que no quiere decir que no sea eficaz. La trabajólica, agresiva y mandona gerenta de una editorial, está a punto de perder su carrera cuando el Departamento de Inmigración descubre que, como es canadiense en Nueva York, trabaja de modo ilegal. Para no ser expulsada del país, convence y chantajea a su secretario-asistente (que tiene ilusiones de publicar su primera novela) de que se case con ella y en un par de meses se divorcien. Sigue la presentación de la novia a la familia del novio en la lejana Alaska, cuyos padres resultan ser magnates allí, mientras los persigue un agente que busca revelar el arreglo. Bullock está graciosa como “bruja” empinada en tacones altos, Reynolds aporta su atractivo de “chico bueno”, Betty White (la del reidero sitcom “Los años dorados”) hace su propio show como la abuela pícara, y hasta hay un adorable perrito blanco de importante rol. En suma, entretención hollywoodense blanca y dulzona, pero divertida al fin y al cabo.

Dirigida por Anne Fletcher. Con Sandra Bullock, Ryan Reynolds, Mary Steenburgen.
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Competencia desleal |
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 Porque Scola tiene rango de maestro, se agradece el estreno –harto tardío– de esta cinta de época que el realizador de filmes tan memorables como “Nos habíamos amado tanto” y ”El baile”, hizo a los 70 años en el 2001 (y tuvo escasa distribución foránea). Ya se sabe, Scola dio lo mejor de sí en los ’70 y ’80. La película empieza más bien como una comedia de costumbres ambientada en la Roma de 1938, acerca de la rivalidad de dos comerciantes con tiendas contiguas, cuyas familias son además de vecinas, muy amigas. La clientela del sastre de tradición disminuye a causa del ojo publicitario y comercial de quien vende trajes más baratos de confección industrial. Las peleas entre ambos y los pequeños incidentes de la vida de barrio alimentan el relato que, aunque convencional y en tono menor, tiene la fluidez y destreza propias de un director experimentado, y una atractiva recreación de época además. Pero estamos en el mismo año de “Un día muy particular” (1977): tras la visita de Hitler a Roma, se desata el antisemitismo. Nos enteramos de que el tendero más boyante es judío, y éste sufre los rigores del fascismo. Volcándose entonces al drama, ese tramo de la narración da los mejores momentos del filme. La coproducción con capitales franceses explica que en este jalón de la historia italiana, astros galos como Dépardieu y Jean-Claude Brialy aparezcan en roles menores.

Dirigida y coescrita por Ettore Scola. Con Sergio Castellito, Diego Abatantuono, Gérard Dépardieu.
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Al otro lado |
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 Con la categoría de una obra maestra, este filme excepcional instala a Akin como el talento más brillante en el nuevo boom del cine alemán. De este hamburgués de padres turcos vimos antes “Contra la pared”, con la cual ganó el Festival de Berlín en 2004 cuando apenas tenía 31 años (y que tuvo aquí una fría acogida). Hecha en 2007, esta entrañable película vuelve sobre el problema humano y social de la inmigración, pero esta vez desde la perspectiva del desarraigo y la pérdida de vínculos con la propia identidad y cultura. La compleja estructura de la narración, que sin embargo fluye con ineludible intensidad emocional, y sus profundas resonancias, hacen que el filme se vuelva una verdadera radiografía de la agitación de la vida urbana contemporánea y de los contrastes entre Oriente y Occidente, desarrollo y tercermundismo (que no se agota con una sola visión). Dividido en tres actos, el relato entreteje la interrelación, tan azarosa como marcada por claras simetrías, de seis personajes: padre e hijo turcos en Alemania, madre e hija de la misma nacionalidad separadas geográficamente, y una madre germana que viaja a Turquía cuando su hija desaparece allí trágicamente. Todos son seres que recubriéndose de dureza, sobrellevan como pueden las consecuencias de la falta de oportunidades, la hipocresía, la injusticia y el prejuicio. Sólo al final algunos de ellos descubrirán en la conmiseración por el otro y la voluntad de perdón, la única posibilidad de hallar la paz interior y colectiva. El nivel general de las actuaciones es soberbio (en el elenco reaparece Schygulla, otrora la musa de Fassbinder). Este filme de acendrado y conmovedor humanismo es, sin duda, uno de los filmes más bellos, sensibles y dolorosos que hayamos visto en años.

Dirigida y escrita por Fatih Akin. Con Baki Davrak, Hanna Schygulla,Patrycia Ziolkowska.
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“La nana” |
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 Tras la más bien curiosa “La vida me mata”, Silva aquí obtiene resultados de veras consistentes. Tan irrefutables que, entre varios otros laureles, este filme chileno logró el honor de ser santificado en Sundance –el festival que es hoy por hoy el Olimpo del cine independiente– con dos de sus premios más codiciados, el del Jurado a la Mejor Película Internacional y a su protagonista como Mejor Actriz.
Más claramente que en su debut, este relato –que trata sobre una “nana” puertas adentro que lleva 23 años con una numerosa familia de clase adinerada– tiene raíces personales. Silva se inspiró en dos asesoras de su propio hogar y filmó en digital en la misma casa paterna donde creció (su hermano chico como el hijo adolescente es su alter ego y testigo). Comienza cuando la familia celebra informalmente el cumpleaños número 41 de la sirvienta, cuya rutina se quiebra cuando, en vista de su deteriorada salud (sufre dolores de cabeza y mareos que culminan en desmayos), la patrona decide contratar otra asistente para que la ayude en los quehaceres. Entonces Raquel, que teme ser desplazada y defiende su territorio ya que ella siente a esa familia como la suya, le hace la guerra a las recién llegadas con métodos sádicos.
Filmada casi totalmente dentro de los límites de la residencia, lo que le da un aire claustrofóbico, con abundante uso de cámara de mano que observa y sigue de modo inquisitivo a sus personajes, y sin música atmosférica, la película funciona como un “reality show” o al menos como un semidocumental. Pese al tono tan nimio y cotidiano de sus peripecias domésticas, su atractivo radica en su desarrollo por completo imprevisible. Básicamente un drama sobre una mujer que llegó a la adultez sin vida propia, es también a ratos una comedia de rasgos crueles y hasta grotescos, y por momentos –en tanto la conducta de Raquel se vuelve más sicopática– adopta la cadencia de un thriller. Todo con el registro de la servidumbre y el fuerte contraste socioeconómico entre la nana y sus patrones, como telón de fondo.
Filme “de mujeres”, en que los hombres tienen escasa relevancia, se sostiene por cierto en la gran solidez de su reparto femenino. Pero desde luego su soporte eje está en la excepcional actuación de Catalina Saavedra, que consigue unificar los diversos registros, giros y resonancias de la narración. Lo que es tanto más notable puesto que su Raquel sólo en principio despierta piedad; la mayor parte del tiempo es un personaje incómodo, odioso, hasta temible, al cual es imposible adherir. Excepto en su gesto final de alivio y liberación.

Dirigida y coescrita por Sebastián Silva. Con Catalina Saavedra, Claudia Celedón, Mariana Loyola.
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Cuando todo cambia |
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 Hunt, actriz con más de 80 filmes en tres décadas, debuta aquí como directora con el riesgoso proyecto de filmar la novela “Then she found me”, de la escritora Elinor Lipman, adjudicándose además el rol central. Pese a su inexperiencia, acierta en dar con el singular tono del relato, que no es comedia ni drama, sino un cruce impreciso entre ambos géneros y sensibilidades. A partir, por cierto, de una historia más bien enrevesada y recargada en recursos. La protagonista, una educadora de párvulos de 39 años casada tardíamente, y su esposo, profesor de la misma escuela, a los pocos meses de matrimonio deciden separarse, el mismo día en que ella “descubre” y se enamora del padre de un alumno suyo. El problema es que quedó embarazada por primera vez de una relación de despedida que tuvo con su ex. Hay más: su madre adoptiva, de religión judía, muere y su madre biológica, animadora estrella de un matinal de TV, se vale del entierro para contactarla y pedirle que se conozcan. El relato provee variadas situaciones amorosas y materno-filiales tan insólitas como empapadas de dolida humanidad, que la directora-actriz mantiene bajo control en su mezcla de tensa fibra emocional a punto de estallar, y un muy particular sentido del humor lleno de aspereza. El escritor Salman Rushdie (“Los versos satánicos”) hace del médico obstetra en su tercera actuación cinematográfica.
Dirigida y coescrita por Helen Hunt. Con Helen Hunt, Bette Midler, Colin Firth, Matthew Broderick.
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Te amo, Brother |
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 Muy graciosa, esta cinta además se instala en un nicho rara vez explotado: es una comedia de costumbres que se dirige a un público netamente masculino, con la condición de que sea evolucionado. Trata de un agente inmobiliario treintón, amable y bastante atípico aunque definitivamente heterosexual, que decide casarse; lo que le lleva a constatar que en realidad no tiene amigos hombres y que, por lo tanto, no tendrá a quién pedirle que sea su padrino de bodas. Mientras se prepara el matrimonio, se lanza entonces a cazar con urgencia el amigo del alma que nunca encontró, en una serie de citas que se asemejan bastante a buscar chica. Luego de varios pasos en falso, da con un tipo muy cool y relajado que le parece adecuado; lo que sigue es cómo ambos establecen afinidades y afectos, proceso sin duda similar a un noviazgo. Despliega agudas observaciones sobre la camaradería masculina hoy en día y qué normas la rigen, o sea sobre cómo llegan a hacerse de amigos los hombres civilizados del siglo XXI. Sugiere que, igual que antes, en el fondo de un hombre siempre hay un niño y/o un patán, y que un “partner” puede llegar a ser una influencia muy nociva. Pero todo eso ahora además bajo el amenazante fantasma de la pulsión homosexual. Ferrigno, veterano musculoso que fue el legendario Hulk verde de la pantalla chica, aparece en un breve rol para recordarnos aquellos tiempos en que el macho era pura fuerza bruta y agresividad fuera de control.
Dirigida y coescrita por John Hamburg. Con Paul Rudd, Jason Segel, Rashida Jones, Lou Ferrigno.
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Rumba |
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 Este modesto filme de origen belga, primer largometraje realizado en colectivo por una troupe de comediantes de “music hall”, se convierte en un instantáneo deleite de creatividad e ingenio que saca máximo partido a sus exiguos recursos. Es una desopilante comedia bufa de aire anticuado y gentil, aunque en rigor harto siniestra, cuyo referente más cercano son las películas de Jacques Tati de hace medio siglo (y continúa asimismo la vena de Buster Keaton y Harold Lloyd). Como en las historias del señor Hulot, genera divertidísimos gags a partir de las acciones más cotidianas de unos personajes comunes y corrientes, en un relato que funciona como una vieja película muda (casi no tiene diálogos, y los que hay son irrelevantes). Pero además agrega números de baile y, sobre todo, cuotas totalmente impensadas del humor más negro y cruel, todo mostrado con una alegre estética de imágenes luminosas y coloridas. Trata de una pareja de maestros de escuela de provincia, cuyo hobby son los ritmos latinos. Vienen felices de regreso a casa tras ganar un concurso de baile en un pueblo vecino, cuando chocan con su auto y como resultado, ella pierde una pierna y él, la memoria. Esa es la primera de una cadena de catástrofes, que no hacen sino fortalecerlos. Si bien su vida se vuelve una tragedia pavorosa, la asumen con la férrea determinación de seguir adelante porque los une el amor a toda prueba que siente el uno por el otro. Romy, el tercer creador, encarna al ladrón del pan de chocolate. Toda una joyita, en verdad.
Dirigida, escrita, producida e interpretada por Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy.
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Enemigos Públicos |
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 El asaltante de bancos John Dillinger (1903-1934) no es un recién aparecido en la pantalla; desde 1945 ha tenido no menos de 18 personificaciones para el cine y la TV, en seis de ellas protagónicas. Lo que se explica porque su leyenda creció rápido durante la Gran Depresión en Estados Unidos, una época de extendido resentimiento contra el sistema financiero y la autoridad. Forajido de personalidad jactanciosa y extrema audacia, se ufanaba de asaltar un banco cuando quisiera (pero nunca le robó a un ciudadano común) y ganó fama por la facilidad con que varias veces escapó al cerco policial y en un par de ocasiones incluso de la cárcel a punta de balazos. No es raro que este favorito del periodismo policial conserve hasta hoy su status como una suerte de héroe nacional e icono de la cultura popular.
No obstante todavía no se le había retratado en una gran película a la altura de su mito; de todos sus intérpretes, el más conspicuo a la fecha fue Martin Sheen en 1995. Es lo que se propuso Michael Mann, ocasional director de cine –más habitualmente productor y guionista, y también hombre de TV responsable entre otros éxitos, de la serie “Miami Vice”– reverenciado por la vibrante potencia que suele dar a sus cintas de acción (“Al calor de la noche”, “Colateral”).
Por un momento parece que va a cumplir su propósito, hasta da la impresión que Mann está cerca aquí de lograr su obra maestra. Magníficamente filmada y montada y con una notable recreación de época, la elegante puesta en escena busca hacer un registro iconográfico de las condiciones históricas y sociopolíticas de la era dorada del gangsterismo. Su primera parte contiene escenas de un romanticismo exaltado que recuerdan por fuerza a “Bonnie y Clyde”, el clásico de 1967 sobre la pareja de “enemigos públicos” emboscada y acribillada por la policía el mismo año que Dillinger.
Pero para lo que pretende, la película en los 140 minutos que dura nunca muestra la realidad de la pobreza y el desaliento colectivo de la Depresión. Por el contrario, a medida que avanza el guión, al detallar las hazañas de su protagonista, tiende a adoptar los estereotipos más conocidos del género. Otra gran desventaja es que Depp demuestra no ser el actor más adecuado para el rol; además del problema de la edad (el personaje murió de 31 y el astro tiene ya 45), encarna a un Dillinger bastante taciturno, de escasa energía y carisma. En el sólido elenco secundario, entre otras atractivas figuras, aparece la francesa Cotillard –oscarizada por “La vie en rose”– como la última novia y gran amor del bandido.
Dirigida, coescrita y coproducida por Michael Mann.
Con Johnny Depp, Marion Cotillard, Christian Bale.
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Grado 3 |
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Dada la preferencia masiva del público local por el humor erótico –“Sexo con amor”, de 2003, es la cinta chilena más vista de la historia, seguida a distancia por “El chacotero sentimental”, de 1999– es fácil prever que la segunda aventura fílmica del “Rumpi” como director, dos años después de su debut con “Radio Corazón”, pueda incluso marcar un récord de taquilla. Pero distinto a la entretención popular y el buen negocio, es que este estreno sea recordable como cine. De hecho, no agrega y más bien quita a la carrera como cineasta (“espontáneo”, sin formación sistemática previa) de este animador radial. Otra vez en el formato de cuentos autónomos –usado en “El chacotero…”, coproducida por Artiagoitía a partir de su escuchado programa, y su secuela, “Radio Corazón”, que dirigió y coguionizó–, éste es un “remake” chilenizado de un modesto filme independiente hecho en Canadá en 2007, de inesperada acogida. Apegándose a la estructura e ideas originales de “Young people fucking”, entrecruza cinco historias de alcoba cuyo único nexo es el hecho de que todos sus personajes –la mayoría en los 30 años– prueban, por razones diversas, nuevas posibilidades y variantes sexuales. Así que cada episodio se desarrolla en un solo set interior con una única pareja en pantalla (salvo el que trata de un trío), y avanza firmemente a su resolución en el “grado 3”, término que el Rumpy impuso desde el micrófono para aludir la unión directa. Sólo el cuento del lascivo ancianito viudo que contrata los servicios de una pulposa “escort” profesional, es de invención criolla. Parte mejor que lo que sigue. La presentación resulta muy jocosa, gracias sobre todo al atractivo y la solvencia de su reparto. Pero esto es diferente al original, en que el sexo fue apenas el gancho para revelarnos unos seres solitarios y disfuncionales tratando desesperadamente de hacer contacto de alguna manera con otro, sin mucha gratificación real en verdad. Pronto los desinhibidos relatos muestran su verdadera índole: aquí son nada más que simples chistes colorados que se estiran para llegar a la exhibición de epidermis y de actividad sobre un colchón. Lo picaresco se vuelve cochinón en términos más del fantaseo que de abrir las mentes, asegurándole al espectador lo que busca. Como sucede en este formato, algunas partes son mejores que las otras, dependiendo del gusto y la buena disposición de cada cual. Más aún que el hiperkinético Fernando Godoy, a nosotros el veterano Fernando Farías nos pareció el más genuinamente divertido de los tipos humanos en una sola nota.
Dirigida y coguionizada por Roberto “Rumpy” Artiagoitía.
Con Benjamín Vicuña, Patricia López, Fernando Godoy, Claudia Burr.
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Las horas del verano |
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Sereno y conciso en la forma, de gran dureza y penetración en su trasfondo, este filme francés se puede definir como un drama, pero más que efecto dramático, provoca una meditación empapada de la más profunda melancolía. Se limita a registrar la desarticulación de una familia burguesa observando con frío desapego el devenir de sus miembros a través de ocho momentos, cada cual algunos meses después que el anterior. La primera secuencia muestra el cumpleaños número 75 de la abuela, rodeada de sus tres hijos (uno vino de China donde trabaja, y la única mujer viajó desde Nueva York), sus nueras y nietos, en la vieja casona campestre cercana a París, donde ella guardó celosamente la valiosa colección de muebles, pinturas y piezas decorativas que atesoró su tío, un respetado artista que además –se revela más tarde– fue su gran amor. En la segunda escena, la matriarca ya falleció y los hermanos reunidos, ya que sus carreras tomaron rumbos tan distintos, deciden vender la propiedad y las antigüedades. Los episodios que siguen muestran cómo la mansión y la herencia, a cargo del desolado hermano mayor, el único que no se fue y quería conservar todo, se van desmantelando. Esta es una película que nos habla del inexorable paso del tiempo, acerca de que los afectos y las relaciones terminan siempre por disolverse dejando el ayer atrapado en unos cuantos objetos y recuerdos. Expresa finalmente la idea de que el vértigo y pragmatismo de la vida moderna y la globalización, han diluido el sentido de armonía y belleza, hicieron desaparecer una identidad cultural y un estilo de vida que nunca más volverán a ser lo que fueron. Crepuscular y triste, en verdad.
Dirigida y escrita por Olivier Assayas.
Con Juliette Binoche, Charles Berling, Jérémie Renier, Edith Scob.
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Recetas para el desastre |
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Pese al nombre de su autor y a que está hablado parcialmente en inglés, este documental ecológico es de origen finés. Pero que Webster sea de origen británico, explica la estoica ironía de su divertido sentido del humor. El documentalista, asentado hace años en Finlandia, expone una suerte de “reality show” en que durante un año se registra a sí mismo, su mujer finesa y dos hijitos, en la investigación bastante absurda sobre las causas domésticas del calentamiento global, a que logró arrastrar a su familia. Su idea consiste en ver si es posible negarse en ese período a usar petróleo, incluyendo los insumos que contengan o estén envasados en plástico, derivado del combustible fósil. La cinta relata los trastornos hogareños que enfrentan para vencer la dependencia de esos materiales (el transporte, desde luego) y las ingeniosas soluciones que deben adoptar –por ejemplo– para disponer de artículos básicos como champú o pasta dental. En la narración en off del propio Webster, éste va sacando las cuentas “científicas” del experimento. Mientras más obsesivo y radical es su empeño, más desquiciada se vuelve la aventura, que al fin y al cabo prueba ser inconducente. Aunque pesimista, la película tiene una historia y un interés paralelo: la infinita paciencia y amor de esa esposa que accede a someterse a las privaciones de un proyecto en el que no cree, tanto como la cerrada unión de todo el grupo familiar que rara vez opone resistencia.
Largometraje documental dirigido, escrito y protagonizado por John Webster. |
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Harry Potter y el misterio del Príncipe |
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La versión cinematográfica del sexto libro de la caudalosa saga infanto-juvenil de J. K. Rowling –y la segunda que dirige Yates– está hecha con indudable solvencia, tiene buen ritmo y destaca sobre todo por su inventiva visual y el diseño de producción que le otorgan el clima más “dark” y amenazante de la serie. El aprendiz de mago, bastante crecidito igual que sus amigos y condiscípulos, es todo un adolescente que continúa descubriendo a las chicas, mientras enfrenta premoniciones que anuncian la batalla final contra las fuerzas maléficas. Pero hay que decir que si no fuera por su poderosa estética y su elenco de lujo, sería difícil tragarse esta narración estirada con incontables peripecias, personajes y detalles, muchos de ellos prescindibles. Tanto o más que “La orden del Fénix”, el capítulo quinto, el guión da por sabidos los múltiples antecedentes, de modo que no se concibe que un no iniciado pueda entender medianamente lo que está viendo. Es un filme pensado para los fans de la historia, a los que les encantará que su episodio final, el séptimo, venga dividido en dos partes. No es poca cosa que a las aventuras de Harry les hayamos dedicado ya, con ésta, no menos de 15 horas de nuestras vidas sentados en una butaca de cine.
Dirigida por David Yates.
Con Daniel Radcliffe, Jim Broadbent, Michael Gambon, Alan Rickman. |
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Up, una aventura de altura |
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El décimo filme de Pixar –y el primero de ese sello tras su alianza con Disney– se puede jactar de un gran privilegio: inauguró en mayo el prestigioso Festival de Cannes, algo que nunca antes habría osado imaginarse una película animada (también fue la primera en Tercera Dimensión con ese honor). Lo que tal vez influyó en que la crítica norteamericana la tapara de entusiastas elogios. La verdad es que, si bien tiene logros notables y momentos gloriosos, “Up” no llega a superar la genialidad de “Wall-E” el año pasado, ni equipara la penetrante agudeza de “Ratatouille” de 2007, ambas del mismo Pixar. La abre una magnífica secuencia –un prodigio de síntesis rebosante de admirables ideas visuales– que compendia la existencia de un tipo corriente y más bien apagado, desde que de niño conoce a la vivaz vecinita que será su esposa de toda la vida, hasta que jubila y enviuda. Entonces este estoico viejito de 78 años, solo en su hogar lleno de recuerdos, la noche antes de ser enviado a un asilo decide rebelarse y cumplir el sueño que siempre acarició con su mujer, pero nunca pudieron concretar: hacer como tributo a ella un viaje aventurero a un lugar exótico y perdido. Entonces en su destartalada casa convertida en una especie de dirigible que se eleva por los aires colgando de miles de globos, parte con destino a lo más profundo de la selva sudamericana. Con su entrañable protagonista geriátrico y un humorismo poético y bufo que remite claramente a Chaplin, la primera parte despliega su historia llena de nostalgia y dulce melancolía que se empapa de rasgos oníricos e imágenes surreales. Pero el anciano no viaja solo; pronto descubre que a bordo de su singular nave lleva como polizón a un inquieto chico boy-scout y de origen asiático, al que conoció un poco antes y con el que entablará una relación muy similar a la de abuelo-nieto. La aventura de esta pareja tan dispareja incluirá a un legendario explorador que enloqueció, una jauría de perros que hablan servidores de éste, y un caprichoso ejemplar de una vistosa ave que se creía extinguida. Aunque sigue divirtiendo y asombrando ocasionalmente con sus hallazgos visuales, el relato se vuelve más bien convencional con sus giros triviales, pierde sin duda la inspiración y originalidad del comienzo. Como las salas locales para 3D son contadas, la mayoría de las copias en exhibición es en sistema tradicional; recomendamos buscar las de formato original, para admirar los espléndidos aciertos en textura y “profundidad de campo” en las escenas de vuelo e imágenes desde el aire.
Largometraje de animación digital codirigido y coescrito por Pete Docter y Bob Peterson. |
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Héroes |
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Inspirado en reportes de experimentación humana efectuados por los nazis y durante la Guerra Fría, este thriller de ciencia-ficción imagina un mundo superpoblado en el futuro próximo, en el que una tenebrosa agencia gubernamental –a la que llaman La División– ha logrado programar personas con capacidades paranormales para uso bélico y de espionaje. Así hay pequeñas castas con poderes telekinéticos, clarividentes, de controlar la mente y borrar los recuerdos, o de matar a alguien sin ni siquiera tocarlo. La historia pone en movimiento a varios de estos seres abusados y dañados que luchan por tener una identidad y vida propia, en busca de una valija cuyo enigmático contenido disputan los agentes oficiales y una mafia oriental dotada también con poderes extraordinarios (gritan de forma estridente como arma de ataque). Se centra en un joven Movedor, rebelde al sistema desde el asesinato de su padre, y una muchachita profetisa de 14 que le pide ayuda a éste para que salve a su madre modificando los sucesos por venir. Con su excéntrica y delirante inventiva, el relato suele dar la impresión de que el guionista quizás se pasó de listo. Para compensar la narración –dirigida por McGuigan, que antes hizo “Siete, número equivocado”, asimismo un thriller de singular estilo– crea una realidad alterada y llena de desaliento, sin salida posible y de futuro completamente incierto. Filmada en Hong Kong, se despliega además con una energía visual que resulta a fin de cuentas su mayor atractivo. Más que nada, para jóvenes fantasiosos.
Dirigida por Paul McGuigan.
Con Chris Evans, Dakota Fanning, Camilla Belle, Djimon Hounsou. |
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Terminator: La salvación |
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A seis años de su último capítulo (que no dirigió James Cameron, el creador de la franquicia) y a un cuarto de siglo de su inicio, este episodio 4 –escrito por los mismos guionistas del tercero– ocurre en 2018, 14 años después, en un mundo devastado por el ataque nuclear que cerró la trilogía. Allí el ya maduro John Connor, líder de la Resistencia de los pocos sobrevivientes contra la tiranía de las máquinas, para que el pasado no se altere lucha por mantener con vida al joven que más tarde, o sea antes, será… su padre. Si se entiende poco o nada no importa, porque esta secuela estira de manera sumamente forzada la atractiva intriga original de ciencia-ficción, que aquí deviene en historieta. Harto parecida, por lo demás, a un video-juego, pues ahora los “personajes” están básicamente para gatillar las escenas de acción, y los enfrentamientos y persecuciones sirven para provocar las múltiples muertes y destrucciones en cadena de corte ultraviolento. A favor del resultado se debe decir que al menos en su primera mitad el ritmo de la acción es trepidante (claro que la extrema movilidad de la cámara y el montaje pueden producir migraña), y luce como logro mayor la dura y áspera estética de sus imágenes. En el tramo final sobreabundan los cyborgs asesinos, y la súbita aparición gracias a la computación digital de Terminator-Schwarzenegger, que llega al lugar no se sabe por qué ni cómo, está ahí solo para la risa.
Dirigida por McG.
Con Christian Bale, Sam Worthington, Helena Bonham-Carter. |
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Teresa |
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En su segundo largometraje después de “Mi último hombre” en 1996, Gaviola intenta hacer un retrato biográfico de uno de los personajes femeninos más cautivantes de nuestro país, de gran complejidad además por las variadas aristas de su intensa vida de rasgos novelescos: la poeta y narradora Teresa Wilms Montt (1893-1921), mujer bellísima y aristocrática, cuya personalidad rebelde y apasionada la llevó a ser repudiada por la sociedad de su época. Encerrada por su esposo y padres en un convento y apartada de sus dos hijas, logró fugarse y huyó a Buenos Aires con la ayuda de su amante, el poeta Vicente Huidobro; más tarde vivió en Europa y Nueva York, vinculándose con las más célebres figuras del arte y la literatura, hasta su suicidio a los 28 años. Con ánimo de mostrar cuán difícil era ser mujer y autónoma hace un siglo, la cinta trata de no dejar fuera ninguno de los muchos sucesos de su vida, de modo que los acontecimientos se acumulan sin jerarquía dramática ni punto de vista. Peor es que la narración, tan abultada como plana, se estructura sobre extensos fragmentos de su diario de vida y cartas, de manera que las imágenes funcionan apenas como una ilustración del fatigoso relato en off, subjetivo y unilateral, por la misma protagonista. Muy poco pueden hacer los actores con sus personajes a partir de ese guión. Fallido sin duda, y pobre como cine.
Dirigida y coguionizada por Tatiana Gaviola.
Con Francisca Lewin, Diego Casanueva, Matías Oviedo, Juan Pablo Ogalde. |
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