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Sólo un sueño |
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Reencuentro en la pantalla de la pareja de “Titanic” 11
años después, es mucho más que eso. Dirigida por el celebrado
director teatral británico Mendes, realizador con éste de sólo
cuatro filmes en Hollywood, el más notable de ellos “Belleza americana”,
el primero hace una década, entrega la adaptación varias veces intentada
antes, del libro de Richard Yates publicado en 1961, una de las más aclamadas
novelas norteamericanas del último medio siglo. Con distancia observa y
registra el progresivo y fatal deterioro de un apuesto matrimonio joven con dos
hijos pequeños, la imagen perfecta de una emergente familia norteamericana
de clase media en los años 50, que no es lo que parece. El –oficinista
de promisoria carrera en un trabajo que desprecia porque su padre, que jubiló
como vendedor, nunca fue nadie– y ella, aspirante a actriz sin talento que
tuvo un fallido debut, deciden un día que venderán todo y se mudarán
a París para ser allí felices. Pretenden huir del vacío sin
esperanza que les ofrece un destino predeterminado y un futuro banal y estéril.
No quieren ser como sus vecinos y conocidos, todos iguales, que se escandalizan
con su idea. Lo que es señal de una grieta más profunda. Aunque
mantienen las apariencias, ellos –que se sienten llamados a algo diferente
y no son personas simpáticas ni queribles– se detestan recíprocamente
aún desde antes; de hecho, él le ha sido infiel con una secretaria
en su cumpleaños. Su proyecto iluso e inconformista está condenado
al fracaso. El filme se despliega con aciertos notables en cada uno de sus aspectos,
en particular las potentes actuaciones, esenciales en el resultado. En plena madurez
interpretativa, Winslet (esposa del director) y DiCaprio dan admirables interpretaciones
que con mínimos signos insinúan el profundo descontento, la tensión
insatisfecha que llevan dentro. Todo ocurre por debajo en este relato de frío
y reflexivo dramatismo, que a fin de cuentas deja un sabor muy triste y depresivo.
Como un anti “sueño americano”, expone la tragedia contemporánea
de una familia anónima entrampada en un sistema económico inexorable.
La amenazante presencia del hijo psicótico de la amiga y corredora inmobiliaria
(el notable Shannon que se adueña de la pantalla en cada una de sus contadas
apariciones), propone la interrogante acerca de hasta qué punto estar contra
lo establecido significa perder la cordura. Peor aún, plantea que en ese
marco el mismo matrimonio no es un lugar para ser feliz, sino algo aborrecible,
una cárcel, un infierno de insidiosa destrucción mutua.
Dirigida y coproducida por Sam Mendes.
Con Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates, Michael Shannon. |
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Operación Valquiria |
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Asombra que, medio siglo después el Tercer Reich, siga dando
tanto paño que cortar al cine. Singer, sin duda un director de oficio,
aborda la recreación con meticulosa cinematografía del último
de los 15 intentos conocidos por asesinar a Adolf Hitler en junio de 1944. Se
plantea como un docudrama que reconstruye con todo detalle cómo el coronel
Claus von Stauffenberg, de origen noble y lisiado de guerra (en el frente perdió
un ojo, un brazo y dos dedos de la otra mano), planificó y ejecutó
el bombazo. Espectáculo de época de gran suntuosidad visual, también
quiere ser un thriller de acción y suspenso. Con la grave desventaja de
que, a pesar del ritmo apretado y la música enervante, todos sabemos de
partida que la acción abortó. Algo más de tensión
adquiere el tramo final, que describe el menos conocido pero igualmente fallido
golpe de Estado que siguió. Como estaba previsto, al darse por muerto al
Führer se desató la operación militar alternativa que pondría
el poder en manos de los rebeldes. No obstante, el director se vuelve a reunir
aquí con los guionistas de su mayor éxito, “Los sospechosos
de siempre”, el relato profundiza apenas las motivaciones de los distintos
oficiales conspiradores que debieron ser muy variadas, y no se preocupa de explicar
convincentemente cómo es que habiendo tantos comprometidos, nunca hubo
filtraciones. Cruise, además productor del filme, hace de Cruise con uniforme
alemán y la expresión imperturbable de un complotador: es obvio
que su personaje tuvo aristas muy complejas y ambiguas que el astro ni deja entrever.
Todos hablan en inglés, pero los documentos y letreros están en
alemán.
Dirigida por Bryan Singer.
Con Tom Cruise, Kenneth Branagh, Tom Wilkinson, Terence Stamp. |
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La elegida |
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De carrera internacional (hizo “Mi vida sin mí” en
Canadá), la española Isabel Coixet dirigió esta adaptación
de una novela breve –“El animal moribundo”, publicada en 2001–
del más premiado escritor norteamericano de su generación, Philip
Roth. Cuenta cómo un respetado catedrático de crítica literaria
que suele acostarse con sus alumnas, pasados los 60 y contra todo lo previsto,
se enamora locamente de una de sus conquistas, una estudiante de origen cubano,
y arde en celos cuando sospecha que ella anda con otro. Es una historia sobre
la implacable declinación producto de los años, que la película
cuenta correctamente, con cada uno de sus factores en su lugar. El relato no permite
que Penélope Cruz sea mucho más que un objeto de deseo, pero más
grave es que el protagonista, quien recuerda el episodio ocho años después,
encarnado por Kingsley luce siempre como un impecable seductor, un “cazador
cazado” que nunca se permite ser rabioso y corrosivo consigo mismo. No es
que los actores estén mal, pero de ello deriva que la relación que
establecen sus personajes resulte desabrida y poco estimulante. Contiene un par
de escenas de alcoba, que escasean en sensualidad gozosa. Coixet, a quien le gusta
mantener bajo control el máximo de recursos, opera ella misma la cámara
y como supervisora de la música incluye en el tramo final un tema de Eric
Satie que, aparte de ser a estas alturas ya un lugar común como complemento
cinematográfico, no suena para nada dentro de la atmósfera que busca.
Dirigida por Isabel Coixet.
Con Penélope Cruz, Ben Kingsley, Dennis Hopper, Patricia Clarkson. |
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Simplemente no te quiere |
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Un libro superventas sobre la búsqueda de pareja escrito por
dos supervisores de guión del sitcom “Sex and the city”, está
en el origen de esta extensa cinta que durante dos horas entrecruza las historias
de una docena de personajes que parecen no tener otra preocupación en sus
vidas que hallar el amor perdurable. Hecha por un director y guionistas provenientes
de la TV, no debe extrañar que parezca un capítulo doble de una
teleserie de horario diurno. Estrenada con ocasión del Día de los
Enamorados, la cinta es bien poco romántica, menos aún divertida
y blanca, sin escenas eróticas. Tiene un nivel estándar técnico
y de producción, pero le sobran diálogos, personajes y escenas enteras
para probar que las citas no necesariamente llevan al encuentro del príncipe
o la princesa soñados, y que incluso la vida en pareja tiene sus bemoles,
algo que sabemos desde antes que parta la proyección. El personaje de Gigi
(Giniffer Goodwin), que por largos tramos parece la protagonista central y es
la menos atractiva de las chicas, resulta más irritante que graciosa por
la desesperada ansiedad con que intenta enganchar galanes sin el más mínimo
temor al ridículo. La variada nómina de rostros conocidos ayuda
a distraer la vista.
Dirigida por Ken Kwapis.
Con Ben Affleck, Scarlett Johansson, Jennifer Aniston, Drew Barrymore. |
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El curioso caso de Benjamin Button |
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En su estilo definible como “realismo mágico”, difiere
bastante de todo lo que Fincher –uno de los directores hollywoodenses más
calificados– hizo antes (“Zodíaco”, “El club de
la pelea”, “Los siete pecados capitales”). El filme resulta
un indiscutible logro en todos sus aspectos técnico-cinematográficos,
así que la seducción visual que ejerce desde la pantalla es clave
a la hora de aceptar y dejarnos atrapar por su historia, más que curiosa,
insólita y extravagante. La escribió el mismo guionista de “Forrest
Gump” (con la cual la conexión es inevitable), basándose libremente
en un breve cuento fantástico de Francis Scott Fitzgerald, quien se inspiró
a su vez en una observación de Mark Twain: es una lástima que la
mejor parte de nuestras vidas ocurra al comienzo y la peor, al final. Trata de
un bebé que nace en New Orleans al filo de 1920 con el aspecto y contextura
de un viejito de 70, sin que jamás alguien lo explique o se preocupe por
ello. A medida que avanzan los años, rejuvenece progresivamente, de modo
que llegará a la vejez como niño y morirá de guagua. Espantado
por la monstruosidad del recién nacido, su padre –un adinerado industrial–
lo bota, y Benjamin es recogido por la abnegada supervisora de un hogar de ancianos,
donde crece. La extensa biografía –que toma dos horas y 45 minutos
de proyección– es un viaje por los acontecimientos de casi un siglo,
pero sólo como un telón de fondo; por ejemplo, que la madre adoptiva
de este chico blanco sea una negra en el marco de la segregación racial,
no tiene repercusiones. Hay periódicos reencuentros con el culposo progenitor,
una aventura juvenil (o sea a los 50) en un barco a vapor de bandera soviética,
y otros episodios variados y entretenidos. Hasta que el relato se centra en el
tormentoso romance con una bailarina de ballet que ve frustrada su carrera a causa
de un accidente, pero envejece con elegancia. La historia va y viene desde nuestros
días al pasado, porque se evoca a partir de la lectura de una libreta de
apuntes a esa mujer, ya anciana y agónica. Gancho importante es el proceso
biológico en reversa del protagonista, conseguido por intervenciones digitales,
maquillaje y actores-niños. Pero la poca expresividad de Pitt deja la vida
interior de Benjamin en el enigma: ¿él procesa sus conflictos a
la luz de la sabiduría que le dio la experiencia acumulada? El atractivo
está desde luego en el placer de narrar y recorrer esas imágenes
tan sugestivas y nostálgicas con su aire de misteriosa poesía y
el rol de Blanchett como eje del interés emocional.
Dirigida por David Fincher.
Con Brad Pitt, Cate Blanchett, Tilda Swinton. |
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W. |
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Después de “JFK” y “Nixon”, Stone, que
ha construido una filmografía sobre asuntos controversiales, entrega aquí
su tercera película acerca de un Presidente de los Estados Unidos, y la
primera en la historia del cine sobre un mandatario en ejercicio. Esta crónica
biográfica sobre George W. Bush, tiene, claro, sus desventajas. La primera,
que los personajes públicos que vemos son los mismos que se repiten cada
noche en los telenoticieros, de modo que aceptar sus “alter ego” en
la pantalla requiere de un esfuerzo. Por lo mismo, nada de lo que muestra es demasiado
novedoso. Aparte de su sólida artesanía y buen nivel actoral, a
su favor hay que decir que mantiene un enfoque loablemente imparcial: no intenta
parodiarlo, y podría haberlo hecho con facilidad, ni busca hacer de él
un personaje trágico. Y eso que gran parte de las escenas son especulativas
porque recrean situaciones privadas, o la postura de Bush en comités gubernamentales
ultrasecretos. Comienza narrando cómo Washington generó el concepto
de “eje del mal” en una reunión poco después del 11
de septiembre, y de allí desgrana una serie de “raccontos”
que reconstruyen el pasado del mandatario, desde que era un universitario texano
poco listo y con una excesiva inclinación al alcohol. El guión se
preocupa en especial de ilustrar su fijación edípica en busca de
valoración por parte de su padre, también ex Presidente, que interpreta
como importante motor del singular periplo que lo llevó a la Casa Blanca
por dos períodos consecutivos. Brolin hace sin duda una cuidada personificación.
Queda abierta la pregunta acerca de si es buena idea que un docudrama de ficción
compita con el periodismo.
Dirigida por Oliver Stone.
Con Josh Brolin, Elizabeth Banks, James Cromwell, Richard Dreyfuss. |
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Todo sobre las mujeres |
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No se habría hecho si a esta veterana guionista y productora
de TV (con una exitosa serie como “Murphy Brown” en su largo currículo)
no se le hubiera puesto entre ceja y ceja realizar un remake actualizado de “The
Women”, la película que dirigió George Cukor en 1939, un clásico
absoluto en materia de comedias sobre la condición femenina, con un elenco
de superestrellas de la época. Lo que implica el debut de English como
directora de cine. Tomando como base el guión original, cuenta cómo
una señora de la sociedad de Manhattan descubre que su esposo la engaña
con una “rota” más joven que ella (latina más encima),
cuando su mejor amiga oye el chisme en la peluquería. Hecho con el oficio
de una principianta, el largo relato (casi dos horas) se despliega con la levedad
de un capítulo doble de un mediocre sitcom televisivo. Las neoyorquinas
acomodadas que muestra, pertenecientes al mundo de las revistas de moda, el diseño
y las finanzas, son demasiado convencionales y decentes, del tipo latero y lengua
escasamente afilada que las chicas de “Sex and the City” jamás
tendrían por amigas. Sin nada de cinismo y aspecto anticuado, a esta comedia
le faltan toneladas de humor y encanto para retratar el empoderamiento de la mujer
en la sociedad actual. De su modelo saca la idea de excluir por completo de la
pantalla a los hombres, lo que en las numerosas escenas en exteriores resulta
un pie forzado muy falso.
Dirigida y coescrita por Diane English.
Con Meg Ryan, Annette Bening, Eva Mendes, Candice Bergen. |
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El niño con el pijama de rayas |
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Versión cinematográfica de una celebrada novela alegórica
de autor irlandés, cuenta cómo la tragedia del Holocausto judío
toca impensadamente a una feliz familia nazi. Un oficial alemán se traslada
con su esposa e hijos desde Berlín al campo para hacerse cargo de su nueva
destinación. Por la ventana el pequeño Bruno de 8 años mira
la propiedad aledaña donde trabajan unos curiosos campesinos vestidos con
pijamas; explorando, conoce y se hace amigo de un vecinito de su misma edad con
el cual conversa a través de una reja electrificada. Contado desde el bando
alemán y bajo la perspectiva sumamente ingenua de su protagonista infantil,
el relato guarda en la manga todo lo que puede su carta marcada: el papá
tan gentil y cariñoso asumió como comandante de un campo de concentración
donde día a día se extermina a cientos de judíos (pero el
chico, e incluso su madre, no imaginan la magnitud del horror hasta los minutos
finales). Bien narrada y actuada, la cinta inglesa es potencialmente acongojante,
aun cuando tiene un lado harto discutible. A poco andar revela sus mecanismos
propios de un melodrama fraudulento espesamente manipulativo y mistificador, que
pensando en la boletería quiere provocarnos un nudo en la garganta con
el espectáculo sensiblero de unos niños víctimas inocentes
de la guerra y el racismo.
Dirigida por Mark Herman.
Con Asa Butterfield, David Thewlis, Vera Farmiga. |
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Australia |
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La película más cara jamás hecha en Australia,
a un costo de unos 130 millones de dólares, tiró la casa por la
ventana, porque es una superproducción épica con grandes objetivos.
Desde luego quiere demostrar que allí se pueden hacer cintas taquilleras
internacionalmente al estilo de los filmes clásicos que exportaba Hollywood
en su época de oro. Con ánimo promocional despliega las bellezas
naturales de ese continente y la fortaleza de sus gentes. Su propósito
último parece ser sentar las bases de una mitología fundacional
de esa nación, tal como el cine gringo hizo con el “western”.
Para eso, reunió a las tres figuras de ese origen más célebres
en el cine de hoy: el director de “Moulin Rouge”, y Kidman –que
en verdad nació en Hawai– y Jackman como la bonita pareja estelar,
todos los cuales no rodaban en su tierra hacía tiempo. Así, no debe
extrañar que desde sus primeras imágenes recuerde inconfundiblemente
a “Lo que el viento se llevó”, en rigor un “western”,
aunque su extensión no llega a tanto. Los 165 minutos comienzan con el
viaje a Australia de una estirada aristócrata inglesa que se ve forzada
a hacerse cargo de la enorme estancia de su esposo al morir éste. Allí
conoce a un rudo vaquero y a regañadientes se apoya en él para expulsar
al corrupto administrador de la propiedad. Luego, el relato se concentra en cómo
ambos lideran el arreo de un hato de mil 500 vacas a través de un paisaje
tan impresionante como hostil, mientras –era obvio– florece el romance.
La lucha contra la naturaleza inclemente y por establecer las bases de una comunidad
justa, temas propios del Oeste, derivan impensadamente hacia el género
bélico y el melodrama familiar, en una tercera parte que nos enseña
que en 1942, meses antes que Pearl Harbour, Japón bombardeó Darwin,
en Australia. El narrador en “off” es un niño mestizo cuya
historia entrelazada sirve para mostrar la cultura aborigen con su fuerte componente
mágico, en tanto ilustra cómo los blancos maltrataron y diezmaron
a los nativos. Nada muy novedoso, en realidad, porque este pastiche está
hecho de retazos reciclados de viejos y muy conocidos filmes hollywoodenses (amén
de una cita explícita a “El mago de Oz”). Para el cinéfilo
Luhrmann es desde luego su declaración personal de amor al Séptimo
Arte. Con tanto elemento, el resultado no deja de ser entretenido, pero a su manera
artificiosa y deliberadamente a la antigua. Los personajes no son seres humanos,
sino meros arquetipos, y de tan estirada la película suma en su último
tramo al menos tres finales falsos.
Dirigida y coescrita por Baz Lurhmann.
Con Nicole Kidman, Hugh Jackman, Jack Thompson. |
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Escondidos |
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Que recordemos, ésta es la primera cinta rodada íntegramente
en locaciones naturales de la hermosa Brujas, la ciudad medieval mejor conservada
de Bélgica, lo cual es un atractivo en sí. Pero, además,
esta comedia negra –debut a los 38 años de un premiado autor teatral
como director de cine, por si fuera poco a partir de un guión suyo–
tiene abundantes méritos propios. De partida, la muy ingeniosa historia
da múltiples giros inesperados, con momentos muy violentos, pero al mismo
tiempo de imprevisible humanidad, llena por lo demás de un humor de desopilante
crueldad. Trata de dos asesinos a sueldo ingleses que llegan a hospedarse a Brujas;
desconocen por completo el motivo de su misión, hasta que el jefe le comunica
por teléfono al mayor y más experimentado, que debe eliminar a su
joven y torpe compañero. Este, al cumplir su primer encargo, mató
accidentalmente a un niño, error que lo convierte en una piedra en el zapato
para todos. Los sicarios, que claramente parecen fuera de lugar entre los turistas
y en medio de la arquitectura gótica y los canales, se involucran durante
su estadía con otros curiosos personajes. Así que el relato pronto
se tiñe de un aire de extrañeza, de incongruencia surreal. La cinta
tiene buen ritmo y sobre todo un admirable nivel actoral, con Farrell probablemente
en el mejor rol de su vida como el pobre diablo tontorrón y a la vez embargado
por la culpa. Gracia extra del filme es que nunca se refocila en sus exteriores,
Brujas siempre está ahí sólo como un bello telón de
fondo. Muy disfrutable, sin duda.
Dirigida y escrita por Martin McDonagh.
Con Colin Farrell, Brendan Gleeson, Ralph Fiennes. |
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Quémese después de leerse |
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De regreso otra vez en el terreno de la comedia criminal, después
del tinte más oscuro y cercano al “thriller” de “Sin
lugar para los débiles”, la última película de los
Coen está estupendamente filmada y editada, como se espera de los inseparables
hermanos cineastas. Mucho mejor que “Escondidos”, por cierto. No obstante
desmerece bastante en verdad al lado de esa sencilla y más lograda cinta
de corte similar. La historia, enredada y en tono menor, trata básicamente
de un documento de la CIA con datos supuestamente muy comprometedores, que cae
en poder de un par de atolondrados y oportunistas empleados menores de un gimnasio,
quienes discurren sacarle jugo a su hallazgo vendiéndolo a buen precio
(por ejemplo al ex agente que lo perdió, y hasta a la embajada rusa). El
relato va de allá para acá y mueve a numerosos personajes que entran
y salen sin agregar gran cosa. A mucha distancia de aciertos como “Fargo”,
la intriga resulta harto poco eficaz y sin chiste, principalmente porque sus giros
suenan repetidos y a sus personajes les falta factor humano. Da la impresión
de un frío y escasamente entusiasta ejercicio de estilo, de quienes se
jactan con complaciente confianza de sus capacidades. Los actores muestran su
solvencia, pero eso no basta. Pitt lo hace bien –pero no brilla– como
comediante en su rol de un personal trainer de escasas luces intelectuales (que
curiosamente tiene abundantes puntos de contacto con el de Farrell en “Escondidos”.
Dirigida por Catherine Hardwicke.
Con Robert Pattison, Kristen Stewart, Billy Burke. |
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Crepúsculo |
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Primera entrega en la pantalla de una saga superventas de cuatro libros,
es un fenómeno editorial y cinematográfico muy parecido al de “Harry
Potter”, pero que se dirige a un grupo etario mayor. Igual que en aquella,
la autora es una dueña de casa que jamás había escrito antes,
en este caso una estadounidense a quien se le ocurrió escribir sobre el
vampirismo sin tener ninguna noticia previa de ese complejo mito de horror. Trata
de una chica que acompañando a su padre policía, se traslada desde
la cálida Arizona a un helado pueblo de alta montaña. En su nuevo
liceo descubre que algunos de sus condiscípulos son inmortales, se alimentan
de sangre animal, no humana, y tienen otras conductas excéntricas. El simple,
a ratos cándido relato, se concentra en el ardiente y sufrido romance entre
la muchacha y el pálido y apuesto vampiro sub 20; ambos se aman y se desean
con locura, pero saben que no pueden llegar al contacto físico a riesgo
de alterar su naturaleza y su vida para siempre. Eso explica el extendido éxito
de esta ficción sin mayor interés como literatura o cine. Funciona
como una aleccionadora fantasía erótica destinada a las colegialas
románticas de hoy, que en clave simbólica promueve el valor del
sacrificio por amor y la represión de la libido, en tiempos de tanto embarazo
adolescente y peligrosos contagios por vía sexual.
Dirigida por Catherine Hardwicke.
Con Robert Pattison, Kristen Stewart, Billy Burke. |
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RocknRolla |
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No es muy distinta a las películas anteriores del inglés
Ritchie, especialmente a las primeras, como “Snatch”, de 2000, con
Brad Pitt y Benicio del Toro en el elenco. La gracia es que lleva a su máxima
expresión el subgénero creado por este director y guionista autodidacta
(nunca asistió a una escuela de cine), que funde el formato “thriller”
de acción con la comedia farsesca, tomando muchos elementos prestados del
cómic para retratar la picaresca de Londres en nuestros días, una
ciudad vital y atractiva en la que parece pasar de todo. Este filme de gran estilo
despliega, con un ritmo trepidante que nunca se desacelera, su nutrida galería
de pintorescos y violentos personajes en un intrincado relato lleno de acción
y deleitoso humor inteligente (tanto, que uno no puede dejar de pensar cómo
un cineasta con semejante “sense of humour” pudo estar ligado por
años con una tipa como Madonna). Trata básicamente de dos estafadores
de poca monta y menos listos aún, que planean incursionar en la especulación
en bienes raíces –vista como el nuevo gran negocio delictual después
de la droga– y para capitalizar piden un préstamo a un poderoso y
despiadado jefe de la mafia. Esta línea narrativa principal zigzaguea por
otras subintrigas que siguen a un aventurero billonario ruso dispuesto a quitarle
al gángster su imperio; a la curvilínea contadora de éste,
tan codiciosa como temible; el robo de un valioso cuadro de un pintor famoso,
y un rockero punk reventado por la droga, hijastro del mafioso. El complejo guión
entrelaza los diversos relatos para trazar el retrato de un hampa en que peces
gordos se mezclan con pequeños rufianes en una maraña de siniestras
maquinaciones, tratos tramposos, malos entendidos y circunstancias adversas, que
los obligan a tomar decisiones desesperadas las cuales, en vez de mejorar, empeoran
su situación. Lo que saca a flote por cierto el lado más risiblemente
canalla y patético del ser humano. La “femme fatale” tiene
una intervención muy acotada porque éste es un filme eminentemente
de hombres, más aún rebosante de hedonismo masculino con su fauna
de guapetones de facha muy producida. Por lo mismo, el elegante y estilizado diseño
visual de las imágenes deriva hacia un claro homoerotismo, y uno de los
resortes más divertidos de la cinta es ver a estos rudos machotes involucrarse
en relaciones que no tienen nada de equívocas. El tono de historieta que
a ratos se adueña de la pantalla alcanza su rasgo más desmesurado
en el par de matones rusos, tan indestructibles como monos animados.
Dirigida y escrita por Guy Ritchie.
Con Gerald Butler, Tom Wilkinson, Mark Strong. |
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Una mujer partida en dos |
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No se ubica entre sus títulos mayores, pero igual verla es un
deber moral y estético. Porque aquí Chabrol, a los 77, vuelve a
desplegar su maestría –elegante, irónica y a la vez siniestra–
para narrar otro de sus relatos que hacen parecer tan prístino el misterio
de la condición humana traspasada por la iniquidad. Por primera vez con
Cécile Maistre, su fiel asistente desde 1991 (e hijastra suya) como coguionista,
ambienta en Lyon esta historia que no es de corte criminal, pero que avanza inexorablemente
hacia un desenlace violento y trágico. Trata de una linda veinteañera
de carrera emergente como rostro de la TV regional, que a poco andar se convierte
en el trofeo de guerra para dos hombres muy distintos que rivalizan en su capacidad
de seducción: un celebrado escritor tres décadas mayor que ella,
de vida ascética pero al mismo tiempo un gozador arribista y pervertido,
y un joven y excéntrico aristócrata, ocioso heredero de una gran
fortuna, de personalidad infantil, sicótica y maligna. Por lo demás,
la chica en cuestión no tiene nada de la inocencia que sugiere su mirada:
mantiene a raya a su libidinoso jefe que le regala ascensos, y enamorada del viejo
novelista, deja que éste la introduzca en prácticas sadomasoquistas
(que nunca se explicitan). Así nos zambullimos de nuevo en el cautivante
universo chabroliano, en que las apacibles ciudades de provincia ocultan abismos
de hipocresía y sórdida decadencia, en tanto postula que la riqueza
y el poder envilecen y los débiles tienden a la autodestrucción.
Absorbente, sutil y lleno de mil detalles asombrosos, este filme le sube el pelo
sin duda a la desalentadora cartelera local.
Dirigida y coescrita por Claude Chabrol.
Con Ludivine Sagnier, François Berléand, Mathilda May, Bênoit
Magimel. |
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Crimen sin perdón |
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Rodada parcialmente en México y dialogada en español,
inglés y otros tres idiomas, este filme de naturaleza híbrida –dirigido
por un cineasta alemán de menos de 30 con un éxito comercial a su
haber, y que protagoniza Kevin Kline en el rol más fuera de lugar de toda
su carrera– tiene un punto de partida bien discutible: se basa en un controvertido
artículo sobre el tráfico de jóvenes y niños para
someterlos a esclavitud sexual, publicado en el 2004 por el “New York Times”
y que fue acusado de inconsistente y fantasioso. Con el ánimo de denunciar
esa sórdida lacra, muestra cómo una chica mexicana de 13 años
es secuestrada y trasladada a New Jersey, donde se rematará su virginidad
por Internet. En el largo periplo conocemos otras víctimas (una joven polaca
la trata de ayudar y la consuela) y el funcionamiento de la red, mientras su hermano
de 17 años y un investigador gringo en fraudes de seguros que logra convencer,
le siguen la pista de muy cerca. La persecución en realidad les sale harto
fácil y el relato, que se estira en gruesos giros melodramáticos,
tiene abundantes detalles inverosímiles. Pero lo peor es que demasiado
pronto la cinta da la impresión de refocilarse en las imágenes más
turbias. Así que, además de mediocre y revulsiva, resulta sensacionalista.
Dirigida por Marco Kreuzpaintner.
Con Kevin Kline, Paulina Gaitán, Kate del Castillo, César Ramos.
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La flauta mágica |
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El problema de este nuevo filme sobre la más popular ópera
de Mozart no es que deba competir con la maravillosa versión hecha en 1975
por Ingmar Bergman. Aun si no existiera ese antecedente, queda claro que esta
onerosa producción anglofrancesa no le rinde honores para nada a su fuente
original. Branagh –egocéntrico actor irlandés que derivó
en director de fallidas o al menos discutibles adaptaciones cinematográficas
de Shakespeare, a menudo con él mismo como protagonista– se permite
aquí enmendarle la plana al libreto, cuyo cuento de hadas ambientado en
un improbable Antiguo Egipto, traslada al frente de batalla en la Primera Guerra
Mundial. Todos los equivalentes que intenta a partir de esta variante, parecen
igual de arbitrarios y raros, cuando no confusos. De modo que el filme logra lo
imposible, que la seductora música pierda toda su cualidad mágica,
encanto alado y humor. Desabrida, innecesaria e interminable (140 minutos), hace
un torpe uso de los efectos digitales para lograr imágenes pomposamente
surreales, y despliega ideas tan extravagantes como la de presentar a la Reina
de la Noche cabalgando sobre un tanque (además de unos feos primeros planos
de la boca de la soprano en sus pasajes más complicados). A excepción
del notable bajo René Pape en el rol de Sarastro, los cantantes se “doblan”
a sí mismos sólo moviendo los labios, pero sin jamás tomar
aire, lo que acentúa el aire inexpresivo y falso del resultado.
Dirigida y coescrita por Kenneth Branagh.
Con Joseph Kaiser, Amy Carson, René Pape. |
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